top of page

LA ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO. FRANCISCO DE ASÍS

1. Oración ante el crucifijo

Altísimo y glorioso Dios,

ilumina las tinieblas de mi corazón.

Y dame fe recta,

esperanza cierta

y caridad perfecta,

sentido y conocimiento, Señor,

para que cumpla tu santo

y veraz mandamiento. Amén.


2. Doctrina espiritual y experiencia espiritual

La Oración ante el crucifijo de Francisco se encuentra entre los escritos que mejor nos permiten percibir su interioridad y su relación con Dios durante los primeros años de su conversión.

A partir de una lectura atenta del texto es posible extraer, a grandes rasgos, una síntesis de la doctrina espiritual formulada por él y reconocer en ella los rasgos de su vivencia y de su experiencia espiritual.

La doctrina espiritual y la experiencia espiritual, distintas pero al mismo tiempo estrechamente relacionadas entre sí, constituyen respectivamente la dimensión objetiva y la dimensión subjetiva de la espiritualidad que nos transmiten los escritos de Francisco.

Es propio del caso franciscano, en efecto, reconocer la vivencia subjetiva dentro del misterio objetivo de Dios puesto por escrito.


2.1. Doctrina espiritual formulada por Francisco


El primer tema doctrinal que emerge de la oración de Francisco es

la necesidad de ser iluminados en medio de las tinieblas en las que uno se reconoce.

Evidentemente, la luz corresponde al Dios glorioso, altísimo y dador de toda gracia, mientras que las tinieblas corresponden a la condición del ser humano sin Dios.

El binomio luz-tinieblas, presente ya en la Sagrada Escritura, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, es también muy estimado por la Iglesia de los primeros siglos.


Un segundo tema es el de la petición de saber juzgar, comprender y conocer a la luz de la fe, con el fin de poder actuar después de acuerdo con la voluntad de Dios y con sus mandamientos.

El discernimiento y la acción aparecen particularmente vinculados entre sí: son la fe y, de manera especial, el conocimiento los que preceden e impulsan las obras.


Un tercer tema viene sugerido por la utilización del término «mandamiento» en singular, y no «mandamientos», como quizá cabría esperar.

El uso del singular podría hacer pensar que Francisco ya había recorrido el itinerario exegético que, partiendo de los diez mandamientos del Antiguo Testamento, llega al mandamiento nuevo de Cristo.

Este recorrido es característico del evangelista Juan. Son numerosas, en efecto, las citas joánicas relacionadas con este tema. Por ejemplo: «Os doy un mandamiento nuevo» (cf. Jn 13,34) y «Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros» (cf. Jn 15,12.17).

Resulta de particular interés la Primera Carta de Juan, en la que el apóstol trata del mandamiento precisamente dentro de la temática luz-tinieblas, aplicada aquí al amor a Dios y al amor al hermano: si amas, estás en la luz; si odias, estás en las tinieblas (cf. 1 Jn 2,7-11).


Otro tema es el de las virtudes teologales, caracterizadas aquí por adjetivos calificativos específicos: fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta.

Son expresiones que, dentro de su sencillez, manifiestan un profundo conocimiento teológico.


2.2. Experiencia espiritual: la vivencia de Francisco


A partir de la lectura de la Oración ante el crucifijo y de los contenidos teológicos presentes en ella, un paso posterior consiste en buscar el posible eco de una experiencia espiritual.

La oración, tanto por su forma como por sus contenidos, deja traslucir la imagen de un hombre inmerso en el combate interior propio de los primeros años de la conversión.

Lejos de desconocer la doctrina a la que se está acercando, Francisco nos muestra en esta oración que ya se encuentra sumergido en los secretos de Dios y que ya están claros en él los fundamentos de la fe a los que permanecerá fiel durante toda su vida.

Se trata, por tanto, de un hombre que se encuentra al comienzo de la fe y que busca la luz necesaria para comprender qué debe hacer y cómo perseverar en el cumplimiento del mandamiento de Dios.

Pero, al mismo tiempo, es un hombre que ya ha sido tocado por Dios y que es consciente de la dimensión teológica que exige la pertenencia a la Iglesia.


3. Comparación con otros textos de Francisco

Alabanzas al Dios altísimo, las Alabanzas para todas las horas y la Regla no bulada. En todos estos textos aparece como tema constante la distancia que, según Francisco, parece existir entre el ser humano pecador y el Dios altísimo, digno de toda alabanza.

El Testamento, que describe los primeros momentos de la conversión de Francisco, es, sin duda el documento más importante entre los escritos, constituye una relectura de la vida realizada desde la comprensión que Francisco tenía, al final de sus días, de los acontecimientos más significativos, como la conversión.

También resultan muy importantes las tres virtudes teologales de atribución paulina —cf. 1 Cor 13,13—, presentes las tres en la Oración ante el crucifijo.


