top of page

Así fue el origen del ser humano

hace 45 minutos
33 min de lectura

según Génesis 1-2:

La versión más antigua del AT está escrita en hebreo, y suele designarse con el término TaNaK, que contiene las iniciales de los tres grandes bloques de libros del AT para los judíos:

la Torah (= “Ley”, coincidente con nuestro Pentateuco),

los Nebiim (= “Profetas”)

y los Ketubim (= “Escritos”).

Esta edición fue creciendo, reinterpretándose y traduciéndose al griego, dando origen a la Septuaginta (LXX), o Biblia de “los Setenta”, que incluyó más libros que los existentes en la TaNaK. Fue la versión principalmente adoptada por los judíos del siglo I, y también por la Iglesia.


La TaNaK, también llamada simplemente la Biblia hebrea, titula el primer libro del AT con su primera palabra: Bereshit, que significa al principio”.

La Septuaginta llama a este libro “Génesis”, que significa “origen”, remitiendo así al contenido de libro, que narra los orígenes de la humanidad.


El Génesis contiene dos de las tres grandes historias del Pentateuco:


La primera, la narración teológica de los orígenes, ocupa los once primeros capítulos, y su protagonista es la principal criatura de Dios: Adán (o Adam), que literalmente significa “terreno, formado de la tierra arcillosa (la adamá)”, o incluso “terrícola”.

Teniendo en cuenta la incapacidad semítica para la abstracción filosófica podría traducirse como “ser humano” o “humanidad”. No es por tanto un nombre propio de persona, ni alude en sí mismo al sexo femenino o al masculino.

El nombre Adán en estos capítulos remite al ser humano recién creado sobre la faz de la tierra, del que proceden todos los seres humanos y, en cuanto tal, a veces se refiere a los hombres en general.


En estas páginas los autores de la Biblia confiesan su fe con un lenguaje de imágenes, en el que a veces toman elementos de mitos de los pueblos vecinos, transformándolos o reinterpretándolos bajo la acción del Espíritu Santo, desde la creencia en un Dios único.


Todas las importantes cuestiones que atañen a la humanidad tienen aquí́ una primera respuesta: quién ha hecho el mundo, cómo apareció el hombre en la tierra... El intento de armonizar estos textos con la ciencia moderna sería un error, pues no es su intención formar científicos.

Ciencia y libro del Génesis se mueven en planos diversos, hablan de cuestiones distintas, aunque se toquen.

La ciencia habla de cómo funcionan las cosas, qué leyes las rigen;

el Génesis habla de teología, del sentido del mundo, de su origen, del legislador, a un nivel que va más allá de la ciencia y sobre el que la ciencia no tiene competencia.


1.- Primer relato de la Creación (Gn 1,1–2,4a)

Este texto es conocido en el mundo exegético como relato “sacerdotal”, porque durante gran parte del siglo XX se le ha considerado procedente de una fuente escrita con ese nombre.

Hoy, más bien, le llamamos “primer relato” de la creación, pues la clasificación tradicional de las fuentes del Pentateuco hoy día está muy cuestionada.

Este relato quiere responder a la pregunta ¿por qué existe el mundo?, y en ese sentido es más cosmológico y “científico” que el segundo relato, aunque su redacción fue posterior al segundo relato.


Es característico de este relato presentar la creación en una estructura de siete días, lo cual quiere indicar de antemano aspectos muy importantes:

  • El tiempo ha sido creado y en él se desarrolla “la historia”: no es circular, no existe el eterno retorno, sino que el tiempo es progresivo; la historia tiene un inicio y camina hacia un fin, hacia una plenitud, manifestada en el séptimo día, sin ocaso.

  • El relato no tiene la intención de marcar cuánto tardó Dios en crear el universo, pues sería una incoherencia con el mismo relato: en tal caso, debería haber creado el sol el primer día, y no el cuarto, para poder tener días (que es el tiempo en que el sol da una vuelta completa) y contarlos. La intención del texto es narrativa: la creación va de menos a más, caminando a su fin.

  • A su vez, afirma que hay progresión en la creación. Dios no hace que todo exista a la vez, como en otros relatos mesopotámicos, sino que Dios está constantemente creando, desde el primer día hasta el sexto, que es el presente, el día en el que existe el hombre. Se trata, por tanto, de una creación continua, en la que cada vez va apareciendo más perfección en las criaturas.


La estructura de la semana creadora tiene forma de díptico, estableciéndose una correlación entre:

+los tres primeros días (donde se crean y se separan los espacios de los seres que los van a habitar y adornar) . Los tres primeros días se caracterizan por una acción predominante de Dios de “separar” y “ordenar”,

+y los tres días siguientes, en los que aparecerán los habitantes de los espacios previamente creados. Acción más creadora de nuevos seres de los siguientes días (el 4º, 5º y 6º), que serán como los “adornos” que embellecerán los espacios previamente creados:


Gn 1. A tener en cuenta:

  • El séptimo día no encaja en el díptico, pues no tiene correspondencia con ningún otro día. Es su culmen, su plenitud. Es el día final, el descanso divino hacia el que camina toda la Creación.

  • Leemos Gn 1 la luz de Jn 1, pues ambos empiezan del mismo modo: “En el principio...”. Ambos pasajes están estrechamente unidos, tanto a nivel literario como teológico. Juan subraya que antes de crear, ya existe en Dios el dialogo Padre-Hijo/Verbo, y que lo característico de la creación es haber sido creada en y por Jesucristo.

  • En Gn 1 puede percibirse, a la luz del NT, la sutil presencia de la Trinidad creadora:

    +el Padre es el Dios que crea (v. 1: “creó Dios=Elohim”),

    +el Espíritu Santo es el que aletea sobre las aguas poniendo orden en el caos (v. 2: “el Espíritu de Dios=Ruah Elohim”),

    +y el Hijo es la Palabra por medio de la cual Dios crea todas las cosas, “hablando” (v. 3ss: “y dijo/habló Dios:… y así fue”).

  • El relato asume el esquema cosmológico de oriente medio, donde se conciben dos cielos: la cúpula celeste (es el cielo que vemos, que sujeta las aguas de la lluvia), y otro cielo superior a éste (que es donde habitan Dios y sus ángeles). Que el relato lo asuma no significa que quiera enseñar que el universo es así.


El mensaje teológico que contiene el Génsis ya marca la diferencia con otras concepciones paganas y se sitúa en línea con la revelación que culmina en Cristo:


  • Frente a las afirmaciones del paganismo o religiones egipcias, que adoraban al sol y demás seres celestes, Gn 1 subraya que los astros no son Dios, sino criaturas al servicio del hombre para iluminarle, guiarle y ayudarle a regular el tiempo.

