hace 2 horas
Francesco e i suoi frati. 7 marzo.
- Fray Dino

- hace 2 horas
- 63 Min. de lectura
RESUMEN DEL ENCUENTRO.
Abajo encontrarás la formación completa:
El encuentro presenta una reflexión sobre San Francisco de Asís y sus hermanos, dentro de un ciclo formativo que busca mirar la realidad actual con los ojos de Francisco. La idea central es que, en medio de un mundo complejo, confuso y a veces violento, San Francisco puede enseñar un modo evangélico de vivir, especialmente a través de la fraternidad.
Desde el inicio se subraya que Francisco no vio su tiempo como una desgracia, sino como una ocasión dada por Dios. En ese contexto, se propone descubrir cuál es el secreto de una fraternidad capaz de generar esperanza y de romper con las narraciones pesimistas.
1. Los hermanos como don de Dios
Uno de los ejes principales es la frase del Testamento de San Francisco: “El Señor me dio hermanos”. Se insiste en que Francisco no buscó seguidores ni quiso fundar una estructura humana por iniciativa propia, sino que reconoció en la llegada de los hermanos una obra de la gracia de Dios.
El historiador Giovanni Grado Merlo explica que, para entender a Francisco, no basta con verlo como personaje simpático, rebelde o romántico. Hay que comprenderlo desde su raíz más profunda: una “metanoia evangélica”, es decir, una conversión total de la vida a partir del Evangelio. Si se le quita el Evangelio, se falsifica a Francisco.
Según esta lectura, Francisco no escribe su Testamento para hablar de sí mismo o exaltarse, sino para indicar un camino a los demás. Su experiencia no es autobiográfica en sentido moderno, sino espiritual y normativa: muestra lo que considera esencial para vivir según el Santo Evangelio.
2. “Fratelli minori”: hermanos y menores
Fra Massimo Fusarelli profundiza en el sentido de llamarse “hermanos menores”. Dice que las dos palabras van unidas: no se puede ser verdaderamente hermano si uno quiere imponerse como “mayor”, dominar o ponerse por encima de los demás.
Por eso, ser hermano no es simplemente un sentimiento bonito ni una simpatía superficial. Requiere:
dar un paso atrás respecto al poder,
renunciar a la superioridad,
vivir relaciones verdaderas,
compartir la vida y los recursos,
permanecer incluso cuando llegan el rechazo, la herida o la incomprensión.
En Francisco, “hermano” no es solo un título religioso, sino una relación. No designa simplemente a un miembro de una institución, sino a alguien que vive desde la conciencia de que todos son hijos del mismo Padre. De ahí nace también su capacidad de llamar hermano o hermana a toda criatura.
3. La fraternidad no es una idea: se verifica con los pobres
Fra Massimo insiste en que la fraternidad franciscana se hace concreta sobre todo en la cercanía a los pobres, pequeños y descartados. Cuenta ejemplos de Camboya, Congo, África, Asia, Rusia y América Latina, donde ve que el carisma sigue vivo cuando los frailes saben estar con los últimos sin humillarlos, sirviendo y compartiendo su condición.
Una idea muy fuerte del texto es esta: los frailes no solo están para los pobres, sino que están llamados a vivir entre ellos. Y precisamente ahí la fraternidad se purifica y se vuelve auténtica.
4. El crecimiento de la Orden trajo tensiones
Otro gran tema es cómo aquel pequeño grupo inicial se transformó con el tiempo en una Orden extendida y estructurada. El profesor Merlo explica que este crecimiento generó problemas serios:
la necesidad de organización,
la aparición de normas,
el influjo de personas cultas y universitarias,
la institucionalización,
la relación con la jerarquía eclesiástica,
y el riesgo de apartarse de la intuición original de Francisco.
Sin embargo, Merlo advierte que no hay que hablar de “traición” de manera simplista. Más bien hubo una transformación histórica compleja, con tensiones reales entre el ideal evangélico y las exigencias concretas de una orden en expansión.
Francisco, por un lado, buscó la aprobación del Papa y quiso permanecer en plena comunión con la Iglesia. Pero, por otro, sufrió al ver cómo el desarrollo de la Orden introducía dinámicas que no coincidían del todo con su intuición primera.
5. La gran tentación de Francisco
Uno de los puntos más profundos del diálogo es la referencia a la “gran tentación” de Francisco en los últimos años de su vida. Según Merlo, esta tentación podría entenderse como un conflicto interior decisivo: ¿imponer su propia voluntad para corregir a los hermanos y controlar la Orden, o abandonarse a la voluntad de Dios?
La interpretación propuesta es que Francisco vivió una crisis muy fuerte ante la evolución de la fraternidad. Veía errores, desviaciones y tensiones, pero no quiso convertirse en “verdugo” de sus hermanos. Su camino fue otro: no controlar por la fuerza, sino purificar su propia voluntad.
En esta línea, las llagas (estigmas) aparecen como signo de una identificación más profunda con Cristo crucificado y resucitado. No serían solo un hecho extraordinario, sino también la expresión espiritual de un Francisco que ha atravesado la prueba y ha salido interiormente pacificado.
6. El Cántico de las criaturas como fruto de una pacificación interior
Después de esa crisis, Merlo presenta a un Francisco más reconciliado, capaz de componer el Cántico de las criaturas, que interpreta como un canto de pacificación cósmica. Ya no aparece dominado por la turbación interior respecto a la Orden, sino más libre, más sereno, más centrado en Dios.
Así, el último Francisco no sería un hombre amargado ni derrotado, sino alguien que, aun enfermo y sufriente, ha encontrado una forma nueva de paz: no cambiando a todos los demás, sino dejándose configurar por la voluntad de Dios.
7. La actualidad del carisma franciscano
Fra Massimo concluye mostrando que el carisma sigue vivo hoy en contextos muy distintos:
en países donde los cristianos son minoría,
en lugares de conflicto étnico o social,
en sociedades individualistas y cansadas espiritualmente,
en comunidades donde convivir ya es un signo profético.
El hilo rojo que une a los frailes en todo el mundo no es una uniformidad cultural ni disciplinar, sino una gracia común: saberse hermanos y vivir como tales, especialmente en cercanía a los pobres.
También relaciona esta visión con el papa Francisco, que en Laudato si’ y Fratelli tutti habría captado, quizá más por afinidad espiritual que por estudio académico, algo muy profundo del santo de Asís: que la fraternidad no es una teoría, sino una respuesta evangélica para un mundo herido, dividido y violento.
Idea central del texto
La idea de fondo es que San Francisco descubrió que la verdadera vida cristiana consiste en vivir el Evangelio en forma de fraternidad, como don de Dios, en humildad, minoridad y cercanía a los pobres. Esa fraternidad no fue fácil ni idealizada: estuvo llena de tensiones, pruebas y crisis. Pero precisamente ahí se mostró como camino real de conversión, paz y esperanza, ayer y también hoy.
La fraternidad en el mundo actual.
a la luz de la encíclica Fratelli tutti y de la experiencia concreta de los frailes.
1. Un mundo herido necesita fraternidad real
Se describe un mundo marcado por:
el individualismo,
el rechazo del otro,
el nacionalismo agresivo,
la pérdida del sentido del “nosotros”.
Pero se subraya algo importante: estos problemas no están solo fuera, también aparecen dentro de las comunidades religiosas. Por eso, no se puede hablar de fraternidad como si fuera algo ya logrado o perfecto.
👉 Vivir como hermanos es difícil.
👉 No es una emoción ni una idea bonita.
👉 Es una conquista diaria.
2. La fraternidad no es idealizada
Se desmonta la imagen falsa de comunidades siempre felices:
convivir genera conflictos,
hay tensiones, diferencias y cansancio,
existen luchas por espacios, recursos o maneras de pensar.
Por eso, la verdadera fraternidad:
no es un ideal perfecto,
sino una realidad que se construye en medio de la fragilidad humana.
3. El problema de fondo: no reconocer al otro
Se identifica la raíz de muchas divisiones (personales, sociales y políticas):
👉 la dificultad de reconocer al otro como persona con igual dignidad
👉 y, más aún, como hermano
Esto lleva a ver al otro como:
enemigo,
rival,
extranjero,
alguien que hay que excluir.
Frente a esto, se afirma con fuerza:👉 el otro siempre es un hermano, aunque sea diferente o lejano.
4. San Francisco como modelo de encuentro
Se pone como ejemplo el encuentro de Francisco con el sultán:
fue desarmado,
cruzó la línea enemiga,
se encontró con el otro sin violencia.
Esto se presenta como un modelo actual:👉 antes que imponer, hay que dialogar, escuchar y encontrarse.
Incluso se lanza una crítica implícita al mundo actual:👉 muchos líderes olvidan el diálogo y pasan directamente al conflicto.
5. El testimonio más fuerte: vivir juntos siendo distintos
Los frailes no pretenden resolver los grandes conflictos del mundo, pero ofrecen un signo:
👉 es posible vivir como hermanos aunque haya diferencias de:
cultura,
lengua,
nación,
historia.
La clave:
no renunciar a la propia identidad,
pero no convertirla en un muro.
6. La fraternidad se demuestra con hechos
Se insiste en algo muy concreto:
👉 la fraternidad no se predica tanto… se vive.
Ejemplo:
convivencia con personas de distintas culturas y religiones,
relaciones reales incluso con personas difíciles o problemáticas,
pequeños gestos cotidianos de encuentro.
Son acciones pequeñas, pero reales, que actúan como “levadura” en la sociedad.
7. No es una utopía sentimental
Se rechaza la idea de una fraternidad idealizada:
no es “todo perfecto”,
no es una fantasía,
no es una emoción superficial.
👉 Es una apuesta profundamente realista:
“Sin el otro, yo no existo”.
8. Las tentaciones dentro de la vida fraterna
El ministro general reconoce varias dificultades reales:
el desánimo ante la mediocridad cotidiana,
la distancia entre los ideales y la vida real,
problemas graves como abusos (de poder, espirituales o sexuales),
el cansancio en la misión.
Pero también afirma:👉 esas dificultades pueden convertirse en ocasión de crecimiento.
9. La mayor lucha: la “mediocridad cómoda”
Una de las mayores tentaciones es la llamada “mediocridad”:
hacer lo mínimo,
perder la pasión,
vivir sin entrega total.
Sin embargo:👉 esta realidad no destruye la vocación, sino que la pone a prueba.
10. Siempre hay esperanza
Se cuenta el testimonio de un fraile que descubrió verdaderamente a Cristo a los 80 años.
Esto deja una enseñanza muy fuerte:
👉 nunca es tarde para vivir con autenticidad
👉 siempre hay posibilidad de renovación
Idea central
La fraternidad, según San Francisco y hoy, no es un ideal fácil ni automático, sino:
👉 un camino exigente
👉 una lucha diaria
👉 un don que hay que acoger y trabajar
Y, a pesar de las fragilidades humanas, sigue siendo:
✨ una de las respuestas más reales y necesarias para un mundo dividido.
TEXTO COMPLETO:
Buenas tardes, bienvenidos a este nuestro tercer encuentro del recorrido que hemos titulado Francisco a tus ojos.
Queremos aprender a mirar la realidad de hoy, tantas de sus facetas, con la mirada de San Francisco, pero también, en cierto sentido, invitar a Francisco a mirar nuestro tiempo e indicarnos un camino.
Entonces, antes que nada, bienvenidos también a las personas que nos siguen desde las redes sociales, desde nuestro sitio web, nuestros canales, y la bienvenida oficial nos la da nuestro ministro provincial, fray Francesco Piloni.
He aquí, bien hallados y que el Señor os dé paz. Este era el saludo de Francisco, y en el testamento que luego hemos reducido un poco a “paz y bien”, pero las palabras de Francisco son: el Señor te dé paz.
Entonces es hermoso poder darse un tiempo en este centenario y para formarnos. Es un es un poco una escuela este Francisco a tus ojos, para asumir, como decía fray George, esta mirada de Francisco y tener su ojo para leer este tiempo tan a veces complejo, confuso.
Eh, yo digo a menudo: todos ahora en nuestros discursos hablamos de desafío. Parece que todos los días nosotros nos despertamos y debemos afrontar desafíos.
He aquí, yo creo que en cambio me gusta mucho más la palabra ocasión. Esta es la ocasión que nos es dada por la realidad, por la historia. No hay un tiempo mejor o peor que los otros. Nosotros estamos muy acostumbrados a escuchar a las personas que dicen: “Eh, padre, pero aquí se va de mal en peor”.
Pocas pocas veces se escucha: aquí se va de bien en mejor. Un paso que nos parece tan distante. Francisco estaba dentro de un tiempo complejo, confuso, violento.
