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¿qué primacía he dado yo a Cristo en mi familia? El fruto de una viña. Domingo 27TO

Actualizado: 8 oct 2023

Nuestra primera lectura de este fin de semana está tomada del quinto capítulo del profeta Isaías. Isaías es el profeta que más leemos del Antiguo Testamento durante el año litúrgico.


Y la imagen de la lectura de hoy es un motivo clásico dentro de la tradición israelita.


La imagen de la viña es una evocación del pueblo de Israel.

Lo que nos cuenta Isaías es una especie de canción de amor entre el productor de la viña y su viña.

Pero es una canción de amor que enfatiza la exigencia del amor.


Desarrollo:

El productor de la viña primero la construye en una ladera fértil.

Luego, trabajó la tierra con tesón.

Removió la tierra, quitó las piedras.

sembró en un terreno elegido,

y planta las mejores vides que puede encontrar.

No escatima en gastos. No pierde el tiempo.

Consigue las mejores vides para plantar en lo mejor del terreno.



Más aún: en él, dice, “edificó en medio una torre, y excavó un lagar”.

¿Para qué es la torre? para echar un ojo sobre su valioso pedazo de tierra y asegurarse que no sea violentado por malhechores, etc.


¿Y el lagar?

es a la expectativa de esa maravillosa cosecha de uvas.


Finalmente, dice que edificó un muro alrededor de la viña, aún más extenso para protegerla de los malhechores, de los animales, etc.


Ahora:

El constructor, el dueño, lo puso todo.

Ha hecho todo lo que podía para cultivar esta viña.

La quiso, la disfrutó, la protegió, le dedicó toda la consideración

– y entonces, finalmente, esperó grandes cosas de ella.


Este es el Señor Dios de Israel respecto a su pueblo santo.

Este es el Señor de cara a Israel.

Toda la excavación, y la protección y el cuidado –todo esto evoca las miles de maneras en que el Dios de Israel ha cultivado a su pueblo.

Tenemos que pensar en las Escrituras, la Ley, las alianzas, los grandes patriarcas, los profetas, el templo y sus rituales –todas las formas en que Dios ha compartido su corazón con Israel, todas las formas en que ha cultivado la vida de su pueblo santo.

Tenemos tal vez, por sobre todas las cosas, que pensar en el gran acto de liberación por el que Dios sacó a Israel de Egipto.

Estas son todas las formas en que ha preparado –en esta ladera hermosa, fértil– esta hermosa viña.


De acuerdo.

Pero luego esta imagen da un giro bastante oscuro. ¿Por qué?

A pesar de sus esfuerzos, dice, el dueño de la viña está frustrado.

¿Por qué? Porque cuando viene a buscar su cosecha de uvas, sólo encuentra, estoy citando aquí, “uvas agrias” –o algunos sugieren que el sentido del hebreo es “uvas apestosas”.

O sea, uvas que no han fructificado, a pesar de todos sus esfuerzos.

Cuando viene a cosechar, todo lo que encuentra son uvas apestosas.


¿Cuál es el punto concreto? Y este es el profeta Isaías, pero puedes escucharlo en todos los profetas, de un lado al otro en la literatura profética.

Dios le dio su corazón entero a su pueblo, pero su pueblo no ha respondido.

Sí, conocen la Ley, les dieron las alianzas, tienen el templo, tienen el beneficio del éxodo de Egipto. Y aún así no han respondido.


Esta es la verdad espiritual, todo es gracia.

la gracia está primero, absolutamente.

Dios prodiga su amor y su gracia, su amor inmerecido sobre nosotros.


Pero luego, estamos destinados a cooperar con esa gracia

La gracia de Dios en sí misma no es garantía de que la cosecha será fructífera y abundante.

Es necesario una respuesta a la gracia.

Ahora, quiero resaltar algo –he estado utilizando la palabra “nosotros” para hacerlo.


San Pablo se refiere a la Iglesia como el Nuevo Israel.

Toda clase de voces proféticas se han levantado en este sentido: aunque Dios ha prodigado su gracia sobre el Nuevo Israel de la Iglesia, muy a menudo no hemos cooperado.


Piensa por un segundo –de nuevo esta es la perspectiva Católica– en los sacramentos, la Misa, la Eucaristía, el ejemplo de los santos, el oficio de magisterio del papa y los obispos:

¿No representa todo eso las formas en que Dios continua cultivando su viña?

Este es el trabajo de cavar, y de remover las piedras, y de construir el muro y la torre y el lagar.


Estas son todas las formas en que Dios ha prodigado su gracia sobre nosotros.

Pero, pero cuando venga por la cosecha, ¿encontrará uvas buenas o uvas amargas, apestosas?

Bueno, esto es cuestión de nuestra cooperación con su gracia.

Una y otra vez, los Evangelios nos recuerdan que algo está en gran riesgo en la vida espiritual.