  • Frente a las religiones que adoraban a los animales, como los egipcios, Gn 1 enseña que ni los animales ni nada de lo que vemos es Dios. Al contrario, todo lo que vemos procede del único Dios.

  • Frente a las filosofías y creencias que consideraban a la materia mala en sí misma, o condenada a la corrupción, Gn 1 insiste en que todo lo que existe es bueno en sí mismo (“vio Dios todo lo que había creado, y era muy bueno”).

  • Gn 1 se sitúa en un plano distinto al de la ciencia. No pretende hacer una descripción científica de cómo surgió el universo, sino afirmar su dependencia ontológica de Dios, causa última de todo lo que existe. La creación, sin embargo, implica una acción singular de Dios al inicio, haciendo que empiece a existir la materia por un acto de su poder: el universo pasa del no ser al ser.

  • Por otra parte, el relato no muestra ninguna contradicción o incompatibilidad con las hipótesis sobre el origen del universo más extendidas, que conciben un largo proceso de formación del mismo hasta alcanzar su forma actual. De hecho, el relato parece sugerirlas al presentar a Dios creando sucesivamente a lo largo del tiempo, y no haciendo surgir todo en un único acto creador. Es más, si la materia va evolucionando cada vez hacia mayor perfección, esto solo es posible porque Dios mismo sigue impulsando a la materia desde dentro hacia una plenitud que ella misma no puede darse.


Los versículos referidos a la creación del ser humano (cf. Gn 1,26-28) son especial- mente importantes. La parte central tiene tres afirmaciones clave:


“Creó, pues, Dios al ser humano (Adam) a imagen suya, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó”.

El ser humano es imagen de Dios, que –como enseña San Juan– es Amor, sobre todo por su capacidad de amar. Y amar, implica conocer lo que se ama (inteligencia), así como una dimensión espiritual (el alma). También es imagen de Dios (relación de tres personas divinas) en cuanto que es un ser relacional (varón y hembra). E incluso en su diferenciación sexual como varón o hembra, es imagen de Dios; pero no aisladamente, sino en relación el uno con el otro, pues el hombre ha sido creado para la comunión.

La creación converge en el ser humano, existe por él y para él, pues es en la lógica del relato es el último ser creado por Dios. Los siguientes datos lo muestran con claridad:

  • Todo lo creado culmina en él y existe para él: “mandad en los peces del mar y en las aves del cielo, y en las bestias y en todas las alimañas terrestres, y en todos los reptiles que reptan por la tierra”.

  • Después del hombre, Dios no crea nada más.

  • El espacio dedicado a su creación en el texto es mayor que en el resto de criaturas.

  • Al crearlo, Dios hace una deliberación especial, ausente en los otros seres, que indica la importancia de lo que va a hacer: “Hagamos al ser humano”.

  • El hombre es la única criatura creada a imagen de Dios, según su semejanza.

  • Recibe una especial bendición divina: “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sometedla”.

  • Dios le otorga un dominio sobre toda la creación, para que la gobierne en Su nombre: “manden”.

Ahora bien, el fin último de la creación no es el ser humano, creado el sexto día, sino Dios mismo, el único protagonista del séptimo día, y su descanso, al que se invita a participar al hombre, su imagen. Es el día que no termina, que no tiene fin, a diferencia de los seis anteriores.

El texto también enseña que la creación del ser humano implica a su vez una acción directa de Dios sobre la materia del universo, haciendo a una criatura suya imagen de su ser y con alma espiritual; algo que nunca puede producirse por pura evolución de la materia.


El primer relato describe cómo Dios crea y ordena el universo mediante su palabra. La creación aparece organizada en seis días, seguidos de un séptimo día dedicado al descanso divino.

Día

Obra creadora

Primero

Dios crea la luz y la separa de las tinieblas.

Segundo

Crea el firmamento y separa las aguas superiores de las inferiores.

Tercero

Separa la tierra seca de los mares y hace brotar la vegetación.

Cuarto

Crea las lumbreras del cielo para señalar los días, las estaciones y los años.

Quinto

Crea los peces y las aves.

Sexto

Crea los animales terrestres y al ser humano, varón y mujer, a su imagen y semejanza.

Séptimo

Dios descansa, bendice y santifica el séptimo día.

Ideas fundamentales:

  • Dios es el único creador de todo cuanto existe.

  • La creación es buena, ordenada y querida por Dios.

  • Dios crea por el poder de su palabra: «Y dijo Dios...».

  • El ser humano posee una dignidad especial porque ha sido creado a imagen y semejanza de Dios.

  • El hombre y la mujer comparten esa dignidad.

  • Dios encomienda al ser humano una responsabilidad sobre la creación.

  • El descanso del séptimo día establece un ritmo sagrado para la vida.

La expresión «Y vio Dios que era bueno» se repite a lo largo del relato. Al concluir su obra, Dios contempla todo lo creado y reconoce que es «muy bueno» (Gn 1,31).

Mensaje principal: el universo no es fruto de una lucha entre divinidades ni del azar sin sentido dentro del horizonte teológico del relato, sino que procede de la voluntad libre de un único Dios, que crea un mundo bueno y ordenado.


2.3 Segundo relato de la creación (Gn 2,4b-25)

El primer relato era conocido como “relato sacerdotal” porque muchos lo consideraron tomado de una fuente escrita atribuida a un autor llamado “el sacerdotal”.

A este segundo relato, los exegetas del siglo XX lo llamaron “relato yahvista de la creación”, porque lo consideraron procedente de una fuente escrita anterior a la sacerdotal y llamada “yahvista” (pues en ella se menciona a Dios no solo Elohim, sino Yahvé-Elohim).

Hoy día, sin embargo, estas tradiciones escritas están muy cuestionadas.

Por eso, es más adecuado llamar a este texto simplemente el “segundo relato de la creación”.

No se trata de una continuación del primer relato, sino de una narración independiente, colocada detrás y complementaria de Gn 1.


Se caracteriza por presentar a Dios con antropomorfismos, como artesano del barro, jardinero que planta un jardín, médico que saca una costilla... haciendo así más cercana la figura de Dios al lector.

Es un relato fundamentalmente antropológico, pues está centrado en el ser humano y sus cuestiones fundamentales: ¿Por qué existe el hombre? ¿Para qué? ¿Por qué existe el mal y el sufrimiento? ¿Qué esperanza queda al hombre frente al sufrimiento y la muerte?

