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VI Domingo de Pascua. El Espíritu de Dios se deja ya ver en el AMOR


Hoy la Iglesia nos da lecturas que tenéis ciertas pistas sobre el Espíritu Santo, dándonos un de anticipo de esta gran fiesta de la venida del Espíritu.

 

La primera lectura es de los Hechos de los Apóstoles.

Durante todo el tiempo de Pascua, leemos de los Hechos de los Apóstoles, y Pedro está ahora en la casa de Cornelio.

Es este momento clave en que los Cristianos judíos se reúnen por primera vez con los gentiles, y está sucediendo mucho en ese encuentro.

Pero mientras él está allí:

“Todavía estaba hablando Pedro, cuando el Espíritu Santo descendió sobre todos los que estaban escuchando el mensaje. Al oírlos hablar en lenguas desconocidas y proclamar la grandeza de Dios ... se sorprendieron de que el don del Espíritu Santo se hubiera derramado también sobre los paganos”.

 

Es una escena extraña.

Pedro le está hablando a Cornelio, el gentil, y repentinamente el Espíritu de Dios, el Espíritu de Jesús, desciende sobre todos en esa habitación.

Ahora entonces estos gentiles comienzan a hablar en lenguas.

¿Qué significaba eso?

probablemente hablar en lenguas que no eran suyas, alabando a Dios en estos idiomas extranjeros.

Y dice Pedro, ¿cómo no bautizar a esta gente?

Ya han recibido al Espíritu Santo.

 

El Espíritu llega con gran poder entre nosotros.
¿Cuál es el propósito del Espíritu?

alabar al Padre y propagar la fe.

El Espíritu es el amor entre el Padre y el Hijo.

Lo vemos manifestado en este tipo de escena.

¿Todavía hace estas cosas el Espíritu?

¡Seguro!

Estos dones extraordinarios —por su naturaleza, son extraordinarios— no se le dan a cualquiera.

Algunas veces el Espíritu entrega dones relativamente ordinarios como enseñanza y evangelización e incluso administración.

Pero algunas veces, algunas veces el Espíritu desciende, desciende el fuego, y ocurren estas manifestaciones extraordinarias del amor divino.

 

Esta es entonces nuestra primera pequeña pista de la primera lectura.

 

la segunda lectura es de la Primera Carta de Juan.

¿Puedo sugerirles esto?

Es siempre un ejercicio valioso abrir la Biblia en la Primera Carta de Juan, porque de muchas maneras es un resumen —en un vocabulario muy sencillo, hablando sobre las cosas más profundas— pero es un resumen de la espiritualidad Cristiana.

 

“Queridos hijos: Amémonos los unos a los otros, porque el amor viene de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios.

El que no ama, no conoce a Dios, porque Dios es amor”.  

Allí está.

Los medievales vieron esto, los teólogos medievales —es el texto clave de la revelación del Nuevo Testamento. Si el nombre de Dios en el Antiguo testamento es ser —Moisés dijo, “¿Qué les diré a los israelitas cuando me pregunten tu nombre?”, y Dios dijo, “Yo soy el que soy”, y de allí proviene la maravillosa tradición de nombrar a Dios como el ser en sí mismo.

Por supuesto es correcto.

 

Pero San Buenaventura argumentó, en la Edad Media, que existe un nombre más elevado de Dios, y se nos proporciona aquí.

Dios es amor.

¿Cuál es el ser de Dios? Amor.

 lo que se sigue de esto. De esta doctrina se deriva la Trinidad.

Porque amor no es solo algo que Dios hace, no es una de sus actividades o atributos —y todas las religiones proclaman cierta versión de eso pero solo el Cristianismo dice que Dios es amor—

Eso significa que dentro de la unidad de Dios, tiene que existir alguien que ama, alguien que es amado y el amor que ellos comparten.

Y por eso hablamos del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Si Dios solo tiene amor o amar es algo que hace, no necesitaría apelar a la Trinidad.

Pero si él es amor, esa es su propia naturaleza.

Luego debo referirme a un amante, un amado y un amor compartido.

 

Esto nos habla del Espíritu Santo

El Espíritu Santo es el amor que Dios es, y por esa razón que si amamos a los demás, desearemos el bien de los demás.

Llegamos a conocer a Dios no de una manera distante, científica, sino que llegamos a conocer a Dios por medio de la participación real en él.

De nuevo, “todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios”.

El amor auténtico es el fruto del Espíritu Santo que actúa en ti.

Así que sí, algunas veces de modos extraordinarios a través de lenguas y estas manifestaciones carismáticas, pero de ordinarios —aunque no es para nada de ordinario.

Me refiero a que el amor, cuando en verdad estalla, es la cosa más extraordinaria.

Pero cuando amamos de verdad, ese es el signo de que el Espíritu Santo está actuando en nosotros.

 

“El amor consiste en esto: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó primero”. Allí está ese principio que los teólogos llaman amor de predilección.

El amor divino siempre llega primero.

