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Dante y Rávena

Actualizado: hace 15 horas

Para preparar nuestra visita a Rávena...

1. Comenzamos con una pregunta


Te pregunto:

¿Quién fue el hombre más importante que vivió en Italia después de san Francisco?

Miguel Ángel.

Leonardo.

Galileo.

...

Dante Alighieri?

Dante es el padre de la lengua italiana. Antes de Dante, el latín era la lengua de la cultura. En la Europa medieval existían dos niveles de lengua: El latín, que era la lengua de la Iglesia, de las universidades, de los documentos oficiales y de la literatura. Y las lenguas vulgares (del latín vulgus, "pueblo"), que eran los idiomas que hablaba la gente en la calle. En Italia no existía todavía un "italiano". Había muchos dialectos: florentino, veneciano, lombardo, napolitano, siciliano, genovés, umbro...

Dante tomó una decisión revolucionaria

Cuando comenzó a escribir la Divina Comedia, pudo haberla escrito en latín. Sin embargo decidió escribirla en la lengua que hablaba la gente de Florencia. Dante quería que todos pudieran leerla, no solo los eruditos.

Antes de escribir la Divina Comedia, Dante redactó un tratado muy importante: De vulgari eloquentia ("Sobre la elocuencia en lengua vulgar"). En él defendía una idea sorprendente para su época: Las lenguas del pueblo también pueden transmitir la verdad, la belleza y la sabiduría.


Un viaje desde la oscuridad hasta la Luz

"El Amor que mueve el sol y las demás estrellas."(Divina Comedia, Paraíso XXXIII)


Cuando pensemos en Rávena, probablemente nos vendrán a la mente sus famosos mosaicos, las antiguas basílicas o el esplendor del Imperio Romano de Oriente. Sin embargo, Rávena es también la ciudad donde descansa uno de los hombres más extraordinarios de la historia: Dante Alighieri.

¿Por qué detenernos en él durante una peregrinación a Asís? ¿Qué tiene que ver un poeta con san Francisco?

Muchísimo.

Porque Dante y Francisco fueron casi contemporáneos. Ambos vivieron en una Italia llena de conflictos políticos y religiosos; ambos soñaron con una Iglesia renovada; ambos comprendieron que el hombre no encuentra la felicidad en el poder, el dinero o el prestigio, sino únicamente en Dios.

Si san Francisco anunció el Evangelio con su vida, Dante lo anunció con su literatura.

No es exagerado decir que, después de san Francisco, Dante ha sido uno de los italianos que más ha influido en la historia espiritual y cultural de Occidente.


La grandeza de Dante consiste, sobre todo, en haber mostrado el camino del hombre hacia Dios.


Un hombre herido que Dios convirtió en maestro.

La vida de Dante estuvo muy lejos de ser tranquila.

Nació en Florencia en 1265. Fue poeta, filósofo, soldado, político, esposo y padre de familia. Era un laico profundamente comprometido con la vida de su ciudad.

Sin embargo, Florencia estaba desgarrada por luchas políticas.

Dante pertenecía al grupo de los llamados Güelfos Blancos, que defendían la autonomía de la ciudad frente a las injerencias políticas del Papa.

Cuando sus adversarios tomaron el poder, fue acusado falsamente de corrupción y condenado al exilio.

Perdió su casa.

Perdió sus bienes.

Perdió su patria.

Nunca volvió a ver Florencia.

Él mismo describirá el dolor del desterrado con unas palabras que aún hoy conmueven:

«Probarás qué amargo es el pan ajeno y qué duro es subir y bajar las escaleras de otra casa.»

Humanamente, parecía un hombre fracasado.

Y, sin embargo, precisamente durante aquellos años de sufrimiento escribió la Divina Comedia.


Finalmente fue acogido en Rávena por la familia Da Polenta. Allí terminó su gran poema y allí murió en 1321.

Su sepulcro se conserva en aquella ciudad, junto al convento de los franciscanos, que ayudaron a guardar su cuerpo para que no se lo llevaran a Florencia.


La Divina Comedia: el libro que habla de todos nosotros

A menudo se piensa que la Divina Comedia es un libro sobre el Infierno.

No lo es.

Tampoco es una novela fantástica ni un simple relato medieval.