Y sin embargo supo captar cuál es la esencia de la dignidad de los cristianos, que es el ser hermanos. Precisamente hace pocos días decía: “No llaméis a nadie maestro, no llaméis a nadie padre”.
Entonces, atención, he aquí, creo que estos tiempos de formación son para captar los secretos de Francisco, que precisamente porque son secretos evangélicos duran eternamente, duran para siempre. Él ha sabido conjugarlos y amasarlos con la vida. Creo que la ocasión para nosotros hoy, mirando a Francisco y a sus frailes, es captar un secreto, otro secreto.
Lo hemos hecho: Francisco y la palabra de Dios, Francisco y el diálogo con los sarracenos. He aquí, la ocasión hoy es: ¿cuál es el secreto para una fraternidad que me permita pensar de bien en mejor y no quedarme en las narraciones tristes y pesadas que escuchamos siempre?
He aquí, la intención es una intención formativa y luego un momento de oración en la basílica. Lo que cuenta es permanecer vigilantes, permanecer atentos, permanecer con esa mirada bella, y este es el regalo que nos hacemos en estas jornadas un poco de de formación.
Y agradezco desde ya al profesor Grado Maerlo. Giovanni Grado Merlo, ¿puedo decir que te has vuelto un amigo? Eh, porque hemos preparado una hermosísima exposición que es itinerante ahora por varias partes de Italia y no solo. Ahora llegará a Tierra Santa, la han traducido. Yo, fray Francisco, que fue presentada en el meeting de Rímini y luego sobre todo tenemos a nuestro ministro general que vuelve de un viaje larguísimo y sin embargo importante, porque porque Francisco y sus frailes tienen necesidad de un ministro que conozca a los frailes, que conozca la realidad, y por tanto tendremos a un historiador, escuchamos a un historiador que nos ayuda a entrar en lo que era para Francisco esta dimensión hermosísima de la fraternidad, pero también fatigosa, y tenemos a un actualizador que concretamente tiene las manos en la masa con los frailes. Gracias y buena tarde.
Entonces, ahora comenzamos este nuestro diálogo. Antes de comenzar, sin embargo, una información precisamente técnica. Y deseamos, en fin, que todos puedan también entrar en un diálogo con nuestros ponentes. ¿Cómo hacerlo? He aquí, hace falta enviar vuestra pregunta a nuestros canales Facebook y YouTube en los comentarios, también para quien está en la sala, de manera que luego nuestro Frauca recoge un poco las preguntas y nos las pasa y quizá recoge también aquellas que son de tema parecido.
Por tanto, si queréis hacer una pregunta, con Facebook o YouTube podéis escribir un comentario con vuestra pregunta y será recogida.
Entonces, como decía padre Francesco Pironi, hoy hablamos de Francisco y sus frailes. Y entendéis bien que no es un título pequeño y no es un título casual, porque la historia de Francisco de Asís es inseparable de la de los hombres que han elegido caminar con él. Como es normal que los unos plasmen la vida de los otros caminando uno al lado del otro. Y ciertamente cualquiera que se haya acercado a Francisco, apenas más allá de la superficie, habrá oído aquella expresión memorable de su testamento: El Señor me dio hermanos.
En realidad en el testamento es solo un inciso para luego pasar a hablar de su forma de vida. Pero es innegable que la fraternitas, la fraternidad, fue un elemento central de su experiencia humana y espiritual.
Es más, esta categoría de hermano se convirtió en una auténtica forma mentis para Francisco, ¿no? Que al final de su vida llamará no solo León, Bernardo, Egidio y todos los demás, sino a toda criatura con el nombre de hermano o hermana.
He aquí, hoy exploraremos este vínculo entre Francisco y sus frailes a través de dos perspectivas de excepción: la del profesor Grado Giovanni Merlo, profesor emérito de historia del cristianismo en la Universidad Estatal de Milán, historiador que ha dedicado la vida a la Edad Media, pero también a despojar a Francisco, no tanto de los vestidos del padre Pietro di Bernardone, cuanto de los muchos mitos y lecturas que se han acumulado en los siglos para devolvernos la verdad, la autenticidad de la verdad humana de Francisco.
Es significativo cómo en su libro Frate Francesco, profesor Mello, retoma la categoría de nuevo loco, un mensaje cristiano como una locura que Francisco abraza de manera total y y radical, en contraste o quizá contra una ineludible institucionalización de su fraternitas.
Y por otra parte tenemos, como se ha dicho, la perspectiva de fray Massimo Fusarelli, que como ministro general de la Orden de los Frailes Menores se encuentra en el centro de la Fraternitas, convertida en institución, con la ardua tarea de hacer revivir un poco de aquella locura de Francisco o, como él dice en su libro, la inquietud de Francisco dentro de la orden.
He aquí, juntos intentaremos comprender cómo una búsqueda de Dios, la de Francisco, iniciada de manera solitaria, se convirtió en una locura o inquietud compartida, capaz de atravesar los siglos.
Entonces, comenzamos con una pregunta al profesor Merlo. En el pasaje, ¿no?, que ya he citado de su testamento, Francisco subraya que él no buscó seguidores, sino que fue Dios quien le dio hermanos. Es el inicio de una vida nueva que rompe con el pasado solitario del penitente. Entonces, ¿qué significó para Francisco acoger compañeros que no había buscado y convertirse en su hermano?
Pero no soy capaz.
Gracias, hermano George. George, eh, estoy muy emocionado de encontrarme delante de vosotros y delante del ministro general de la orden de los Frailes Menores, eh, por lo cual intentaré pesar las palabras que digo buscando hacerme entender hasta el fondo.
El hermano Francesco antes ha dicho que soy un historiador. Yo se lo agradezco, pero en realidad yo soy un historiador del pasado que trabaja como un artesano. Los historiadores son los inteligentes, los que construyen. Yo, por desgracia, he intentado siempre proponer problemas, proponer temas a la inteligencia de las personas, ofreciendo alguna solución, pero no soluciones definitivas.
El oficio de de los historiadores y de los artesanos que estudian el pasado es un oficio transitorio, es decir, no hay nada definitivo, es un oficio eterno porque cada generación, cada con el pasar del tiempo las cosas cambian necesariamente, por lo cual la disciplina historia, a diferencia de lo que se hace en las escuelas, no es manualística, es problemática. Debemos intentar hacer emerger los problemas y luego intentar respuestas.
La respuesta a la pregunta que me has hecho tú, hermano George, es muy difícil porque porque cuando nos dirigimos al pasado nosotros debemos siempre dar cuenta de cuál sea la base sobre la que hacemos nuestras afirmaciones. Es una cosa que está pasando de moda, sobre todo en referencia a Francisco, porque ya hablan de él todos, eh, ya es casi un argumento como el campeonato de Serie A y en el bar dicen: “¿Has leído a Cazzullo, has leído a Barbero? ¿Has leído? No, a Scazzullo.” Sí, sí. He aquí.
Y luego descubrimos también cosas que no están ni en el cielo ni en la tierra. Uno de los dos, no digo quién, dice que Francisco era jefe de una multinacional. Debo decir, yo a ese autor lo conozco desde hace muchos años, incluso os he dado también clases con escasa eficacia, pero ¿entendéis? Son como otro que en vez de decir leticia dice felicidad.
Y cuidado, en la verdadera leticia, la leticia no es sola, sino que es Leticia, verdadera virtud y salud del alma. O sea, el problema más difícil hoy es la laicización de Francisco, o sea, a Francisco le es sustraído el Evangelio.
He aquí, en cambio, me ha impresionado mucho, y llego enseguida a las tuyas. Me ha impresionado mucho que una una persona prácticamente desconocida que se llama se llamaba Mario Niccoli, hizo la voz San Francisco en la Enciclopedia Treccani en los años 30 y connotó el giro existencial de Francisco con un término bellísimo: la define metanoia evangélica, o sea, el cambio de horizontes, de las concepciones de la vida, de los valores de la vida sobre la base del evangelio.
He aquí, si nosotros no pensamos esto, ocupémonos de otra cosa porque ocuparemos mejor el tiempo. Se puede acercar a lo que yo llamo fray Francisco y explicaré también por qué sin el fundamento. El fundamento es la obra de la gracia.
Si vosotros leéis el testamento con atención, continúa: Dominus dedit me. Dominus, o sea, está siempre, ¿no?, Dominus revelavit me, hay siempre un reconocimiento de una inspiración, de un impulso de la gracia divina. He aquí, esto es fundamental.
Entonces, para llegar a tu pregunta, ves que no he sido político, he llegado a la respuesta. He aquí, la llegada de los Fratres es obra de la gracia. Postquam dominus dedit mi de Fratribus. Después de que el Señor me dio hermanos o frailes. También aquí es bella esta ambigüedad, habría que retomarla porque el frater latino en italiano se ha convertido en frate y fratello.
Pero frate quiere decir hermano porque en algunos dialectos de la Italia meridional frate es hermano. He aquí, pero esto es muy bello porque nosotros atribuimos a frate de todos modos un valor institucional, o sea, el perteneciente a un cierto tipo de orden religiosa. Pero este frate es hermano, o sea, no es el perteneciente solo jurídicamente a una organización, sino que es un hermano.
He aquí, entonces a Francisco le fueron dados unos frailes-hermanos y es igualmente interesante aquella expresión que dice: nadie me indicaba qué debía hacer, que es falso. Había quizá demasiados que le indicaban qué debía hacer, ¿no?
He aquí, pero aquí pensemos que es un hombre de 45 años, cercano al final de su propia vida, que no escribe una autobiografía como fue, sino que escribe lo que cree esencial en su experiencia religiosa y humana. No es de nuevo un problema. Ahora, eh, hago mi diario así los posteriores entenderán quién he sido, sino: que los posteriores lean esto para entender cómo deberán ir, que es todo distinto. No está el egocentrismo que algún historiador transalpino ha bellamente echado al mercado de las ideas. Francisco egocentrista, egocéntrico, ¿no?
Y debo decir que a aquel señor le fue traducido el libro, yo hice una introducción, aquel señor ya no me saludó por algún decenio, pero ahora ha retomado, ha visto que he superado los 80 años, dice: “Quizá sea mejor que volvamos a hablar”. Pero ¿entendéis las distorsiones?
O sea, Francisco no escribe este texto para sí mismo, para exaltarse a sí mismo, sino que escribe este texto para indicar un camino, como precisa luego al final del testamento. Si seguís estas cosas aquí, ¿no? He aquí, entonces esta ausencia de soluciones inmediatas para los hermanos, que es la primera reacción, la primera relación que hago yo con esta gente, con estos con estos hermanos que me han sido donados, y vuelve a intervenir nuevamente la gracia divina.
El mismo Altísimo me reveló que debía o debiese vivir según la forma del Santo Evangelio.
Este verbo reveló es ambiguo porque si uno es de tendencias místicas piensa que Francisco se hubiese adormecido bajo un árbol o bajo las rocas y el Padre Eterno le ha soplado en las orejas que debía vivir el según. En cambio yo creo, y una vez temía también yo, de hecho en la primera traducción que hice de este texto escribí “me mostró”, porque tenía miedo de esta interpretación mistificante, en fin llamadla. Eh, no, es muy interesante porque la palabra de Dios es una revelación, o sea, no es un acto extrínseco, sino que es el Evangelio el que revela que hay que vivir según el Evangelio y no es un un juego de palabras. Y leyendo el Evangelio la obra de la gracia te explica que debes vivir según el Evangelio. Esto es de grandísimo interés.
Entonces, la primera solución que Francisco encuentra es la de encontrar un reconocimiento incontrovertible. Pero démonos cuenta: Francisco quizá elige la nueva vida en 1206. En el 9 ya va de camino al Papa a buscar la confirmación de su intención y se lleva detrás a estos que son indicados en el número de 12, pero está claro que es un número de 12 un número simbólico, que fuesen luego 10 o 15 no nos cambia absolutamente nada. Sabemos que número simbólico es amén.
Luego eh es difícil llegar a tu pregunta, querido hermano George, porque nosotros tenemos una imagen muy tardía del éxito de los frailes menores. No sabemos numéricamente qué sucede entre 1209 y 1219. No tenemos datos cuantitativos. Cuando hay datos cuantitativos son siempre números evangélicos, 3000, 5000, porque en la geografía la construcción es siempre el Evangelio Jesucristo que está, ¿no? Por tanto no sabemos, ¿no? Y en cambio todos los libros hacen crecer el número. Boh, ¿pero sobre qué base lo dicen?