No hay una buena razón para permanecer indiferentes a esto.

Estoy en los registros públicos, y me han castigado un poco por esto, por sostener que podríamos tener la esperanza de que toda la gente se salve.

Y está basado en el Catecismo.

El Catecismo dice que, en esperanza, la Iglesia ruega por la salvación de todos.

Así que sí, tenemos la esperanza.

Y esa esperanza está basada en la misericordia y gracia de Dios.

Pero esperanza no es lo mismo que previsión.

Esperanza no es lo mismo que una confianza despreocupada –de ninguna manera.

Tomás de Aquino dice, “Tenemos esperanza sólo de cosas que son difíciles”.

Seguro, tengo la esperanza que todos puedan salvarse.

¿Se salvarán todos? No lo sé.

No estoy en posición de decir eso.

¿Qué encontrará Dios cuando venga a cosechar mi propia vida dentro de la Iglesia, que él ha cultivado en todas estas maneras diferentes?


Bueno, necesito cooperar con su gracia. Necesito responder.

Ahora, regresen a la imagen de Isaías.

¿Cuál es el resultado de la falta de cooperación de Israel? Escuchen, dice el Señor:

“le quitaré su cerca y será destrozada.

Derribaré su tapia y será pisoteada. La convertiré en un erial, nadie la podará ni le quitará los cardos, crecerán en ella los abrojos y las espinas”.


Aquí está esta viña hermosamente cultivada en la fértil ladera, a la que Dios le ha dado todo.

Pero cuando encuentra estas uvas agrias apestosas, este es el resultado.

Todo se convierte en ruinas.


Esta parábola de Jesús es terriblemente actual aplicada a nuestra Europa y, en general, al mundo cristiano. También en este caso hay que decir que Jesús ha sido "echado fuera de la viña", expulsado por una cultura que se proclama post-cristiana, o incluso anti-cristiana. Las palabras de los viñadores resuenan, si no en las palabras, al menos en los hechos de nuestra sociedad secularizada: "¡Matemos al heredero y será nuestra la herencia!"


Ya no se quiere oír hablar más de raíces cristianas de Europa, de patrimonio cristiano, El hombre secularizado quiere ser el heredero, el dueño. Sartre puso en boca de un personaje suyo estas terribles declaraciones: "Ya no hay nada en el cielo, ni Bien, ni Mal, ni persona alguna que pueda darme órdenes. (...) Soy un hombre, y cada hombre debe inventar su propio camino".


.Se nos invita a preguntarnos:
¿qué suerte he reservado yo a Cristo en mi vida?

¿Cómo correspondo al incomprensible amor de Dios hacia mí? ¿Acaso no le he expulsado yo también fuera de los muros de mi casa, de mi vida... es decir, le he olvidado, ignorado?


Cuando cooperamos con la gracia, florecemos. Ese es el punto.
Dios nos cubre con su amor, y si cooperamos con ese amor –lo que sucede es que florecemos y fructificamos.

Cuando no cooperamos con esa gracia, la rechazamos, nos tornamos hacia nosotros…

Agustín dijo que pecar es estar “curvatus in se”.

Me torno hacia mí mismo, sin abrirme a la gracia.


¿Qué sucede? Esto sucede.

Esta viña hermosamente cultivada se convierte ahora ruinas.

El muro es derribado –quiere decir que cualquiera la puede tomar y devastar.

No es que Dios sea arbitrario. Es sólo física espiritual.

Esto es lo que sucede cuando no cooperamos con la gracia.


¿Sabes que hoy, el 70% de los Católicos permanece alejado de la Misa regularmente? Eso quiere decir que no reciben la Eucaristía. Quiere decir que no están escuchando la Palabra de Dios.

Quiere decir que no se están reuniendo como comunidad.

Permanecen alejados de la fuente y culmen de la vida Cristiana.

Un 40 o 50 % de los Católicos jóvenes menores de 30 manifiestan no pertenecer a ninguna religión.


Dios trabaja, y protege, y quita las piedras, y cava la tierra, y compra las mejores vides.

Pero, ¿si permanecemos alejados de la Misa en manadas, estamos repudiando nuestra conexión con la religión, estamos rechazando escuchar la Palabra de Dios, estamos permaneciendo alejados de la Eucaristía?

todo eso es signo de falta de cooperación con la gracia.


¿Qué sucede? Todo se convierte en ruinas. Y me refiero a la viña que Dios está cultivando. Me refiero a la viña en cada uno de nosotros, nuestra propia identidad espiritual.

¿Qué podríamos decir aquí de nuestros colegios?, de nuestra labor con las familias...


Dios nos da un amor que exige y nos llama por una respuesta cooperativa.

Cuando esos dos amores se encuentran –el amor divino y el amor humano se encuentran– entonces tenemos el florecimiento de esta gran viña.

Dios te bendiga.




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