A pesar de que algunos autores han señalado semejanzas de Gn 2 con un dato del Gilgamesh (el dios Aruru quiso hacer una copia de Gilgamesh, a Enkidu, separando arcilla y escupiendo en ella) o unos bajo relieves en Egipto (el dios Chnum aparece plasmando figuras en la rueda del alfarero), lo cierto es que la originalidad teológica del relato en medio de la cultura mesopotámica es indiscutible.


El segundo relato de la creación, recogido en Génesis 2, constituye una narración teológica expresada mediante imágenes simbólicas. Su finalidad no es describir científicamente cómo aparecieron el hombre y la mujer, sino revelar verdades fundamentales sobre su origen, su dignidad, su libertad, su vocación y sus relaciones con Dios y con el resto de la creación.

El relato presenta al ser humano como una criatura especialmente querida por Dios, creada para vivir en comunión con Él, con los demás y con el mundo. La existencia humana aparece como un don divino acompañado de una misión y de una responsabilidad moral.


2.3.1. La creación de Adán: el hombre como centro de la creación

Dios forma a Adán del polvo de la tierra. La imagen presenta a Dios como un alfarero que modela personalmente su obra, poniendo especial cuidado en su creación.

El hecho de que Dios forme al hombre con sus propias manos expresa su cercanía, su amor y la importancia que concede a esta criatura.

En este segundo relato, Adán aparece como la primera criatura formada por Dios, y los demás elementos del jardín se disponen en relación con él. De este modo, el texto destaca el lugar central que ocupa el ser humano en la creación.

Sin embargo, su grandeza no procede de sí mismo, sino de Dios, que le concede la existencia.

La imagen contiene dos afirmaciones fundamentales:

  • El hombre pertenece al mundo material, porque ha sido formado del polvo de la tierra.

  • Su vida es un don divino, porque Dios comunica al hombre su aliento de vida.

El ser humano comparte su condición material con el universo, pero mantiene una relación singular con Dios.

Por tanto, el hombre no es una criatura cualquiera: está llamado a reflejar la imagen divina y a vivir en comunión con su Creador.


2.3.2. Los dos árboles del jardín: la vida y la libertad

En medio del jardín aparecen dos árboles particularmente importantes: el árbol de la vida y el árbol del conocimiento del bien y del mal.

Estos árboles no deben interpretarse como especies botánicas concretas, sino como símbolos teológicos que expresan aspectos esenciales de la condición humana.


2.1. El árbol de la vida: la vocación a la comunión con Dios

El árbol de la vida representa la posibilidad de alcanzar la plenitud para la que el ser humano ha sido creado.

Según la interpretación teológica desarrollada en el texto, esa plenitud consiste en la participación en la vida divina, la santidad y la comunión definitiva con Dios.

El ser humano no ha sido creado solamente para existir biológicamente, sino para alcanzar una vida plena en relación con su Creador.

Comer del árbol de la vida simboliza, en esta lectura, alcanzar la plenitud de la vocación humana mediante la elección del amor a Dios por encima de todas las cosas.

Idea esencial: la finalidad última de la existencia humana es la comunión con Dios, que constituye su verdadera felicidad y plenitud.


2.2. El árbol del conocimiento del bien y del mal: la dimensión moral de la libertad

El segundo árbol introduce un aspecto decisivo: la capacidad humana de elegir entre el bien y el mal.

El texto destaca que aquí aparece por primera vez la palabra «mal» en la Biblia.

Según la interpretación propuesta, la existencia del árbol muestra que los actos humanos poseen una dimensión moral. El ser humano puede actuar conforme a la voluntad de Dios o rechazarla.

Dios permite que el hombre coma de los árboles del jardín, pero le prohíbe comer del árbol del conocimiento del bien y del mal.

Esta prohibición muestra que el hombre tiene capacidad para desobedecer, pero también responsabilidad para elegir correctamente.

La posibilidad de pecar existe porque el hombre ha sido creado libre.


2.3. La libertad es buena, aunque permite elegir el mal

Una enseñanza fundamental del relato es que la libertad constituye un don bueno de Dios.

Si el ser humano no pudiera elegir entre obedecer y desobedecer, sus acciones carecerían de verdadero valor moral.

La libertad hace posible el amor, porque amar exige una entrega voluntaria.

Por consiguiente, la existencia del árbol no es mala. Representa la posibilidad de elegir y, por tanto, la condición necesaria para una relación de amor auténtico.

El problema no reside en la libertad, sino en su utilización.

  • No comer del árbol significa emplear la libertad para obedecer a Dios y elegir el bien.

  • Comer del árbol significa utilizar la libertad contra la voluntad divina y elegir el pecado.

La desobediencia lleva a la muerte porque supone una ruptura de la comunión con Dios, fuente de la vida.

Conclusión: Dios crea al hombre libre para que pueda amar. La misma libertad que permite alcanzar la comunión con Dios también hace posible rechazarla.


2.3.3. La misión del hombre: cultivar y guardar el jardín

Dios coloca a Adán en el jardín del Edén con una misión concreta: cultivarlo y custodiarlo.

El trabajo aparece, por tanto, como una realidad anterior al pecado.

No constituye originalmente un castigo, sino una tarea positiva que forma parte de la vocación humana.

El ser humano recibe el encargo de colaborar responsablemente con Dios en el cuidado de la creación.


El significado sacerdotal del trabajo humano

El texto destaca la importancia de los dos verbos hebreos empleados: ‘abad (trabajar, servir) y šamar (guardar, custodiar).

Cuando aparecen juntos en determinados textos del Pentateuco, se utilizan para describir funciones relacionadas con el servicio sacerdotal y el cuidado del santuario.

Esta relación permite interpretar la misión de Adán desde una perspectiva sacerdotal.

El ser humano está llamado a convertir el mundo en un gran templo donde Dios sea reconocido y glorificado.

Su tarea consiste en trabajar, transformar y cuidar la creación de tal manera que esta manifieste la presencia y la gloria divina.

Por tanto, el dominio humano sobre el mundo no debe entenderse como explotación, sino como responsabilidad y servicio.

234. La creación de los animales y el descubrimiento de la soledad humana

Después de crear al hombre, Dios reconoce que no es bueno que esté solo.

Esta afirmación resulta especialmente significativa porque introduce una carencia dentro de una creación que se presenta como buena.

El ser humano necesita relaciones para alcanzar su plenitud.

Dios forma los animales y los presenta ante Adán, quien les da nombre.

Sin embargo, ninguno constituye una ayuda verdaderamente adecuada para superar su soledad.

