27 abr
Oración de las Madres. Homilía 09/05/2026
- Fray Dino

- hace 1 hora
- 3 Min. de lectura
Queridas madres, pequeñas lámparas encendidas en medio de la noche de la fe:
Hoy el Evangelio nos regala una frase escrita para cada uno de nosotros, madres, padres, e hijos:“No os dejaré huérfanos” (Jn 14,18).
¡Cuánto miedo pasamos en la vida a estar sólos!.
Qué gran promesa del Señor para criaturas temerosas y débiles como nosotros!
Cuántas veces una madre habéis llorado y sufrido porque vuestros hijos están lejos, perdidos en el camino, fríos en la fe, cansados, quizás defraudados de Dios, distraídos por el mundo…
Y entonces aparece la tentación del desánimo y la rendición:“¿Servirá de algo rezar tanto?”“¿Tiene sentido seguir rezando un avemaría más por este hijo?”“¿Estoy sola en esta batalla?, ¿de verdad Dios está recogiendo mi oración?”
Y Jesús responde hoy:“No estás sola. No os he dejado huérfanos ni a ti ni a tus hijos.
Yo siempre estoy obrando en ellos, como en ti.
Sigo trabajando donde tú ya no puedes hacer más.”
Una madre llega hasta donde llegan sus brazos.
Y sus fuerzas Pero la oración de una madre llega hasta el mismo punto donde llega Dios.Y ahí no hay límites a Su poder.
La primera lectura nos habla de Samaría, un lugar complicado, herido, paganizado, desconfiado… y sin embargo el Evangelio llegó allí y “la ciudad se llenó de alegría”.
¿Quién iba a pensar que aquella tierra podía abrirse a Cristo?
Dios tiene el empeño de entrar precisamente donde parece imposible.
Solo necesita una oración que le llame cada día
Por eso nunca digáis:“Mi hijo ya no cambiará.”“Mi hija ya no volverá a la fe.”“Esta situación no tiene solución.”
Santa Mónica lloró años por san Agustín.
Y Dios no solo escuchó sus lágrimas…
¡con esas lágrimas labró y forjó la santidad de un hijo!
Dios forja santidad con cada palabra de tu oración…
Dios tiene el poder de forjar santos con las lágrimas de una madre.
Hoy, próximos ya a Pentecostés.
En el Evangelio de hoy Jesús promete el Espíritu Santo, el defensor, fortalecedor.
¿Y quién fue la mujer más llena del Espíritu?
María.Ella sabe esperar.Ella sabe guardar silencio.Ella sabe permanecer en oración incluso cuando parece que todo está perdido, porque sabe que Dios tiene un plan para su hijo, para sus hijos, nunca les va a dejar.
Cuando María vio a Jesús en la cruz,
Humanamente parecía el fracaso total.
Y, sin embargo, allí estaba naciendo la salvación del mundo.
Madres: muchas veces vuestro rosario parece pequeño, repetitivo, escondido, sin más poder que cualquier otro pedazo de madera.Pero mientras vosotras rezáis un avemaría en silencio, Dios está librando una batalla enorme en el corazón de vuestros hijos.
El demonio tiembla ante una madre que no se cansa de rezar.Porque una madre de rodillas es una catapulta espiritual.
El secreto de vivir el evangelio es “guardar sus mandamientos.”
Jesús no dice: “Si me amáis, sentiréis cosas extraordinarias”.No.El amor verdadero es permanecer. Perseverar. Ser constantes en la oración.
Y eso hacéis vosotras.Tantas madres y abuelas, hoy, que vienen a bautizar a sus hijos y no saben el avemaría, tantos niños que ya no son bautizados e iniciados en la fe, con qué vacío se criarán esos hijos.
El cielo ve vuestro dolor.
María recoge vuestra oración
Algún día, no sé qué dia, pero algún día veréis la gloria de Dios en vuestros hijos.
En esta vida o en la otra.
Toda madre que reza verá un día en el cielo, que sus hijos se han salvado porque hubo una madre que nunca dejó de rezar por ellos.
Porque la oración humilde gana el corazón de Dios.
Hoy venimos a pedir la ayuda de María en favor de nuestros hijos.-
Hoy es un día para rezar algo así como:
“Madre, yo ya no puedo controlar la vida de mis hijos. Pero tú sí puedes llevarlos a Jesús.”
Y María nunca pierde a los que se le confían.Puede haber noches largas. Días difíciles.Pero María estará obrando también en ellos.
Vuestros hijos volverán a la fe, se confesarán, rezarán con agradecimiento a Dios por vuestra oración de cada día, y os darán un beso, con los ojos cerrados y la palabra ‘gracias mamá’
y entonces lloraréis de alegría.





























































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