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Sueña con el corazón

Lema pastoral curso 2026-27


La comunidad educativa del colegio Franciscanos Coruña, en unión con todos los colegios franciscanos de España y Portugal, trabajamos este lema: «Con todo el corazón». Con el objetivo de vivir desde el centro de nuestras personas, el lugar donde nacen las decisiones auténticas, el compromiso real y la vocación profunda: el corazón.

La espiritualidad franciscana, desde sus orígenes, ha sido una espiritualidad que brota desde el corazón. No se construye desde grandes discursos ni desde elaboraciones racionales complejas, sino desde una experiencia interior que da sentido a nuestra forma de estar en el mundo. ¿hacia dónde se orienta nuestra vida?, ¿qué proyecto estamos llamados a encarnar?


Lema 26/27: SUEÑA CON TODO EL CORAZÓN


El verbo SUEÑA no se entiende aquí como evasión ni como idealismo ingenuo. En clave franciscana, soñar es una actitud profundamente encarnada. San Francisco soñó una forma de vivir el Evangelio, soñó quien deseaba ser antes Dios y ante el mundo, y se dejó transformar por ese sueño hasta el final de su vida.

El año del Tránsito de Francisco, con el que se vincula este sublema, nos sitúa precisamente en ese momento de plenitud. Su sueño se ha hecho vida, y su vida se convierte en semilla. Soñar, en este sentido, es atreverse a acoger el proyecto que Dios sueña para cada persona y asumir la responsabilidad de hacerlo realidad en el mundo concreto que habitamos.

Este lema interpela directamente a nuestro alumnado y a toda la comunidad educativa: ¿Cuáles son mis sueños?, ¿qué mundo quiero construir?, ¿qué vida merece ser vivida?, ¿me he preguntado alguna vez cómo me sueña Dios?


Elementos gráficos del cartel: El corazón

El corazón es el símbolo que unifica el proceso vivido. El corazón es lugar de acogida y de sensibilidad, pero también es fuente.

Desde el corazón humano, atravesado y abierto, nacen los sueños. Es un corazón pleno, firme, que no se repliega sobre sí mismo, sino que se abre y se desborda. Representa una interioridad trabajada, educada y fortalecida a lo largo de los dos cursos anteriores, capaz ahora de proyectarse hacia fuera.

La figura de San Francisco, que irrumpe y se eleva desde el corazón, simboliza ese paso decisivo: salir de uno mismo para entrar en el corazón de Dios. No se trata solo de soñar desde lo que uno es, sino de dejarse transformar profundamente para que el sueño nazca desde Dios.


La Tau

La Tau franciscana aparece este año vinculada directamente a la palabra SUEÑA. No se sitúa dentro del corazón, sino en el origen mismo del acto de soñar.

Este gesto gráfico es profundamente significativo: los sueños nacen del corazón, pero la forma de soñar queda configurada por el carisma franciscano. No se trata de cualquier sueño, ni de un sueño individualista o desarraigado, sino de un sueño marcado por el Evangelio, por la fraternidad, por la minoridad y por el cuidado de la vida.

La Tau actúa así como criterio, orientación y horizonte del modo de soñar. Es el signo que recuerda que soñar, desde Francisco, es dejarse transformar por el proyecto de Dios y poner los propios deseos al servicio de un mundo más humano y más justo.

El carisma franciscano da forma, dirección y sentido a nuestros sueños.

La presencia de la Tau fuera del corazón, colgada en el entorno, refuerza esta idea: no es un elemento impuesto desde dentro, sino una referencia visible que acompaña el camino y recuerda continuamente el origen y el sentido de los sueños.


El mundo que nos rodea

El entorno que envuelve el corazón recoge la tierra, el agua, la casa, los árboles, el paisaje. Este mundo no es un decorado, sino la realidad concreta donde se encarnan los sueños.

Soñar no es huir de la realidad, sino mirarla con amor y responsabilidad para construirla. Es desde este mundo sentido, cuidado y reconocido como hogar común desde donde se proyectan los sueños que transforman.


La explosión de colores: los sueños

Del corazón, atravesado por esa experiencia de encuentro con Dios, surge una explosión ascendente de color, que se convierte en el eje visual del cartel. Esta fuente de colores simboliza los sueños, los proyectos, los ideales y las posibilidades que nacen cuando una persona ha aprendido a amar y a sentir con todo el corazón.