Los animales pueden proporcionar compañía y ayuda, pero no son capaces de establecer con el hombre una relación de reciprocidad plenamente humana.

De esta manera, el relato revela que la persona no ha sido creada para vivir aislada.

El ser humano es esencialmente relacional: necesita encontrarse con otros seres humanos para desarrollar plenamente su existencia.

Esta dimensión relacional alcanza una expresión singular en la relación entre el hombre y la mujer.


235. La creación de Eva: igualdad de dignidad y complementariedad

La mujer no es formada directamente del barro, como los animales, sino a partir del propio Adán.

Esta diferencia posee un profundo significado teológico.

Indica que el hombre y la mujer participan de la misma humanidad, poseen idéntica dignidad y están llamados a una relación de comunión.

La mujer no es una criatura inferior ni un simple instrumento destinado al servicio del varón.

Es alguien semejante a él, capaz de establecer una relación personal de reciprocidad.


El simbolismo de la costilla

El texto recoge una interpretación de Génesis Rabbá, un antiguo comentario rabínico.

Según esta interpretación, la mujer no fue formada de los pies del hombre, porque no está destinada a ser pisoteada; tampoco de su cabeza, porque no fue creada para dominarlo.

Fue formada de su costado, a la altura del corazón, porque está destinada a ser amada.

Esta explicación pretende expresar simbólicamente la igualdad, la cercanía y la comunión entre el hombre y la mujer.

Ambos poseen la misma dignidad y, al mismo tiempo, están llamados a una relación de complementariedad.

Idea esencial: la diferencia sexual no implica desigualdad de dignidad. El hombre y la mujer comparten una misma naturaleza humana y están llamados al amor y a la comunión.


236. El matrimonio: una realidad fundada en la creación

Génesis 2,24 presenta una afirmación fundamental para la comprensión bíblica del matrimonio:

«Por eso deja el hombre a su padre y a su madre, y se une a su mujer, y se hacen una sola carne».

Según el texto estudiado, el matrimonio no es solamente una institución cultural establecida por las sociedades humanas, sino una realidad vinculada al proyecto creador de Dios.

La unión entre el hombre y la mujer forma parte de la vocación original de la humanidad.

El pasaje permite distinguir tres momentos.


6.1. Primer momento: abandonar la familia de origen

El hombre deja a su padre y a su madre para comenzar una vida nueva junto a su mujer.

Esto expresa la creación de una nueva comunidad familiar.

El matrimonio exige una decisión que modifica las relaciones anteriores y establece una nueva unidad de vida.

No significa despreciar a los padres, sino reconocer que comienza una responsabilidad diferente y una nueva forma de pertenencia.


6.2. Segundo momento: unirse mediante la entrega personal

El segundo momento es la unión entre el hombre y la mujer.

El texto interpreta esta unión como una entrega personal expresada mediante la palabra.

La persona humana posee la capacidad de comunicar su interioridad, comprometerse libremente y ofrecerse a otra persona.

Por medio de la palabra, el hombre y la mujer pueden expresar una decisión de pertenencia mutua, fidelidad y exclusividad.

Esta entrega supone un compromiso que nace de la libertad y del amor.

La palabra pronunciada no se limita a comunicar sentimientos: expresa una decisión que afecta a toda la existencia.

El matrimonio nace de la voluntad libre de entregarse mutuamente y formar una comunidad estable de vida.


6.3. Tercer momento: convertirse en una sola carne

La expresión «una sola carne» es interpretada en el texto como la culminación corporal de la unión personal.

El acto conyugal manifiesta físicamente la comunión que previamente ha sido asumida mediante la entrega libre y el compromiso mutuo.

Por tanto, la unión sexual no se entiende como un simple encuentro biológico, sino como una expresión de la unión integral entre las personas.

El texto insiste en que, para que el acto sexual exprese auténticamente el amor, debe corresponder a una entrega personal verdadera.

Sin esa entrega, existiría una contradicción entre el significado corporal de la unión y la realidad de la relación.

Desde esta perspectiva, el matrimonio integra tres dimensiones inseparables:

la libertad,

el compromiso personal

y la unión corporal.


6.4. Importancia del relato para el Nuevo Testamento

Este pasaje de Génesis constituye una referencia decisiva para la enseñanza de Jesús sobre el matrimonio.

Cuando Jesús aborda la cuestión del divorcio, remite al proyecto original de Dios expresado en la creación (cf. Mt 19,4-6; Mc 10,6-9).

Por ello, Génesis 2 ocupa un lugar central en la fundamentación bíblica de la doctrina cristiana sobre el matrimonio.


237. La desnudez sin vergüenza: la armonía original

El capítulo concluye con una afirmación de gran profundidad:

«Estaban ambos desnudos, el hombre y su mujer, pero no se avergonzaban uno del otro» (Gn 2,25).

El texto interpreta esta situación como una expresión de perfecta comunión.

El hombre y la mujer no experimentan miedo, desconfianza ni vergüenza porque ninguno contempla al otro como una amenaza.

La relación está caracterizada por la transparencia, la confianza y el reconocimiento de la dignidad mutua.

No existe todavía una ruptura entre la persona y su cuerpo, ni entre el deseo y el amor.

La desnudez simboliza una relación en la que cada uno puede mostrarse ante el otro sin temor a ser utilizado o humillado.

La ausencia de vergüenza expresa la armonía original entre el hombre y la mujer, fundada en un amor que no amenaza la intimidad del otro.


Esta situación prepara el contraste con Génesis 3, donde la aparición del pecado irá acompañada de la vergüenza, el miedo y la ruptura de la confianza.


238. Las cuatro relaciones fundamentales del ser humano

Una de las ideas centrales del texto es que el hombre no fue creado como un individuo aislado.

Su identidad se constituye mediante relaciones que forman parte de su propia naturaleza.

El relato distingue cuatro relaciones fundamentales.


8.1. Relación con Dios

Es la relación más fundamental, porque Dios es el origen de la existencia humana.

El hombre depende de Dios no solamente porque ha sido creado por Él, sino porque recibe de Él el aliento de vida y está llamado a reflejar su imagen.

Esta relación se expresa mediante la cercanía entre el Creador y su criatura.

El hombre está destinado a conocer, amar y vivir en comunión con Dios.


8.2. Relación con la tierra

El hombre ha sido formado de la tierra y comparte su condición material con el universo.

No es una realidad ajena al mundo creado.

Al mismo tiempo, recibe una responsabilidad especial sobre él: cultivarlo, custodiarlo y transformarlo de acuerdo con la voluntad divina.

