27 abr
Catedral de Spoleto
- Fray Dino

- hace 1 día
- 6 min de lectura
El duomo de Spoleto, cuyo nombre oficial es catedral de la Asunción de María (en italiano: cattedrale di Santa Maria Assunta), es el duomo —principal lugar de culto— católico de la ciudad de Spoleto, iglesia madre de la archidiócesis de Spoleto-Norcia.
La catedral se construyó entre 1151 y 1227 en lugar de un edificio preexistente; en el interior, en el ábside, se encuentra el valioso ciclo de frescos de Filippo Lippi Storie della Vergine Historias de la Virgen, pintados en los últimos años de vida del artista, entre mayo de 1467 y septiembre de 1469.

Historia
La catedral de la Asunción de María fue construida en estilo románico en el último tercio del siglo XII para reemplazar a una iglesia preexistente de Santa Maria del Vescovato (siglos VIII-IX).
A principios del siglo XIII se levantó la fachada y se terminó el campanile. Por diseño, la fachada fue retocada varias veces, hasta que asumió la forma actual de fachada a "capanna" "choza". Por lo tanto, se puede decir que la fachada se completó, tal como ha llegado hasta hoy, en 1207, año en que se colocó y firmó el mosaico de Solsterno.
En 1491, se añadió el pórtico de la fachada de estilo renacentista, obra de Antonio Barocci y de su taller, para dar mayor magnificencia a la catedral. Por ello, para su construcción se decidió intercalar entre la capilla de la Asunción y el campanile, un elemento formado por cinco arcos, rematados por un rico entablamento ornamentado y una terraza superior, que permitía exponer los iconos de la Virgen durante la fiestividad de la ciudad.
Entre los siglos XVII y XVIII, el interior de la catedral sufrió una profunda reforma de estilo barroco. En 1608, Maffeo Barberini se convirtió en arzobispo de Spoleto e inmediatamente manifestó su intención de querer cambiar el aspecto de la catedral. Más tarde se convirtió en papa con el nombre de Urbano VIII y pudo completar su obra gracias también a la ayuda de su sobrino Francesco Barberini, quien a su vez se convirtió en arzobispo de Spoleto.
Las obras de reestructuración interior sólo se completaron a finales del siglo XVIII, cuando Giuseppe Valadier se encargó de diseñar los edículos de las naves laterales, los altares principales de los transeptos y el altar mayor.
A destacar
En el nicho central, está el mosaico Cristo in trono fra la Madonna e San Giovanni Evangelista.

A la izquierda de la fachada se levanta el campanile del siglo XIII (reformado posteriormente) de planta cuadrada; en cada uno de los cuatro lados, en la parte superior, hay una una bifora (ventana geminada llamada también ajimez).que da al propio campanario. El campanile termina con una aguja octogonal

El interior de la catedral es de estilo barroco (siglo XVII) y tiene planta de cruz latina, con tres naves de seis tramos cada una, transepto, ábside semicircular y cúpula sin tambor para cubrir el crucero. En las dos naves laterales se abren numerosas capillas añadidas a finales del siglo XVIII por Giuseppe Valadier. La nave central y el transepto se cubren con bóveda de cañón con lunetos, mientras que las naves laterales lo están con bóveda de crucería.

Presbiterio
Más allá del crucero, alineado con la nave central, está el ábside del siglo XV, con los valiosos frescos de Filippo Lippi (1467-1469) que representan las Storie della Vergine.

Las capillas
En el interior hay numerosas capillas, todas con una inmensa riqueza pictórica; los altares de mármol policromado y piedras semipreciosas (ágatas, cornalinas, jaspes, lapislázulis) de las naves laterales y del transepto están dispuestos de forma simétrica y especular. Así como el altar mayor son obra de Giuseppe Valadier, arquitecto neoclásico, por encargo del papa Pío VI.
Cappella della Madonna della Manna d'oro.
Esta catedral tiene para nosotros, franciscanos, un enrome significado.
Aquí comenzó el camino espiritual de San Francisco.
Iba Francisco a la guerra en Apulia. El Conde Gentil reunió en Spoleto a todos los jóvenes de la región que se alistaron para esta guerra, que buscaba recuperar para el estado del Papa, algunos territorios que le había quitado el emperador.
Aquel ejército se reunió en esta catedral para recibir la bendición del obispo de Spoleto y después de aquella noche partirían para el sur de Italia.
Pero esa noche pasó algo.
En esa catedral se conserva aún un Cristo románico, semejante al de San Damián. Francisco miró y oró ante ese Cristo. Seguramente le dijo en su oración.
¿Señor, qué quieres que haga?
Y Cristo a través de esta imagen le contestó:
"Francisco, ¿A quien quieres servir: al siervo o al Señor?
Francisco le contestó: "Al Señor, por supuesto"
Y Cristo le dijo: " Entonces, vuelve a Asís y ya te diré lo que quiero de ti"
El Señor es Dios, el siervo es el Papa.