Los colores se elevan, se expanden y se mezclan. No siguen un orden rígido, porque los sueños no se imponen ni se programan: se descubren, se acogen y se trabajan. Representan vida, creatividad, esperanza y futuro. Son la imagen de una transformación que comienza en el interior, pero que se plenifica cuando la persona se abre a Dios y se deja habitar por su sueño.


Conclusión

Este cartel pretende provocar preguntas, despertar deseos y acompañar procesos personales y comunitarios.

Es una invitación a creer que la vida de cada persona es valiosa, que tiene sentido y que está llamada a ser proyecto. Que el sueño de Dios para cada uno no es abstracto ni lejano, sino profundamente humano y posible.

Amar, sentir y soñar… todo ello con todo el corazón.

Como Francisco, estamos llamados no solo a soñar, sino a dejarnos transformar, a salir de nuestro propio corazón para entrar en el corazón de Dios y desde ahí proyectar una vida nueva.



HIMNO:

CON TODO EL CORAZÓN, SUEÑA!!!

que lo vean en mis manos, que se escuche en mi voz.


Ocho siglos caminando

huellas simples, mismo sol

Menores franciscanos.

Paz y bien, de dos en dos.


Una túnica gastada

El mendigo y el señor

El cuerpo sobre la hierba

Y un cantar se hace oración.


No vine a hacer grandeza

solo a dar lo que soy.

Es un sueño que despierta

dentro de mi corazón.


AMAR, SENTIR Y VIVIR CON TODO EL CORAZÓN

que lo vean en mis manos, que se escuche en mi voz.

VIVE CON TODO EL CORAZÓN

aunque duela el intento, aunque cueste el perdón.

AMAR, SENTIR Y VIVIR CON TODO EL CORAZÓN

SUEÑA CON TODO EL CORAZÓN

No vine a hacer grandeza solo a dar lo que soy.

Es un sueño que despierta dentro de mi corazón.


VIVE CON TODO EL CORAZÓN

aunque duela el intento, aunque cueste el perdón.

AMAR, SENTIR Y VIVIR CON TODO EL CORAZÓN

SUEÑA CON TODO EL CORAZÓN


¿Qué pasará si me entrego?

¿Y qué pasará, si me doy?

Si mi vida se hace canto

de paz de bien y amor


¿Y qué pasará si confiamos?

¿Y qué pasará si soy luz?

si mi herida se hace abrazo

y yo me abrazo a la cruz.


AMAR, SENTIR Y VIVIR CON TODO EL CORAZÓN

que lo vean en mis manos, que se escuche en mi voz.


VIVE CON TODO EL CORAZÓN

aunque duela el intento, aunque cueste el perdón.

AMAR, SENTIR Y VIVIR CON TODO EL CORAZÓN

SUEÑA CON TODO EL CORAZÓN

SUEÑA CON TODO EL CORAZÓN

SUEÑA CON TODO EL CORAZÓN.


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Oración final/canción de envío:

Oración franciscana por la paz:

Texto para rezar o cantar al final:

“Señor, haz de mí un instrumento de tu paz.

Donde haya odio, ponga amor;

donde haya ofensa, ponga perdón;

donde haya discordia, ponga unión;

donde haya duda, ponga fe;

donde haya desesperación, ponga esperanza;

donde haya tinieblas, ponga luz;

donde haya tristeza, ponga alegría.

Que no busque tanto ser consolado como consolar,

ser comprendido como comprender,

ser amado como amar.

Porque dando se recibe,

olvidándose de sí se encuentra uno a sí mismo,

perdonando se es perdonado,

y muriendo se resucita a la vida eterna.”