La creación debe convertirse en un lugar donde se manifieste la gloria de Dios.


8.3. Relación con los demás seres humanos

La creación de Eva expresa que la persona necesita relaciones con otros seres humanos.

La comunión interpersonal forma parte de la vocación humana.

Esta necesidad se manifiesta de manera especial en la relación entre el hombre y la mujer, donde la unión de las personas puede expresarse también corporalmente.


8.4. Relación con los animales

Los animales aparecen como criaturas que pueden ayudar y acompañar al hombre.

El hecho de que Adán les dé nombre expresa su capacidad de conocer, ordenar y ejercer responsabilidad sobre el mundo animal.

El texto interpreta este gesto como símbolo del conocimiento humano, la ciencia, la técnica y la civilización.

Sin embargo, el dominio recibido no debe ejercerse de manera despótica.

El hombre está llamado a relacionarse con los animales de forma armónica y responsable.


239. El paraíso: la armonía de todas las relaciones

El jardín del Edén representa la situación original de armonía en la que Dios coloca al ser humano.

Esta armonía comprende las cuatro relaciones descritas.

El hombre vive en comunión con Dios,

en paz con su semejante,

integrado en el mundo natural

y relacionado armónicamente con los animales.

La vida humana aparece marcada por el equilibrio entre todas estas dimensiones.

La imagen de Dios que se acerca al jardín para dialogar con el hombre expresa la familiaridad y cercanía que caracterizan esa situación original.

Por tanto, el paraíso no representa solamente un lugar agradable y abundante, sino una condición de comunión y armonía que afecta a toda la existencia humana.

El pecado posterior supondrá precisamente la ruptura de ese orden relacional.


23.10. La originalidad del Génesis frente a los relatos mesopotámicos

Aunque ambos emplean imágenes simbólicas, presentan diferencias religiosas y antropológicas fundamentales.


10.1. El monoteísmo

En los relatos mesopotámicos aparecen diversas divinidades implicadas en el origen del mundo.

En cambio, el Génesis afirma que existe un solo Dios creador.

Toda la realidad procede de su iniciativa.

El universo no es resultado de la actuación de múltiples dioses, sino de la voluntad del único Dios verdadero.


10.2. La creación como decisión libre y amorosa

En algunos relatos mesopotámicos, los seres humanos son creados para realizar trabajos que las divinidades no desean ejecutar.

La humanidad aparece así vinculada al servicio forzoso de los dioses.

En el Génesis, por el contrario, Dios crea al hombre libremente y por amor.

No necesita del trabajo humano para satisfacer sus propias necesidades.

La existencia humana es presentada como un don, no como una obligación impuesta para aliviar las tareas divinas.


10.3. La dignidad singular del hombre

El relato bíblico presenta a Adán como una criatura especialmente querida.

Las imágenes del polvo de la tierra, las manos del alfarero y el aliento divino expresan su origen material y su relación privilegiada con Dios.

El hombre recibe la vida para compartir la comunión con su Creador y ejercer una responsabilidad sobre el mundo.


10.4. La bondad radical del mundo

El Génesis afirma que la creación es buena.

Esta concepción contrasta con los relatos mesopotámicos en los que el universo surge de enfrentamientos entre divinidades.

El texto menciona concretamente el Enuma Elish.

En este poema, el dios Marduk vence a Tiamat y utiliza su cuerpo dividido para formar el cielo y la tierra.

Frente a esta representación del universo como resultado de una lucha divina, el Génesis presenta un mundo querido y ordenado por un Dios bueno.

Por tanto, la materia no se considera en sí misma una realidad negativa.


10.5. La originalidad de determinados elementos narrativos

El texto destaca algunos detalles del relato bíblico que no aparecen en los relatos mesopotámicos utilizados para la comparación.

Entre ellos se encuentran la presentación de los animales ante Adán para recibir sus nombres y la formación de la mujer a partir del costado del hombre.

Estas escenas subrayan la responsabilidad humana sobre los animales y la especial comunión existente entre el varón y la mujer.


23.11. Síntesis de las ideas principales

Elemento del relato

Significado teológico

Adán formado del polvo

Condición material del hombre y dependencia de Dios.

Dios como alfarero

Cercanía y amor del Creador por el ser humano.

Árbol de la vida

Vocación a la vida plena y a la comunión con Dios.

Árbol del bien y del mal

Libertad humana y responsabilidad moral.

Prohibición divina

Posibilidad de obedecer o rechazar la voluntad de Dios.

Cultivar y guardar el jardín

Trabajo, responsabilidad y misión sacerdotal sobre la creación.

Adán da nombre a los animales

Conocimiento, autoridad y responsabilidad sobre el mundo animal.

Creación de Eva

Igualdad de dignidad, complementariedad y vocación relacional.

Dejar padre y madre

Fundación de una nueva comunidad familiar.

Unión del hombre y la mujer

Entrega mutua, compromiso y comunión personal.

Ser una sola carne

Expresión corporal de la unión conyugal.

Desnudez sin vergüenza

Inocencia, confianza y armonía original.

Jardín del Edén

Comunión del hombre con Dios, con los demás y con la creación.


23.12. Conclusión general

El segundo relato de la creación presenta una concepción profundamente teológica y relacional del ser humano.

El hombre aparece como una criatura formada personalmente por Dios, dotada de una dignidad singular y destinada a vivir en comunión con su Creador.

Su grandeza se manifiesta especialmente en la libertad.

Dios no crea un ser incapaz de elegir, sino una persona que puede responder voluntariamente a su amor.

Precisamente porque el hombre es libre, sus acciones poseen valor moral y puede elegir tanto la comunión como la ruptura con Dios.

La creación de la mujer manifiesta que la persona humana no está destinada a la soledad, sino al encuentro y a la entrega mutua.

En este contexto, el matrimonio aparece como una realidad fundada en el proyecto creador, donde la unión corporal debe expresar una comunión personal auténtica.

Por otra parte, el ser humano recibe una misión sobre el mundo: trabajar, cultivar y custodiar la creación. Esta tarea posee una dimensión religiosa, porque está llamado a hacer del universo un lugar donde Dios sea glorificado.

Finalmente, el paraíso representa la armonía original de las relaciones humanas. La existencia se encuentra plenamente ordenada cuando el hombre vive en comunión con Dios, consigo mismo, con los demás y con la naturaleza.

La idea central de todo el texto es que el ser humano ha sido creado por amor, para amar y para vivir en comunión. Su libertad, su dignidad, su vocación matrimonial y su responsabilidad sobre el mundo solamente se comprenden plenamente desde esta llamada original.

