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¿Por qué peregrinamos?

Catequesis 01:


Queridos peregrinos:


Dentro de poco comenzaremos una peregrinación, mucho más que un desplazamiento. Un turista visita lugares; un peregrino busca encontrarse con Dios. Ese es nuestro objetivo, como el de Francisco de Asís.


Abrahán escuchó la voz del Señor: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre hacia la tierra que yo te mostraré» (Gn 12,1). La fe comenzó con un camino.

El pueblo creyente peregrinó durante cuarenta años por el desierto aprendiendo a confiar en Dios. No fue un tiempo perdido, sino una escuela de fe.

También Jesús fue peregrino. Cada año subía a Jerusalén con María y José (Lc 2,41). Y toda su vida fue un camino hacia la Pascua.

Los cristianos entendemos la vida como una peregrinación. Como dice la Carta a los Hebreos: «No tenemos aquí ciudad permanente, sino que andamos buscando la futura» (Hb 13,14).


Nosotros peregrinamos porque necesitamos salir de nuestra rutina para escuchar mejor a Dios. Y en este caso para conocer un poco más a Francisco de Asís y su propuesta de seguimiento y discipulado de Cristo. Dejamos por unos días nuestras preocupaciones, horarios y seguridades para ponernos en camino y dejarnos sorprender por el Señor.


San Francisco entendió muy bien esto. En su Regla escribió a los hermanos: «Como peregrinos y forasteros en este mundo» (Regla Bulada VI, 2). Para él, toda la vida cristiana consistía en caminar ligeros, sin aferrarnos a nada, sabiendo que nuestra verdadera patria está en Dios.


Durante esta peregrinación visitaremos iglesias, santuarios y lugares santos. Pero el lugar más importante que vamos a visitar es nuestro propio corazón, justo allí donde estará esperándonos el Corazón de Cristo.


Pidamos al Señor la gracia de caminar con ojos atentos, corazón agradecido y espíritu disponible.

Que podamos regresar a casa no solo con fotografías y recuerdos, sino con una fe más profunda, una esperanza más firme y un amor más grande.


Oración

Señor Jesús, compañero de camino

de los discípulos de Emaús,

camina también con nosotros.

Abre nuestros ojos para reconocerte,

abre nuestros oídos para escuchar tu voz,

como Francisco a los pies del Cristo de San Damián,

abre nuestro corazón para acoger tu gracia.

Que esta peregrinación nos acerque más a Ti,

a la Iglesia y a nuestros hermanos.

Amén.



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