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MONICIÓN DEL MODERADOR

Una vez que estén todos, quien dirige la oración introduce el sentido del encuentro: “Bienvenidos a esta jornada de formación y comienzo de curso. Comenzamos un nuevo curso y cerramos un camino que nos ha acompañado durante tres años. Primero se nos invitó a amar con todo el corazón; después, a sentir con todo el corazón; y ahora se nos invita a soñar con todo el corazón. No son tres lemas aislados, sino tres pasos de un mismo itinerario. Amar nos sacó de la indiferencia; sentir nos ayudó a mirar la realidad con mayor profundidad; y soñar nos pregunta ahora hacia dónde queremos orientar la vida. No hablamos de sueños románticos, ingenuos o escapistas. Hablamos de los sueños que nacen cuando una vida se deja tocar por Dios y empieza a preguntarse qué debe hacer con lo que ama, con lo que siente y con lo que descubre en su interior. Los sueños, en clave franciscana, no son una huida de la realidad, sino una forma de escuchar mejor la llamada de Dios dentro de ella. Francisco soñó. Pero sus sueños no fueron siempre claros desde el principio. También él tuvo que aprender a interpretarlos, a dejar que Dios purificara sus deseos y a descubrir que aquello que al comienzo parecía gloria, éxito o grandeza humana escondía una llamada mucho más profunda. Dios no anuló sus sueños: los transformó. Además, en Francisco el sueño no termina en un proyecto útil o en una vida bien organizada. Su sueño último fue vivir unido a Dios y conducir a todos hacia esa paz definitiva que él intuía como vida plena ante el Padre bueno. Por eso, el año del Tránsito nos recuerda que Francisco murió como vivió: entregándose. No tuvo miedo a la muerte porque la comprendió como paso, como Pascua, como entrada en una vida mayor. Hizo de su vida una entrega y de su muerte la entrega total. También nosotros, como profesores, estamos llamados a revisar qué sueños sostienen nuestra tarea educativa. Qué ilusión primera sigue viva. Qué parte se ha cansado. Qué llamada vuelve a aparecer. Y, sobre todo, qué sueño de Dios estamos llamados a acompañar en la vida de nuestros alumnos. Vamos a entrar en un tiempo de escucha. No para buscar respuestas rápidas, sino para dejar que Dios ordene el corazón y nos ayude a mirar este curso como una oportunidad nueva.”

(Silencio de 2 minutos con musica suave.)


LECTURA

Del libro del profeta Jeremías.

Esta lectura introduce un sentido muy particular del sueño: no como deseo individual o proyecto cerrado sobre uno mismo, sino como promesa de Dios que abre futuro y pide confianza.


“Porque yo sé los planes que tengo para vosotros —oráculo del Señor—, planes de paz, no de desgracia, para daros un futuro lleno de esperanza. Vosotros me invocaréis, vendréis a suplicarme, y yo os escucharé. Me buscaréis y me encontraréis, porque me buscaréis de todo corazón.” Jeremías 29, 11-13


Dios no está pasivo ante nuestros sueños. Dios tiene planes. Dios sueña con nosotros. Esta afirmación cambia la forma de vivir el curso, porque ya no comenzamos solo desde lo que nosotros podemos organizar, sino desde lo que Dios puede inspirar, acompañar y hacer crecer en medio de nuestra realidad educativa.


TRABAJO PERSONAL GUIADO

El moderador invita a un tiempo de reflexión personal.

No se trata de responder deprisa, sino de dejar que algunas preguntas hagan su trabajo interior. Sostén la tarjeta que recibiste. Está vacía. Como estamos todos al comenzar.

  • ¿Qué sueño llevaba tu corazón cuando decidiste dedicarte a educar? ¿Sigue vivo?

  • ¿Qué parte de ese sueño se ha cumplido? ¿Qué parte se ha desgastado o se ha apagado? ¿Hay un nuevo sueño que Dios está sembrando en ti ahora, en este momento de tu vida?

  • ¿Qué sueño necesita tu alumnado que tú no abandones?


Quédate en silencio. Escribe si lo necesitas. Una palabra. Una frase. Un símbolo. Tu interior sabe la verdad.

Se deja música instrumental suave mientras cada uno reflexiona por escrito o en su interior


GESTO SIMBÓLICO: NOMBRAR UN SUEÑO

Monición del moderador:

“Ahora vamos a escribir una sola palabra en la tarjeta. No tiene que ser una palabra perfecta ni especialmente bonita; basta con que sea verdadera. Puede ser una actitud que quieres cuidar este curso, una llamada que vuelve a aparecer, una intuición que todavía no sabes explicar del todo o un sueño que necesitas volver a poner delante de Dios. Esa palabra será una semilla. La guardaremos durante la jornada y volveremos a ella al final, cuando hagamos nuestro gesto de envío.”


2. ÁGAPE • .

Tras la oración, se propone un pequeño momento distendido para compartir un café, algo de comer o simplemente saludarse con calma. Para recomponer el tono comunitario. No es solo una pausa logística: también forma parte de la experiencia, porque los sueños educativos y espirituales no se cuidan en solitario, sino en fraternidad.


