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Frei Juan de Navarrete

La Archidiócesis de Santiago impulsa la causa de Frei Juan de Navarrete, que murió evangelizando Galicia, en lo que sería la primera beatificación histórica promovida desde la provincia de Pontevedra.




La Archidiócesis de Santiago de Compostela camina a pasos agigantados para abrir un proceso formal de beatificación para Frei Juan de Navarrete, el fraile franciscano del siglo XVI que murió en tierras pontevedresas y cuyos restos descansan desde hace casi cinco siglos en el convento de San Francisco. El expediente, preparado por el Departamento para la Causa de los Santos, está al 80% según su director, Carlos Miramontes Seijas, que apunta al verano como horizonte para presentarlo formalmente. 

Sería, junto al de una monja medieval enterrada en la zona de A Estrada, el primer proceso de beatificación por causa histórica impulsado en la provincia de Pontevedra.


"A día de hoy, todavía no está iniciado el proceso. Pero sí tenemos la intención firme de abrirlo este año", explica Miramontes, que dirige el equipo desde la curia compostelana. El departamento, con apenas dos años de vida, agrupa a un grupo de historiadores y expertos, muchos de ellos de la Boa Vila: Luis Bermúdez, Luis Ibáñez, Anxo Rodríguez Lemos, Vicente Domínguez Munáiz y Elena Miramontes

Ha sido el clamor popular (en forma de peticiones llegadas de fieles de la diócesis) lo que puso a Frei Juan de Navarrete en el foco de su trabajo. "La gente se ha ido enterando de que este departamento existe y empiezan a llegarnos propuestas. Una vez investigadas, ves dónde hay más material para trabajar", señala el sacerdote.

La causa que se va a abrir no sigue el cauce de los procesos de beatificación más conocidos por el público -los que investigan las virtudes heroicas de una persona reciente, como en el caso de Juan Pablo II-, sino una vía distinta, denominada causa histórica o inmemorial. "No es una causa de canonización por virtudes como sería la clásica", precisa Miramontes Seijas. 

Los méritos

En este tipo de procedimiento, lo determinante no es reconstruir paso a paso la santidad del personaje, sino acreditar que la fama de santidad ha existido, de forma ininterrumpida, a lo largo de los siglos. Lo que las fuentes llaman fama de signos: que la gente le reza, que le atribuyen favores, que sigue acudiendo a su sepulcro.


Y ahí, el caso de Frei Juan de Navarrete tiene argumentos sólidos. La calle de la ciudad que lleva su nombre, vigente hasta hoy, es uno. Pero el más llamativo es el topónimo que da nombre al lugar donde murió y donde se construyó una capilla en su memoria: en los términos de la parroquia de Santa Baía de Nantes, en Sanxenxo, los carteles de la carretera señalan Lugar de O Santo. La misma denominación aparece en Google Maps. "Pocas veces el personaje y su fama de santidad dan nombre al topónimo hasta a día de hoy, a nivel oficial, no solo a nivel popular. Eso es muy significativo", apunta Miramontes.


Los pasos jurídicos son varios. Habrá que emitir decretos para nombrar un actor de la causa, un postulador y, previsiblemente, una comisión histórica. En algún momento del proceso se elevará una consulta a Roma solicitando el 'Nihil obstat', es decir, la señal de que el Vaticano no ve objeción en proseguir. 

El caso de la monja de A Estrada

Carlos Miramontes cita como precedente la causa ya en marcha de Paterna Gudesíndez, la monja medieval sepultada en la zona de A Estrada: "Escribí en mayo y en septiembre teníamos la contestación positiva de Roma. Nunca sabes los tiempos." Son, pues, los dos primeros procesos de beatificación histórica en la provincia. "Lo que sí se puede decir con seguridad es que son los dos primeros casos de beatificación por causa histórica en la provincia de Pontevedra", confirma.

El proceso puede llevar décadas o siglos. Pero Miramontes Seijas insiste en que cada paso dado no se revierte. "Si ahora se abre la causa, ya quedará abierta para siempre. A lo mejor no se avanza mucho y pasan siglos, pero cada paso que se dé nunca se va a dar hacia atrás". 

Si el proceso llegara a su término con una beatificación, las consecuencias serían concretas: Frei Juan de Navarrete pasaría a figurar en el santoral oficial de la Iglesia universal, sería objeto de fiestas litúrgicas en la diócesis de Santiago y su figura llegaría a creyentes de cualquier rincón del mundo. "Un japonés católico podría leer sobre este personaje que dio su vida en tierras de Pontevedra. Y dentro de quinientos años, cuando alguien lea el santoral, figurará también", resume el director.


Acabó con la peste y murió con el espinazo roto en el camino

Frei Juan nació hacia los años finales del siglo XV en la población de Navarrete, en lo que hoy es La Rioja, aunque las fuentes no especifican si se trata de la villa principal o de un núcleo menor con el mismo nombre. Entró como novicio en el convento de Santa María de Jesús de Alcalá de Henares -el mismo en el que había trabajado y muerto san Diego de Alcalá en 1463- y allí recibió la ordenación sacerdotal y desarrolló desde joven una devoción extraordinaria por la Eucaristía, inspirado en la figura del venerable Cherubino de Espoleto.

