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Dios. La ciencia. Las pruebas

Entrevista a Olivier Bonnassies, coautor del libro 'Dios. La ciencia. Las pruebas', uno de los más vendidos del año

24/12/2023 - Valenciaplaza.com


Si la Ciencia demuestra la existencia de Dios, ¿dónde queda la Fe?

Preguntas como esta son las que quiere responder Olivier Bonnassies, empresario y teólogo francés que firma con el ingeniero informático Michel-Yves Bolloré el libro Dios. La Ciencia. Las pruebas (Ed. Funambulista), un éxito de ventas en Francia.

El objetivo de la obra no es nuevo: defender que la ciencia no niega a Dios sino que, por el contrario, demuestra la existencia de un creador.


— Si la Ciencia ha demostrado a Dios, ¿dónde queda la Fe?

— Son dos cosas distintas. Es verdad que la Fe no necesita la ciencia, podemos definirla como un acto de adhesión libre y voluntario basado en la confianza. Es, digamos, la forma más directa de llegar a Dios y así lo ha sido durante siglos, sobre todo cuando no existía la ciencia. Pero la Fe se basa en la razón, no son cosas opuestas. Lo que precisamente buscamos con nuestro libro es demostrar que esa Fe no es irracional. Un milagro puede parecer irracional, pero como hecho objetivo cabe analizarlo y extraer conclusiones. Y esas conclusiones nos llevan a afirmar, desde un punto de vista científico, que Dios existe.


— Una de las ideas principales del libro es que el Big Bang demuestra que hay un comienzo del universo y, si hay un comienzo y antes no hay nada, tiene que haber una causa, un creador.

— El Big Bang es una idea muy importante en el libro, pero desde luego no es la única y tampoco diría que la más importante. Creo que el mérito de Dios es la Ciencia. Utilizamos muchos argumentos distintos, de todos los ámbitos científicos, para llegar a lo que creemos la única conclusión posible: este universo es obra de un creador.


— Pero centrándonos en el Big Bang, ¿qué dato aporta sobre la existencia de Dios?

— Que hay un comienzo. Por cierto, muy similar al que describe la Biblia en el Génesis, aunque de manera más literaria. Si el Universo hubiera existido desde siempre sería más difícil justificar la idea de Dios, pero si hay un principio la cosa cambia. Puede que hubiera un Big Bang, luego un Big Crunch y vuelta a empezar, puede que el ciclo se haya repetido miles de veces pero al final hubo un comienzo del espacio-tiempo, y eso exige una causa. De la nada no puede surgir nada; si surge algo es que había ‘algo’. Y esta no es solo una posición religiosa, es científica. Cualquier hipótesis tiene que pasar por explicar cómo se origina ese momento inicial y por qué se produce. Y esa causa es Dios.

 

— Pero si todo tiene un principio y un final, ¿qué pasa con Dios? Es eterno por definición pero debería tener un principio.

— Efectivamente. Esta es una contradicción que se plantea muchas veces ¿quién creo al creador? La respuesta es nadie o nada. Volvemos a lo de antes, de la nada no puede surgir algo, y yo creo que esto no lo niega ningún científico. El Big Bang plantea un inicio que necesita una realidad preexistente. Esa realidad no puede estar limitada, no puede haber sido creada en otro Big Bang o volvemos a la casilla de salida. La hipótesis de Dios eterno encaja perfectamente como explicación. Es decir, que hubo algo que creó o dio origen al Big Bang.


— Otro de sus argumentos es el conocido como ‘principio antrópico’, que dice que el universo fue creado específicamente para albergar vida humana. Pero no es nuevo.

— Es cierto que el argumento del principio antrópico no es nuevo, pero eso no quiere decir que no sea válido. 


— ¿Pero de verdad Dios hizo el universo para que pudiéramos habitar en él?

— Todo hace pensar que sí, que existen una serie de ajustes o condiciones previas que son los que permiten la vida en la Tierra. Uno a uno, estos datos pueden llamar la atención, pero lo importante es la suma de todos. Por ejemplo, tenemos la fuerza de la gravedad, la velocidad de la luz, la constante de Plank, la carga del protón, la curvatura del Universo… Estamos hablando de magnitudes que van de lo infinitamente pequeño a lo infinitamente grande y si solo una fuera ligeramente distinta, una diferencia de un decimal, no podríamos existir.