Y luego sucede aquella cosa de la que quizá hablaremos después, que improvisamente esto éramos felices, etcétera, etcétera, entra un poco en crisis. Nosotros estábamos contentos de una única túnica bla, porque cuando va a Egipto el pobre hermano Francisco, fray Francisco debe volver no corriendo, sino en barco, porque muchos algunos de sus hermanos de la primera hora no habían entendido nada, estaban haciendo cosas que no funcionaban.
Entonces, este es el otro problema que os pongo pongo a vuestro cerebro, a vuestro ánimo. Comprender a fray Francisco y seguir sus indicaciones, sus modos de vida, era difícil también para quien lo había conocido en la primerísima primerísima hora, ¿no?
Y por tanto esta elección de vivir según el Santo Evangelio no es nada tan rosado y solar. Es un compromiso gravosísimo, pero también difícil de entender. ¿Pero por qué? Porque vivir según la forma del Santo Evangelio, en su modo de entender, rompía con todas las tradiciones institucionalizadas, las formalizadas.
De hecho la petición de los frailes cuando deberán hacer las reglas es: Ugolino, cardenal, dile a Francisco que se adapte un poco, ¿no? que he aquí, y de hecho él respondió: “No me habléis de Agustín, de Benito y de Bernardo”. No, he aquí, o sea, en el final de su experiencia y esto tendrá incidencia también en los puertos, Francisco asume una conciencia al menos elevadísima de cuál es aquello que nosotros llamaríamos la vocación, la misión, ¿no? ¿Qué tarea el Padre Dios o lo que queráis le ha asignado? Una misión que siente cada vez más fuerte y y que creará no pocos problemas con sus frailes-hermanos. Por ahora me limitaría a esto.
Gracias. Gracias.
Entonces, hemos oído un poco la primerísima experiencia de fraternidad de Francisco, fray Massimo. Y nos decía el profesor, ¿no?, que Francisco un poco todos hoy, ¿no?, hablan de él como en el bar de la Serie A, una bella imagen, pero lo mismo pienso aún más vale para la palabra hermano, ¿no?, que se ha convertido un poco en una palabra que puede decir tantas cosas y por tanto dice poco.
He aquí, pero cuando Francisco elige para sus compañeros precisamente este nombre, ¿no?, de frailes menores, ehm lo define sobre una identidad que quiere estar menor, abajo, al nivel de los últimos, en fin, ¿no?, para él de los leprosos, y esto pienso que transforma la elección de la palabra hermano en algo muy concreto, preciso, de un modo de estar en el mundo.
He aquí cuál es hoy el mensaje que los franciscanos llevan al mundo haciéndose todavía llamar hermanos, especialmente, ¿no?, cuando eligen habitar las periferias de la humanidad.
Gracias y un saludo a todos y aventuremos, sí, en esta palabra, digamos, polisémica, con muchos significados y cada uno de nosotros capta uno, quizá o dos, el que siente más familiar, inmediato. Y seguramente también yo concuerdo: hoy una figura como Francisco puede convertirse en ehm como una pantalla sobre la que podemos poner un poco de todo. Cada uno proyecta lo que siente, lo que ve. La palabra hermano tiene un poco este riesgo.
Yo partiría de la paradoja de un nombre: hermanos. ¿Qué quiere decir hermanos? Ante todo Francisco ha dicho: “Dios, el Señor me dio no unos padres, no unos maestros, no unos predicadores, no unos managers de la multinacional, sino que me dio hermanos”. Y Francisco más tarde, y al menos las fuentes así dicen y sabemos que elegirá no solo la palabra hermanos, sino hermanos y menores.
Entonces, según yo, no entramos en el corazón de Francisco y en el cómo hoy nosotros, frailes menores, entendemos esta palabra, si mantenemos distantes estas dos palabras, hermanos y menores, los los dos términos van juntos. No se puede ser de verdad hermanos si uno de los dos quiere ser a toda costa el mayor. Hoy hemos escuchado en la liturgia el Evangelio de Lucas 15 y el hermano mayor no está de acuerdo, o sea, él ha sido el chico bueno toda la vida y se ve superado por ese desgraciado del hermano que en cambio se ha divertido, cosa que él no ha hecho, y el padre lo vuelve a acoger. Entonces, demuestra no ser verdaderamente hermano; el hermano mayor quiere ser otro padre, es más, es más padre que el padre, padre patrón.
Entonces, y ser hermanos quiere decir que uno da un paso atrás respecto a ser el hermano mayor a toda costa. Yo soy el hermano mayor, sé bien qué quiere decir. Quien de nosotros lo es, alguna experiencia tiene en la familia.
Entonces, ser hermanos nace seguramente al menos de un paso atrás del poder con todo lo que esto significa. Por lo cual la fraternidad, el ser hermano, no es una emoción, un sentimiento. Soy romano, no es “querámonos bien”. Ser hermanos es algo más. Y es el primer lugar para nosotros donde ser menores; para nosotros, frailes, es la fraternidad. Ser menores no lo aprendemos fuera si no comenzamos a vivirlo dentro de la fraternidad.
Luego, hermano es verdad, frater latino, hermano puede convertirse en un título, mientras que en Francisco me parece indica una relación. Francisco podía usar el término frater como en los monasterios de su tiempo. ¿Quién era el frater? El otro monje. En cambio para Francisco hermano se convierte en un término más amplio, llamará hermana a la muerte también. Entonces hay una relación más abierta, pero Francisco tiene una visión precisa. Nosotros somos hermanos porque somos hijos del mismo padre. Esta es la raíz teológica que permite a Francisco llamar a los hermanos hoy.
Bueno, hoy me parece que nosotros franciscanos deberíamos no llamarnos ya más fray Massimo, fray George, sino Bro, porque me parece que esta palabra inglesa eh se ha vuelto más fuerte. También para mí. Vengo de este viaje larguísimo al que aludían. He estado en una nuestra grandísima escuela en Sídney, en Australia, más de 2000 estudiantes. Y estos chicos australianos poco formales, debo decir, después de 10 minutos de estar con ellos me llamaban Bro. Entonces dije: he aquí Massimo, empiezo a firmarte Bro Massimo.
Entonces, bro, hermano, compañero son términos inflacionados, cada uno los toma con un significado propio. Mientras que el ser hermano, me parece, como dice Francisco, cuesta porque requiere conversión, porque requiere un encuentro verdadero, no es un instante, porque requiere una compartición de recursos, no de poner juntos solo un poco de tiempo o algún interés común, y y luego pide también, ser hermano, Francisco lo experimentó, permanecer con quien llega a golpearte.
He aquí la verdadera leticia, quien te rechaza, quien te dice: “Pero mira, nosotros somos tantos y tales que ya no tenemos necesidad de ti”. Mira un poco qué puedes hacer y permanecer. O como Francisco escribirá a un ministro que quería renunciar a su oficio: aunque los frailes te cubrieran de golpes, quizá lo habían hecho, si se lo escribe esto, tú debes considerar una, la palabra que ha usado el profesor, una gracia. O sea, tú permaneces con quien llega a golpearte y a rechazarte y sigues llamándolo hermano, no porque seas un sádico, un masoquista, o que seas un héroe, porque has recibido esta gracia, es un don.
He aquí, la fraternidad entonces franciscana ha sido y es un espacio, un estilo de vida. ¿Qué quiere decir ser? También yo llego, franciscanos, para nosotros franciscanos, hermanos hoy. Entonces, yo intento ser un poco no demasiado institucional, si lo logro. Bueno, no es que todos propiamente los frailes en el mundo sientan la palabra hermano con el mismo sentido. En diversas partes del mundo se prefiere otro título, padre. Y yo debo recordar siempre a los frailes, también cuando encuentro las placas fuera de los conventos, padres franciscanos, padres franciscanos, y no somos padres, somos hermanos, y esto en la autoconciencia es muy importante.
Entonces, si yo pienso: estoy en la orden desde hace 43 años; si pienso en cuando entré, inicios de los años 80, hoy hablo aquí de Italia, yo de Roma, c seguramente hemos hecho un camino de autoconciencia muy fuerte. Nos sentimos un poco más hermanos, nos llamamos no solo por conveniencia o por condescendencia hermanos, sino que nos sentimos más hermanos. Hemos dado un paso, pero aún hay que madurarlo.
Y puedo decir, he aquí, haciéndonos llamar hermanos, ¿qué llevamos al mundo? Ante todo debemos aprender a llamarnos hermanos, a sentirnos, a tener la autoconciencia de que somos ante todo entre nosotros y por tanto con los demás, y queremos vivir entre las personas como hermanos. Pero aquí doy otro paso: luego veo que también donde los frailes se llaman padres, muchos viven entre la gente como hermanos.
Vengo de Camboya. Ayer he vuelto de Camboya, última etapa de un larguísimo viaje que partió de Zagreb y ha llegado a Camboya, y hemos hecho la apertura del centenario franciscano en Camboya. Estamos nosotros cuatro frailes menores, la única presencia franciscana en la pequeñísima iglesia católica de Camboya, y anteayer hicimos un un encuentro, una hermosa misa, luego una comida donde estaba escrito en la invitación comida con los pobres y yo digo: “¿Pero dónde están estos pobres?” Porque no veía pobres: religiosos, sacerdotes, personas.
Y en un cierto momento vi una fila de pobres, verdaderamente pobres, verdaderamente hacía mucho que no veía pobres así en el físico, en las mutilaciones, en el temor de estar allí donde hay gente más importante, que comían apartados, porque por las convenciones sociales, la visión budista, taoísta, confuciana, me hicieron toda la ficha, y personas así nunca estarán a la mesa con quien en cambio es superior.
Entonces yo me levanté instintivamente porque durante muchos años he hecho comida con los pobres. Entonces me levanté y fui hacia ellos para saludarlos, no sé en qué lengua, la lengua de las miradas y del contacto de las manos, y para darles, servirles, lo que había para la comida. Y entonces sin embargo vi: estos pobres son camboyanos.
En Camboya el elemento vietnamita, de 20.000 católicos, 17.000 son vietnamitas de origen, de descendencia. Entre los dos elementos étnicos, camboyanos y vietnamitas, hay una grandísima tensión que se convirtió en guerra en los años 80. En fin, es una historia muy sufrida también en la Iglesia.
He aquí, estos pobres eran todos camboyanos y vi a nuestros cuatro frailes allí, vietnamitas, cómo están con ellos, incluso solo sirviéndoles aquella sopa incomible que, pero no porque eran pobres, es propiamente incomible en sí para mí, y que les dieron. Entonces allí vi, he aquí, estos son los hermanos que saben estar con personas así evidentemente por debajo de la escala social sin humillarlos con ellos. Y esta cosa la podría repetir de varias partes del mundo.
Pienso sobre todo ahora en el Congo que me viene siempre a la mente, en la parte este del con Congo, el Kivu, aquella que yo llamo la Gaza de África, olvidada por todos, Goma con solo 1.300.000 refugiados que ya ni siquiera tienen una tienda, nada, después de las últimas invasiones del año pasado; y también allí, o sea, en un gran campo de refugiados donde he estado una jornada, los frailes y las hermanas franciscanas del Señor están con la gente. También allí he visto a nuestros frailes que, puesto que saben leer, escribir, tienen títulos, etcétera, etcétera, están por encima, naturalmente están por encima. Estar con estas personas que no tienen ya nada, el estilo, el modo de estar con ellos de igual a igual, de servir sin humillar. He aquí, me parece que en muchas partes del mundo, también donde como frailes debemos aún crecer en la autoconciencia de ser más hermanos que padres, he aquí, de hecho somos hermanos y yo vuelvo a encontrar esto, podría podría continuar largo tiempo, en fin, con el relato de varias partes del mundo, y lo vuelvo a encontrar y creo que esto es lo que nos hace, que nos, que nos hace ver que el carisma en nosotros es la gracia del ser hermanos que Francisco recibió hace 800 años, está aún viva.
¿Puedo añadir? A pesar de nosotros, porque en fin nosotros somos hermanos, pero si me permitís subir un pequeño peldaño, pero no nos desagrada nunca, y luego somos hermanos, pero hacemos muchas cosas bellas para los demás, somos un poco benefactores; luego somos hermanos, pero no te acerques demasiado, eh, porque no me quites mi tiempo, mis cosas, mi espacio, mi oración. En cambio ser hermanos es mucho más exigente.
Eh ehm pienso en América Latina, donde los frailes han crecido mucho más respecto a otras partes en la conciencia de ser hermanos. Tengo delante de mí muchas escenas de encuentro, de estar juntos. He aquí, yo digo: nosotros, frailes, todavía hoy y nos hacemos llamar hermanos y hacemos ver algo de esta gracia cuando estamos con las personas, sobre todo las más humildes, sin humillar a nadie, sino estando con ellos, al lado y entre ellos. Esta gracia aún la recibimos y aún podemos crecer.
