Basílica de Santa Clara
- Fray Dino

- 25 jun
- 5 min de lectura
Día 02. A las 9:00
Lo que vamos a encontrar
Nos encontramos ante uno de los lugares más queridos de Asís.
La Basílica de Santa Clara fue construida pocos años después de la muerte de la santa, entre 1257 y 1265, para custodiar sus restos y honrar a quien fue la primera discípula de san Francisco y fundadora de la Orden de las Hermanas Pobres, hoy conocidas como Clarisas. El templo se levantó sobre la antigua iglesia de San Jorge, donde estuvo sepultado san Francisco hasta que fue trasladado a su propia basílica.
Durante la visita descubriremos varios lugares de enorme importancia espiritual.
La fachada
Lo primero que llama la atención es su hermosa fachada de piedra blanca y rosa del monte Subasio, de estilo gótico italiano, con un gran rosetón central que simboliza la luz de Cristo y dos leones que custodian la entrada como signo de la fortaleza de la fe.
La nave principal
El interior es sobrio y luminoso, muy distinto de la Basílica de San Francisco. Todo invita al silencio y a la oración, reflejando el estilo de vida que Clara quiso para sus hermanas: una vida escondida con Cristo.
El Crucifijo de San Damián
El tesoro más importante que veremos sea el Crucifijo original de San Damián.
Es el mismo ante el cual san Francisco escuchó la voz de Cristo:
«Francisco, ve y repara mi Iglesia.»
Tras el traslado de las clarisas desde San Damián, este crucifijo fue llevado aquí para su conservación. No contemplamos una copia, sino el original que marcó el inicio de la vocación de Francisco.
La cripta
Descenderemos después a la cripta, donde descansan los restos de santa Clara.
Su cuerpo permaneció oculto durante casi seiscientos años hasta que su sepultura fue descubierta en 1850. Hoy los peregrinos pueden acercarse a rezar ante quien vivió toda su existencia buscando identificarse con Cristo pobre y crucificado. También reposan aquí los restos de su hermana, santa Inés de Asís.
El Santísimo Sacramento
Este lugar recuerda también uno de los episodios más conocidos de la vida de Clara. Cuando Asís fue amenazada por tropas invasoras, la tradición cuenta que la santa salió al encuentro del peligro sosteniendo la custodia con el Santísimo Sacramento y confiando únicamente en la protección de Cristo. Para Clara, la verdadera fuerza de la Iglesia no estaba en las armas, sino en la presencia del Señor.
Una escuela de vida
Pero el mayor tesoro de esta basílica no son sus piedras ni sus obras de arte.
Aquí descubriremos a una mujer que comprendió que seguir a Cristo no consistía en hacer grandes cosas, sino en amar sin reservas.
Francisco mostró al mundo el camino de la pobreza evangélica; Clara demostró que ese camino podía vivirse también desde la clausura, en una vida escondida, silenciosa y totalmente entregada a Dios.
Al salir de esta basílica quizá la pregunta más importante no sea:
«¿Quién fue santa Clara?»
Sino:
«¿Qué puede hacer Dios en una persona que le entrega toda su vida y a través de ella en la Iglesia?»
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Día 3 – Mar 22 jul – Asís por la mañana
Opcional. Misa a las 7:00h en Sta María de los Ángeles. Iremos caminando 20 minutos desde el hotel. Volvemos para desayunar de 08:00 a 09:00h
09:00 Salida en Bus para el parking de Santa Clara
9:30: Visita a Santa Clara.
Catequesis 05
«Habla, Señor, que tu siervo escucha»
PAZ Y BIEN.
Hay una pregunta que atraviesa toda la Biblia: ¿Sigue Dios hablando?
Muchos piensan que Dios habló en otros tiempos, a los profetas, a los santos, a Francisco... pero que hoy permanece en silencio.
Sin embargo, la historia de la salvación nos dice exactamente lo contrario.
Dios nunca ha dejado de hablar.