Es una inmensa catequesis sobre la vida cristiana.

Todo comienza con unos versos inolvidables:

«A mitad del camino de nuestra vida me encontré en una selva oscura, porque había perdido el camino recto.»

Dante no dice «de mi vida».

Dice «de nuestra vida».

Porque no está contando únicamente su historia.

Está contando la historia de todos.

¿Quién no ha atravesado alguna vez una selva oscura?

La lejanía de Dios, la duda de Dios por una enfermedad, quizás.

El pecado. La soledad. La ansiedad.

La tibieza espiritual.

Todos conocemos momentos en los que parece que hemos perdido el camino.

Es cuando nos asaltan tres fieras.

La pantera representa las tentaciones que seducen con apariencia de bien.

El león simboliza la soberbia y el orgullo de quien cree no necesitar a Dios.

La loba representa el deseo insaciable de poseer: dinero, éxito, placer o poder. Nunca tiene bastante.

Dante comprende una verdad fundamental: solo no puede vencerlas.

Necesita un guía.

Ese guía será primero Virgilio, símbolo de la razón humana, y después Beatriz, imagen de la fe y de la gracia.


La inteligencia es un gran don de Dios. La razón puede llevarnos muy lejos. Pero llega un momento en que ya no basta. Para entrar plenamente en el misterio de Dios hace falta algo más: la fe.


Como diría Benedicto XVI, la razón abre la puerta; la fe nos introduce en la casa.


Del Infierno al Paraíso

Todo el viaje de la Divina Comedia puede resumirse en una sola frase: es el camino de la conversión.

El Infierno no es, para Dante, una colección de castigos espantosos.

Es el lugar donde cada uno permanece encerrado para siempre en el pecado que libremente eligió. O en el que sucumbió.

El orgulloso solo sabe mirarse a sí mismo.

El avaro nunca tiene suficiente.

El lujurioso jamás deja de desear.

No es Dios quien los encierra.

Ellos mismos permanecen voluntariamente en esa prisión.

También hoy comprobamos cómo un pecado repetido termina convirtiéndose en una cárcel.


El Purgatorio, en cambio, está lleno de esperanza.

Allí las almas sufren, sí, pero saben que cada paso las acerca más a Dios.

Es el lugar de la purificación, de la paciencia y de la alegría que nace de saber que el Amor tendrá la última palabra.


Y finalmente llega el Paraíso.

Aquí Dante rompe todos nuestros esquemas.

No describe un lugar lleno de nubes y de ángeles.

Describe una relación.

Todo es luz.

¿Por qué?

Porque en la Biblia la luz es el símbolo de la presencia de Dios.

Cuanto más cerca está una persona del Señor, más luminosa se vuelve.

Nadie compite.

Nadie envidia.

Nadie quiere ocupar el lugar del otro.

Todos participan de la misma felicidad porque todos viven sumergidos en el mismo Amor.

El centro del cielo no es el hombre.

Es la Santísima Trinidad.

Y el cielo consiste precisamente en ser introducidos en esa comunión eterna de amor entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Por eso Dante termina su inmenso poema con uno de los versos más famosos de toda la literatura universal:

«El Amor que mueve el sol y las demás estrellas.»

No dice que el universo esté movido por el poder.

Ni por la fuerza.

Ni por el destino.

Dice que todo está sostenido por el Amor.

Esa es la última palabra del cristianismo.


Francisco de Asís: un nuevo amanecer para la Iglesia


«Nació al mundo un Sol.»

Y añade una frase aún más hermosa:

«Quien quiera hablar con propiedad, no diga Asís; diga Oriente.»

¿Por qué Oriente?

Porque por Oriente nace el sol.

Dante contempla el nacimiento de Francisco como un nuevo amanecer para la Iglesia.

No porque sustituya a Cristo, que es el verdadero Sol, sino porque refleja de manera extraordinaria su luz.

Por eso describe su vida como una gran historia de amor.

Francisco se enamora de la Dama Pobreza.

Abraza el Evangelio con radicalidad.

Reconstruye la Iglesia no con poder, sino con santidad.

Y termina recibiendo en su cuerpo los estigmas de Cristo, el sello de un amor llevado hasta el extremo.

