top of page

Perdón. 11/06/2026


Paz y Bien

Hoy Jesús nos habla de algo muy serio… y muy sanador: el perdón.

No nos habla simplemente de “ser buena gente”.

Nos habla de reconciliarnos.

De romper cadenas.

De dejar que Dios vuelva a circular por dentro de nosotros.

Y quizá alguno piense:

“Padre, si supiera lo que me hicieron…”

“Si supiera cuánto tiempo llevo herido…”

“Si supiera lo injusto que fue…”

Y es verdad. Hay heridas reales.

Hay palabras que dejaron marca.

Hay abandonos, traiciones, silencios, desprecios.

Jesús nunca dice que el mal no duela.

Pero hoy sí nos dice algo sorprendente:

“Cuando estés orando,

y recuerdes que tienes algo contra alguien…

ve primero a reconciliarte.”

Es impresionante.

Jesús está diciendo que hay algo que puede bloquear el movimiento de Dios en nosotros.

Como si el corazón se llenara de piedras

y el agua viva dejara de correr.

Porque Dios es amor.

Y aquello que se opone al amor termina cerrándonos por dentro.

A veces pedimos:

“Señor, sáname.”

“Señor, dame paz.”

“Señor, quítame esta angustia.”

Y el Señor hoy nos responde con suavidad:

“Sí… pero primero suelta a esa persona.”

Porque el rencor nos ata más a nosotros que al otro.

El odio es como beber veneno esperando que el otro se enferme.

Y sé que perdonar cuesta.

Muchísimo.

Porque sentimos que se cometió una injusticia.

Y probablemente sea verdad.

Por eso hoy quisiera invitaros a mirar la cruz.

¿Qué vemos allí?

Al Hijo inocente de Dios.Traicionado.

Humillado. Escupido.

Clavado injustamente.

La mayor injusticia de la historia.

Y sin embargo, Jesús no responde con odio.

No maldice.

No destruye.

Jesús dice:

“Padre, perdónalos.”

Ahí está la medicina del corazón.

Porque cuando uno contempla mucho a Cristo crucificado,

empieza a darse cuenta de algo:

si Él perdonó desde la cruz…

yo también puedo empezar a caminar hacia el perdón.

No significa olvidar.

No significa decir que estuvo bien.

No significa volver a permitir el mal.

Perdonar significa dejar de entregar al odio las llaves de mi alma.

Y quizá hoy el milagro que Dios quiere hacer aquí no sea solo físico.

Quizá el primer milagro sea quitar una piedra del corazón.

Hay personas que llevan años enfermas por dentro:

por una pelea entre hermanos,

por una ruptura familiar,

por un matrimonio roto,

por palabras nunca sanadas,

por un padre que faltó,

por una madre que hirió,

por alguien que decepcionó profundamente.

Y Jesús hoy pasa entre nosotros diciendo:

“Déjame entrar ahí.”

Tal vez hoy no puedas decir todavía:

“Ya perdoné.”

Pero sí puedes decir:

“Señor, quiero querer perdonar.”

Y eso ya abre una puerta enorme a la gracia.

Porque el perdón no empieza siendo un sentimiento.

Empieza siendo una decisión humilde:

“Jesús, solo no puedo.

Pero contigo quiero caminar.”

Y hoy, en esta oración de sanación,

vamos a hacer algo muy sencillo pero muy profundo.

Vamos a poner nombres delante de Dios.

No nombres para acusar.

Sino nombres para entregar.

Tal vez el Señor hoy te invite a perdonar a alguien.

Tal vez te invite a pedir perdón.

Tal vez te invite a reconciliarte contigo mismo.

Porque hay personas que incluso viven enfadadas con su propia historia.

Pero Cristo no vino a condenarte.

Vino a liberarte.

Y cuando el perdón entra…

el alma respira otra vez.

Hoy puede comenzar una sanación muy grande.

No porque nosotros seamos fuertes.

Sino porque Jesús sigue teniendo poder para transformar el corazón humano.

Miremos la cruz.

Si no ves la Cruz grande de San Damián,

mira para alguna de las cruces del viacrucis que hay en la nave.

Ahí está el amor que no se cansa.

Ahí está el perdón que rompe cadenas.

Ahí está Cristo, que hoy vuelve a decirnos:

“No tengas miedo. Suelta el peso.

Déjame sanar tu corazón.”

Amén.


SAN ANTONIO:

Una de las historias más hermosas de San Antonio de Padua relacionada con el perdón tiene como protagonista… a un hombre lleno de odio.

Cuenta la tradición que en una ciudad de Italia vivía un hombre que llevaba años enemistado con otro vecino. La herida era tan profunda que había jurado no volver a dirigirle la palabra jamás. Iba a misa, rezaba… pero alimentaba dentro de sí un resentimiento frío y duro.

Un día escuchó predicar a San Antonio. Y Antonio habló precisamente del Padrenuestro:

“Cuando dices ‘perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos’, cuidado… porque estás pidiendo a Dios que te trate del mismo modo que tú tratas a los demás.”

Aquella frase le atravesó el alma.

Pero el hombre seguía resistiéndose. Entonces, según la narración popular, San Antonio se acercó a él y le dijo:

—Hermano, el demonio duerme muy cómodo en un corazón que no perdona.

El hombre rompió a llorar.Y ocurrió algo que nadie esperaba: salió de la iglesia, fue directamente a buscar a su enemigo y, delante de todos, le pidió abrazarse y comenzar de nuevo.

La gente quedó impactada. Pero San Antonio dijo algo todavía más fuerte:

—Este es un milagro mayor que devolver la vista a un ciego, porque hay corazones más duros que la piedra.


Entradas recientes

Ver todo
¿Quién es Dios?

El Dios cristiano no es “un ser más” dentro del universo, ni un rival del ser humano, sino el fundamento mismo del ser, la fuente de toda existencia. 1. Muchas imágenes falsas de Dios El ponente comie

 
 
 

Comentarios


bottom of page