10:30-11:00: Presentación del cartel:

4. San Francisco saliendo hacia Dios

La figura de San Francisco no aparece inmóvil.

Sale, se eleva, se lanza.

Esta imagen conecta con una clave fundamental de la espiritualidad franciscana: la interioridad auténtica no encierra, sino que envía.

Francisco se retiraba a orar, pero no para huir del mundo, sino para volver a él transformado.

Se dejó conducir por Dios para aprender a vivir la vida con intensidad.

También nuestros sueños educativos tienen que pasar por ese movimiento.

No pueden ser sueños de fuga del compromiso, sueños de comodidad o sueños de prestigio personal y objetivos solo personales.

Tienen que llevarnos hacia la vocación, abrirnos a los demás y comprometernos con un mundo más fraterno.

Y, al mismo tiempo, tienen que recordarnos que el horizonte último de la vida cristiana, además de hacer cosas buenas, es caminar hacia Dios y ayudar a otros a descubrir esa paz que solo en Dios es Paz verdadera y para todos.


5. La Tau como brújula del sueño

Junto al lema aparece la Tau.

No funciona como un adorno o distintivo, para nosotros es un criterio, una forma de vivir y tomar decisiones.

La Tau indica hacia dónde apunta nuestro sueño: si nos acerca a la fraternidad o nos aísla, si nos hace más sencillos o más vanidosos, si nos convierte en instrumentos de paz o en fuente de conflicto, si nos ayuda a vivir desde el Evangelio o desde el propio ego.

La Tau es la brújula franciscana del sueño.

Da a nuestros sueños dirección y sentido.

Nos recuerda que soñar, desde Francisco, es dejarse configurar por el Evangelio, por la minoridad, por la fraternidad, por el cuidado de la creación y por la paz.



ESPACIO II | EL SUEÑO QUE DIOS REORIENTA

11:30 - 12:30. El segundo espacio parte de la visión de Espoleto.


Francisco escucha una pregunta que le obliga a mirar de otra manera lo que estaba viviendo: “¿Por qué dejas al señor por el siervo?”.

La clave no está solo en el sueño, sino en la interpretación del sueño.

Francisco descubre que aquello que había imaginado necesita ser entendido desde Dios.


Preguntas para el diálogo:

Un centro educativo franciscano tiene precisamente esta misión: ayudar a interpretar la vida. No se limita a ofrecer contenidos o actividades, sino que acompaña al alumnado para que pueda preguntarse qué sentido tiene lo que desea, hacia dónde le conduce y si le abre a una vida más humana, más fraterna y más evangélica.


Dinámica breve:

en una cartulina se escribe en el centro la pregunta de Francisco:

“Señor, ¿qué quieres que haga?”.

A su alrededor, el grupo anota situaciones educativas concretas en las que el alumnado necesita aprender a discernir:

elección de futuro,

uso del tiempo,

relaciones,

éxito,

fracaso,

compromiso,

fe,

servicio

o sentido de vida.

Después se elige una situación y se formula una acción educativa concreta para acompañarla.

• ¿Qué rasgos franciscanos pueden ayudar a nuestro alumnado a soñar mejor?

• ¿Cómo ayudamos a los alumnos a discernir entre sueños que humanizan y sueños que aíslan?

• ¿Qué experiencias del centro ya ayudan a descubrir sentido, vocación o compromiso?

• ¿Qué acciones sencillas pueden expresar que la Tau es brújula de nuestros sueños?


Resultado del espacio:

el grupo dibuja o escribe en una cartulina un corazón del que salen varias líneas de color.

Dentro del corazón anota los rasgos que debe tener nuestra forma de acompañar;

en las líneas exteriores, acciones concretas que pueden transformar la realidad.


12:30 - 13:00h GRUPOS POR ETAPAS.

Trabajo por grupos/departamentos

MONICIÓN DEL MODERADOR

“Ya hemos escuchado. Ya hemos contemplado el cartel. Ya hemos mirado los sueños de Francisco y hemos dialogado en pequeños grupos. Ahora necesitamos traducir todo esto en acciones concretas.

Los sueños sin encarnación siguen siendo sueños bonitos.

Los sueños que se convierten en acción transforman las comunidades.

No se trata de inventar un calendario entero ni de llenar el curso de iniciativas.