Ahora comprendemos por qué visitar Rávena antes de llegar a Asís tiene tanto sentido.

En Rávena conoceremos al poeta que supo descubrir la belleza de san Francisco.

Y en Asís contemplaremos el lugar donde ese «nuevo sol» comenzó a iluminar el mundo.

Nuestra peregrinación reproduce, de algún modo, el mismo camino de la Divina Comedia: salir de nuestras propias selvas oscuras para dejarnos conducir hasta la luz de Cristo.

Que, cuando regresemos a casa, también nosotros podamos decir que hemos comprendido un poco mejor el secreto de la felicidad cristiana: la vida encuentra su plenitud cuando descubre que todo está sostenido por el Amor que mueve el sol y las demás estrellas.





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Más que una disputa, en la Divina Comedia existe una tensión dramática y profundamente teológica entre los tres personajes principales: Dante Alighieri, Virgilio y Beatriz Portinari. Esa tensión expresa una de las grandes preguntas de toda la Edad Media:

¿Puede el hombre llegar a Dios únicamente con la razón, o necesita la gracia?

Los tres personajes representan tres dimensiones del hombre

No son simplemente tres personas.

Cada uno simboliza una realidad.


Dante

Es todos nosotros.

Es el hombre que busca la verdad.

Es el pecador.

Es el peregrino.

Es la humanidad entera.

Por eso el poema comienza diciendo:

"A mitad del camino de nuestra vida..."

No habla sólo de él.

Habla de todos.


Virgilio

Representa la razón.

La filosofía.

La inteligencia.

La cultura clásica.

La capacidad humana para buscar la verdad.

No olvidemos quién era Virgilio.

Fue el gran poeta romano pagano.

Vivió antes de Cristo.

Nunca conoció el Evangelio.

Sin embargo...

Dante lo admira profundamente.

¿Por qué?

Porque la razón también es un regalo de Dios.

La filosofía puede descubrir muchas verdades.

Puede enseñar la virtud.

Puede denunciar el pecado.

Puede conducir al hombre hasta el umbral del misterio.

Pero...

no puede abrir la puerta.


Beatriz

Beatriz representa algo completamente distinto.

La gracia.

La revelación.

La fe.

El amor divino.

Es ella quien envía a Virgilio para rescatar a Dante.

Es decir:

la razón comienza a actuar porque la gracia ya ha actuado antes.

Eso es precioso.

La gracia siempre tiene la iniciativa.


El gran momento dramático

Uno de los episodios más emocionantes ocurre al final del Purgatorio.

Virgilio desaparece.

Sin despedirse.

Sin hacer ruido.

Simplemente...

ya no está.

Entonces aparece Beatriz.

¿Por qué?

Porque la razón ha llegado hasta donde podía llegar.

A partir de ahora sólo la fe puede conducir al hombre.

Dante escribe uno de los momentos más conmovedores de toda la obra.

Al darse cuenta de que Virgilio ha desaparecido...

llora.

Como un niño.

Había aprendido a confiar totalmente en él.


Beatriz no lo consuela

Y aquí viene la sorpresa.

Uno espera que Beatriz abrace a Dante.

No.

Lo reprende.

Con enorme dureza.

Le recuerda cómo se había alejado de Dios.

Cómo había desperdiciado los dones recibidos.

Cómo había buscado falsos amores.

Muchos lectores se escandalizan.

Pero Dante quiere enseñar algo muy importante.

El amor verdadero no siempre acaricia.

A veces corrige.

Porque quiere salvar.


Virgilio acepta sus límites

Lo más hermoso es que Virgilio nunca compite con Beatriz.

Nunca dice: "Yo soy suficiente."

Al contrario.

Acepta humildemente que su misión ha terminado.

Es uno de los personajes más nobles de toda la literatura.

Conduce a Dante hasta donde puede.

Y luego desaparece.

Sin protagonismo.


La enseñanza teológica

Aquí aparece una idea fundamental de santo Tomás de Aquino.

La gracia no destruye la naturaleza.

La perfecciona.

La razón no es enemiga de la fe.

La prepara.

Virgilio no fracasa.

Cumple perfectamente su misión.

Simplemente...

no puede hacer aquello para lo que no fue creado.