Gracias. Entonces, damos un paso adelante, ¿no? Hemos comenzado a entender un poco qué puede significar ser hermanos para Francisco y quizá también hoy. He aquí, sin embargo este grupito de 12, ahora ya no sé los números exactos, 10, 8, cuantos fuesen, eh, en un cierto punto, en fin, ¿no?, van al Papa, son una realidad muy simple, quizá también con rasgos simplistas, pero con el tiempo se convierte en cambio en una orden, ¿no? He aquí, ¿cuál ha sido la experiencia de Francisco al ver esta transformación y cómo estar frente a una transformación tan radical, ¿no? De un grupo de hermanos que vive en simplicidad a una realidad con también un aliento europeo ya, en fin.
No, es de nuevo difícil, muy difícil responderte. Entonces, una pequeña anotación que va perfectamente en armonía con cuanto decía nos decía el ministro general y que no viene de ordinario recordado, y es que en una fuente muy atendible fray Francisco venía llamado Frater y basta. Era el fraile por excelencia. Era el hermano fraile por excelencia. Esto es muy muy importante.
La otra cosa, siempre en relación con cuanto ha dicho el ministro, en el Testamento, cuando recuerda a la primera generación de frailes: éramos idiotas y súbditos a todos, donde idiotas de ordinario viene traducido en iletrados, ¿no? O sea, el idiota, como explican los filólogos, es aquel que habla la lengua de la madre y basta, ¿no?, su idioma natural. Yo desde hace algunos años tendería a traducir este idiotae por personas sin ninguna importancia. No es un hecho lingüístico, cultural, es precisamente: nosotros no somos nadie y estamos sometidos a todos, subditi omnibus, sometidos a todos.
Eh, y este es el gran problema, porque cuando llegan los maestros de ultramonte son profesores universitarios y yo a los profesores universitarios humildes nunca los he visto, por tanto incluido el abajo firmante naturalmente. Ahora soy un jubilado, es más me han dicho que estoy en tratamiento de quietud, que me parece un anticipo de la muerte, pero no importa. Pero de hecho es así.
Pero he aquí, cuando llegan los maestros llegan con su formación cultural y deben traducir estas frases que él usa. Ser idiotas sometidos a todos, ¿qué quiere decir para ellos? Y este es el otro gran problema que se conecta con dos momentos fundamentales o tres, es decir, fray Francisco nunca ha querido ser un arraigado de Asís, o sea, aunque tenía la Porciúncula, todo eso, sin embargo iba por ahí. Incluso cuando eran pocos iban de dos en dos por ahí. Ha intentado ir a Francia y por una serie de razones hizo bien en no ir, pero eh, porque Ugolino le había dicho ciertas cosas, ¿no? Pero esto no quita que en 1217, o sea a 8 años, 7-8 años del viaje a Roma, se organizan las primeras misiones, primeros viajes de ultramonte, fallidos, por cuanto se quiera, no en Francia, sino en Alemania y en Hungría no habían ido demasiado bien, ¿no? Es más, hay unos relatos bellísimos, ¿no? Eh, estos frailes llegan a Alemania y responden siempre ya, porque han visto que la gente estaba contenta. Eh, ya, y solo que cuando les preguntan: “¿Pero vosotros sois herejes?”, ellos responden ya. Estos alemanes que no tienen sentido del humor los han un poco ehm empujado, digamos así. No os digo lo que les hicieron en Hungría, que es un poco más crudo, es un poco más de cine de horror, pero no importa. Podéis encontrarlo en las fuentes franciscanas, basta escribir buscar una palabra clave.
Pero 17, en el 19 van organizados, o sea, Francisco y sus frailes saben que hace falta un responsable. Hace falta que haya legos, haya predicadores, hay nece… No, por tanto hay un proyecto, no es solo vamos allá, veamos qué sucede como la primera vez.
Y luego está este misterioso fascinante viaje ultramar sobre el cual han escrito tantos libros que cuanto menos se sabe más la gente escribe libros, ¿no? No sabemos absolutamente nada de qué hizo. La cosa cierta es que encontró al sultán y le dijo: “Debes hacer, si quieres salvarte debes hacerte cristiano”. Punto. Luego todo lo demás va muy bien, pero no entro en el mérito. Puede servir para las relaciones Inter aquí, Inter allá, Inter abajo, pero eh estamos en esta situación.
Pero es interesante cuando se ve obligado a volver atrás porque le habían advertido de que hay al menos tres cosas graves. Los ministros que había dejado, sus vicarios, habían introducido normas sobre el ayuno que iban contra sus planteamientos. El fraile Filippo, que era un, pedía cartas de protección de la curia romana, y el otro había estaba fundando una orden de leprosos hombres y mujeres. No, pero Francisco advertido de esto, no viene a Asís y grita y los pone… va directamente al Papa.
He aquí, pero estas son cosas de no poca importancia. O sea, Francisco de todos modos, bien o mal, era hijo de un mercader, habrá querido convertirse en caballero, pero tenía una lucidez, no sé qué experiencia pudiera tener, probablemente le habrán también aconsejado, ¿por qué no?, pero va y se hace dar al cardenal que se convertirá en cardenal protector; pero como digo yo, Francisco había sido humilde, idiota, sin ninguna importancia, pero cuando el Papa le dice que elija un protector no es tonto en absoluto: se elige al cardenal más poderoso de la curia romana.
Entonces, el inteligente dice: “Pero son contradicciones”. ¿Pero qué contradicciones? Es que es uno que sabe vivir y entiende qué es la vida y qué es la dinámica de la vida. Por otra parte todos olvidan que en la Regla del 23 termina con la apelación de que hay que pedir a un cardenal de la Iglesia romana, ¿no?, que nos garantice vivir católicamente. O sea, luego naturalmente se hace la poesía, vive en comunión, la eclesiología bibí, ¿no? Pero ahí está la conciencia fortísima de un hombre que que comprendía el mundo sin ser del mundo.
Y luego ¿qué hace? Después de que le ha dado el cardenal, el protector poderoso, llega a Asís, hacen el capítulo y les dice: “Yo he decidido no ser ya más la referencia eminente del ordo, ya estamos casi en el lodo, ¿no?, de la religio”. Y las hagiografías escriben: “Yo de ahora en adelante para vosotros estoy muerto”.
No es una cosa tan ligera en una hagiografía, ¿no? Por tanto quiere decir que había algo que no funcionaba. He aquí, entonces el agrandarse de la orden, el agrandarse de la religio, que entre el 21 y el 23 se convierte en un ordo propiamente dicho, plantea problemas enormes, y problemas enormes, y hasta el punto de que se dice que Francisco presenta la dimisión, pero no la, uno presenta la dimisión si ha sido elegido por alguien, a él no lo había elegido nunca nadie. Era objetivamente la persona eh de referencia de todos modos, de misión, ¿no?, estas son minucias. Renuncia, renuncia al papel eminente, eh, pero no renuncia a decir a los frailes lo que piensa; es más, en un cierto punto entra en crisis y este es el enlace con el futuro.
Tened en cuenta que en las fuentes hagiográficas se habla de la magia, la gran tentación, que no era aquella de ir a la discoteca o de… ¿cuál es la gran tentación que Francisco entre el 22 y el 24 afronta? Y quien nos habla de la grave tentación no nos dice qué sea. Y es interesante porque lo saca fuera, ¿por qué no nos dice qué es?
Entonces, será interesante eh pensar en algunas otras fuentes que nos permiten entender. Y luego está la gran vuelta que para Francisco creo constituía un problema, o sea, la progresiva inserción de algunos frailes en la cura… Antonio de Padua. Eh, recordad qué tan hermoso en los escritos Tommaso da Celano, Celano se inventó un encuentro de fray Francisco y fray Domingo de Caleruega en casa del cardenal Ugolino. Imposible. Yo he hecho las cuentas cronológicas, no había una fecha atendible, pero no importa. ¿Y qué habría dicho el cardenal Ugolino a los dos? Como al inicio de la Iglesia los mejores cristianos eran hechos obispos, ¿por qué no hacemos obispos a vuestros frailes mejores?
Naturalmente Domingo de Caleruega diciendo la verdad, pero dice: “Pero nosotros ya somos obispos”. Porque los frailes predicadores seguían las normas de los concilios que decían que los obispos debían tener auxiliares para predicar. Por tanto de hecho… y Francisco responde: “Por caridad, ya están combinando de todo de toda raza los frailes; si me los haces incluso obispos, dónde vamos a acabar”.
Esto es Tommaso da Celano, por tanto no quiere decir nada. No es importante que haya ocurrido, cosa que no ocurrió nunca, pero es importante el problema. Porque insertar a los frailes en la cura de almas quería decir insertar a los frailes en las jerarquías eclesiásticas, que no era ciertamente una perspectiva que fray Francisco imaginara.
Y yo aquí, para haceros relajar un poco, digo que el primer fraile menor que eh es hecho obispo, es hecho obispo arzobispo de Milán por clara decisión de Gregorio, el cual muere pocos meses después, y digo: Gregorio no estaba muy contento, por fin había logrado hacer obispo a un fraile, ¿no?, lo había intentado hacer toda la vida. Está ahí, pero estas son aquellas que yo con un término un poco ehm eh artificioso he llamado metamorfosis de la religio; son un desarrollo que tiene razones precisas, contextos precisos, precisos, ¿no?, y los cambios.
Yo había siempre, he estado siempre mal cuando decían: la traición del ideal de Francisco, ¿no?, como si hubiera una una cúpula que no esperaba más allá del momento de… No, era en… o sea, uno como Aimón de Faversham, profesor universitario, gran predicador, gran éxito popular, porque el éxito no había sido solo de Francisco, porque también Antonio de Padua de Padua había tenido… pero habían tenido un éxito que era pastoral, ampliamente pastoral, ¿no? He aquí, entonces no se puede decir traición, son orientaciones que se han impuesto por las relaciones.
Por otra parte, la relación entre Francisco y la Iglesia romana, la Iglesia romana, no la curia romana, es un un elemento fundante de su experiencia. Recordemos que pocos años apenas tiene a sus hermanos nuevos, ¿no?, los hermanos, va al Papa. He aquí, y por tanto eh es muy interesante: crecer, crecen los problemas, crecen los problemas y plantea problemas que objetivamente creaban dificultades respecto al testimonio, ¿no?
Y de hecho recuerdo que un famoso monje italiano en un debate conmigo me dijo: “Eh, no, no, no, mira, Francisco era un laico”, y digo: “Pero mira que él escribe clérigos como clero…”. Decíamos: “No, no, pero él sabes qué qué quiere decir”. Y recuerdo, ahora os haré reír un momento, recuerdo que me dijo: “Pero sí, también el testamento, ¿qué es? ¿Encontrar a Dios? A Dios no se le encuentra”. Digo, boh.
Ah, y en aquellos días en el quiosco había encontrado una revista que se llama se llamaba Chi?, que yo no leía, pero vi la portada y era una maravillosa portada que decía: “Encontradas en el lago de Garda las grutas en las que San Francisco había encontrado a Dios”.
Entonces, con mi carácter, que por desgracia es el que es, dije a este ilustre mega galáctico predicador eh monástico italiano: “Perdona, ¿tú no no lees?”. ¿Cómo que no leo? Mira, que había traído también la portada. “Han encontrado las grutas en las que Franc…” No no solo no me volvió a invitar nunca a nada, sino que ni siquiera me volvió a saludar al final del encuentro; o sea, no había entendido y bueno, paciencia.
Entonces intentemos también nosotros no no entender porque no queremos entender, porque aquel no quería porque el monaquismo no era sacerdotal. Bibí babá, bibí. No, esto es, o sea, yo no soy exactamente tonto, no soy muy inteligente, pero exactamente tonto no, sabía muy bien que era una precomprensión, no era la lectura de una documentación.
Gracias.
Entonces, fray Massimo, el profesor Merlo nos ha dicho que la orden crece, crecen también los problemas y pienso que puedes darnos algún testimonio sobre esto. He aquí, la orden se ha vuelto hoy grande, extendida por todo el mundo. Ahora, más allá de lo grande, todo muy relativo, ¿no? Pero ciertamente extendida en todos los continentes, en muchas culturas diferentes, en muchas naciones diferentes. Es una realidad poliédrica y muy articulada, ¿no? Y pienso que en cada lugar, en cada cultura hay un modo y quizá también más modos de ser hermanos. Algo ya nos has insinuado, ¿no?, de cómo hoy es el rostro de la orden, si uno logra mirarlo en conjunto, ¿no? ¿Te apetece contarnos algo y si hay un hilo rojo o algún hilo rojo?