Es lo que se conoce como el ‘ajuste fino’ y solo hay dos formas de explicarlo: o es casualidad o hay un creador. Nadie ha dado una alternativa, no hay una tercera opción. Y si aplicamos la Navaja de Ockham, nos guste o no, la explicación más sencilla y la que mejor resuelve la pregunta es la existencia de Dios. Y no es cosa nuestra, esto lo han dicho científicos de la talla de Paul Dirac, Paul Davies, Max Planck, Fred Hoyle… No digo que hayan afirmado que la respuesta es Dios, sino que han reconocido que la ciencia es incapaz de responder esta pregunta.

"De la nada no puede surgir nada; si surge algo es que había ‘algo’. Y esta no es solo una posición religiosa, es científica"

— ¿Se puede aplicar el mismo argumento a la aparición de la vida en la Tierra?

— Por supuesto. También podemos hablar de un ajuste fino de orden biológico que explicaría como de la materia inerte se pasó a la vida, y luego hubo una evolución que explica cómo hemos llegado a ser lo que somos. Para que se produjera ese salto de lo inerte a lo vivo, hace unos 3.800 millones de años, hace falta una ‘mano invisible’, no se lo podemos atribuir al azar.

Desde que Stanley Miller  inició el camino en los años 50 se han hecho muchos experimentos en laboratorio sobre las `sopas prebióticas’, y todas han fracasado a la hora de crear vida; hace falta algo más. Un dato: el organismo más pequeño que podamos concebir, que mide 0,2 micrómetros, necesita 250 genes y producir 180 tipos de proteínas diferentes. A eso podemos sumar la complejidad de la estructura de doble hélice del ADN, la configuración tridimensional de las proteínas, el funcionamiento de las enzimas… Una vez más, es demasiada casualidad para decir que no hay una causa que explique por qué estamos aquí. Se puede argumentar, algunos lo hacen, que con el Big Bang nacen infinitos universos y solo en uno existe vida, pero eso tiene más de argumento ad hoc para no admitir lo que nos dice la ciencia que otra cosa. Lo innegable es que estamos aquí, que solo conocemos un universo, y que existimos en él. Y no parece que sea casualidad.


— Veo que no rechaza la teoría de la evolución

— No tengo motivos. Creo que Dios creó las reglas que han hecho que evolucionemos, no soy creacionista. La Teoría de la Evolución de Darwin no excluye a Dios.


— Pero Dios es una verdad inmutable y la ciencia no. La teoría del Big Bang tendrá que ser reformulada ya que no hay prueba de que existan multiversos, ni hay rastro de la energía oscura, ni de la antimateria… que son los presupuestos en los que se basa.

— Eso es cierto, pero la ciencia no va dando saltos en cualquier dirección, sino que avanza. La teoría de la gravedad de Newton no es errónea, sino que se vio superada por las Einstein. Puede haber campos de la ciencia que lleven a callejones sin salida y se abandonen, podría ocurrir con la teoría de las cuerdas, pero tenemos un conocimiento bastante sólido de cómo funciona el universo. Que la formulación de la teoría del Big Bang tenga que cambiar, como todo en ciencia, es esperable, pero lo que venga después no será una negación sino una mejora. El Big Bang será superado seguramente por una explicación que lo incluya, no que lo niegue.

 

— Si no me equivoco, Dios crea la ciencia, que es la que explica la creación del Universo y la existencia del ser humano. ¿No es un poco rebuscado? ¿No podría haberlo hecho directamente?

— Eso pregúnteselo a él [se ríe]. Lo que queremos decir es que no hay ninguna oposición entre ciencia y religión, que, desde la religión, podemos asumir todos los postulados científicos que han sido ampliamente demostrados y que no vamos a encontrar contradicciones. Es más, coinciden.


—Una crítica a su libro es que es una defensa conocida como ‘de los agujeros’: buscan las cuestiones que la ciencia no explica y se lo atribuyen a Dios.

—Sí, esa crítica nos la han hecho muchos que no ha leído el libro [se ríe]. No es así, es cierto que creemos que la existencia de Dios resuelve algunas dudas que se plantea la ciencia actualmente, pero eso no es el objetivo del libro. Hay miles de cosas que la ciencia no ha resuelto y en eso no entramos, no pretendemos responder esas preguntas. 