Un detalle precioso

Al principio del poema...

es Beatriz quien busca a Virgilio.

No al revés.

Eso significa que la razón nunca inicia por sí sola el camino de la salvación.

Siempre existe antes una llamada de Dios.

La gracia toma la iniciativa.

La razón responde.

El hombre camina.


Una comparación que entenderán todos


"Imaginad una catedral. La razón es como el magnífico pórtico de entrada. Nos lleva hasta la puerta y nos hace admirar la belleza del edificio. Pero no basta quedarse en la puerta. Para entrar hay que dar un paso más. Ese paso es la fe. Virgilio lleva a Dante hasta el umbral; Beatriz lo introduce en el interior. La razón nos conduce hasta Cristo; la gracia nos une a Él."

Francisco no despreciaba la inteligencia. La Orden Franciscana dio grandes teólogos como Buenaventura de Bagnoregio y Juan Duns Escoto. Pero Francisco sabía que conocer a Dios no es solo pensar correctamente sobre Él, sino amarle y dejarse transformar por su gracia. Por eso le dijo a San Antonio: es bueno que enseñes, pro que la sabiduría no apague el espíritu de oración.

En el fondo, ese es también el mensaje de Dante: la razón puede llevarnos muy lejos, pero el camino culmina cuando el amor de Dios nos toma de la mano y nos introduce en su propia vida.


SI QUIERES PROFUNDIZAR MAS EN LA LECTURA DE LA DIVINA COMEDIA...


Es un poema épico, género literario que consiste en la narración en verso de las hazañas de los héroes. Tales hazañas constituyen un modelo de virtud, sean verdaderas o ficticias. Este texto representa un compendio de la cultura y el conocimiento medieval, tanto en lo religioso como en lo filosófico, científico y moral.

Originalmente, el poema se llamó Comedia, nombre que designaba las obras con finales felices, por oposición al concepto clásico de la tragedia. Cuando Giovanni Boccaccio recibió el encargo de escribir sobre la obra, la llamó Divina comedia para evidenciar la centralidad de los valores cristianos.



Estructura y características de la Divina comedia de la siguiente manera:

  • Un canto introductorio.

  • Tres capítulos llamados Infierno, Purgatorio y Paraíso.

  • Cada capítulo está dividido en treinta y tres cantos.

  • La obra suma cien cantos en total.

  • El infierno está formado por nueve círculos.

  • El purgatorio está formado por nueve estancias divididas en: la antesala, los siete gradas y el paraíso terrenal.

  • El paraíso está estructurado en nueve esferas y el empíreo.

  • Todos los cantos están escritos en terza rima —verso creado por Dante—, cuyas estrofas están compuestas por tercetos endecasílabos de rima entrelazada.


Argumento de la obra y el resumen por cada capítulo:

Infierno, Purgatorio y Paraíso.


Dante, alter ego del poeta, se encuentra perdido en medio de una selva oscura. Al amanecer, llega a una montaña iluminada, donde es asediado por tres animales simbólicos: un leopardo, un león y una loba. El alma de Virgilio, el poeta latino, acude en su auxilio y le hace saber que su amada Beatriz le ha encomendado llevarlo hasta las puertas del paraíso. Para eso, deberán pasar primero por el infierno y el purgatorio.

En la primera parte de la travesía, Virgilio acompaña al peregrino a través de nueve círculos infernales, en los cuales Dante vislumbra los escarmientos que sufren los pecadores impíos.

En la segunda parte, el poeta peregrino conoce el Purgatorio, lugar en que las almas pecadoras, pero contritas, purifican sus pecados para ascender al cielo.

En la tercera parte, Dante es recibido por Beatriz en las puertas del paraíso, ya que Virgilio tiene la entrada prohibida por ser pagano. Dante conoce el firmamento y atestigua la victoria de los santos y la gloria del Altísimo.

Iluminado y convertido por la revelación, el poeta peregrino regresa a la Tierra y decide dar testimonio de su viaje en un poema para advertencia y consejo de la humanidad.

Los personajes principales de la Divina comedia son esencialmente:

  • Dante, el poeta peregrino, que representa la condición humana.

  • Virgilio, poeta de la antigüedad clásica que representa el pensamiento racional y la virtud.

