27 abr
Convivencia, sexualidad y matrimonio según Joseph Ratzinger
- Fray Dino

- hace 4 horas
- 3 Min. de lectura
Imagina que un joven le pregunta a Benedicto XVI:
“¿Por qué la Iglesia insiste tanto en casarse?
¿No basta con quererse?”
Y probablemente Ratzinger respondería algo así:
Porque el amor humano es demasiado grande para dejarlo en algo provisional.
Para Ratzinger, el problema no es que dos personas se quieran. Muchas parejas que conviven se quieren sinceramente.
La pregunta verdadera sería:
“¿Qué tipo de amor queremos vivir?”
Porque hay amores pasajeros, condicionados, frágiles o reversibles.
Y hay un amor que dice:
“Estoy contigo pase lo que pase.”
Benedicto XVI cree que el corazón humano, en el fondo, tiene hambre de ese segundo amor.
El ser humano no sueña con un “te amaré mientras funcione”, sino con un “te amaré siempre”. Aunque luego nos dé miedo.
El cuerpo también habla
Esta es una de las ideas más bonitas de Ratzinger.
Él diría: el cuerpo tiene lenguaje.
Cuando dos personas se unen sexualmente, el cuerpo está diciendo:
“me entrego a ti”,
“soy totalmente tuyo”,
“confío plenamente en ti”.
Pero entonces aparece la gran pregunta:
“¿La vida entera está diciendo lo mismo que el cuerpo?”
Porque puede pasar que el cuerpo diga “para siempre”, pero la vida diga “ya veremos”. Y ahí aparece una herida interior.
Ratzinger no ve el sexo como algo “sucio”. Al contrario: lo considera tan grande, tan sagrado y tan profundamente humano… que cree que merece una entrega total y estable.
El cristianismo no está contra el amor ni contra el deseo
Esto le sorprendía mucho a Benedicto XVI de la cultura moderna: muchos creen que la Iglesia tiene miedo al amor o al placer.
Y él responde casi al revés:
“¡No! El problema es que estamos rebajando el amor.”
En Deus Caritas Est explica que el enamoramiento es bueno, la pasión es buena, el deseo es bueno, la atracción es buena.
Dios no creó robots de escayola con rosario incorporado.
El problema aparece cuando usamos al otro, evitamos comprometernos, consumimos personas, o reducimos el amor a emoción momentánea.
Entonces el amor termina agotándose.
+ ¿Y por qué el matrimonio?
Porque el matrimonio cristiano no es simplemente “firmar papeles”, ni “hacer una fiesta”. Es decir públicamente “Te entrego mi vida entera.” Y eso cambia todo. El matrimonio convierte el amor en alianza, hogar, misión, fidelidad, refugio, camino de santidad.
Para Ratzinger, el “para siempre” no encierra el amor: lo protege.
Como las orillas de un río, no impiden que el agua exista; hacen posible que tenga cauce, fuerza y dirección.
¿Y qué diría a quienes ya conviven?
Aquí Benedicto XVI suele ser mucho más delicado de lo que la gente imagina.
No empezaría probablemente diciendo: “Estáis mal.”
Sino algo más parecido a: “No tengáis miedo a la plenitud del amor.”
Porque muchas veces detrás de la convivencia hay heridas de otras experiencias, miedo al fracaso, historias familiares difíciles, inseguridad, pobreza afectiva, o desconfianza en el “para siempre”.
Y Ratzinger entiende muy bien que el hombre moderno tiene miedo de entregarse totalmente. Por eso insiste tanto en que el amor verdadero necesita confianza.
Y que solo quien se arriesga a amar definitivamente descubre la profundidad real del amor.
+ La idea más profunda de todas
Quizá el núcleo de todo su pensamiento es este: El ser humano fue creado para un amor eterno. Por eso nada provisional termina de llenarnos. Y por eso el matrimonio cristiano no es solo una norma moral; es un signo del amor fiel de Dios.
Cada matrimonio está llamado a reflejar algo de cómo ama Dios, con paciencia, con fidelidad, con misericordia, y sin retirarse cuando llegan las heridas.
Una frase final muy “Benedicto XVI”
Si tuviera que resumirse todo en una sola idea, probablemente sería esta:
El amor necesita verdad. Y la verdad del amor es la entrega total.
Y dicho así… ya no suena solo a moral sexual. Suena casi a vocación del corazón humano.
“El matrimonio basado en un amor exclusivo y definitivo se convierte en el icono de la relación de Dios con su pueblo y, viceversa, el modo de amar de Dios se convierte en la medida del amor humano.” (Benedicto XVI. Deus Caritas Est. Ciudad del Vaticano: Libreria Editrice Vaticana, 2005, n. 11.)

FR.Dino































































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