27 abr
Felzi día de San Antonio y su bendición sea sobre ti.
- Fray Dino

- hace 1 día
- 4 min de lectura
Paz y Todo bien
Hoy celebramos a San Antonio de Padua.
Todos lo conocemos como el santo de las cosas perdidas…
pero el gran drama de nuestro tiempo es que estamos perdiendo
algo mucho más importante que unas llaves o una cartera:
estamos perdiendo la capacidad de escuchar la voz de Dios.
Y por eso hoy quiero pedirle a San Antonio
vocaciones para la Iglesia,
santos para esta parroquia,
cristianos que seamos felices sirviendo a los demás.
Porque Dios sigue llamando.
Pero vivimos rodeados de ruido.
San Antonio era un hombre joven, inteligente, brillante.
Podría haber tenido una vida cómoda, admirada, tranquila.
Y sin embargo, un día escuchó hablar
de unos frailes franciscanos
que habían dado la vida por Cristo en Marruecos.
Y algo se rompió dentro de él.
Comprendió que una vida centrada solo en uno mismo
acaba siendo demasiado pequeña para el corazón humano.
Un cristiano, todos nosotros, tenemos que saber que
“Nuestra vida no va de nosotros mismos”.
Pues cuando uno vive solo para sí mismo
para su comodidad, su éxito, su imagen,
termina vacío.
El alma humana fue hecha para el don,
para la misión, para el amor que se entrega.
Por eso nosotros, cristianos,
experimentamos también ese deseo de entregarnos,
Nadie entrega su vida a Cristo
porque alguien le convenza con argumentos perfectos.
La entrega nace cuando descubrimos
una belleza tan grande que todo lo demás se queda pequeño.
Eso le pasó a Antonio de Padua.
Descubrió a Cristo.
Y ya nada volvió a saberle igual.
Hace unos días, el Papa León XIV,
hablando a los jóvenes en España,
decía:
“No tengáis miedo de darle vuestra vida a Cristo”.
Y añadía que una vocación no es renunciar a vivir,
sino descubrir para qué merece la pena vivir.
Porque el mundo de hoy nos dice:
“no te compliques”,
“no te comprometas”,
“vive para ti”.
Pero Cristo sigue diciendo:
“Sígueme”.
Y cuando alguien de nosotros,
escucha esa voz, ocurre algo misterioso:
sea un joven para ser sacerdote,
sea un adulto para servir con más cariño...
empezamos a sentirnos más nosotros mismos que nunca.
Hoy muchos jóvenes nunca llegan siquiera a plantearse la pregunta vocacional.
No porque sean malos.
No porque no tengan generosidad.
Sino porque nadie les ha enseñado a escuchar a Dios.
Vivimos en una cultura que entretiene constantemente,
pero que casi nunca deja silencio.
Y Dios habla bajito.
Dios no grita.
Dios llama como llamó a Samuel en la noche,
como llamó a Francisco ante el crucifijo de San Damián,
como llamó a Antonio en lo profundo del corazón.
Por eso hoy quiero dirigirme especialmente a los padres y a las madres.
No tengáis miedo de hablar a vuestros hijos de vocación.
El mundo os dirá que una vocación es “perder” un hijo.
Pero el Evangelio dice exactamente lo contrario:
cuando una vida se entrega a Dios, esa vida se multiplica.
Mirad a San Antonio.
Ocho siglos después seguimos pronunciando su nombre.
Cuantos han visto la misericordia de Dios a través de San Antonio?
Porque una vida entregada nunca desaparece:
se convierte en fecundidad para el mundo.
Quizá alguna madre aquí ha rezado para que su hijo tenga éxito.
Quizá algún padre ha rezado por un gran futuro para sus hijos.
Pero yo os pregunto con cariño:
¿Habéis rezado alguna vez para que hagan la voluntad de Dios?
¿Habéis rezado alguna vez diciendo:
“Señor, si quieres llamar a mi hijo al sacerdocio, a la vida religiosa,
a la misión o a la santidad…
aquí estoy para ayudarte”?
La Iglesia necesita hoy familias valientes.
Familias que no apaguen la llamada de Dios por miedo.
Familias que comprendan que una vocación es una gracia:
es una bendición inmensa.
Las vocaciones Nacen en casas donde se reza.
En hogares donde se habla de Dios con naturalidad.
En familias donde los hijos ven
que Jesucristo no es un adorno cultural, sino alguien vivo.
San Antonio predicaba con tal fuego que la gente lloraba al escucharlo.
¿Por qué?
Porque hablaba de alguien que conocía.
No transmitía teorías. Transmitía una amistad.
Y el mundo de hoy necesita hombres y mujeres enamorados de Cristo.
Nadie ha sido más libre, más feliz ni más fecundo
que aquellos que se atrevieron a decirle sí a Cristo.
Le pido a San Antonio que vuelve a pasar por nuestra parroquia
el milagro de despertar corazones dormidos.
Por eso quiero terminar pidiendo algo muy concreto:
Padres: rezad por vuestros hijos.
Pero no solo para que estén sanos.
No solo para que tengan trabajo.
No solo para que les vaya bien.
Rezad para que sean santos.
Rezad para que escuchen la voz de Dios.
Rezad para que tengan el coraje de responder.
Jóvenes: atreveos a preguntarle al Señor:“¿Qué quieres de mí?”
Porque el mundo cambia cuando alguien le dice a Dios:“Aquí estoy”.
Y quizá el próximo San Antonio…
pase estos días por esta iglesia.
Amén.
Bendición de los niños:
Señor Jesús, que hiciste sonreír a San Antonio con el abrazo del Niño Dios, bendice a estos niños y niñas que tanto te quieren. Dales un corazón alegre, unas manos generosas, igual que la de San Antonio, y una boca que diga siempre la verdad.
Protégelos con tus ángeles, guíalos con tu Espíritu ,y enséñales a seguir tus pasos con inocencia y voluntad. Que, como San Antonio, amen tu Palabra, cuiden de los pobres y sean testimonio de tu presencia.
Y que la bendición de Dios todopoderoso,Padre, Hijo ✚ y Espíritu Santo,descienda sobre ustedes y los acompañe siempre.Amén.




































































Comentarios