La catedral de San Rufino. Asís.
- Fray Dino

- 24 jun
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La catedral de Asís es un templo católico dedicado a San Rufino, primer obispo y evangelizador de Asís del siglo III.
En esta iglesia San Francisco de Asís (1182), Santa Clara (1193) y muchos de sus discípulos originales fueron bautizados. Fue en una predicación de Francisco en esta iglesia en 1209 donde Clara se sintió "profundamente conmovida" por su mensaje y realizó su llamado.
Esta iglesia majestuosa en el estilo románico de Umbría era la tercera iglesia construida en el mismo sitio para contener los restos del obispo Rufino de Asís, martirizado en el siglo III. La construcción se inició en 1140 con el diseño de Giovanni da Gubbio, como atestigua la inscripción de la pared visible dentro del ábside.
En 1228, mientras estaba en Asís para la canonización de San Francisco, el Papa Gregorio IX consagró el altar mayor. El Papa Inocencio IV inauguró la iglesia terminada en 1253.

Catequesis 04. Catedral de San Rufino
El día de mi bautismo.
Paz y Bien.
Nos encontramos en un lugar extraordinario.
Aquí fue bautizado Francisco.
Aquí fue bautizada Clara.
Aquí fueron bautizados muchos de los primeros compañeros.
Cuando Francisco fue traído a esta iglesia siendo un niño, nadie podía imaginar lo que Dios iba a hacer con él. Ni sus padres. Ni los sacerdotes. Ni la gente de Asís. Ni siquiera él mismo.
Lo único que ocurrió aquel día fue algo aparentemente sencillo: derramaron agua sobre su cabeza y pronunciaron su nombre. Pero Dios estaba escribiendo una historia.
Porque el Bautismo no es simplemente una ceremonia de bienvenida. Es el comienzo de una vida nueva. ¿Te acuerdas del día de tu bautismo?. ¿Habrá alguna foto de tu bautismo? ¿Te contaron tu familia alguna vez cómo te soñaron?
La historia de Francisco y su conversión no empezó con el leproso, o en San Damián, o en Spoleto. Todo comenzó aquí. Todo comenzó el día en que Cristo lo hizo suyo. Todo lo demás fue el desarrollo de una semilla que Dios había plantado en su alma.
El Bautismo es precisamente eso: una semilla divina depositada en nosotros. Por el Bautismo hemos sido incorporados a Cristo. Hemos muerto y resucitado con Él. Hemos recibido el Espíritu Santo. Hemos sido hechos hijos de Dios. Hemos entrado a formar parte de la Iglesia. Y hemos recibido una vocación única e irrepetible.
Una vocación que tardamos en descubrir. ¿Sabes ya lo que Dios quiere de ti? Por eso, cuando contemplamos la vida de san Francisco debemos pensar: «¡Qué maravillas puede hacer la gracia de Dios en un bautizado que se toma en serio su Bautismo!»
Francisco no hizo otra cosa que desplegar lo que ya había recibido aquí. Cuando abrazó al leproso, estaba viviendo su Bautismo. Cuando escuchó la voz del Crucificado en San Damián, estaba viviendo su Bautismo. Cuando renunció a las riquezas de su padre, estaba llevando a la vida su Bautismo. Cuando predicó el Evangelio, estaba viviendo su Bautismo. Cuando recibió los estigmas en La Verna, estaba viviendo hasta el extremo su Bautismo. Toda la santidad de Francisco estaba ya contenida, como una semilla, en el agua bautismal.
Y lo mismo sucede con nosotros. Tal vez pensamos que somos personas corrientes. Tal vez creemos que la santidad es para otros. Tal vez nos parece que Dios ya no puede hacer grandes cosas en nuestra vida.
Pero aquí, en esta catedral de San Rufino, Francisco nos recuerda que la pregunta no es quiénes somos nosotros. La pregunta es qué puede hacer Dios con un corazón que se deja transformar.
El Bautismo no es algo que sucedió hace muchos años. Es una realidad que sigue viva. No es un recuerdo. Es una identidad. No es un acontecimiento pasado. Es una vocación presente. Por eso hemos venido a Asís.
No para convertirnos en admiradores de Francisco. Sino para redescubrir la gracia de nuestro propio Bautismo y de nuestra VOCACIÓN. Porque el mismo Cristo que llamó a Francisco nos llamó también a nosotros. El mismo Espíritu que actuó en él habita en nosotros.
Y el mismo Padre que lo condujo por caminos de santidad sigue guiando hoy nuestra vida.
Palabra de Dios
«Tú eres mi hijo amado; en ti me complazco.» (Mc 1,11)
Estas palabras pronunciadas sobre Jesús resuenan también sobre cada bautizado.
Palabra de San Francisco
«Considerad, hermanos, la dignidad a la que os ha elevado el Señor Dios.»
Para meditar
¿Soy consciente de que mi mayor dignidad no es mi profesión, mi edad o mi historia, sino ser hijo de Dios?
¿Recuerdo la fecha de mi Bautismo?
¿Qué ha hecho Dios en mi vida desde aquel día?
¿Qué parte de mi Bautismo está todavía esperando desplegarse plenamente?
Renovación interior
Señor Jesús,
gracias por el día de mi Bautismo.
Gracias porque me llamaste por mi nombre.
Gracias porque me hiciste hijo de Dios y miembro de tu Iglesia.
Haz que durante esta peregrinación redescubra la alegría de ser cristiano.
Que vuelva a las fuentes de mi fe.
Que recuerde quién soy.
Y que, como san Francisco, viva cada día con la conciencia de pertenecerte por completo.
Amén.
En este lugar rezaremos el Credo para renovar las promesas bautismales.
«Francisco llegó a ser santo porque se tomó en serio su Bautismo.»











































































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