Desde el punto de vista de la relación con otros textos que no sean escritos de Francisco, debe recordarse la estrecha relación de la oración con la Sagrada Escritura:

  • Sal 18,29;

  • 1 Cor 13,13;

  • Sal 119,34;

  • Jn 13,34;

  • Jn 15,12.17;

  • 1 Jn 2,7-11.¹²


4. Algunas consideraciones finales

A partir del análisis de la Oración ante el crucifijo de Francisco, el periodo de su conversión parece estar caracterizado por una actitud de invocación dirigida a Dios, a quien pide una luz que pueda iluminar sus tinieblas.

Considerándolo atentamente, Francisco, en el momento en que formuló o puso por escrito esta oración, se presenta, por una parte, con los rasgos característicos de un neófito que busca y, por otra, revela la presencia de un encuentro con Dios que ya ha tenido lugar.

Para pedir la luz, en efecto, debía haber experimentado ya de algún modo a Dios.

Solo a partir de una luz vista y experimentada las tinieblas aparecen como tales.

Solo a partir de esa luz es posible invocarla, pidiendo que venga a iluminar las propias tinieblas.

Por tanto, la Oración ante el crucifijo es, sin duda, una oración de los comienzos, pero es también la oración de un Francisco que ya está en camino.

Su paladar ya ha experimentado el sabor de la luz de Dios y, precisamente por eso, experimenta su corazón como tiniebla y siente la necesidad de invocar nuevamente la luz divina.

Esta lógica de la luz, a partir de la cual aparecen las tinieblas y nace la necesidad de invocarla nuevamente, crea un movimiento dinámico entre luz y tinieblas.

Se trata de un verdadero círculo hermenéutico que convierte la Oración ante el crucifijo en una oración, como ya se ha dicho, no solo de los comienzos, sino de cada comienzo y de cada día.

Cada día, en efecto, el ser humano se reconoce en medio de las tinieblas y necesitado de luz.

La Oración ante el crucifijo acompañara a Francisco durante toda su vida, o al menos durante buena parte de ella, y no fue solamente una experiencia perteneciente al amanecer de su camino espiritual y posteriormente abandonada.


Esser, comentando la Oración ante el crucifijo, afirma:

«Precisamente en su forma sencilla y sin adornos, esta oración manifiesta una vez más que Francisco, durante el tiempo de la lucha y de la búsqueda, había penetrado profundamente en los secretos de Dios, aunque no poseyera una formación teológica académica. Será conveniente, por tanto, no insistir demasiado en lo que Francisco dice de sí mismo —idiota, ignorans—. Puesto que él, siendo totalmente pobre, estaba abierto al Dios que quería comunicarse con él, se desplegó en su interior la sabiduría de los santos. Esta oración constituye un precioso testimonio de ello» (Esser, p. 458).

Otra consideración se deriva de la petición precisa que Francisco realiza de las virtudes teologales.

Esta petición pone de manifiesto el conocimiento que Francisco tenía de la fe que la Iglesia de su tiempo poseía y transmitía mediante su tradición bíblica y patrística.

Por tanto, aunque no se pueda situar a Francisco entre los teólogos de su tiempo, tampoco puede considerársele completamente ajeno a los principios doctrinales que poseía la Iglesia de su época.

Si, por una parte, su particular e íntima experiencia espiritual lo conduce a penetrar en los secretos de Dios, por otra, se alimenta de la sabiduría doctrinal de su tiempo.

Esser afirma también:

«Si se piensa que el Enchiridion ad Laurentium, seu de fide, spe et caritate de Agustín era un manual apreciado y difundido para la instrucción cristiana durante la Edad Media, y que las cuestiones sobre las tres virtudes teologales ocupaban un amplio espacio en el libro de las Sentencias de Pedro Lombardo, se podrá admitir fácilmente que el joven Francisco oyera hablar de ellas y fuera impulsado a pedirlas en la oración» (Esser, p. 457).


5. Para saber más:

BIBLIOGRAFÍA

BROWN, Raymond E., Introducción al Nuevo Testamento, edición italiana preparada por Gastone Boscolo, Brescia: Queriniana, 2001, 1130 pp. Edición original inglesa.

ESSER, Kajetan, Los escritos de san Francisco de Asís, nueva edición crítica y versión italiana, Padua: Messaggero, 1982, 645 pp. Edición original alemana.

Fuentes Franciscanas: Escritos y biografías de san Francisco de Asís – Crónicas y otros testimonios del primer siglo franciscano – Escritos y biografías de santa Clara de Asís – Textos normativos de la Orden Franciscana Seglar, nueva edición preparada por Ernesto Caroli, Padua: Editrici Francescane, 2004, 2365 pp.

FRANCISCO DE ASÍS, Escritos, edición de Maria Pia Alberzoni et al., Padua: Editrici Francescane, 2002, 637 pp.

VAIANI, Cesare, Teología y fuentes franciscanas. Indicaciones metodológicas, Milán: Biblioteca Francescana, 2006, 179 pp., colección Presencia de san Francisco, 46.

VON BALTHASAR, Hans Urs, «Teología y santidad», en Verbum Caro, Brescia: Morcelliana, 1968, pp. 210-211. Edición original alemana.


Comentarios


bottom of page