Desde esta perspectiva, Génesis 2 no es únicamente una narración sobre el origen de la humanidad, sino una reflexión teológica sobre su identidad, su finalidad y el sentido de su existencia.


Tres claves fundamentales para recordar

1. La libertad es condición necesaria del amor. El árbol del conocimiento del bien y del mal expresa que el hombre puede elegir entre permanecer en comunión con Dios o rechazarlo.

2. El ser humano es esencialmente relacional. Ha sido creado para vivir en relación con Dios, con la tierra, con los demás seres humanos y con los animales.

3. La creación tiene una finalidad de comunión. Dios crea al hombre para que alcance la plenitud de la vida divina, viva el amor y convierta el mundo en un lugar donde se manifieste su gloria.


Origen del universo

Recurso multimedia del grupo Ciencia, Razón y Fe de la Universidad de Navarra. Recuperado de:


Origen del hombre

Lección interactiva. Origen del hombre. Grupo investigación Ciencia, razón y Fe. Universidad de Navarra.

El origen del hombre es una de las cuestiones que más se plantean en la relación entre la ciencia y la fe, incluso en la legitimación de los relatos del Génesis.



Diferencias entre los dos relatos

Aspecto

Génesis 1

Génesis 2

Perspectiva

Cósmica y universal

Humana y relacional

Imagen de Dios

Dios crea mediante su palabra

Dios modela, planta y actúa de manera cercana

Creación humana

Varón y mujer son creados en el mismo acto narrativo

Primero el hombre y después la mujer

Elemento central

Orden y bondad de toda la creación

Relaciones y vocación del ser humano

Estilo

Solemne, repetitivo y estructurado

Narrativo, simbólico y concreto

Tema destacado

Imagen de Dios y dignidad humana

Comunión, libertad y responsabilidad


Conclusión

Génesis 1 y 2 no pretenden ofrecer una explicación científica de los mecanismos físicos o biológicos de la aparición del universo y del ser humano. Su finalidad principal es teológica: revelar quién es Dios, qué significa que el mundo sea creación suya y cuál es el lugar del ser humano en ella.

Los dos relatos, aunque diferentes en su estructura y lenguaje, convergen en afirmar que la existencia es un don de Dios y que la humanidad posee una dignidad y una vocación particulares.

Una clave especialmente importante para el máster: Génesis 1 responde principalmente a la pregunta «¿Qué lugar ocupa el ser humano dentro de la creación?», mientras que Génesis 2 profundiza en «¿Quién es el ser humano ante Dios, ante los demás y ante el mundo?».

Ambos capítulos constituyen el fundamento teológico de los temas que aparecerán después en Génesis 3: la libertad, la desobediencia, el pecado y la ruptura de las relaciones originales.



3.- Génesis 3 - 4


Leyendo la Biblia. Introducción a los seres espirituales:

El ser humano destaca como criatura privilegiada, llamada a la plenitud (=árbol de la vida). Es el gran protagonista de la creación, pues Dios le ha creado a su imagen y ha puesto todo a su disposición.

Sin embargo, hay otro protagonista en la historia de los orígenes: el pecado.

En Gn 3 vemos cómo el mal aparentemente le gana la partida a Dios y reina en los corazones de los hombres.

Sin embargo, Dios no ha dicho la última palabra y proclama, en el mismo capítulo, una futura victoria definitiva.

En los siguientes capítulos vemos como el mal se va expandiendo por el mundo. Caín, Abel, Noé, Matusalén… no son narraciones históricas sino teológicas, aunque puedan remitir a personas o realidades del pasado custodiados en la memoria del pueblo, y de hecho enseñan realidades teológicas acaecidas en la historia.


Las respuestas de los autores bíblicos son fruto de la acción de Dios revelándose en la experiencia y reflexión religiosa del pueblo de Israel a lo largo de los siglos. En sus respuestas utilizan formas literarias de su cultura, que hoy pueden llamar la atención.


Una de ellas son las abundantes genealogías, en hebreo toledot, que encontramos en el Gn. Son un modo característico de hacer historia de las tribus nómadas, basándose en la descendencia del cabeza de la tribu. Naturalmente, tratándose de la genealogía de la humanidad entera, el primer ascendiente no puede llamarse sino Adán.


En el siguiente esquema, se estructura el libro del Gn, incluida la historia patriarcal, en función de las genealogías. Nótese que las genealogías es también un método veloz de hacer avanzar la historia humana, y que muchas veces sirven solo para enlazar lo anterior con lo siguiente, y darle unidad.


Por otra parte, Gn presenta a toda la humanidad descendiente de Noé, y por tanto de sus antepasados hasta Adán, y lógicamente del cielo y la tierra, de la que ha sido formado el ser humano. Pero a partir de Noé, el Gn ya no va a narrar la historia de todos los descendientes, sino sólo de aquellos que desembocarán en el pueblo de Israel.

De hecho, el modo de dejar de hablar de un pueblo es contar su genealogía, para luego y centrar la mirada en el descendiente con el que seguirá la historia sagrada:

  • Gn 2,4: Genealogía del cielo y de la tierra.

  • Gn 5,1: Descendientes de Adán.

  • Gn 6,9: Historia de Noé.

  • Gn 10,1: Descendientes de los hijos de Noé (Sem, Cam y Jafet).

  • Gn 11,10: Descendientes de Sem.

  • Gn 11,27: Descendientes de Teraj, padre de Abraham.

  • Gn 25,12: Descendientes de Ismael.

  • Gn 25,19: Descendientes de Isaac.

  • Gn 36,1: Descendientes de Esau.

  • Gn 37,2: Descendientes de Jacob.


3.2. Relato de la caída (Génesis 3)

El primer pecado es paradigma de todo pecado.

Para comprender en profundidad este capítulo es necesario conocer bien los relatos creacionales que vimos en el tema anterior. La historia de la humanidad quedará marcada por este acontecimiento y para valorar adecuadamente sus consecuencias debemos tener presente el origen de la creación.

El relato no es del género literario histórico sino teología en imágenes, sin embargo, estas imágenes remiten a un acontecimiento histórico: el primer pecado sobre la tierra. No se nos narra la materialidad de los hechos concretos, sino la verdad profunda de lo sucedido.

Por eso, podemos definir esta narración de Gn 3 como la representación teológica del pecado original y de sus consecuencias.


aspectos más relevantes de Gn 3,1-16:

  • En el primer pecado interviene decisivamente otra criatura “no humana” (la serpiente), identificada con el diablo (cf. Sab 2,21-24), principal responsable de la caída, pues actúa con plena consciencia.