— Si acepto la tesis de su libro y de que hay un creador, usted tendrá que reconocer que no es el de la Biblia. Un Dios infinitamente bondadoso no puede crear las hambrunas, los terremotos, el Alzheimer, la parálisis cerebral… Es un Dios cruel.

— El debate sobre el mal en un mundo creado por un dios bondadoso es muy interesante, pero hay que partir de un punto: el mal no existe, existe el bien. El mal es la ausencia del bien…


— Perdone que le interrumpa, pero esa es su opinión, y su libro presume de utilizar únicamente argumentos científicos.

— Veámoslo de otro modo. Si no existiera el mal, no podríamos apreciar el bien. Por ejemplo, el placer de disfrutar de una vista magnífica en lo alto de una montaña depende del esfuerzo que hemos hecho para llegar hasta allí. Si en la vida no hubiera dificultades, si todo nos fuera dado, no tendríamos posibilidad de disfrutar de lo que tenemos, no podríamos valorarlo.

"No hay ninguna oposición entre ciencia y religión, que, desde la religión, podemos asumir todos los postulados científicos"

— No digo que no tenga razón, solo que ese argumento no es científico. Es la escolástica de toda la vida, pero no es ciencia. Insisto en que si han demostrado que Dios existe, no es el de la Biblia.

— En realidad sí que lo es, hay muchos datos que apoyan ese punto de vista y de hecho nuestro próximo libro va precisamente de eso, de demostrar que el Dios que se puede demostrar utilizando la ciencia es el de la Biblia.


— Pues entonces, dejamos aquí la pregunta y ya tenemos excusa para retomar la discusión más adelante.

— Será un placer [Se ríe].


— El nobel de Física Robert Wilson ha escrito la introducción del libro, pero en una entrevista en el semanario francés Express aseguró que solo había leído la primera parte y que no coincide con sus conclusiones. 

— Es un malentendido que se ha utilizado contra el libro, pero no lo entiendo. Comenzamos a hablar con Wilson, como con otros científicos, para que leyeran la parte científica del libro y dieran su opinión. Al final, se estableció una relación muy buena y le pedimos la introducción del libro, en la que él mismo dice que solo ha leído la parte científica. No le llamamos para que nos diera la razón, sino para que viera si había errores científicos, y no vio ninguno. Que no esté de acuerdo con nuestras conclusiones no es ningún problema, lo importante es que está de acuerdo con nuestra exposición de los datos, que son correctos.

 

— Otra de las críticas es que son ustedes concordianistas, una corriente del siglo XIX que busca ver las coincidencias entre lo que dice la ciencia y la religión.

 —Esta crítica sí que no tiene sentido. Claro que somos en cierto modo concordianistas, lo contrario es imposible. Si queremos demostrar que Dios ha creado este mundo tendrán que coincidir las observaciones con los datos. Lo que tendría mérito sería lo contrario, demostrar científicamente que Dios existe pero que no coincidieran las observaciones.


— Creo que su libro es muy desigual, la parte científica está muy bien armada, pero no creo que la Sábana Santa o las apariciones de Fátima puedan usarse como argumentos a favor de la existencia de Dios, al menos desde un punto de vista científico.

— Me gustaría centrarme en el caso de Fátima. La última aparición de la Virgen tuvo lugar el 13 de octubre de 1917. Fue un hecho anunciado: los niños que habían visto a la Virgen dijeron que ese día se verían prodigios y así fue, miles de personas —y no solo creyentes— fueron testigos de los que se conoce como el ‘Milagro del Sol’. Es innegable que algo ocurrió y que no tiene explicación.


—Precisamente, que no tenga explicación no puede entenderse como un milagro o intervención divina. En todo caso significaría que no sabemos lo que ocurrió.

— Bueno, pero lo que no se puede negar es que ocurrió algo.


— También hay miles de personas que dicen que han visto extraterrestres, algunos incluso han subido a sus ovnis, pero eso no es prueba de nada.

— Quizás no sea una prueba, pero estaremos de acuerdo en que no hay explicación.


— Si no hay explicación, no hay explicación, no hace falta atribuírselo a Dios. Por último, ¿qué conclusión debería sacar alguien que lea su libro?