Lo mejor será elegir poco, pero que sea profundo, real y evaluable.

A menudo los centros sufren una sobrecarga de buenas intenciones: demasiadas actividades, demasiados mensajes y demasiadas campañas.

Lo que necesitamos no es más ruido, sino más resonancia.

Por eso trabajaremos por etapas, ciclos o departamentos, buscando una o dos propuestas concretas que ayuden a hacer vida el lema durante el curso.

Estas propuestas deberán recoger las tres claves trabajadas:

escuchar los deseos reales del alumnado,

ayudar a discernirlos desde Dios

y educar para una vida entendida como entrega, esperanza y camino hacia la plenitud.


”FICHA DE TRABAJO 1.

De lo vivido en los espacios:

¿Qué tuvo más resonancia tuvo en nosotros?

2. Preguntas de fondo: • ¿Qué sueños detectamos en nuestro alumnado? ¿Qué los paraliza o los hace desistir?

• ¿Qué sueño de Dios creemos que necesitamos despertar en estos jóvenes?

• ¿Cómo podemos ayudarles a comprender que su vida no se mide solo por logros, sino por la capacidad de amar, servir y entregarse?

• ¿Qué puede hacer realmente nuestro grupo, etapa o departamento para hacer vida el lema?

3. Propuesta(s) concreta(s): Máximo 2. Que sean viables, que tengan responsable(s), que puedan evaluarse en junio.


4. Síntesis final: “Este curso queremos soñar con todo el corazón...”
PUESTA EN COMÚN

Cada grupo comparte brevemente su propuesta.

Se escucha, se anota y se recogen las acciones que puedan incorporarse al calendario del centro.

Lo importante es que las propuestas no queden como ideas sueltas, sino como compromisos concretos vinculados al lema y al proceso trabajado.



13:00-13:30h MOMENTO 3 - ORACIÓN DE ENVÍO

AMBIENTACIÓN

Se vuelve al espacio inicial.

En el centro: vela encendida, Tau, cartel del curso,

tarjetas de colores de los participantes

y una pequeña tela blanca como signo del Tránsito y de la vida que se entrega confiada en Dios.

Luz tenue.

Música instrumental suave, distinta de la del principio, que evoque esperanza, camino y movimiento.


MONICIÓN INICIAL

“Terminamos donde comenzamos: en el corazón.

Pero no terminamos igual.

Al inicio, cada uno traía una tarjeta vacía y una pregunta.

A lo largo de la jornada hemos escuchado cómo Dios habla a través de los sueños, cómo reorientó los deseos de Francisco y cómo sigue invitándonos a soñar desde Él.

Hemos contemplado el cartel, hemos compartido intuiciones y hemos intentado concretar cómo hacer vida este lema en nuestro centro.

Ahora necesitamos un envío.

No salimos con todas las respuestas, pero sí con una llamada más clara: dejar que Dios entre en nuestros sueños, los purifique y los convierta en servicio.


Como Francisco, también nosotros necesitamos aprender a entender la vida de otra manera. El Tránsito de Francisco nos ayuda a mirar todavía más lejos. Francisco no vivió para guardarse, sino para entregarse.

No quiso llevar a nadie hacia sí mismo, sino hacia Dios.

Su sueño era que todos pudieran llegar a la paz del Padre bueno.

Por eso, al final de su vida, no se aferra, no se cierra, no se desespera.

Muere como vivió: confiando y entregándose.

Esta es también una palabra para nosotros como profesores.

Educar es ayudar a vivir, pero también ayudar a descubrir para qué merece la pena vivir.

Educar es acompañar sueños, pero también enseñar que los sueños más verdaderos son los que se convierten en amor, servicio, paz y esperanza.”


Del Evangelio según san Juan:

“En verdad, en verdad os digo: si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto.”


El grano de trigo ayuda a comprender el camino de Francisco y el sentido del Tránsito. Lo que se guarda por miedo queda solo; lo que se entrega por amor da fruto. La vida de Francisco fue fecunda porque no se reservó para sí mismo. Su muerte fue la culminación de esa misma entrega, la confianza de quien sabe que el amor no termina en la muerte.


REFLEXIÓN GUIADA


En silencio, preguntémonos:

• ¿Qué sueño de Dios puedo aportar a la vida del centro?

• ¿Qué necesito soltar para que mi tarea educativa dé más fruto?


PADRENUESTRO.


 
 
 

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