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A Coruña celebró el Año Jubilar por los 800 años del Tránsito de San Francisco

  • La Familia Franciscana celebró en A Coruña el octavo centenario en comunión con la Iglesia diocesana

  • Una eucaristía presidida por el arzobispo de Santiago puso el acento en la paz, la pobreza y la alegría cristiana.


La ciudad de A Coruña celebró este viernes 20 de febrero el Año Jubilar con motivo del VIII Centenario del Tránsito de San Francisco de Asís, una conmemoración que forma parte del recuerdo de los 800 años de su Pascua y que la Familia Franciscana celebra entre 2025 y 2027. La jornada reunió a fieles, franciscanos y sacerdotes diocesanos en una eucaristía solemne que marcó el inicio de este tiempo jubilar en la comunidad.

La misa fue presidida por el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Francisco José Prieto Fernández. Aunque la convocatoria jubilar tuvo su centro en Asís y una dimensión universal, las fraternidades franciscanas en España impulsan también celebraciones locales para unirse a este acontecimiento eclesial.

El tránsito como Pascua y esperanza

Durante la homilía, el arzobispo situó el sentido profundo del jubileo en el significado del “tránsito” de San Francisco. Recordó que el santo llamaba a la muerte “hermana”, subrayando que no se trató simplemente de un recuerdo del pasado, sino de la celebración de un paso, de una Pascua.

“El tránsito no es una memoria del pasado, es la celebración de un paso, de una Pascua”, afirmó el prelado, quien vinculó esta conmemoración con el tiempo litúrgico recién iniciado, marcado por el camino hacia la Pascua. En el caso de Francisco, explicó, ese tránsito fue la culminación de una vida vivida en pobreza radical, confianza absoluta en Dios y alabanza constante.

Monseñor Prieto evocó la imagen del santo “desnudo sobre la tierra, sin nada y confiándolo todo al Señor”, y presentó su muerte como la entrada definitiva en la alegría de Dios. En este contexto, invitó a los fieles a comprender el jubileo no como un ejercicio de nostalgia, sino como una llamada actual a la conversión y a la esperanza.

Un ayuno que transforma y una paz que reconcilia

El arzobispo también recordó que el verdadero ayuno no consiste en prácticas vacías, sino en “romper las cadenas, compartir el pan con el hambriento, vestir al desnudo”.

En este sentido, destacó uno de los episodios clave de la conversión de San Francisco: el momento en que superó el miedo y el rechazo para abrazar al leproso. Aquel gesto, afirmó, supuso “romper una cadena interior” y marcó el inicio de una vida transformada por el encuentro con el hermano.

Para el prelado, la visión franciscana de la paz no se limita a las relaciones humanas, sino que abarca a toda la creación. Recordó cómo Francisco llamaba “hermana” y “hermano” a las criaturas, reconociendo en ellas un reflejo de la vida divina.

La alegría perfecta como horizonte del jubileo

El arzobispo también destacó la alegría de San Francisco, definida como “perfecta alegría”, no entendida como ingenuidad, sino como la certeza de que nada puede separar al creyente del amor de Cristo. Francisco, afirmó el arzobispo, fue ante todo “un enamorado de Cristo crucificado”, y su vida entera culminó en la fiesta de la Pascua.

El ayuno, la pobreza y las renuncias solo cobran sentido, explicó, cuando están en relación con Cristo. En este sentido, el octavo centenario, señaló, debe ser una oportunidad para redescubrir ese gozo y renovar la esperanza.

Así, A Coruña se unió a la conmemoración internacional que, desde Asís hasta las comunidades franciscanas de todo el mundo, recordó los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, reavivando su herencia espiritual de fraternidad, pobreza evangélica y paz.



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