Si yo dijera,

“Bueno, amo a Dios, estoy buscando a Dios. Estoy interesado en Dios,"

bueno, eso puede convertirse muy rápidamente en mi proyecto personal.

Eso es la religión.

Eso es lo que todas las religiones tenéis en común.

 

Pero luego está esta afirmación.

No es que nosotros hayamos amado a Dios, sino que él nos amó primero.

Ahora, ¿qué significa eso?

El Espíritu Santo vive en nosotros.  

El Espíritu Santo se nos ha dado como un don.  

¿Acaso el Cristo resucitado no sopla sobre sus Apóstoles y les dice, “Recibid el Espíritu Santo”?

No es que hayamos amado a Dios, es que Dios nos amó primero.

Ese es el Espíritu en nosotros.

¿De acuerdo?

Ahora el Evangelio de Juan.

Seguimos hablando del Espíritu Santo. Jesús les dijo a sus discípulos —esto es en la noche antes de morir; es el punto culmen de su vida—

“tal como el Padre me ama, así os amo yo.

Permaneced en mi amor”.

Permaneced en el poder del Espíritu Santo.

8:46

 

 

Y algo más:

“Si cumplís mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo cumplo los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”.

 

Existe en la vida espiritual Cristiana

un vínculo entre el amor incondicional de Dios y el amor condicional de Dios.

Sé que es un poco pasado de moda decir eso, pero es verdad.

 

¿Somos amados incondicionalmente?

Sí, hemos sido amados a la existencia.

Dios nos crea “ex nihilo”.

Dios nos crea.

No nos ganamos eso de ninguna forma.

Por eso, por supuesto, el amor de Dios es incondicional.

No es que vosotros améis; yo os amé primero.

 

Pero si queréis permanecer en mi amor, entonces tenéis que guardar mis mandamientos.

Eso es condicional.

 

Ahora, no es que Dios se haga el difícil o sea complicado o sea controlador.

No, no, para nada.

Os he dado el Espíritu Santo.

Ahora, si queréis permanecer en el Espíritu Santo, ¿qué tenéis que hacer?

Tenéis que convertir vuestras vidas en un don.

“Como el Padre me ama, así os amo yo”, dice el Señor, y entonces el Señor dice, “os he amado, entonces vosotros debéis amaros los unos a los otros”.

 

Para permanecer, ved, para permanecer en el Espíritu Santo, debemos dar el Espíritu Santo como un regalo.

Si comprendes eso, comprendes toda la vida espiritual.

Comprendes la Ley y los profetas,

Recibid el Espíritu Santo y luego dónalo en amor.

“Os he dicho esto”, continua el Señor, “para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena”.

 

Oh, si pudiera sacar esta visión de las mentes y corazones de la gente de que Dios es esta especie de personaje tiránico que nos pone a prueba todo el tiempo, que está desconforme con nosotros y coloca sobre nosotros exigencias imposibles.

Tenemos que extirpar eso de nuestras mentes y corazones.

 

¿Qué desea Dios?
 “Os he dicho esto para que mi alegría esté en vosotros y vuestra alegría sea plena”.

Le preguntaron a Tomás de Aquino qué hace Dios todo el día.

Su respuesta fue que goza en sí mismo.

Esa es la respuesta perfecta, porque Dios saborea su propia bondad.

¿Qué quiere Dios entonces?

Compartir eso con nosotros.

¿Quién es el Espíritu Santo?

El amor que Dios es.

Y entonces el Espíritu Santo, la bandera del Espíritu Santo, se ha dicho —del mismo modo que saben que el monarca de Inglaterra está en el Palacio de Buckingham, su bandera flamea sobre el palacio— entonces la bandera del Espíritu Santo es la alegría.

 

 

Para eso “he venido”, dijo Jesús, “para que tengáis vida y la tengáis en abundancia”,

y aquí “para que mi alegría esté en vosotros”.

Esa es la bandera del Espíritu Santo.

Y luego finalmente, escuchad:

“Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando.

Ya no os llamo siervos, ... a vosotros os llamo amigos”.

este es otro texto en el que de cierta manera se expresa la totalidad de la revelación Cristiana.

 

Si le dijeran a Aristóteles que puedes ser amigo de Dios, nos diría que estamos locos.

No puedes ser amigos de alguien que es infinitamente superior a nosotros.

No, pero al darnos el Espíritu Santo, al compartir con nosotros su vida interior, Dios nos hizo dignos de una amistad verdadera con él.

Ahora, ¿qué hacen los amigos?

Bueno, se aman entre sí, se siguen entre sí y se obedecen y se escuchan entre sí.

Si eres amigo de Dios, no vas a vivir esa especie de vida salvaje, irresponsable, inmoral.

No, al contrario, vivirás de acuerdo a la voluntad de Dios.

Así que, ocupa un poco de tiempo con estas tres lecturas, porque nos están preparando para Pentecostés.

Nos están preparando para la venida del Espíritu, que algunas veces viene en estas maneras extraordinarias, típicamente se manifiesta en nuestra capacidad de amar, que nos da alegría, alegría, alegría y nos invita a la amistad con Dios.




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