Sí. Bueno, ante todo diría que los problemas están también cuando la orden decrece, como en estos últimos 50 años. Es más, cuanto más se ensancha, más entra. Hoy nosotros, nuestra orden OFM, estamos presentes en 120 países del mundo. Yo ahora, para darme una cierta importancia, puedo decir que hasta ayer, el otro día, he visitado mi 78º de estos países del mundo como ministro.
Entonces, tengo delante, más que delante, tengo dentro de mí muchas voces, muchas impresiones que no es fácil sintetizar y y encontrar un hilo rojo racionalmente elaborado. Son más… es algo que más llevo dentro de mí y siento.
Por lo cual en mis viajes, está claro, en Asia, en África, en las Américas, en Europa, he encontrado frailes y encuentro frailes con culturas, liturgias, sensibilidades, tradiciones y culturas de nuestra vida muy diferentes. Por tanto el primer paso, hablo de mí personal, para convertirme en hermano, es aprender un poco a salir de mi molde que yo he recibido. Yo en mi provincia, los frailes de Roma, he recibido hace más de 40 años una cierta orientación, una cierta cultura franciscana, y esa que recibes al inicio, yo era muy joven, 19 años, es como la que te da tu madre, no te la despegas nunca, en fin, te permanece dentro.
He aquí, yo he recibido una interpretación, una orientación, puedo decir bastante tradicional de la vida franciscana, y de vez en cuando vuelvo a encontrar en mí aquella mentalidad, aquellos usos. Ir al coro, o sea la oración comunitaria, tiene todo un sabor para mí.
Bien. Cuando salgo de este mundo, en los otros mundos que visito no hay ningún coro. La oración se hace de modo distinto y así tantas otras cosas.
Entonces, el primer punto para convertirse en hermanos es saber hacer éxodo, salir de mi precomprensión, también de aquello que para mí es muy importante porque me estructura, para estar abierto, poroso, a las modalidades diferentes y no juzgar: no van, no hacen, no dicen, no; cómo hacen, cómo van, cómo dicen, sintiendo que lo que nos acomuna es una presencia entre nosotros del carisma que nos supera, que no es el resultado de aquello que hemos escrito en nuestros textos fundacionales como las Constituciones, eso ayuda, claro, da uniformidad. Es algo más profundo que es una gracia y que me hace decir: “Pero el carisma de Francisco está”. Es verdad, porque frailes de todo el mundo muy diferentes, con tradiciones y culturas diversas, pero están esos dos tres elementos de fondo que emergen, que reencuentro, que siento y que nos unen.
He aquí, ¿cuál es este hilo rojo? Bueno, no es una uniformidad disciplinar o ideológica, porque nosotros somos precisamente completamente eh refractarios a cualquier forma de uniformidad, eh eh, precisamente indisciplinados, en fin, por naturaleza casi, pero es algo más profundo y en el fondo nos encontramos alrededor de una elección de fe fundamental que nos lleva a reconocernos, a acogernos entre nosotros como hermanos, aunque seamos unos extraños; los frailes que estamos aquí, hablando humanamente, somos todos extraños los unos para los otros, no tenemos un vínculo familiar o local, y nos encontramos, vivimos juntos, no nos hemos elegido.
Entonces es una realidad, esta es una identidad que hay que construir. ¿Qué nos lo hace posible? No somos una institución tan poderosa que atraiga, porque luego tú tendrás resultados, conveniencias. Hay algo más. Y es este elemento fundamental del carisma de Francisco que es teologal. Y luego hay otro elemento que une, da sabor a nuestra fraternidad: es el contacto con los pobres, los leprosos en todas sus acepciones. Porque veo que donde, como frailes, respondemos a la gracia de estar entre, como Francisco nos ha pedido, inter pauperes, no solo para ellos, allí nos convertimos más en hermanos. Allí esta realidad de hermanos que somos toma más luz, más fuerza también en los frailes letrados, entre comillas, de ultramonte que estaban hace 800 años y están también hoy. He aquí, pero cuando se da este paso y se descubre que los pobres nos admiten a su mesa, no al contrario, y nos reconocen hermanos, entonces allí es como si el carisma, el don de ser hermanos, tomase luz, tomase fuerza.
Querría decir algún contraste rico. ¿Cómo somos hermanos en el mundo? He aquí, pienso en África y Asia. Hago una lista de países: Marruecos, Turquía, Egipto, Pakistán, Vietnam, Laos, Camboya, Myanmar, Indonesia, Oceanía, Corea del Sur. Modestamente los he visitado todos.
La fraternidad se vive en contextos de fuerte minoría cristiana. He aquí, nosotros aquí decimos: somos ya minoría, sí, pero no sabemos qué quiere decir ser verdaderamente minoría. Entonces, en estos contextos están también las limitaciones legales. No se puede poner fuera de la casa la placa: frailes menores, convento San Francisco. Ni siquiera se puede tener una iglesia que muestre fuera su fachada.
Entonces, ser hermanos, aquí veo en los frailes, toma la forma de una presencia gentil, cortés, paciente, hecha de un diálogo interreligioso e intercultural vivido cotidianamente porque no hay otra elección. Porque si tú después quieres que cuando vas a la oficina legal de ese país para hacer un trámite, incluso solo un visado, quieres que te abran la puerta, debes tener este estilo porque no eres tú allí quien da las cartas.
Entonces, la profecía aquí es una fraternidad donde se pueda expresar la propia persona, los propios sentimientos, pero abiertos a los otros en el respeto, en la apertura a formas distintas y por tanto evangelizando también el poder, porque en otros lugares cuando somos mayoría podemos sentirnos importantes. Allí no, en estos contextos de minoría no. Eh, hay que aprender a declinarse de otra manera.
En África encuentro el ser hermanos como una realidad que explota en la alegría, en el sentido familiar y comunitario que es natural en muchas culturas africanas, ya lo tienen, y el Ubuntu, un canto del grupo, del clan, de la fraternidad, resuena con el carisma franciscano. Pero, ¿cuál es la profecía aquí del ser hermanos? Y fatigosamente veo que nuestros hermanos en África cada vez más crecen en esto: que fraternidad no quiere decir tu clan. Los hermanos no son solo los de tu grupo, de tu círculo, sino que es un horizonte, es un círculo más amplio.
Y aquí ver, por ejemplo, en África, hermanos, pero también en Asia, que viven juntos, pero provienen todos de grupos étnicos diferentes. Todos hablan una lengua materna diferente. Ahora, también en Asia, donde he estado, Papúa Nueva Guinea, Myanmar, Camboya, estas últimas semanas, los frailes que están allí no hay dos que hablen la misma lengua materna. ¿Entendéis qué? No, nosotros no comprendemos qué quiere decir. Nosotros no lo sabemos qué quiere decir. Todos hablan una forma de criollo, de all’ inglés, que han aprendido como segunda o tercera lengua, y yo luego voy allí, les hago mi prediquita de que deben comunicar profundamente, pero si ni siquiera hablan la misma lengua. Luego en aquellas culturas de sí mismos no se habla, mucho menos de las propias emociones. Luego llego yo desde Europa. No, aprended a compartir.
Entonces, sin embargo, estos hermanos viven juntos y ya es una gran profecía y la gente lo ve. En Ruanda, durante el genocidio, hace más de 30 años, es la única comunidad que quedó inmune a la violencia dentro de la comunidad, o sea, al hacer matar a los mismos hermanos, hermanas o seminaristas, fueron las Clarisas de Ruanda y nuestros frailes, viviendo juntos hutus y tutsis. Y una nonna hutu salvó a fray Emabl, un gigante tutsi de nuestra realidad en Ruanda, excavándole una fosa bajo su cama en la choza, una buena fosa porque este fraile es enorme, y lo hizo estar allí dos meses y le llevaba de comer. Él la llama la segunda madre, ¿no? Me llevó a la tumba de esta mujer. Ella era hutu y él le dijo: “Pero yo soy tutsi, ¿por qué tú haces esto?”. “Porque nosotros somos de Jesucristo”, le respondió esta mujer. Entonces, “y yo lo he aprendido de vosotros”. Entonces, he aquí el sabor del ser hermanos.
En América Latina la fraternidad, el ser hermanos, se ha entrelazado históricamente con la misión. Los primeros 12 apóstoles, los 12 apóstoles evangelizadores de México, elegidos por el general Francesco de Quiñones al inicio del 5, entre los mejores profesores de Salamanca y de París. No sé qué habría dicho Francisco, pero los encontró, estos profesores que lo dejaron todo y fueron para entonces a la nada del nuevo mundo para comenzar un nuevo mundo también franciscano.
¿Qué hicieron? Aprender las lenguas indígenas, dar un alfabeto, aprender el lenguaje figurado que tenían los indígenas. Tenemos los catecismos en México, de los primeros catecismos hechos con este alfabeto de imágenes. Los frailes luego después, también en el siglo pasado, hicieron de la opción por los pobres la marca de este ser hermanos. La profecía aquí está en decir que no basta para ser hermanos estar con todos horizontalmente. Hace falta encontrar la razón profunda. Pero allí hay una gran lección para nosotros de qué quiere decir hoy ser hermanos.
Europa, Norteamérica, en sociedades tan radicalmente individualistas y donde hay un cansancio espiritual que encuentro radical, profundo, especialmente cuando encuentro Asia, África, mundos más religiosos. Entonces, me doy cuenta de nuestro cansancio espiritual. He aquí, aquí me parece que ser hermanos es anhelo, búsqueda. Veo a los jóvenes que buscan a veces en nuestros conventos un espacio familiar que ya no tienen en otros lugares, ¿no? También con las contradicciones, pero está.
He aquí, aquí podemos ser una alternativa real a modelos hiperindividualistas que no debemos juzgar, es una realidad de hoy, pero ¿qué podemos proponer? ¿Qué levadura podemos ser? Esta es nuestra profecía aquí.
Ehm, he dicho ya antes alguna anécdota de qué quiere decir ser hermanos. Lo he aprendido un poco y cuento solo esto brevemente. Al inicio de este viaje he estado en Rusia 10 días donde nosotros tenemos seis frailes, ¿no?, pocos, en San Petersburgo y en la Siberia asiática en Novosibirsk, que es la tercera ciudad de Rusia. He aquí, allí los frailes deben pedir perdón incluso por salir por la mañana por la puerta porque es una sociedad rusa, ortodoxa, y donde nosotros estamos solo si nos mantenemos en nuestro sitio. Eh ehm y donde sin embargo los frailes logran encontrar, he podido también yo encontrar en nuestras dos casas y en dos casas de los frailes conventuales con los cuales los nuestros colaboran mucho, ehm, he podido encontrar a rusos ortodoxos, incluso un monje, y y no era en absoluto obvio para ellos estar allí con nosotros y encontrar personas, al menos dos de un nivel social superior, pero otros muy pobres, muy sencillos.
He aquí, y allí ver a nuestros frailes cómo están dentro de esta realidad. También nuestra escuela de Novosibirsk, ¿cuántos católicos hay entre el centenar de chicos que van a la escuela? Uno, que me sirvió la misa, que yo decía no sé en qué lengua y él respondía no sé en qué lengua. He aquí, uno solo. Sin embargo la relación que hay con estos chicos y con sus familias, he encontrado a varias, es muy bella.
Entonces, eh, ser hermanos, yo diría, para nosotros antes que una reflexión, un pensamiento, perdonad si me sale el romano, “ahora tengo que ser hermano”, ¿no?, es un instinto. Si es una gracia que hemos recibido y que está plantada dentro de nosotros, emerge, sale fuera en tu modo, en el modo de estos hermanos de estar, de servir realidades muy pequeñas, muy pobres, muy sencillas, pero vivas; y crear, por ejemplo, allí en Rusia, las pocas, las escasas, o sea las exiguas comunidades católicas, la mayor parte de estas personas tienen parientes en Ucrania, porque comprendéis allí está todo ligado. No. ¿Y ahora cómo se hace? ¿Pro o contra la guerra? Están unos y están los otros.
Entonces, el don de los frailes allí, tanto los nuestros como los conventuales, he visto, es tejer comunión, es intentar no dividirse por esto, es intentar hacer dialogar, pero actuando, no haciendo un congreso sobre un tema de este tipo.
Entonces, ehm, he aquí, estos son algunos modos que me parece que todavía hoy nos ayudan a declinar la fraternidad. Gracias.
Gracias.
Bueno, un último paso, luego escuchamos alguna pregunta de quien nos escucha. Ehm, hemos hablado de la gran tentación, ¿no?, de un momento de giro en la experiencia de Francisco. Cierto, la fraternidad es un bellísimo ideal, pero luego en lo concreto a veces choca con la fatiga también de ser hermanos, ¿no? Con las ideas distintas, los enfoques distintos. He aquí, ¿cómo se situó Francisco en esta situación y cómo estuvo en ella de manera creativa?