  • Beatriz, el amor adolescente de Dante, quien representa la fe.


Junto a estos, Dante hace mención, a lo largo del poema, de diversos personajes de la historia antigua, bíblica y mitológica. Hace referencia también a figuras reconocidas de la vida florentina del siglo XIV.


El infierno

¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza!

La primera parte de la Divina comedia es el infierno. Dante y Virgilio pasan primero donde se encuentran los cobardes, a los que el escritor tilda de inútiles. Al llegar al río Aqueronte, los poetas se encuentran al barquero infernal, Caronte, que lleva las almas hasta la puerta del infierno. Sobre la puerta se lee la siguiente inscripción: ¡Oh, vosotros los que entráis, abandonad toda esperanza! El infierno está estructurado por nueve círculos, donde los condenados se encuentran distribuidos según sus culpas.


Primer círculo (no bautizados)

El primer círculo es el limbo o anteinfierno. En él se encuentran las almas que, aunque virtuosas, no conocieron a Cristo o no fueron bautizadas, incluido el propio Virgilio. Su pena es no poder gozar de los dones de la vida eterna. De él, sólo han sido liberados los patriarcas de Israel.


Segundo círculo del infierno (lujuria)

Reservado a los culpables de lujuria, uno de los pecados capitales. Desde la entrada, Minos examina a las almas y determina el castigo. Allí se encuentra Francesca Rímini, una mujer noble de Italia que se hizo símbolo del adulterio y la lujuria tras su trágico final.


Tercer círculo (gula)

Reservado al pecado de la gula. Las almas sufren en un pantano infectado con lluvia helada. En este círculo se encuentra el can Cerbero y Ciacco.


Cuarto círculo del infierno (avaricia y prodigalidad)

Reservado al pecado de la avaricia. Los despilfarradores también tienen un lugar en él. El lugar está presidido por Pluto, a quien el poeta representa como un demonio de la riqueza.


Quinto círculo (ira y pereza)

Reservado a los pecados de la pereza y la ira. Flegias, hijo del dios Ares y rey de los lápitas, es el barquero que lleva las almas por la laguna Estigia hasta la ciudad infernal de Dite. Los poetas se encuentran a Felipe Argenti, enemigo de Dante. Al verlos, los demonios se encolerizan.


Sexto círculo (herejía)

Se manifiestan las Furias de la torre de Dite y Medusa. Un ángel los socorre abriendo las puertas de la ciudad para avanzar al círculo de los incrédulos y heresiarcas, condenados a los sepulcros ardientes. Se encuentran a los nobles epicúreos Farinata degli Uberti, gibelino y adversario de Dante, y Cavalcante Cavalcanti, de la casa güelfa. Virgilio le explica al poeta los pecados según la escolástica.


Séptimo círculo del infierno (violencia)

Reservado a los violentos, entre quienes se cuenta a los tiranos. El guardián es el Minotauro de Creta. Los poetas son llevados por el centauro Neso a través de un río de sangre. El círculo se divide en tres aros o girones, según la gravedad del pecado: violentos contra el prójimo; violentos contra sí mismos (suicidas incluidos); y violentos contra Dios, la ley natural y el arte.


Octavo círculo (fraude)

Reservado a los fraudulentos y seductores. Se divide en diez fosos circulares y concéntricos. Aquí se castiga a los rufianes, aduladores, cortesanas, practicantes de la simonía, adivinos e impostores, barateros (corruptos), hipócritas, ladrones, consejeros del fraude, cismáticos y promotores de discordia y, finalmente, falsificadores y alquimistas.


Noveno círculo (traición)

Reservado a los traidores. Los poetas se encuentran con los titanes y el gigante Anteo los lleva en brazos al último abismo. Está dividido en cuatro fosas distribuidas de la siguiente manera: traidores a los parientes, a la patria, a sus comensales y a sus benefactores. En el centro se encuentra el mismo Lucifer. Desde allí, salen al otro hemisferio.


El purgatorio

Resurja aquí la muerta poesía, ¡oh, santas Musas que me dais confianza! ¡Alce Calíope un tanto su armonía, y acompañe mi canto la pujanza con que de nueve Urracas el respiro, ahogó, de remisión, sin esperanza!

