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JHR, en verdad ha resucitado!

Llegamos a la fiesta de las fiestas,

llegamos a la razón de ser misma del Cristianismo.

San Pablo dijo, “Si Cristo no resucitó, nuestra fe es en vano”.

Así que todo en la vida Cristiana se desenvuelve alrededor de la Resurrección.

Y la Iglesia nos da, cada año, maravillosamente, el pasaje del Evangelio de Juan, el relato de la mañana de Pascua.

 

Juan destaca especialmente sobre María Magdalena, que tuvo esta gran amistad con el Señor Jesús.

Llega temprano en la mañana; está oscuro todavía —ese es el simbolismo Juanino del pecado, y de la muerte, y del no comprender, todo eso.

Ella advierte que la gran piedra ha sido corrida, y entonces, inmediatamente, sospecha que ha habido un robo de la tumba.

¿Alguien se ocuparía de acomodarla de regreso?

¿Por qué alguien lo haría?

Así que de inmediato corre a buscar a Simón Pedro y los otros discípulos y dice, “Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto”.

Es la oscuridad.

Ella está todavía actuando dentro de un marco de referencia convencional, si se quiere, intentando entender lo que ha visto a la luz de lo que ella ya conoce.

Luego esta escena.

Los dos discípulos, al escuchar esto, se alarmaron, estoy seguro, también se intrigaron, llenándose de preguntas.

Entonces Pedro y Juan corren como locos hasta la tumba, y se nos cuenta que el joven Juan aventajó al veterano Pedro y llega primero a la tumba y mira dentro.

 

Graham Greene, el gran novelista Católico del siglo XX que se convirtió a la fe, dijo que una de las razones de su conversión fue esta escena, y la leyó con ojos de novelista.

 

¿Por qué habrían incluido ese raro detallecito de que Juan llegó primero a la tumba, a menos que en realidad sucediera? A menos que fuera algo recordado vívidamente.

Al modo en que relatarían la historia de algo que significara mucho para vosotros, donde recordarais cada detalle estrafalario de aquello.

 

Eso conmovió a Graham Greene como una señal de que no se trataba de mitología ni leyenda sino de algo que era recordado vívidamente.

Juan mira dentro de la tumba.

Eventualmente, llega Pedro, entra en el sepulcro.

¿Qué es lo que ven?

Y esto es algo sobre lo que San Juan coloca un gran acento.

los lienzos sepulcrales se menciona un par de veces.

Y luego incluso mencionan el lienzo que estuvo envolviendo su cabeza y que fue cuidadosamente enrollado y colocado en otro sitio.

Y vosotros diréis: “Sí, de acuerdo, están recordando este evento. El cuerpo de Jesús no está. ¿Por qué se concentrarían tanto en los lienzos sepulcrales?”.

Bueno, esta es la respuesta inmediata; qué raro habrá parecido aquello.

Si el cuerpo de Jesús ha sido robado, los ladrones, imagínaos, querrían entrar y salir bastante rápido.

Y ¿por qué se habrían molestado desenredando el cadáver?

Y luego, ¿por qué habrían salido con un cuerpo desvestido?

Parece muy raro.

¿No habrían simplemente cargado el cadáver envuelto y se lo habrían llevado?

Y luego, profundicemos,

¿por qué extraña razón los ladrones se habrían molestado en enrollar, esmeradamente, la venda de la cabeza y colocarla en un lugar separado?

Hubo obviamente algo muy peculiar alrededor de estos lienzos que captó su atención.

Aquí hay algo más.  

Me pregunto si vieron algo sobre esos lienzos.  

Me pregunto si habría marcas en esos lienzos.  

Y me pregunto, además, ¿si acaso los podemos ver en la actualidad?

De modo que los mismos lienzos sepulcrales que señalaron a estos primeros discípulos el hecho de la Resurrección podrían jugar el mismo rol hoy para nosotros.

Ahora, sin dudas, ya saben me estoy refiriendo a la reliquia más famosa de la Cristiandad, el Sudario de Turín, guardada actualmente en un cofre en la Catedral de Turín en Italia.

 

Puedes ver en ella, incluso a simple vista, puedes ver los tajos en sus muñecas y pies.

Puedes ver la herida del costado.  

Puedes ver marcas de sangre y otros indicadores de un gorro de espinas.

Esta es la reliquia que es venerada como el lienzo que vieron estos discípulos, el lienzo que cubrió el cuerpo de Cristo en la tumba.

Ahora, quien haya investigado un poco acerca del sudario, sabrá que el momento más extraordinario fue en 1898, cuando se lo fotografió por primera vez.

Ha estado dando vueltas por siglos y la gente lo ha visto, estas marcas de color ladrillo, un poco difusas.

Pero en 1898, se lo fotografió por primera vez.

Y el fotógrafo, para su infinita sorpresa, mientras revelaba sus fotografías, notó que el negativo de la foto que había tomado era una imagen exquisitamente detallada del hombre del sudario.  

Una imagen exquisitamente detallada de su rostro y de su cuerpo lastimado.  

Se dio cuenta de que lo que vemos en el sudario no es una imagen positiva, es una imagen negativa, por lo que el negativo del negativo genera este positivo extraordinario.

Pero una vez que los académicos comprendieron eso, y una vez que los científicos se dedicaron a ello en los años 70, descubrieron muchísimos detalles.

 

Es interesante cómo las heridas están en la muñeca, no en la palma de la mano.

Cualquier artista plástico Cristiano pondría las heridas en la palma de la mano.