Pero hay que tomar el micrófono.
Pero ante todo es muy interesante que en los 30 escritos atribuidos a de fray Francisco, de algunas cosas no hay mención. No hay mención de las relaciones con las sorores, las pauperes dominae. No hay mención de las llagas, ¿no? No hay de las tensiones, de las tensiones, sin embargo es interesante recorriendo las hagiografías, y que ciertamente presentan la realidad a su manera, pero no mienten nunca del todo y no consiguen esconder del todo la realidad.
Entonces, una de las lecturas más interesantes de la literatura en general… gusta hablar de Francisco que hacía bailes, bailaba rock and roll por las calles de Asís, ¿no?, etcétera etcétera, ¿no? Leer a Tomás cuando habla de las llagas, cuando habla de los últimos años de la vida de fray Francisco, es de grandísimo interés.
Por ejemplo, Tomás de Celano conecta las llagas con una cierta condición de… es demasiado bello no leerlas porque explica mejor de lo que pueda hacer yo. En el sacro monte de La Verna, cuando recibió en su cuerpo las llagas del Señor, tuvo que sufrir tentaciones y tribulaciones de los demonios de modo que no podía mostrar su habitual leticia. Leticia, no felicidad, como se ha dicho recientemente, incluso no lejos de aquí, sobre la colina. Eh, que la verdadera Leticia se ha convertido en la felicidad que es una conocida canción de Al Bano y Romina Power, pero no tiene nada que ver con Francisco de Asís, pero no importa, eh.
“No podía mostrar su habitual leticia y confiaba a su compañero”. Y aquí es bellísimo, palabras bellísimas. “Si supieran los frailes cuántas y cuán graves tribulaciones y aflicciones me dan los demonios, no habría ninguno de ellos que no se moviese a compasión y piedad hacia mí”.
Es ya el Francisco estigmatizado quien habla así, eh. Y luego personas que exteriormente mostraban estar de acuerdo con él mientras pensaban de manera diversa. En su presencia lo aprobaban, en su ausencia lo desaprobaban, y estos lo indujeron a juicio de desaprobación hacia ellos y alguna vez le hicieron un poco sospechosas incluso las personas que venían a él con sentimientos rectos. Así por desgracia sucede, etcétera etcétera.
Luego hay otra que es… si logro encontrarla porque soy… Y lo que es interesante es que Tomás de Celano ponga las llagas y la gran tentación en conexión.
Entonces, yo he pensado, lo he escrito también, quizá en alguna parte, porque ya ni siquiera recuerdo todo lo que he escrito y quizá es bueno que sea así, pero he aquí, ¿qué cosa puede haber sido esta gran tentación sino el hecho de que fray Francisco se encontró delante de una encrucijada? Vistos los desarrollos de la fraternitas, del ordo, ¿qué hago? ¿Hago mi voluntad, como muchos me dicen, tú los dejas hacer, nunca los corriges, etcétera? Y él según las… “yo no quiero ser el verdugo de mis frailes”. O sea, son todas palabras que también en la hagiografía no son tan ligeras, ¿no?
Entonces, ¿sigo mi voluntad o la del Padre que está en los cielos, o sea, del Padre nuestro que estás en los cielos, hágase tu voluntad?
Las llagas, en mi opinión, son la superación de la gran tentación, o sea, luego yo no entro en el mérito de la forma, no, pero me interesa el significado que puede tener, o sea, esta identificación con el Cristo crucificado, pero es también una cosa que no viene… también con el Cristo resucitado, porque la crucifixión sin la resurrección no tiene ninguna lógica evangélica.
Y luego entonces es interesante que nuestro Francisco, cuando baja de La Verna, finalmente vuelve a las pauperes dominae, de las que se había olvidado un poco por muchas razones, y le es hecho aquel refugio fuera de San Damián, y luego escribe aquella obra maestra del Cántico de las Criaturas del Hermano Sol, que es un canto, es un canto de pacificación cósmica, ¿no? Es un Francisco ya no más atribulado si no es por la enfermedad, pero que ha redimensionado el gran problema de la propia voluntad respecto al ordo, ¿no?
También es muy bello, aparte de que en estos días escriben todos sobre el cántico de las criaturas, desde ginecólogos hasta todos, psiquiatras, eh, poetas, artistas, músicos, se han vuelto todos expertos en el cántico de las criaturas.
He aquí, pero si lo tomáramos un poco más serenamente es una maravilla, es un texto de una canción porque como se sabe eh la cantaban. Nosotros no sabemos cuál sea la música. No hago las bromas que me vienen ahora, pero eh por suerte eh porque luego después nos hacen también un espectáculo teatral, nos nos masacran también con eso.
Pero es interesante un Francisco que dice a sus frailes: “Id por ahí y cantad esta”. ¿No? Cantadlo. O sea es un anuncio evangélico sin tantas complicaciones, ¿no? Luego naturalmente se puede escribir lo que se quiera, se pueden hacer volúmenes, volumencitos y volumazos, pero es el Francisco pacificado, es el Francisco que llega a la muerte ya no atribulado, ya no rencoroso, ya no desconfiado.
He aquí, no sé si he respondido a tu pregunta y si no he respondido te pido disculpas, pero yo querría terminar estas mis palabras leyéndoos una poesía de 1988 de una señora que hace, ha hecho, la pedicura en Sirmione, pero es una poeta y escribe, pero él la escribe, ella la escribe en referencia al marido, yo en cambio la leo en referencia a Francisco. Está escrita en el dialecto de Sirmione, por tanto yo no sé leerlo porque el bresciano no es tan simple de entender. No, no, os la leo en mi traducción sublime.
Un día sabré todo de ti, que no hago otra cosa.Te estudio todos los días,te reconozco.Tú eres el diferente.Si te permito parecer siempre el mismo,debo estar atento.Qué grande es el espanto.Cuando te encuentro por partesy no sé quién seas.
He aquí, si tuviésemos esta actitud no de apropiación, sino de búsqueda, incluso sabiendo que quizá no se llegará y no se llegará nunca a la verdadera comprensión, sin embargo es esta atención, pero también esta capacidad de no ser apodícticos, no afirmativos, no: “Francisco es esto, aquello y aquello”, sino chef primero italiano, segundo ciclista, tercero lateral del Nápoles.
Son cosas que yo os digo, me hacen sufrir. Me hacen sufrir porque no nos ayudan en nada, ¿no? Nos ayudan más las cosas que nos ha dicho el ministro general que recuerdan también, he aquí, yo había logrado convencer al hermano Francesco de la fuerza de contemporaneidad. He aquí, lo que nos ha dicho el ministro general nos hace comprender también la fuerza de contemporaneidad de estas cosas que sucedieron hace tantos siglos, pero que tienen esta fuerza de contemporaneidad porque la vida de los hombres continúa siendo vida. Haec est vita evangelii.
Recordadlo siempre: el vivir según la forma del Santo Evangelio no es hacer teología, respetando a los teólogos, como hace también Francisco, sino que es la vida del evangelio. Es lo que el ministro nos decía antes, mucho mejor que yo. Gracias.
Gracias.
Francisco ha redimensionado su voluntad respecto a la orden, ¿no? Y este ha sido su camino hacia la pacificación. Me ha parecido captar, ¿no?, entre líneas y me parece una cosa muy fuerte, ¿no? Ha trabajado sobre sí mismo, en vez de cambiar a los otros.
He aquí, fray Massimo, ehm, el Papa Francisco, ¿no?, ha tomado muchas palabras de San Francisco y una ha sido precisamente la de hermanos, ¿no? Fratelli tutti. Ha hablado de amistad social, ha hablado de fraternidad universal, he aquí, ha captado, ¿no?, en la experiencia, en el mensaje de Francisco, algo para hoy, para hoy, sobre todo para un mundo lacerado de tantos modos y hoy, ¿no?, hoy físicamente el día de hoy lo vemos, ¿no?, de manera así evidente ante nuestros ojos, pero también tantas otras cosas que son menos evidentes porque las conocemos menos, están más lejanas, ¿no? Eh, están presentes.
He aquí, en estos contextos de fractura, de conflicto, de división, de agresión, he aquí, ¿cuál es la palabra que la orden, los frailes, pero cada uno de nosotros puede llevar? ¿Qué significa fraternidad en este contexto?
Entonces, yo prefiero siempre usar lo menos posible la palabra fraternidad. He aquí delante del profesor no oso, pero Francisco usa fraternitas una sola vez, fraternitas ordinis, la fraternidad de la orden, por tanto intenta poner juntos, digamos, la dimensión fraterna con la institucional, luego usa siempre, sin equivocarse, la palabra frater. Frater, por tanto habla en concreto.
Entonces, ¿qué quiere decir ser hermano? Bueno, ante todo has citado al Papa Francisco. Yo en uno de los tres o cuatro encuentros que he tenido con el Papa Francisco como general, él me hizo una broma. He entendido que el Papa Francisco no es que conociera mucho a San Francisco, en fin, primero porque era, con todo el respeto, jesuita, luego su historia; pero el Papa Francisco ha olido, ha captado, eh, como por afinidad, he aquí, luego no los ha profundizado, no tenía tiempo, pobrecillo, y no era su intención ni su enfoque intelectual, ¿no?, conocer a San Francisco con todo lo que nosotros aquí estamos diciendo, sin embargo tuvo un conocimiento, he aquí, lo llamo así, por afinidad. Y mira por dónde sus textos mayores, y que más resonancia tienen fuera de los sagrados muros de la Iglesia, son los dos textos que tienen un título de Francisco: Laudato si’ y Fratelli tutti.
Vuelvo de Asia donde los monjes budistas estudian la Laudato si’ y encuentran en esa palabra todo está interconectado una afinidad extraordinaria con su visión y se ponen a la búsqueda, ¿no?
Así, Fratelli tutti, eh, esta encíclica sobre la fraternidad y la amistad social, bueno, ante todo el Papa la ha dirigido no solo a los fieles de la Iglesia católica, sino a todos, como ya el Papa Juan con la Pacem in terris, a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Y es una encíclica social sin duda, pero me parece algo más. Es un manifiesto de fraternidad y yo la leo, la siento, la siento como fraile, que el Papa ha tomado algo que nosotros buscamos con fatiga, pero también con pasión, vivir cada día. He aquí este don de ser hermanos no solo entre nosotros, sino con todos, que no está nunca cumplido. Por tanto no es una fórmula que luego nosotros llevamos allí y aplicamos. Es más bien una realidad que nos viene al encuentro desde la realidad y a la que podemos responder.
Y la fraternidad, la posibilidad de una fraternidad más amplia, de una amistad social. La encíclica, lo sabemos, describe las sombras de un mundo cerrado, las culturas del descarte, el nacionalismo agresivo, ay, ahí estamos, la pérdida del sentido del nosotros. He aquí, esta realidad, por ejemplo, esta denuncia que hace la encíclica, yo he intentado leerla dentro de nosotros. Estas realidades están también presentes en la vida fraterna. Nosotros, si queremos ser hermanos, no podemos hacernos jueces del mundo. Nosotros vivimos la fraternidad y os la enseñamos. No, porque en la fraternidad también la comunidad religiosa vive la fatiga de vivir juntos. Es fatigoso vivir juntos. Sé que en nuestros carteles vocacionales ponemos siempre a los frailes sonrientes, a las monjas alegres, todos gozosos, pero mirad, os aseguro, no es esa alegría la que vivimos. También porque comprendéis que sería pesado estar todos los días en un cartel, porque luego están los frailes que por la mañana te dicen buenos días a las 11:00 de la mañana, si va bien, la primera no te la dicen, y tú aprendes a estar con todos y a convertirte en hermano.
Entonces, aparte de las bromas, también en nuestras comunidades uno se divide, se pelea por recursos y espacios. Bienvenidos a la realidad. Y dentro de esta realidad, sin embargo, se busca llegar a ser hermanos. En suma, ser hermanos nunca es un dato adquirido, es una conquista cotidiana.
Me parece que el papa Francisco, en un mundo dividido como es el actual, nos ha ayudado con este suyo, digamos, olfato franciscano a acoger este elemento. El ser hermanos es un dato dinámico, por tanto tampoco nos asustemos de lo contrario. Y las laceraciones a las que has aludido, George, de lo local a lo global, me parece que tienen una raíz común: la fatiga de aceptar y reconocer al otro como ser humano, como persona, misma dignidad, y el otro paso, como hermano y no rival, extranjero, aliado, y muchísimo menos hacer esto en nombre del Evangelio, como algunos grandes del mundo están haciendo. Evangelio, perdonad, de un vago sentimiento religioso que tiene una tintura cristiana que nunca viene mal. Eh no, debemos oponernos a esto.