A unos les habló desde una zarza que ardía sin consumirse. A Samuel lo llamó durante la noche. A José le habló en sueños. A Elías le habló en el susurro de una brisa suave. A Saulo de Tarso lo derribó del caballo en el camino de Damasco. Y a Francisco...
A Francisco le habló desde un crucifijo.
No porque aquel crucifijo fuera mágico. Sino porque Francisco había llegado a un momento de su vida en el que, por fin, estaba dispuesto a escuchar.
Delante de aquel Cristo oyó:
«Francisco, ve y repara mi Iglesia, que, como ves, amenaza ruina.»
Francisco creyó que Jesús le pedía reconstruir una pequeña iglesia de piedra.
Y comenzó cargando piedras.
Con el tiempo descubrió que Cristo le estaba pidiendo algo mucho más grande: ayudar a renovar la Iglesia con la fuerza del Evangelio.
Así actúa muchas veces Dios.
No nos muestra todo el camino.
Nos da el primer paso. Estos pasos en Asís pueden ser un primer paso de una vocación.
Y espera nuestra confianza.
Quizá nosotros pensamos: «A mí Dios nunca me ha hablado.»
¿Seguro? Tal vez no desde un crucifijo.
Pero... ¿nunca has sentido una inquietud que no sabías explicar?
¿Nunca una palabra del Evangelio te ha llegado como dirigida personalmente a ti?
¿Nunca una persona te ha dicho justo lo que necesitabas escuchar?
¿Nunca una enfermedad, una alegría, un fracaso o una amistad han cambiado el rumbo de tu vida?
¿Nunca has experimentado una paz profunda después de rezar?
Dios habla.
Habla constantemente.
Habla en la Escritura.
Habla en la Eucaristía.
Habla en la Iglesia.
Habla en la conciencia.
Habla en los pobres.
Habla en los acontecimientos.
Habla en el silencio.
Y, sobre todo, habla en Jesucristo, la Palabra definitiva del Padre.
Francisco cambió la historia no porque oyera una voz extraordinaria.
Cambió la historia porque respondió.
Muchos escuchan. Pocos obedecen.
Hoy, delante del Crucifijo de San Damián, pidamos esa gracia.
No la de escuchar cosas extraordinarias.
Sino la de reconocer la voz del Señor en lo cotidiano y tener el valor de responder como Francisco.
Palabra de Dios
«Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco y ellas me siguen.»(Jn 10,27)
Palabra de San Francisco
«El Señor me dio hermanos.»
Francisco no dice: "yo los busqué". Reconoce que fue Dios quien iba guiando su historia, hablándole incluso a través de las personas.
Para meditar
¿Cuáles han sido los "San Damián" de mi vida?
¿A través de qué personas me ha hablado Dios?
¿Qué llamada llevo tiempo posponiendo?
¿Dedico momentos de verdadero silencio para escuchar al Señor?
Oración
Señor Jesús,
como hablaste a Francisco desde la cruz,háblanos también a nosotros.
Abre nuestros oídos para escuchar tu voz,nuestros ojos para reconocer tu presenciay nuestro corazón para responder con generosidad.
Que no pasemos por esta peregrinaciónsin descubrir aquello que quieres decirnos.
Y danos la valentía de Francisco,que no solo escuchó tu voz,sino que hizo de ella el proyecto de toda su vida.
Amén.
Se invita a cada peregrino a guardar unos minutos de absoluto silencio delante del Crucifijo de San Damián, con una única pregunta en el corazón:
«Señor, ¿qué quieres decirme durante esta peregrinación?»
No se trata de esperar una voz extraordinaria, sino de ponerse, como el joven Samuel, en actitud de disponibilidad: «Habla, Señor, que tu siervo escucha» (1 Sam 3,10). Ese silencio puede convertirse en uno de los momentos más fecundos de todo el viaje.













































































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