— Al principio de los tiempos, la gente creía en Dios porque no había otra explicación. A medida que fue apareciendo y evolucionando la ciencia empezamos a desplazar a Dios y a pensar que de ella vendrían todas las respuestas. Ahora hay que asumir que la respuesta es que Dios existe. Siempre se ha dicho que la religión era una creencia irracional, pero lo que es irracional es mantener una visión materialista de la historia. Las pruebas son claras, Michel-Yves y yo creemos que estamos al principio de una revolución y de un cambio de paradigma, y no porque negamos la ciencia sino precisamente porque nos apoyamos en ella.

 

                

Un informe de parte

Si hay un creador, entonces la ciencia puede probarlo.

Ese era el punto de partida del clásico de Víctor J. Stenger ¿Existe Dios? El gran enigma (Ma non troppo, 2007).

Aunque la conclusión del físico de la Universidad de Harvard es exactamente la contraria de la que plantean los autores de 'Dios. La ciencia. Las pruebas' es interesante ver que el postulado inicial es el mismo. Seguramente entre ambas obras hay un segundo punto en común: los convencidos ven sus tesis reforzadas mientras que los otros, ni se inmutan. Nada hace pensar que las cosas vayan a cambiar en futuros intentos.

En todo caso, a Bonnassies y Bolloré hay que reconocerles el mérito de haber escrito una teoría muy bien desarrollada desde el punto de vista de científico, pero no tanto desde el punto de vista religioso. El argumento más débil de libro es, precisamente, el haber mezclado ambas cosas. Pero, no por casualidad, es lo más interesante de conversar con los autores de una obra no deja de ser un informe de parte, el punto de vista de dos abogados que defienden a su cliente. Eso sí, son buenos en lo suyo. 

Por ejemplo, los autores establecen un paralelismo entre la teoría del Big Bang y el relato del Génesis, y entre el momento en el que la materia inerte se transforma en orgánica (y nace el primer embrión de lo que llamamos vida) y cuando Dios creó a Adán del barro.

Son metáforas con las que el creador intentó explicar a los primeros judíos cómo surgió el mundo. Ese punto de vista es insostenible. Un Dios todopoderoso sería capaz, sin metáforas, de explicar física cuántica a un cavernícola de manera comprensible o no sería omnipotente ni perfecto. La Biblia no puede utilizarse como prueba de la existencia de Dios y, mucho menos, poniendo la lupa en lo que nos interesa. Si hay que creer que Dios intentó, con el Génesis, explicar el origen del Universo ¿qué quería decir cuando hablaba de los Nefilim, esos  gigantes que nacen que la unión entre ángeles libidinosos y las mujeres terrestres? Como argumento se puede considerar la Biblia inspirada por Dios. Lo contrario sería un discurso circular: Dios existe, escribe la Biblia, y la existencia de la Biblia demuestra la existencia de su autor. Muy fácil.

Hay otros argumentos en el libro que se caen por su propio peso. Decir que en la Alemania nazi y la Rusia soviética hubo una purga para asesinar a todos los científicos materialistas que aceptaban la teoría del Big Bang porque abría la puerta a la demostración de la existencia de un creador es, simplemente, ficción. Y eso por decirlo suave. Muy muy suave.

También hay argumentos contra el libro que no resisten el mínimo análisis. En Francia se ha acusado a 'Dios. La ciencia. Las pruebas' de ser una gran operación de marketing desde posiciones ultramontanas. En primer lugar, los autores nunca han ocultado su fe (Bolloré se presenta abiertamente como miembro del Opus Dei), así que sus creencias no pueden ser motivo de rechazo. Es evidente que creen en lo que dicen, la cuestión es si están en lo correcto, y eso lo tendrá que decidir el lector. 

¿Es una operación de marketing? En cierto modo, sí. ¿Y? Lógico que el editor haya querido ganar dinero y lógico que la agencia católica Aleteia (de la que Bonnassies es fundador) haya echado el resto para promocionar el libro. Tampoco se le puede reprochar a Bolloré (miembro de una de las familias más ricas de Francia) haberse aprovechado de sus contactos en los grupos mediáticos Lagardere o Vivendis para difundir su trabajo.

La gran pregunta es ¿vale la pena el libro? Sí. Los convencidos se sentirán reconfortados, y los que no van a creer, encontrarán un ejemplo de una buena argumentación (irregular, pero buena) que les ayudará a entender cómo piensan los que tienen enfrente. Eso, sin negar que el objetivo —decir que la ciencia demuestra la existencia de Dios— está muy lejos de haberse cumplido.

                    


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