El otro no es un rival, no es un extranjero, no es alguien a quien echar porque no pertenece, no ha nacido, no ha crecido, no habla la lengua, etcétera, de nuestra tierra. Sino que al otro no podemos más que reconocerlo, por muy lejos que esté de nosotros, como persona humana y hermano. Francisco fue al sultán, ay, es desagradable anunciarle el Evangelio. Estoy de acuerdo, es verdad, pero no sé si las fuentes lo permiten, según yo sí, en algún indicio, por eso lo digo en voz baja, pero Francisco y el sultán se encontraron. Bien, mientras tanto Francisco volvió con la cabeza sobre los hombros, o sea, físicamente quiero decir, por lo cual ya es una señal. Las fuentes nos dicen que estos sarracenos estaban sorprendidos al ver a este loco que iba allí sin armas, este cristiano que iba allí sin armas. Entonces, estas dos personas se encontraron, se reconocieron. He aquí, esto me parece un antídoto de fraternidad del que tenemos necesidad: encontrar al otro como alguien a quien puedo encontrar, con quien puedo tener un diálogo.
Y aquí debo añadir que esto tendría algo que decir a los políticos de hoy, a los jefes de hoy, que olvidan el ABC de la diplomacia, del diálogo antes de lanzar bombas, del encuentro, del escuchar las razones del otro y no solo imponer las propias. He aquí, el gesto de Francisco de atravesar la línea enemiga sigue siendo escandaloso y muy actual. Y alguien me ha dicho: “¿Por qué tú, que eres el sucesor de san Francisco, ay, no vas a Gaza?”. Digo: “¿Qué voy a hacer a Gaza? ¿Puedo ir? Yo he estado en Goma, he estado ahora, vengo de Myanmar, detrás de nuestra casa está la guerra, hemos llegado allí hasta la frontera porque después no nos dejaron pasar. Pero en Gaza, nosotros los franciscanos no estamos. Todos piensan que nosotros estamos en Gaza. He aquí, lo digo oficialmente, nosotros en Gaza no estamos desde hace 800 años, porque allí los cristianos son poquísimos, ¿no? Y hay ya una parroquia, pero nuestros frailes están allí porque Gaza es Gaza, por desgracia, pero en Tierra Santa hay otras Gazas donde nosotros estamos presentes, ¿no? Otros lugares donde es difícil para cristianos y judíos convivir, etcétera”.
Entonces, hay muchas de estas fronteras que nosotros o habitamos, o atravesamos, o tocamos, donde ejercitar la fraternidad. ¿Qué contribución dan hoy los frailes? No tenemos soluciones para las guerras y las divisiones políticas, pero repito lo que he dicho antes: el testimonio es que podemos vivir juntos como hermanos de nacionalidades, lenguas y culturas diversas, sin renunciar a la propia identidad, pero no haciendo de esta identidad un muro. Entonces, una fraternidad de cerca de 12.000 frailes en 120 países, con un ministro general italiano, frailes de Vietnam, del Congo, de Brasil, de Polonia, y no puedo hacer la lista de todos los demás países, que cotidianamente viven juntos: he aquí, esto ya es un signo pequeño, imperfecto, pero real, de que la fraternidad es posible, y tratamos de vivirlo y de ser un poco una levadura.
Yo diría que nosotros la fraternidad deberíamos más hacerla ver que hablarla, más actuarla en modos concretos. Eh, yo he vivido durante 5 años en un barrio del este de Roma, cerca de Tor Bella Monaca, Torre Angela, donde viven 70 etnias distintas en este barrio de Roma. Es la zona de Roma con más concentración de los así llamados extranjeros, también porque allí yo, teniendo a los vecinos de Bangladesh, arriba de la India, a la derecha de Nigeria, los extranjeros éramos nosotros, en fin, al final. Y he aquí, ehm, y hemos aprendido un poco a vivir con todos los olores de estas cocinas diversas porque estábamos en un apartamento, estamos, por tanto oyes todo, y después aprender a conocer, a encontrar, entrar donde el musulmán que salía, no, todavía sale, entra en la cárcel, que me quería a toda costa casar porque decía: “Mira, te la encuentro yo la mujer, te la traigo de Túnez, es más, te traigo dos”. Digo: “Pero tú estate quieto”. Decía yo: “La mujer, si me la tengo que buscar, la escojo yo”. No, decía: “¿Cómo haces tú para no tener una mujer?”. En fin, me hablaba hasta que, con este delincuente, porque era un delincuente, es un delincuente, pero con un sentimiento religioso, al final yo, exasperado por estos, iba a su casa con otro voluntario para llevarle a aquella desgraciada de la mujer lo necesario para criar a los hijos, porque él salía, entraba de la cárcel. Y él, en cierto punto, una vez me dijo: “¿Pero por qué no te quieres casar?”. No, él verdaderamente había llegado a ser... había nacido una forma extraña de amistad entre nosotros, y yo en un cierto... no sé cómo, estas palabras me las reveló el Altísimo. Le dije: porque Jesús, Jesús vivió así, no tenía mujer. Y él se detuvo. Jesús no tenía mujer. Es verdad, eh, yo quiero vivir como él. Entonces, si es así, te respeto. Quién sabe qué le pasó por la cabeza y quién sabe qué me pasó a mí al decirle así. Pero yo le dije la única razón por la que es verdad que no tomo mujer, porque sigo a Jesús; pero me salió así y él entendió. Pero digo, mira este delincuente, sin embargo su sentimiento religioso entendió, está ahí, ¿no? Ya no me atormentó más con esta búsqueda absoluta de una mujer.
¿Es posible el encuentro? Entonces, yo digo: la fraternidad debemos actuarla, debemos poner gestos. Son pequeños, nosotros no contamos nada, somos pocos, ¿no? Y sin embargo, donde estamos podemos ser una levadura. No actuaremos sobre los mega movimientos de la historia, pero donde la historia es verdadera, es decir, la historia ferial, la cotidiana, la de los pequeños sujetos de la historia, he aquí, allí podemos vivir esta fraternidad, que no es una utopía sentimentalista.
“Ah, padre, yo soy fraile, pero la fraternidad no es la que soñaba”. Pues claro que no es la que soñabas, por suerte, porque vivir en la casa de azúcar toda la vida, no sé para vosotros, para mí sería como la familia del Mulino Bianco, por suerte no existe, pero hay seres humanos concretos que se encuentran. No es una utopía sentimental, es la apuesta más realista que existe la fraternidad. Podemos estar juntos por lo que somos, como somos, porque sin el otro yo simplemente no existo. Y la fraternidad es este don y este desafío que para nosotros tiene además la raíz de la fe. Bien, Francisco nos sigue diciendo esto en nuestro intento de descifrar esta figura de la historia, sintiendo sin embargo en nosotros su flujo vital, y esto de la fraternidad es seguramente uno de los elementos más fuertes. Gracias.
Gracias. Gracias.
Hemos hablado largamente, quizá todavía hay algún minuto porque han llegado varias preguntas de quienes nos escuchan hoy. Entonces, al menos una para cada uno tratamos de responder, ¿no? Porque, sin embargo, sobre esto sacamos del papel de historiador al profesor aquí, y esta es la pregunta, ¿no? Usted es un laico y es toda una vida la que enseña, escribe, cuenta y comunica sobre san Francisco. He aquí, a propósito, sin embargo, de los frailes, ¿hay un hilo rojo, algo que siempre vuelve y vuelve? Sé que ha conocido a muchos.
Pero ya esta definición de laico me deja un poco perplejo, porque me parece que la perspectiva del mundo no sea ya laicos, clérigos, no, sino el servicio que cada uno de nosotros da a la comunidad y que la comunidad pide. Pero va muy bien, no me ofende en absoluto, eh.
Está claro que yo tomo otro punto de vista. En un libro maravilloso, no sé cuánto conocido, que se titula La misa del hombre desarmado de don Luisito Bianchi, hay una primera página que, por desgracia, era la que mandé en Navidad hace un año y medio, que es sobre la palabra. No es una cosa que esté tanto de moda. No lo sé, yo voy poco a la iglesia, eh, la miro en televisión de vez en cuando, pero es fascinante, o sea, la palabra interpela a todos, pero cuando logramos verla, ¿en qué cosa se expresa? Entonces, para mí es más fácil encontrarla en una poesía, en una canción. No, sin embargo hemos constatado lo que nos ha dicho antes el ministro general: la palabra obra, la palabra de Dios, lo que una vez se llamaba Logos, pero ahora tampoco eso está muy de moda. Y entenderlo es lo de quien no pide nada, o sea, Francisco no pedía nada, fray Francisco no pretendía nada, no pedía nada para sí.
Y en esta maravillosa novela, La misa del hombre desarmado, están también las figuras que él define, el escritor, aquellos que se presentarán ante Dios y descubrirán que son bienaventurados porque no han actuado para tener una recompensa, sino que han actuado por aquellas cosas que decía antes el ministro. Han actuado gratuitamente, mh, en el sentido profundo del término, por este espíritu de fraternidad con los otros, por reconocimiento de la dignidad de cualquier otro, ¿no? He aquí. Y entonces se entiende también bien la centralidad de la encarnación para fray Francisco. Yo en este mundo no veo nada más corporal que la sangre, el cuerpo, no, y también el respeto por el sacerdote, o sea, hay una concreción que a nosotros nos cuesta ver porque estamos acostumbrados también a viajar con estereotipos, con raíles que nos dan tranquilidad, que nos dan una aparente seguridad, pero hay una riqueza en la vida.
Banalmente, oía ayer, más bien volví a oír ayer, una canción de Francesco Guccini de 1988 que se titula El fraile. Es la historia de uno que hacía de fraile, luego lo dejó, pero no importa. Pero hay un verso que yo aplicaría a fray Francisco: vestido de harapos y extrañeza. Eh, he aquí, esto sugiere que hay inspiraciones, que hay una dinámica de la palabra de Dios que no es la fijación de un texto sagrado, sino que es un texto que vive, que se mueve, ¿no? He aquí. Entonces lograr entender dónde se mueve la palabra, y entonces la encuentro entre los frailes y no entre los frailes. O sea, no es que en los frailes no... Y es interesante lo que decía antes el ministro: los frailes, los curas, las monjas son personas como todas las demás, y habiendo vivido tantos años con ellos, a mí no me daba ni frío ni calor que fuera un fraile... estos pobres frailes, vuestros hermanos, no conseguían salir de quién, convento de Milán, porque había alguien que los paraba enseguida porque llevaban túnica, ¿no? Ellos salían de paisano.
Pero he aquí, el entender que la vida de las familias o la vida de cualquier comunidad, la vida de una comunidad religiosa, tienen dinámicas muy similares. Luego tienen sus peculiaridades, porque por caridad, ¿no? Pero descubrir que los curas, los frailes, las monjas son personas normales no es poca cosa. Y lo que decía... quería dar una pequeña información al general.
El papa Francisco era un jesuita, parece. Y como es sabido, los jesuitas dicen siempre medias verdades, como dice la famosa canción, ¿no? Pero no solo eso. Nadie ha leído o pocos han leído un librito. Giovanni Miccoli, gran estudioso, cuando eligieron a Bergoglio volvió a publicar algunos estudios que había publicado Einaudi con una nueva introducción en la que explican por qué Bergoglio se inventó que el cardenal dijo: “Piensa en los pobres”. Eh, es que los jesuitas de América Latina llevaban 20 años estudiando a Francisco de Asís, ¿no? Por tanto, las cosas aparentes siempre hay que... está bien que lo haya hecho, por caridad, porque yo no solo decía que el papa Francisco tenía dos defectos: uno, que era jesuita, y el otro, que era de origen piamontés como yo, obviamente, así que lo sabía muy bien. Pero es interesante: en la santa Iglesia romana pocas cosas suceden por casualidad. Pueden ser justas, equivocadas, pero hay una capacidad de valorar las cosas que se difunde en un modo que no es el de los periodistas, nosotros los periodistas, ¿no? O sea, que en América Latina los jesuitas durante 20 años estudiaran a fray Francisco, san Francisco, nadie hablaba de ello, ¿no? Y sin embargo habían encontrado, he aquí, lo que decía él, el punto de partida para... y después él lo retomó en sus textos, ¿no? He aquí. Por tanto, vivir con los frailes, vivir, eh, es también muy estimulante. Yo, yo puedo agradecer verdaderamente. Y claro, luego un capuchino no es un fraile menor; es un fraile menor capuchino, no es ciertamente un conventual, he aquí. No, por otra parte las vicisitudes de vez en cuando la humanidad nos engañará por la vicisitud. En cierto punto las familias estarán obligadas a encontrar acuerdos. He visto que los capuchinos de Italia del norte han hecho una sola provincia. Precisamente en estos días están celebrando, ¿no?, Piamonte, Lombardía y Véneto se han unido juntos. He aquí. Por tanto, la vida es la que es. Eh, la palabra de Dios llamará a quien sepa escucharla.