El purgatorio es el lugar del trasmundo donde las almas purifican sus pecados para poder aspirar al cielo. Esta idea, muy anclada en el imaginario medieval, es la que toma Dante.

Por invocación de las Musas, el poeta llega a las orillas de la isla del purgatorio, ubicada en el hemisferio austral. Allí se encuentran a Catón de Útica, a quien Dante representa como el guardián de las aguas. Catón los prepara para el tránsito por el purgatorio.


Antepurgatorio

Los poetas llegan al antepurgatorio en la barca impulsada por un ángel. Se encuentran el músico Casella y otras almas. Casella canta una canción del poeta. Al llegar, Catón les reprende y el grupo se dispersa. Los poetas notan la presencia de los conversos tardíos y de los excolmulgados por su contumacia (negligentes procrastinadores de la conversión, los muertos repentinamente y los muertos violentamente).

Más adelante, el trovador italiano, Sordello da Goito, los guía a la presencia de los monarcas que deben purgar su ambición de poder. Entre ellos se cuentan las casas reales de Bohemia, Francia, Aragón, Provenza, Sicilia y de la Pulla.

En la noche, mientras Dante duerme, Lucía lo transporta hasta la puerta del purgatorio. Al despertar, el custodio graba en su frente siete "P" en alusión a los pecados capitales, marcas que desaparecerán en la medida en que ascienda al cielo. El ángel abre las puertas con las llaves místicas del arrepentimiento y la conversión.


Primera grada (soberbia)

El aro primero o primer círculo del purgatorio está reservado al pecado de la soberbia. Allí contemplan ejemplos escultóricos de humildad, como el pasaje de la Anunciación. Más adelante también contemplan imágenes del orgullo en sí, como los pasajes de la Torre de Babel. Dante pierde la primera letra "P".


Segunda grada (envidia)

Está reservado a los que purgan la envidia. Nuevamente, contemplas escenas ejemplares de virtud encarnadas en la Virgen María, el propio Jesús predicando el amor al prójimo o pasajes de la antigüedad.


Tercera grada (ira)

El círculo tercero está destinado al pecado de la ira. Virgilio explica a Dante el sistema moral del purgatorio y se reflexiona sobre el amor mal conducido. El punto central es afirmar el amor como principio de todo bien.


Cuarta grada (pereza)

Está reservado al pecado de la pereza. Tiene lugar una importante discusión sobre el libre albedrío y su relación con las acciones humanas que surgen del amor, tanto para el bien como para el mal. También se recuerdan los efectos de la pereza.


Quinta grada (avaricia)

En el quinto círculo se purga la avaricia. En un rellano del purgatorio, los poetas contemplan ejemplos de la virtud de la generosidad. El purgatorio tiembla a causa de la liberación del alma de Estacio, un maestro y poeta latino que le rinde honores a Virgilio.


Sexta grada (gula)

En este aro se purga el pecado de la gula. Estacio cuenta que, gracias a las profecías de la IV Égloga de Virgilio, se libró de la avaricia y acogió el cristianismo en secreto. Sin embargo, fue este silencio lo que le valió la condena. Se encuentran los penitentes sometidos a hambre y sed. Dante se sorprende de ver a Foresto Donati, salvado por las oraciones de su esposa.


Séptima grada (lujuria)

Reservado a los lujuriosos. Virgilio explica la generación del cuerpo y la infusión del alma. Desde un círculo en llamas, los lujuriosos cantan loas a la castidad. Se encuentran con los poetas Guido Guinizelli y Arnaut Daniel. Este último le pide oración. Un ángel anuncia que Dante debe atravesar las llamas para llegar al paraíso terrenal. Virgilio lo encomienda a su libre albedrío.


El paraíso terrenal

En el paraíso terrenal, Matilde, una virgen del medioevo, se ofrece a guiarlo y mostrarle las maravillas del paraíso. Inician una travesía por el río Leteo y aparece una procesión precedida por los siete dones del Espíritu Santo. La procesión representa el triunfo de la Iglesia. Beatriz aparece y lo insta al arrepentimiento. El poeta es sumergido en las aguas del Eunoes y se regenera.