Y esta catedral conserva otro tesoro franciscano:
La carta que escribió San Francisco a Fr. León: Hermano León, tu hermano Francisco te desea salud y paz. Así te digo, hijo mío, como una madre, que todo lo que hemos hablado en el camino, brevemente lo resumo y aconsejo en estas palabras, y si después tú necesitas venir a mí por consejo, pues así te aconsejo: Cualquiera que sea el modo que mejor te parezca de agradar al Señor Dios y seguir sus huellas y pobreza, hazlo con la bendición del Señor Dios y con mi obediencia. Y si te es necesario en cuanto a tu alma, para mayor consuelo tuyo, y quieres, León, venir a mí, ven.


Y tras esta parada en Spoleto nos vamos a Asís.

Día 1 – La llamada
«¿A quién quieres servir?»
Hola peregrinos: Spoleto 20 julio 2026.
En Spoleto comenzamos nuestro camino siguiendo las huellas de san Francisco.
Cuando pensamos en Francisco solemos imaginar al santo de Asís, al amigo de los pobres, al hermano universal. Pero antes de llegar a ser todo eso, Francisco fue un joven lleno de sueños, proyectos e ilusiones.
Quería triunfar.
Quería ser importante.
Quería convertirse en caballero.
Con apenas veinte años partió hacia la guerra buscando gloria y prestigio.
Como muchos jóvenes de su tiempo, soñaba con una vida grande, reconocida y admirada. Ser caballero y tener su propio castillo.
Pero en el camino ocurrió algo inesperado.
En la ciudad de Spoleto, durante la noche, tuvo un sueño.
Y en aquel sueño escuchó una voz que le hizo una pregunta que cambiaría toda su vida:
«Francisco, ¿quién puede hacerte más grande, y más noble, el señor o el siervo?»
Francisco respondió:
«El señor.»
Y la voz continuó:
«Entonces, ¿por qué sirves al siervo en lugar de al Señor?»
Francisco comprendió que estaba buscando muchas cosas buenas, pero no estaba buscando lo más importante. Había puesto sus esperanzas en los honores humanos cuando Dios lo llamaba a algo mucho más grande.
Aquella pregunta sigue resonando hoy para nosotros:
¿A quién queremos servir?
Porque todos servimos a alguien o a algo.
A veces servimos al éxito.
A veces a la imagen.
A veces al dinero.
A veces a nuestras seguridades.
A veces incluso a nuestros propios planes.
Pero Jesús nos recuerda:
«Buscad primero el Reino de Dios y su justicia» (Mt 6,33).
La peregrinación que hoy iniciamos es una oportunidad para escuchar nuevamente esa pregunta que transformó a Francisco.
No hemos venido solamente a visitar lugares santos.
Hemos venido a escuchar la voz de Dios.
Quizá el Señor no nos hable en sueños como a Francisco.
Quizá nos hable a través de una oración.
De una conversación.
De un momento de silencio.
De una Eucaristía.
De un paisaje.
O de un hermano peregrino.
Lo importante es mantener el corazón abierto.
Francisco regresó de Spoleto sin saber todavía adónde lo conduciría Dios.
Solo sabía una cosa: quería servir al Señor.
Y eso fue suficiente para comenzar una aventura que cambió la historia de la Iglesia.
Tal vez nosotros tampoco conozcamos todavía todo lo que Dios quiere hacer en nuestra vida.
Pero hoy podemos decir con sencillez:
«Señor, quiero servirte. Muéstrame tu camino.»
Palabra de Dios
«Habla, Señor, que tu siervo escucha.»(1 Samuel 3, 10)
Palabra de San Francisco
«Oh Alto y glorioso Dios,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta,
esperanza cierta
y caridad perfecta.»
Preguntas para el camino
¿Qué es lo que más ocupa hoy mi corazón?
¿Qué sueños estoy persiguiendo?
¿Hay algo que me impide escuchar la voz de Dios?
¿Qué espero recibir de esta peregrinación?
Oración
Señor Jesús,
como llamaste a Francisco en el camino de Spoleto,
llámanos también a nosotros.
Haznos descubrir lo que verdaderamente vale la pena.
Líbranos de servir a falsos señores.
Danos un corazón libre para seguirte.
Que durante esta peregrinación aprendamos a escucharte
y a reconocer tu voluntad.
Amén.
































































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