Su apostolado temprano lo llevó por toda la Península. Predicaba en iglesias, plazas, calles y aldeas con el mismo ardor, fundando cofradías en honor del Santísimo Sacramento e invirtiendo las limosnas de personajes principales en ornamentos para las iglesias pobres a las que acudía. Fue director espiritual de Teresa Enríquez -la Loca del Sacramento, como la llamó el papa Julio II por sus continuos éxtasis ante la Eucaristía- y a través de ella dejó una herencia duradera en la villa de Torrijos. Cuando en 1523 fue nombrado arzobispo de Toledo Alonso III de Fonseca, este le escuchó predicar en Alcalá y le ordenó acudir como misionero a Asturias y Galicia. Frei Juan obedeció hacia 1525.

Su destino final fue el convento de San Francisco de Pontevedra. A su llegada, la ciudad estaba azotada por una epidemia. El fraile combinó la predicación con la asistencia a enfermos y pobres, y pronto comenzó a ganarse entre los pontevedreses fama de santo. En uno de sus primeros actos públicos en la villa, subió al púlpito de la iglesia de San Bartolomé y prometió a los vecinos que la peste cesaría y no volvería en 40 años si fundaban una cofradía en memoria de la Pasión. Las crónicas señalan que la promesa se cumplió.


La curiosa leyenda de las golondrinas

Entre los prodigios que le atribuyen sus contemporáneos destaca la leyenda de las golondrinas. Las aves entraban y salían durante los oficios en la iglesia de San Francisco, ensuciando altares e imágenes. Frei Juan rezó para que no volviesen a cruzar el umbral, y desde entonces -según el testimonio recogido en el siglo XVII en el Theatro de los Dioses de la Gentilidad- ninguna golondrina entra en ese templo, incluso con puertas y ventanas abiertas. A este prodigio se sumaba la curación del mal de rabia: la tradición le atribuía la sanación de las heridas causadas por perros rabiosos mediante la invocación del nombre de Dios y la traza de una cruz sobre el miembro afectado.


En una de sus salidas pastorales a Portonovo, a unos 20 kilómetros de Pontevedra, Frei Juan celebró misa y reveló en la homilía su premonición: uno de los presentes moriría en tres días. Agotado, había tomado un asno para hacer el viaje con los ornamentos litúrgicos que acostumbraba llevar. En el camino de vuelta, al llegar al promontorio conocido como Portela de Fabeira, el animal tropezó y derribó al fraile, que quedó con el espinazo roto y agonizante. Un labrador que pasaba lo recogió y lo llevó a su casa. Frei Juan se confesó tres veces en el primer día, recibió la comunión al siguiente y murió al tercero, en 1528, cumpliendo su profecía con el rostro sonrosado y el semblante sereno.

La noticia de su muerte corrió por Portonovo y toda la vecindad. Los habitantes querían quedarse con el cuerpo, pero el franciscano había pedido antes de morir ser llevado al convento de Pontevedra. Lo transportaron hasta el embarcadero en andas, acompañado de un centenar de personas. Desde allí, dos navecillas cruzaron de noche la ría. Cuando la noticia llegó a Pontevedra, los vecinos salieron al puerto con antorchas y velas, y el cortejo condujo los restos hasta la iglesia de los franciscanos. Las honras fúnebres congregaron a gran concurrencia; muchos cortaron trozos de su hábito para conservarlos como reliquia.


La inscripción que hoy puede verse en la iglesia de San Francisco da fe del lugar donde descansan sus huesos: "S. JOAN DE NAVARRETE. NANTES MORTUUS AN. 1528. HAC IN ECCLESIA SEPULTUS EST. HUJUS RELIQUIAE HIC CONDITAE SUNT. TRASLADADAS AQUÍ EN 1933"


A pocos días de su muerte, 25 milagros fueron autenticados por notario público. Los registros notariales de 1535 y 1536 documentan sanaciones de personas tullidas, dolientes y desahuciadas que peregrinaban a su sepulcro. La poderosa Cofradía del Corpo Santo, con 2.000 mareantes entre sus cofrades, canalizó durante generaciones la devoción pontevedresa hacia el fraile.

En los términos de la parroquia de Santa Baía de Nantes, en Sanxenxo, se levantó hacia 1590 la capilla en el lugar donde, según la tradición, se hospedó Frei Juan hasta su muerte. El lugar que hoy señala el cartel de la carretera como Lugar de O Santo fue romería concurrida durante siglos. El martirologio franciscano recuerda a Frei Juan el 14 de octubre, aunque la fiesta popular quedó fijada en el 24 de junio. Cinco siglos después, el proceso que arranca en la Archidiócesis de Santiago pretende convertir esa devoción nunca extinguida en el argumento central para un reconocimiento que, si llega, será el primero de este tipo en toda la provincia.



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