Pero en la muñeca es más realista, donde esos huesos soportarían el clavo.

Las heridas en las muñecas y los pies y el costado.

Mencioné el gorro de espinas.

Con mayor detalle de análisis, pueden verse todas las heridas de la flagelación correspondiendo precisamente a la evidencia que tenemos de los azotes que utilizaban los soldados romanos de aquella época.

Más aun, descubrieron polen y otras evidencias biológicas que muestran que el sudario estuvo en el área de Judea, más precisamente Jerusalén.

Se encuentra incluso, cuando fue observado cuidadosamente, un resto de una moneda de Poncio Pilato en los ojos, que se habrían colocado en los ojos de Cristo muerto.

Por estas y muchísimas otras razones, la gente se dio cuenta que este era el mismo sudario que vieron aquellos discípulos la mañana de Pascua, lo que los condujo, tal como escuchamos, a ver y creer.  

El mismo sudario que los condujo a ver y creer.

Ahora podrías decir, “De acuerdo, digamos que es una imagen de este hombre, que fue crucificado largo tiempo atrás. ¿Por qué pensar que es evidencia de la Resurrección?”.

 

Son las marcas mismas.

Lo que confundió a los científicos —todavía los confunde— ¿qué son estas marcas?

¿De dónde provienen?

Está muy claro ahora, luego de horas y más horas de análisis científico, que las marcas que se pueden ver en el sudario no son de pigmentación, no provienen de ningún tipo de coloración.

Existen solo en la fina superficie de las fibras del sudario.

Cualquier tipo de pigmento hubiera penetrado más profundo.

¿Qué las produjo?

La mejor suposición —porque nadie ha sido capaz de reproducirlo, ya que estamos, algunos lo han intentado, utilizando todos los medios científicos que tenemos hoy, producir esa imagen negativa extraordinaria de un cuerpo, y no pueden lograrlo.

¿Cuál es la mejor suposición de los científicos que han examinado el sudario?

Algo como una intensa explosión de radioactividad, una intensa explosión de energía radiactiva.  

Proveniente, de paso, de todas las dimensiones del cuerpo, porque el sudario está grabado con una especie de tridimensionalidad.  

Proviniendo del cuerpo entero en un solo momento, en una fracción de segundo, esta intensa explosión de radiación produjo estas marcas.  

 

Los Cristianos asienten con sus cabezas y dicen, “Ajá”.

El momento de la Resurrección.

El momento en que el cuerpo de Cristo es traído de regreso a la vida por el poder del Espíritu Santo.

Y dejando atrás, maravillosamente, en los lienzos sepulcrales de Jesús, dejando atrás marcas que indican el hecho de la Resurrección.

 

Ellos vieron y creyeron.

¿Acaso no es asombroso? Es una especie de milagro, dada la larga historia del sudario, que recorrió desde Jerusalén y varias partes diferentes de Europa que podemos identificar —Asia también— cómo logró llegar finalmente hasta Turín, llegando finalmente hasta nuestro tiempo, donde también la podemos ver con nuestros propios ojos.  

Vieron y creyeron.

Les he dicho esto antes, pero en la época en que me convertía en adulto, había una tendencia en reducir la Resurrección a un símbolo.

Era una repetición más del mito del Dios muerto y resucitado.

Era un medio literario de expresar el hecho de que la causa de Jesús seguía adelante.

Una forma de expresar que la fe de los discípulos continuaba junto a lo que él enseñó, etc.

Incluso cuando estaba incorporando todo eso cuando joven, pensaba “si eso es todo lo que es, ¿a quién le importa?”.

Si eso es todo lo que es, entonces bueno, puedo referirme a cualquier personaje inspirador del mundo antiguo y decir, “Su pensamiento sigue adelante, y su inspiración continúa.  

Así que, sí, él resucitó de la muerte también”.

Pero eso no es lo que están afirmando.

Eso no es lo que están afirmando.  

Piensa de nuevo en Graham Greene.

Estás recordando, vívidamente, aquella mañana.

Aquella mañana en que Pedro y Juan corrieron a la tumba.

Eso no es un mito difuso al que nos referimos, no es una leyenda ni un símbolo ni nada de eso.

Ese es un momento recordado vívidamente.

Y miraron dentro de la tumba y esperaban ver el cuerpo de Jesús, pero no estaba allí.

Pero allí estaban estas peculiares… y entonces imagínate, cuando las miraron más detenidamente, estos lienzos sepulcrales extraños y maravillosos que abrieron la puerta, de todas formas, a su creencia en la Resurrección.

 

Me pregunto, hoy, se sabe que vivimos en un tiempo escéptico.

Lo sé.

Especialmente en relación a las afirmaciones del Cristianismo, que son afirmaciones históricas, que son entonces difíciles de verificar independientemente.

Tenemos que regresar a estos textos.

Entiendo que la gente sea escéptica.

 

los mismos lienzos sepulcrales que largo tiempo atrás abrieron la puerta a la fe podrían tal vez hacer lo mismo hoy, y conducirnos así a la verdad del Cristo resucitado.

 

Escuchamos la semana pasada al centurión, “Verdaderamente este hombre es el Hijo de Dios”.

¿Qué ratificó la afirmación de Jesús sobre sí mismo?

Su Resurrección, su Resurrección corporal de la muerte.

Cuando vieron eso, supieron que era quien decía ser.

Que los mismos lienzos sepulcrales nos conduzcan hoy hacia esa misma fe.






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