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¿Quién es Dios?

El Dios cristiano no es “un ser más” dentro del universo, ni un rival del ser humano, sino el fundamento mismo del ser, la fuente de toda existencia.


1. Muchas imágenes falsas de Dios

El ponente comienza diciendo que existen muchas ideas de Dios: algunos lo imaginan como una figura mitológica, otros como una causa lejana, otros como un “Ser Supremo” en sentido convencional, y otros como una amenaza para la libertad humana.

Pero el Dios verdadero, según la tradición cristiana, no es un ser entre otros seres. No compite con la creación ni limita el desarrollo humano. Dios es, usando una expresión de san Anselmo, “aquello mayor que lo cual nada puede pensarse”. Y, siguiendo a santo Tomás de Aquino, Dios no es simplemente el ser más alto, sino el mismo acto de ser subsistente: ipsum esse subsistens.


2. La tradición católica sí ha pensado profundamente sobre Dios

La tradición católica lleva siglos pensando estas cuestiones, con autores como Orígenes, Crisóstomo, Jerónimo, Agustín, Anselmo, Buenaventura, Tomás de Aquino, Newman y Juan Pablo II.

Aunque la tradición católica es riquísima, muchas veces los cristianos no la han sabido presentar bien. Por eso Barron propone una “nueva apologética” capaz de explicar mejor quién es Dios.


3. La Encarnación revela quién es Dios

La doctrina cristiana más distintiva es la Encarnación: Dios se hizo hombre en Jesucristo. Pero esto no significa que Dios dejara de ser Dios ni que destruyera la humanidad que asumió.

El Concilio de Calcedonia afirmó que en Cristo hay dos naturalezas, divina y humana, unidas en una sola persona, sin mezcla, sin confusión, sin separación y sin división.

Esto permite comprender algo decisivo: Dios no compite con la criatura. Si Dios puede hacerse hombre sin destruir la humanidad de Jesús, entonces Dios no es una amenaza para lo humano. Al contrario, cuanto más se acerca Dios, más plenamente puede ser la criatura lo que está llamada a ser.


4. Errores cristológicos antiguos

El ponente menciona tres posturas antiguas que Calcedonia rechazó:


El monofisismo afirmaba que Jesús era realmente divino, pero que su humanidad quedaba reducida o absorbida.


El nestorianismo veía a Jesús como un hombre con una relación muy especial con Dios, pero no verdaderamente Dios.


El arrianismo proponía una especie de punto medio: Jesús sería medio divino y medio humano, parecido a los semidioses de la mitología.


Frente a estas visiones, la fe cristiana afirma que Jesús es verdaderamente Dios y verdaderamente hombre. Ni mitad y mitad, ni disfraz divino, ni simple superhéroe espiritual.


5. Dios no es “un ser supremo” entre otros

Aquí está una de las ideas más importantes de la charla. Si Dios fuera simplemente el ser más poderoso dentro del universo, entraría en competencia con las demás criaturas. Como un león que devora a un antílope, o como el fuego que convierte algo en ceniza.

Pero Dios no actúa así. Dios no es una cosa más dentro del mundo. No se le puede buscar como si fuera el Yeti o Bigfoot, escondido en algún rincón del cosmos. Por eso es absurdo pensar que un cosmonauta pueda ir al espacio y decir: “No he visto a Dios, luego Dios no existe”.

Dios no está en el mundo como una cosa junto a otras cosas. Pero, al mismo tiempo, está íntimamente presente en todo, porque todo depende de Él para existir. En palabras de san Pablo: “En Él vivimos, nos movemos y existimos”.

San Agustín lo expresa bellamente: Dios es más íntimo a mí que yo mismo, y al mismo tiempo más alto que todo lo que puedo imaginar.


6. Dios es “extraño” en sentido profundo

El ponente dice que Dios es “extraño”, no en sentido superficial, sino porque supera nuestras categorías. Si creemos que ya hemos entendido plenamente a Dios, entonces eso que hemos entendido no es Dios.

San Agustín lo decía así: “Si lo comprendes, no es Dios”. Dios siempre desborda nuestra mente. Podemos conocerlo verdaderamente, pero nunca agotarlo.


7. La crítica atea: Dios como enemigo del hombre

Después, el autor analiza varias críticas modernas a Dios.


Feuerbach decía que Dios es una proyección de nuestros deseos: como queremos ser sabios, buenos y poderosos, inventamos un ser omnisciente, omnibenevolente y omnipotente, y luego nos arrodillamos ante esa invención. Para él, decir “no” a Dios es decir “sí” al hombre.


Marx, influido por Feuerbach, afirmó que la religión es “el opio del pueblo”: una fantasía que consuela a los pobres y oprimidos, pero que les impide transformar su realidad económica y política.


Freud interpretó la religión como una fantasía infantil, una especie de sueño que ayuda al ser humano a soportar la dureza de la vida.


Sartre sostuvo que si Dios existe, el ser humano no puede ser libre. Para él, Dios sería una mirada vigilante que limita nuestra libertad. Su argumento sería: si Dios existe, no soy libre; pero soy libre; por tanto, Dios no existe.


8. El error común de esas críticas

Todas esas críticas parten de una misma suposición: que Dios y el ser humano son rivales. Según esa mentalidad, cuanto más se afirma a Dios, menos se afirma al hombre.

Pero el Dios cristiano no entra en esa lógica. Esa crítica podría servir contra un “dios” pequeño, entendido como un ser supremo que compite con el mundo. Pero no sirve contra el Dios verdadero: el fundamento del ser, el Dios que puede hacerse criatura sin destruirla.

Dios no es obstáculo para la plenitud humana. Es su fundamento. La gloria de Dios no aplasta al hombre; lo hace vivir plenamente.


9. La zarza ardiente como imagen de Dios

El ponente termina con una imagen preciosa. En la mitología griega y romana, cuando los dioses se acercan al mundo humano, suelen destruir, quemar o aplastar. Son poderes competitivos.

En cambio, en la Biblia, Moisés ve una zarza que arde sin consumirse. Esa es la imagen del Dios verdadero: cuando Dios se acerca, no destruye la criatura, sino que la hace más luminosa, más bella, más plenamente ella misma.

La plenitud de esa zarza ardiente es la Encarnación: Dios se hace hombre en Jesucristo sin dejar de ser Dios y sin destruir la humanidad que asume.


Idea central

El Dios cristiano no es enemigo del ser humano. No compite con nuestra libertad ni con nuestra felicidad. Dios es la fuente de nuestro ser y de nuestra plenitud. Por eso, cuanto más se acerca Dios, más verdaderamente somos nosotros mismos. En cristiano castizo: Dios no viene a quitarnos la vida; viene a encenderla sin quemarla.




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