  • La serpiente utiliza como arma la mentira, presentando una interpretación distinta de la realidad a la que ha dado Dios:

    • Dice: “Pecar (=comer del árbol) no producirá la muerte, sino la plenitud (ser como Dios)”.

    • Presenta a Dios como el enemigo del hombre, que no quiere su plenitud. Esa es la gran mentira del diablo, hacer creer que Dios no quiere que el ser humano sea como Él. Todo lo contrario, Dios nos creó a su imagen, quiere que su vida divina esté en nosotros.

  • La esencia del pecado no es “querer ser como Dios”, pues eso es inevitable, ya que Dios nos ha creado con ese deseo en el corazón. La raíz del pecado original (y de todo pecado) es dudar de que Dios sea bueno, desconfiar de Él. En el momento que entra la sospecha en el hombre y deja de confiar en Dios, está perdido.

  • El hombre no tenía ningún motivo para fiarse de la interpretación de la serpiente (una desconocida para él), y estaba cargado de razones para confiar en lo que Dios le había dicho (“pecar te provocará la muerte”), pues de Él sólo había recibido bienes (la existencia, el jardín, los animales, la compañía, la sabiduría…).

  • Una vez admitida la duda sobre Dios, la fuerza de atracción del pecado mismo hace el resto (viendo la mujer que era apetecible, comió). Esta fuerza se llama tentación: el pecado no es repelente, sino que atrae. Pero lleva en sí mismo la mentira, porque no da lo que anuncia. Promete plenitud, pero tras ser cometido no deja sino vacío.

  • “Dio también a su marido, que igualmente comió”. Ambos son igualmente responsables del pecado, pues Adán estaba con Eva durante todo el desarrollo, y ni contradice la mentira de la serpiente, ni deja de pecar.

  • Nótese que el acto material del pecado no es comer ni una manzana ni ningún otro fruto. No se indica si el primer pecado fue de gula, lujuria o soberbia… sino su raíz más honda, que están en la base de todo pecado: desconfiar de Dios considerándole malo, engañador, enemigo.

A partir de Gn 3,7 se describen las nefastas consecuencias del pecado. Se rompe la armonía existente en todas las relaciones fundamentales del ser humano. En efecto, el pecado deshace la comunión:

  • Con uno mismo: se manifiesta en el hecho de avergonzarse de uno mismo y tapar la propia desnudez. El pecado hace al hombre verse despreciable.

  • Con los semejantes: expresado en ocultar la intimidad sexual a la vista del otro. Se activa el pudor porque se percibe al otro como alguien susceptible de mirar a uno como objeto de deseo, y por tanto denigrando su dignidad. Se percibe también en no asumir la propia responsabilidad y culpar al otro del pecado cometido.

  • Con Dios: se plasma en el miedo ante Dios ocultándose de Él, como si fuese alguien enemigo (la mentira de la serpiente se mantiene en la mente del hombre tras el pecado).

  • Con la naturaleza, la creación: aparece en varias imágenes, como son la fatiga al trabajar el campo, el dolor al parir…

El hombre es creado en comunión con Dios, aquel del que recibe la vida.

Pecar es romper dicha comunión por un acto de desconfianza hacia Dios, es romper el vínculo que une el alma con Dios, y por lo tanto implica dejar de recibir Su vida; supone romper la armonía con Él y con todo lo que procede de Él.

Y su consecuencia última será la aparición de la muerte en el hombre (v.19: al polvo tornarás).


Debe subrayarse la reacción de Dios frente al pecado, toda ella bañada de misericordia y bondad hacia el hombre:

  • En ningún momento maldice al hombre por su pecado. Sólo maldice a la ser- piente, la principal responsable de lo sucedido.

  • Desde el momento mismo del pecado, Dios promete la futura salvación de la humanidad en Gn 3,14-15 (el proto-evangelio, primer evangelio de la historia salvífica).

    • Dios, por una parte, anuncia que la serpiente y su estirpe (los ángeles caídos) seguirá instigando a la humanidad durante toda su historia (enemistad entre ti y la mujer, entre tu linaje y su linaje).

    • Por otra, anuncia la victoria definitiva (te pisará la cabeza) de la humanidad sobre el mal de los demonios.

  • Gn 3,16-17 con frecuencia se lee equivocadamente como palabras “de castigo” hacia Adán y Eva. El mensaje es otro. La bendición original/creacional de Dios es producir bienes de la tierra y reproducirse como especie. Tras el pecado cabía esperar la pérdida de la bendición original. Sin embargo, las palabras de Dios confirman que ambas se mantienen a pesar del pecado, y dice a la mujer: “seguirás siendo fecunda”, y al hombre: “tu trabajo seguirá siendo fecundo”. Ahora bien, el pecado ha hecho que la desarmonía aparezca en el mundo, y de ahí el dolor, la fatiga, y la relación de apetencia y dominio entre el hombre y la mujer (contraria al plan original de Dios).

  • Gn 3,21: Dios les prepara unas túnicas de piel, mucho más dignas y cómodas que los ceñidores de higuera que ellos se habían ceñido.

  • El árbol de la vida deja de ser accesible para el hombre, lo cual, en su estado actual de pecado, es un bien, pues comer así del árbol de la vida habría sido un mal mayor para el hombre.

  • La pérdida del paraíso no es un castigo, sino la consecuencia intrínseca del pecado, que ha convertido el cosmos en caos: un mundo donde hay pecado ya no puede llamarse paraíso. No obstante, las puertas del mismo, es decir, su acceso, queda custodiado por los ángeles a favor de los hombres, esperando el momento en que estando redimidos puedan acceder de nuevo al árbol de la vida.


3.3. Los inicios de la humanidad (Génesis 4–11)

En Gn 2-3 se ha explicado cuál es la situación actual del hombre, su destino futuro y por qué́ del dolor, la muerte, el sufrimiento, el caos… A continuación, los relatos muestran el camino escogido por la humanidad.


Los hijos de Adán (Gn 4)

En Gn 4 tenemos el significativo relato de Abel y Caín (4,3-16), donde se ve cómo el pecado se agrava, esta vez con un homicidio, que rompe la fraternidad.

Esa ruptura se manifiesta en la falta de amor hacia Abel de Caín, que en vez de alegrarse por su hermano (cuya ofrenda ha sido acogida por Dios), le envidia, y como consecuencia le mata.

