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Lectura creyente de la Realidad. Enero sábado 20

Actualizado: 22 ene

Lectura de la profecía de Jonás 3, 1-5. 10


El Señor dirigió

abandonado el mal la palabra a Jonás:«Ponte en marcha y ve a la gran ciudad de Nínive; allí les anunciarás el mensaje que yo te comunicaré».

Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla.

Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando:«Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada».

Los ninivitas creyeron en Dios, proclamaron un ayuno y se vistieron con rudo sayal, desde el más importante al menor.

Vio Dios su comportamiento, cómo habían camino, y se arrepintió de la desgracia que había determinado enviarles. Así que no la ejecutó.


Salmo

Sal 24, 4-5ab. 6-7bc. 8-9 R. Señor, enséñame tus caminos.


Señor, enséñame tus caminos, instrúyeme en tus sendas:haz que camine con lealtad; enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.


Recuerda, Señor, que tu ternura y tu misericordia son eternas;acuérdate de mí con misericordia, por tu bondad, Señor. R/.


El Señor es bueno y es recto, y enseña el camino a los pecadores;hace caminar a los humildes con rectitud, enseña su camino a los humildes. R/.


Segunda lectura

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios 7, 29-31

Digo esto, hermanos, que el momento es apremiante.

Queda como solución que los que tienen mujer vivan como si no la tuvieran; los que lloran, como si no lloraran; los que están alegres, como si no se alegraran; los que compran, como si no poseyeran; los que negocian en el mundo, como si no disfrutaran de él: porque la representación de este mundo se termina.


Evangelio del día

Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 14-20


Después de que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».

Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores.

Jesús les dijo:«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».

Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.

Un poco más adelante vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.


Oración inicial.


1 Oh Señor, por siempre cantaré la grandeza de tu amor; por todas las generaciones proclamará mi boca tu fidelidad.


2 Declararé que tu amor permanece firme para siempre, que has afirmado en el cielo tu fidelidad.


3 Dijiste: «He hecho un pacto con mi escogido; le he jurado a David mi siervo:

4 “Estableceré tu dinastía para siempre, y afirmaré tu trono por todas las generaciones.” »


5 Los cielos, Señor, celebran tus maravillas, y tu fidelidad la asamblea de los santos.

6 ¿Quién en los cielos es comparable al Señor? ¿Quién como él entre los seres celestiales?


7 Dios es muy temido en la asamblea de los santos; grande y portentoso sobre cuantos lo rodean.

8 ¿Quién como tú, Señor, Dios Todopoderoso, rodeado de poder y de fidelidad?


9 Tú gobiernas sobre el mar embravecido; tú apaciguas sus encrespadas olas.

10 Aplastaste a Rahab como a un cadáver; con tu brazo poderoso dispersaste a tus enemigos.


11 Tuyo es el cielo, y tuya la tierra; tú fundaste el mundo y todo lo que contiene.

12 Por ti fueron creados el norte y el sur; el Tabor y el Hermón cantan alegres a tu nombre.


13 Tu brazo es capaz de grandes proezas; fuerte es tu mano, exaltada tu diestra.

14 La justicia y el derecho son el fundamento de tu trono, y tus heraldos, el amor y la verdad.



15 Dichosos los que saben aclamarte, Señor, y caminan a la luz de tu presencia;

16 los que todo el día se alegran en tu nombre y se regocijan en tu justicia.


17 Porque tú eres su gloria y su poder; por tu buena voluntad aumentas nuestra fuerza.[1]

18 Tú, Señor, eres nuestro escudo; tú, Santo de Israel, eres nuestro rey.


19 Una vez hablaste en una visión, y le dijiste a tu pueblo fiel: «Le he brindado mi ayuda a un valiente; al mejor hombre del pueblo lo he exaltado.

20 He encontrado a David, mi siervo, y lo he ungido con mi aceite santo.

21 Mi mano siempre lo sostendrá; mi brazo lo fortalecerá.


22 Ningún enemigo lo someterá a tributo; ningún inicuo lo oprimirá.

23 Aplastaré a quienes se le enfrenten y derribaré a quienes lo aborrezcan.

24 La fidelidad de mi amor lo acompañará, y por mi nombre será exaltada su fuerza.[2]


25 Le daré poder sobre el mar[3] y dominio sobre los ríos.

26 Él me dirá: “Tú eres mi Padre, mi Dios, la roca de mi salvación.”

27 Yo le daré los derechos de primogenitura, la primacía sobre los reyes de la tierra.


28 Mi amor por él será siempre constante, y mi pacto con él se mantendrá fiel.

29 Afirmaré su dinastía y su trono para siempre, mientras el cielo exista.


30 »Pero si sus hijos se apartan de mi ley y no viven según mis decretos,

31 si violan mis estatutos y no observan mis mandamientos,

32 con vara castigaré sus transgresiones y con azotes su iniquidad.


33 Con todo, jamás le negaré mi amor, ni mi fidelidad le faltará.

34 No violaré mi pacto ni me retractaré de mis palabras.


35 Una sola vez he jurado por mi santidad, y no voy a mentirle a David:

36 Su descendencia vivirá por siempre; su trono durará como el sol en mi presencia.


37 Como la luna, fiel testigo en el cielo, será establecido para siempre.»


II


38 Pero tú has desechado, has rechazado a tu ungido; te has enfurecido contra él en gran manera.

39 Has revocado el pacto con tu siervo; has arrastrado por los suelos su corona.

40 Has derribado todas sus murallas y dejado en ruinas sus fortalezas.

41 Todos los que pasan lo saquean; ¡es motivo de burla para sus vecinos!


42 Has exaltado el poder de sus adversarios y llenado de gozo a sus enemigos.

43 Le has quitado el filo a su espada, y no lo has apoyado en la batalla.

44 Has puesto fin a su esplendor al derribar por tierra su trono.

45 Has acortado los días de su juventud; lo has cubierto con un manto de vergüenza.


46 ¿Hasta cuándo, Señor, te seguirás escondiendo? ¿Va a arder tu ira para siempre, como el fuego?

47 ¡Recuerda cuán efímera es mi vida! Al fin y al cabo, ¿para qué creaste a los mortales?

48 ¿Quién hay que viva y no muera jamás, o que pueda escapar del poder del sepulcro?


49 ¿Dónde está, Señor, tu amor de antaño, que en tu fidelidad juraste a David?

50 Recuerda, Señor, que se burlan de tus siervos; que llevo en mi pecho los insultos de muchos pueblos.


51 Tus enemigos, Señor, nos ultrajan; a cada paso ofenden a tu ungido.

52 ¡Bendito sea el Señor por siempre! Amén y amén.


Marcos: Comienzo
del evangelio de Jesucristo,
el Hijo de Dios




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