El paraíso

El paraíso de la Divina comedia está estructurado en nueve esferas, y las almas están distribuidas según la gracia alcanzada. Virgilio y Dante se separan. El poeta inicia con Beatriz el viaje hacia el empíreo, donde Dios habita.


Primera esfera, la Luna (espíritus que quebrantaron el voto de castidad)

La primera esfera es la Luna, cuyas manchas representan a aquellos que faltaron a los votos de castidad. Beatriz explica el valor de los votos ante Dios y qué puede hacer el alma para compensar su falta. Inicia el camino al segundo cielo donde, al llegar, lo alcanzan varios espíritus activos y benéficos.


Segunda esfera, Mercurio (espíritus activos y benéficos)

El espíritu del emperador Justiniano le informa a Dante que en Mercurio están aquellos que dejaron grandes obras de acción o pensamiento para la posteridad. El poeta pregunta por qué Cristo decidió el destino de la cruz como salvación. Beatriz le expone la doctrina de la inmortalidad del alma y la resurrección.


Tercera esfera, Venus (espíritus amantes)

La esfera tercera es Venus, destino de los amantes que lograron dominar su pasión. El poeta se encuentra a Carlos Martel, heredero del trono húngaro, quien expone dos casos contrarios en su propia familia. Luego, Fulco de Marsella que señala los pecados de Florencia, especialmente la avaricia del clero.


Cuarta esfera, el Sol (doctores en filosofía y teología)

La cuarta esfera es el Sol, donde se encuentran los doctores en teología y filosofía. Ante las dudas que Dante manifiesta, los sabios responden y enseñan. Santo Tomás de Aquino aclara la superioridad de Adán y de Jesucristo respecto a la sabiduría de Salomón. Le habla también de san Francisco de Asís. San Buenaventura elogia a Santo Domingo.


Quinta esfera, Marte (mártires)

La quinta esfera es Marte. Está dedicada a los mártires de la cristiandad, tomados como guerreros de la fe. Las almas de los mártires son luces que se aglomeran formando una cruz. Beatriz elogia a los caídos en las cruzadas, y Dante se encuentra con su antepasado Cacciaguida, quien fue cruzado. Este predice el exilio de Dante.


Sexta esfera, Júpiter (gobernantes justos)

Es la esfera dedicada a los buenos gobernantes, donde Júpiter funciona como alegoría (como dios de los dioses griegos). Allí, Dante se encuentra con los grandes jerarcas de la historia considerados justos, como Trajano, de quien una leyenda dice haberse convertido al cristianismo.


Séptima esfera, Saturno (espíritus contemplativos)

Saturno, la séptima esfera, es donde reposan los que hicieron vida contemplativa en la tierra. Allí conversan Dante y San Damián sobre la doctrina de la predestinación, el monacato y los malos religiosos. San Benedicto le expresa también su decepción frente al destino de su orden. Dante y Beatriz inician el paso a la octava esfera.


Octava esfera, estrellas (espíritus triunfantes)

La octava esfera corresponde a las estrellas de la constelación de géminis, que simbolizan a la Iglesia militante. Allí, aparecen Jesucristo y la Virgen María, a cuya coronación asiste. Beatriz pide para Dante el don del entendimiento. San Pedro lo interroga sobre la fe; Santiago, sobre la esperanza, y San Juan evangelista sobre el amor. Dante sale victorioso.


Novena esfera, cristalino (jerarquías angélicas)

El poeta atisba la luz de Dios, rodeado por nueve anillos de cortes celestiales. Beatriz le explica a Dante la correspondencia entre la creación y el mundo celeste, y son descritos los ángeles siguiendo las enseñanzas de San Dionisio.


El Empíreo (Dios, ángeles y beatos)

Dante asciende, finalmente, al empíreo, un lugar más allá del mundo físico conocido, la verdadera morada de Dios. El poeta es envuelto en la luz y Beatriz se revestida de inusual belleza. Dante distingue una gran rosa mística, símbolo del amor divino, en la que las almas santas hallan su trono. Beatriz obtiene su lugar junto a Raquel. Dante será conducido en su tramo final por San Bernardo. La Santísima Trinidad se manifiesta a Dante en forma de tres círculos idénticos. Tras ser iluminado, Dante abre su entendimiento y comprende el misterio del amor divino.

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