En el posterior diálogo con Dios se enseña que todo hombre es “guardián” de su hermano y por tanto todos tenemos una responsabilidad para con los otros; no podemos permanecer indiferentes a su suerte. Por otra parte, la misericordia de Dios brilla de nuevo para con Caín, que recibe una señal en la frente para evitar que sea a su vez atacado por otros.

Gn 4,17-24 narra la secuencia de un descendiente de Caín, Lámek, el primer polí- gamo del relato bíblico, que supera con mucho en maldad al propio Caín, pues se enorgullece ante los demás de sus maldades y de sus homicidios.


Patriarcas antediluvianos (Gn 5)

Gn 5 enlaza la historia inicial con la del diluvio, a base de las genealogías de los longevos patriarcas antediluvianos. El texto quiere transmitir diversas enseñanzas con las llamativas edades de los patriarcas. Por ejemplo, el más perfecto de ellos fue Henoc (de quien se dice que subió al cielo), pero fue el que menos vivió: 365 años. Su edad, sin embargo, manifiesta su perfección, pues vivió un ciclo perfecto: tantos años, como días tiene un año.

Otro ejemplo, el más longevo fue Matusalén con 969 años. Esto, leído a la luz del salmo (“mil años en tu presencia son un ayer que pasó”), nos indica que por muy larga que nos pueda parecer la vida de un nombre, nunca llega ni a 1000 años, que son nada ante Dios.


Historia de Noé (Gn 6-9)

Dios constata que, conforme avanza la historia de la humanidad, el pecado va cre ciendo en número y gravedad, hasta llegar a pensar que no ha merecido la pena crear al hombre:

“Al ver el Señor que la maldad del hombre crecía y que todos los pensamientos de su corazón tienden siempre y únicamente al mal, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra y le pesó de corazón” (Gn 6,5).

Este antropomorfismo pretende subrayar la gravedad y extensión del pecado en la humanidad, y cómo esta realidad no es indiferente a Dios, que creó al hombre para el amor. El pecado parece haber frustrado su proyecto para con el hombre. Pero Dios no se rinde, vuelve a confiar en el hombre regenerando una humanidad nueva a partir del único justo que vive sobre la tierra, Noé.


El relato del diluvio en cuanto tal es una primera respuesta bíblica a la clásica pregunta “¿por qué Dios permite el mal, y no hace nada frente a los asesinos, corruptos, violadores, etc?”. En primer lugar, el relato señala que el único modo de acabar de un modo “eficaz” con el pecado y el mal, es acabar con el pecador, es decir, con el hombre. No hay otra solución posible. Ahora bien, la narración muestra qué desgracia sería si ése fuese el modo divino de gestionar el pecado… No obstante, el final del relato confirma que Dios nunca actuará así, pues cuando termina el diluvio y Dios constata que ése no es el modo de combatir el mal, se jura a sí mismo que no volverá a destruir la tierra por causa del pecado humano. Así pues, la respuesta ante el mal sería: Dios no actúa frente a los pecadores, porque de hacerlo tendría que acabar con toda la humanidad, y esto en sí mismo es un mal mayor que tolerar a los malos. Además, Dios no lo hará porque se lo ha prometido a sí mismo.

Éste es de hecho el contenido de la alianza que Dios hace con toda la humanidad a través de Noé, y cuyo signo es el arcoiris: Dios no destruirá a los hombres con diluvios; respetará siempre la libertad humana.

Por otra parte, como señala el NT, el diluvio es una figura o typos del bautismo cristiano, que al igual que el diluvio da muerte al pecado y hace renacer a una vida nueva en la justicia.


Narraciones semejantes del diluvio están presentes también en los textos babilónicos, como la epopeya de Gilgames, de Ziusudra, de Atrahasis. Sin embargo, el mensaje teológico de estas narraciones es opuesto al de la historia de Noé. Por otra parte, la repetición del tema del diluvio en varias narraciones, unido a descubrimientos arqueológicos de grandes capas de lodo en Mesopotamia, han hecho pensar en la existencia de alguna inundación de grandes dimensiones en Mesopotamia alrededor del cuarto milenio a.C., que podría estar en el origen de estas narraciones. Independientemente del trasfondo histórico del relato, Gn lo emplea para dar un importante mensaje teológico.


Tras el diluvio (Gn 10-11)

En Gn 10 se presenta a la nueva humanidad que desciende del justo Noé, y se constata de nuevo el fracaso de Dios, pues estos hombres resultan tan pecadores o más que los ante-diluvianos. No obstante, Dios no tira la toalla, y a pesar del pecado, comenzará una historia de salvación particular que comenzará en Gn 12.


Antes, sin embargo, se narra el famoso pasaje de la torre de Babel (Gn 11), que intenta dar respuesta a la existencia de varios idiomas sobre la faz de la tierra, a pesar de proceder todos del único Dios.

En primer lugar, señalemos que el pecado no consiste en construir una torre.

Dicha torre es concretamente un zigurat, que cumple las funciones de Templo.

La finalidad propia de todo Templo es dar gloria a Dios.

Los de Babel (=Babilonia), sin embargo, la construyen para su propia gloria, para hacerse famosos, queriéndose atribuir la gloria que corresponde a Dios.

La confusión de lenguas no es propiamente un castigo de Dios, sino la consecuencia del pecado: cuando el hombre busca su propia gloria, deja de comprender al hermano. La causa de que los hombres no se entiendan no es la multitud de idiomas, sino el pecado. Allí donde hay amor y se busca la gloria de Dios, en cambio, todos se entienden. El contrapunto bíblico a Babel es Pentecostés (Hch 2), donde el Espíritu Santo marca el inicio de algo nuevo haciendo entender en su propia lengua al auditorio de los apóstoles.

Los últimos versículos de Gn 11 servirán para introducir en la escena a Abrám, hijo de Téraj y casado con Saray, una mujer estéril. Toda la familia decide abandonar la ciudad natal, Ur de Caldea, y emigrar hacia Canaán, aunque finalmente se instalarán en Harán, a mitad de camino.


El mal

Garcia Baró, M. (2020) ¿Dónde se esconde el mal? Universidad san Dámaso. Madrid. Conferencia de Miguel García Baró, profesor de filosofía de la Universidad Pontificia de Comillas. Reflexiona sobre el mal desde un punto de vista filosófico considerando la existencia del mal como destrucción de sentido.


Catecismo de la Iglesia Católica

Cuestiones sobre la caída (385-421).

La lectura de estos números del Catecismo resultará muy útil para comprender en profundidad la realidad del pecado y sus consecuencias.

Comentarios


bottom of page