Eh, yo estoy contento, no hago ninguna celebración ni ninguna negación, ¿no? Pero estoy contento de considerarte a ti, a él, a él, exactamente como a mí, que estoy obligado a ponerme una chaqueta que nunca me pongo, pero por respeto hacia vosotros me la he puesto hoy. No, gracias, gracias, gracias.
Y cerramos con una pregunta, fray Massimo. Es un poco provocadora, eh. Eh, sucesor de san Francisco, el ministro general ha padecido y padece tentaciones y tribulaciones por parte de sus frailes.
Bonita, bellísima. Entonces, cuando era estudiante en los años 80 de teología, íbamos a San Antonio de Frascati en metro también, y una vez, al salir yo, que estaba con el hábito, con el manto como un buen fraile, era mucho más joven, claramente, y recuerdo una voz joven femenina que, cuando yo salí, me dijo: “Ah, jesuita así”. Quién sabe por qué vio en mí a un jesuita, por tanto ahora responderé como jesuita, precisamente.
Ehm, eh, la tentación más grande, no sé si era la más grande, una tentación es la que me viene de los frailes en este servicio, a veces es la de un cierto desánimo. Uso esta palabra así de obsoleta. Ehm, como de un venir a menos las fuerzas, ¿no?, frente no a grandes o extraordinarios pecados, sino a la mediocridad que se repite, a la falta de impulso, de pasión, y decir entonces: es verdaderamente así, Massimo, resígnate, porque el ministro general cuando habla debe decir siempre algo extraordinario, debe siempre recordar los grandes valores, etcétera, etcétera, ¿no?, como todo buen predicador, y sin embargo luego la recaída, quiero decir, es la que es. Por tanto, aceptar esta desproporción, esta diferencia, y no tomársela con “ah, he aquí, vosotros no entendéis lo que digo, ¿no?”, es que precisamente esta desproporción está en mí ante todo, porque también yo me digo cosas sublimes y luego aquello que realizo no tiene mucho de sublime. Entonces, la primera, digamos, como has dicho, tentación o tribulación, tribulación, es esa de repetir, hablar, decir, recordar nuestra llamada, vocación, y advertir la fatiga, ¿no? Y aceptarla. Aceptarla porque precisamente eso abre el espacio de algo nuevo y diferente. No oponer un idealismo abstracto a donde las personas deberían llegar, porque no es verdad, sino precisamente en ese espacio donde digo: “Pero, pero, ¿es posible? Pero venga, ¿pero qué cuesta?”. He aquí, ver allí los caminos posibles, por tanto hacer de la tentación una oportunidad, una ocasión, como decía el ministro provincial al inicio.
Otra tribulación, bien, esa, digamos, hoy más fuerte, una entre las más fuertes, por el tipo de camino que estamos haciendo, y tratar los casos es muy delicado, pero lo digo, los casos entre nosotros que hay, los hay, los ha habido, y los tratamos, de abuso, tanto de abusos sexuales como de abusos de poder y de tipo espiritual, esta gama que a menudo es huidiza, esta de poder y de abuso espiritual. He aquí, meter las manos en estas historias, tener que leer, tener también luego por oficio procesos penales donde yo hago de juez, y esto es muy duro, es una gran tribulación. Primero leer este material, que no son cuatro páginas, pueden llegar dosieres de 500 páginas, y tratar de entender, de hacerse una idea aconsejándose, reflexionando. He aquí, descubrir este abismo es muy, muy difícil. Y está el moralismo, otra vez, esa tentación que yo encuentro en mí y en los otros, o de decir: “bueno, esto fue un momento de la historia, ahora sigamos adelante”, ¿no? Hay que atravesarlo. Y la tribulación también de escuchar a algunas víctimas. Yo por primera vez en mi vida he tenido que hacerlo como ministro general en lenguas distintas de la mía, y os aseguro que no es sencillo, ¿no? Pero también he encontrado a algunos hermanos ya muy viejecísimos, ya en dos casos incluso que hemos expulsado de la orden por justicia, por reparación, pero que sin embargo seguimos teniendo en nuestras enfermerías porque ¿adónde van con 80 años?, ¿adónde van con 70 años e inmóviles en una cama?, ¿dónde los pones, en medio de la calle? Por tanto, los frailes siguen cuidando de ellos, acompañándolos, en fin, en la enfermedad y hacia la muerte, aunque jurídicamente ya no sean frailes. ¿Ok? He aquí, encontrarse con estos frailes, abrazarlos, no ha sido fácil, o con estos ex frailes, y sin embargo también allí he encontrado el espacio de una fraternidad posible.
Y sin embargo puedo decir que más grande aún que esta tribulación está el contacto cotidiano con mi aurea mediocritas antes que la ajena, y después la ajena, aurea mediocritas, o sea: contentémonos con el mínimo sindical. Eh, recemos, pero no demasiado. Somos hermanos, pero, en fin, tampoco vas a querer desollarte. Y tratemos de vivir también el servicio, la misión, el apostolado, pero la gente tiene que entender nuestras exigencias. He aquí. Y ahora 24 horas al día disponible... aparte de que no es verdad, porque al menos querrás dormir 4 horas, pero, eh, bueno, mínimo, en fin, y cinco vale. Ehm, entonces, y sin embargo tampoco la gente puede pretender que nosotros estemos siempre ahí. He aquí, esta aurea mediocritas, por llamarla de un modo literario elegante, es una buena tribulación, porque quizá dentro de mí, hacia mí, y hacia los otros hay siempre un poco de idealismo, ¿no? Pero, en fin, hemos dado la vida y démosla esta vida. Y porque pienso que nosotros, no teniendo... quien está casado aquí me entiende el fastidio de una familia, o sea, que te recuerda todos los días que tú no eres el ser único del mundo, sino que debes darte cuenta del otro que está a tu lado. He aquí, tener esta gracia, pero luego hay que hacerla fructificar; es decir, tu tiempo hay que darlo, tu vida hay que darla, de lo contrario se convierte en una ciruela seca que se te vuelve en contra. He aquí, precisamente pienso que una organización, entre comillas, como la nuestra, donde el criterio es dar la vida, es la idealidad más alta, la aurea mediocritas es dura de aceptar, ¿no? Pero es muy humana. Porque ¿quién vive 24 horas sobre 24 siempre a la altura de un ideal? Si hay alguien, que levante la mano. Eh, quizá Francisco, y esto lo hace irreductible, pero no porque viviera moral y estoicamente una perfección abstracta, sino porque su inquietud, su voluntad de vivir el Evangelio, como dice Celano cuando introduce el relato de Greccio, era su aspiración más grande. He aquí, según yo esa absolutidad de Francisco, que luego también hacía cuentas con sus límites y sus dificultades, ciertamente, pero esta absolutidad de Francisco es la que nos tira, la que nos mantiene despiertos, y a cuya luz nuestra bendita aurea mediocritas es más difícil de llevar. Pero yo luego digo: gracias a Dios que tenemos un padre, un hermano como Francisco, que por mediocres que seamos, humanamente mediocres, de vez en cuando luego nos agarra por la chaqueta, por los cabellos, y nos tira y nos dice: “Oh, pero hemos sido llamados a grandes cosas”. Estas son palabras de Francisco, ¿no? “Grandes cosas hemos prometido, mayores nos han sido prometidas a nosotros”. He aquí, diría que las tribulaciones son templadas por esta llamada, por este imán más fuerte que, en cualquier caso, Francisco es, y que veo que sacude también a distintos de nosotros de la aurea mediocritas.
Termino con otra anécdota. Junio de 2000, confundo los años ahora porque viajo demasiado. 2025, el año pasado, sí. Estaba en Francia visitando lo que queda de nuestra gloriosa presencia en Francia. Y en la casa de Nantes, casa para los ancianos, los frailes ancianos, encuentro un... veo a un fraile con dos ojos claros, bellísimos, 88 años, un buen tipo despierto, misionero, ha hecho de todo, me contaban. Luego el guardián me dice: “Pregúntale cuándo encontró a Jesús”. Y yo le dije: “Pero ¿cómo voy a preguntar a un fraile de 80 años, 88 años, cuándo...?”. Ese me da bofetadas, dice: “¿Pero cómo te permites?”. Digo: “Pero, pero, padre, pero digo, perdona, pero cómo... tú pregúntale, por favor”. Bueno, yo verdaderamente me he criado, he aprendido en mi familia el respeto por los ancianos, por tanto no. Una vez llamé vieja a mi abuela, que vivía con nosotros, mi padre me dio tal bofetada que no lo volví a hacer. He aquí. Entonces me acerco, le digo mon frère, como un... bla bla bla, y luego le digo, en fin, yo lo tomé, como buen romano, en fin, lo tomé un poco por rodeos, y luego le dije: “Pero nuestra vida es precisamente la vida de la fe, hemos encontrado a Jesús”. Al final logré decirle: “¿Pero usted, usted cuándo lo encontró?”. Y él me mira y me dice: “A los 80 años”. Y yo me di cuenta: este no está bromeando. Digo: “¿A los 80 años?”. Él dice: “Sí, padre, yo durante 60 años he sido un excelente empleado”. Luego me contó lo que sucedió. Es muy personal, por tanto lo que sucedió. Después Jesús se convirtió en una presencia en mi vida, y me lo contó, y yo dije: bueno, antes que nada me dije a mí mismo: todavía estás a tiempo, Massimo, por tanto, he aquí, tranquilízate porque todavía hay tiempo. Y después pensé: cuántas de... o sea, él me dijo: “Yo durante 60 años era un empleado perfecto, pero me faltaba la pasión, el fuego, o sea, no estaba enamorado”. Luego... entonces la aurea mediocritas está, me hace sufrir la mía y la de mis hermanos, pero encuentro historias como estas y entonces digo: “Ok, hay esperanza y el don de Francisco está vivo”. Ved, si un fraile francés, cartesiano, ilustrado, puede, porque este lo es, eh, uno que toda la vida ha realizado cosas muy bellas, muy fuertes, podía estar satisfecho, ¿no?, en un cierto punto se dejó dar la vuelta, catapultar. Bien, he dicho: aunque solo sea la historia, la vida de Frédéric Henry, nos dice que la orden está viva, aunque fuera solo él. Sin embargo, la orden, o esta compañía variopinta y un poco destartalada de hermanos que Francisco recogió en torno a sí, todavía está viva y tiene estas energías profundas. Esto remienda las tribulaciones. Gracias.
Entonces, gracias de verdad a nuestros ponentes por lo que nos han dicho, pero por el corazón que han puesto en ello. Me ha parecido captar en este tema, ¿no?, del hermano, la concreción de la vida que, sin embargo, en su complejidad custodia una gran belleza, y quizá este es también un aspecto que nos atrae de Francisco.
Entonces, agradeciéndoos, doy también alguna pequeña comunicación. Ante todo, estáis todos invitados ahora a las 19 horas a participar en las vísperas en la basílica aquí de Santa María de los Ángeles. Durante la celebración, este primer sábado del mes, hay una memoria del tránsito de san Francisco. Se encenderá una vela que será luego llevada procesionalmente a la capilla del tránsito. Después, un par de próximas citas cercanas. Del 19 al 22 de marzo tendrá lugar el congreso Para Francisco, hermana es la muerte. Una provocación a la vida, precisamente para reflexionar en este año del octavo centenario del tránsito de Francisco sobre el significado de la muerte desde el punto de vista científico, teológico, cultural. Se tendrá en la Domus Pacis y las inscripciones siguen abiertas, basta dirigirse a la secretaría de la Domus Pacis. Y luego la próxima cita de Francisco ante tus ojos, el 11 de abril, y será sobre el tema de Francisco y la economía, con Paolo Evangelista Evangelisti, documentalista, coordinador del Archivo Histórico de la Cámara de Diputados, y Elena Beccalli, la rectora de la Universidad Católica del Sagrado Corazón. El encuentro será moderado por fray Marco Asselle. En el sitio web de nuestra provincia, más bien en el de los centenarios, es posible ver las informaciones sobre todos estos eventos. Una vez más gracias a nuestros ponentes y gracias a todos.

































































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