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Tomar, Dar gracias, Partir y Dar

hace 11 minutos
13 min de lectura

Felix María Arocena Solano

Madrid. Jornadas NAcionales de Liturgia.


Tras haber escuchado ayer la exposición panorámica del profesor Góñi sobre el servicio litúrgico del ministro extraordinario de la Comunión, mi reflexión va a procurar hacer un boceto, del trasfondo bíblico-litúrgico donde situar ese ministerio.


Nos encontramos con que en los evangelios hay, como vemos aquí, que consta varias veces la secuencia de verbos como «partió», «dio».


+La secuencia se hace presente tres veces en Mateo, tres veces en Marcos y tres veces en Lucas.

+resulta especialmente significativa en los relatos de la multiplicación de los panes, de la última cena y de Emaús.

+hay un detalle terminológico importante: los evangelistas alternan dos verbos griegos: bendecir, eulogeo, y dar gracias, eucaristeo. Pero la estructura permanece.


Mateo y Marcos dicen: «Jesús pronunció la bendición»;

Lucas y Pablo: «Jesús dio gracias».

No se trata de dos términos esencialmente distintos, sino conformes a la estructura de la predicación.


Pues bien, las acciones que expresan estos cuatro verbos configuran la estructura de la acción eucarística de la Iglesia.

Es decir:

  • «Tomó el pan»: presentación de los dones.

  • «Bendijo y dio gracias»: plegaria eucarística.

  • «Partió»: fracción del pan.

  • «Dio»: comunión.


Y ahora paso a dar una ampliación de cada uno de estos cuatro elementos, dedicando una atención especial al último, «dio» o «distribuyó», en cuanto servicio específico del ministro extraordinario de la Comunión.


Primero: 'Tomó·:

Antes de bendecir, partir, ir dar: Cristo toma el pan.


Este primer verbo pertenece ya a la forma misma de la acción eucarística.

Este 'tomó pan' del evangelio ilumina el significado de la presentación de los dones de la Misa.

En efecto, concluida la liturgia de la palabra, el pan y el vino son llevados, son llevados al altar y puestos en manos del sacerdote.

La llamada presentación de los dones no constituye, por tanto, un simple momento preparatorio.

También hay que decir contemporáneamente, que desde el punto de vista de la historia de este rito de presentación de los dones ha tenido siempre un carácter de estuche más que de joya de la celebración.

Porque la Misa es joya y estuche.

La joya la constituye la proclamación de la palabra de Dios y la plegaria eucarística, y todo lo demás es estuche.

De manera que la diversidad de ritos que hay en la Iglesia pueden tratar el 'estuche' de una manera o de otra, como por ejemplo el rito mozárabe que pone el credo antes de la comunión.

Eso es estuche, pero lo que es intocable, porque si no, no hay misa, es la Escritura, la Palabra y la plegaria eucarística.

Entonces, ¿por qué, aunque sea un rito relevante, sin embargo litúrgicamente no lo es en las antiguas fuentes litúrgicas? ¿Por qué? ¿Por qué en las fuentes litúrgicas no se hace un tratamiento exhaustivo del rito de presentación de los dones?

Pues porque la presentación de los dones es como un umbral de entrada a la acción sacrificial de Cristo. Es un rito liminar, porque lo que llega al altar pertenece al orden de la creación, y del trabajo humano.

Es un rito que históricamente no ha tenido mucho desarrollo, pero que no podemos olvidar que, en la presentación de los dones. se da una confluencia, una convergencia, un encuentro entre la teología de la creación, la teología del trabajo y la teología eucarística.

Y esto es muy importante, y da para un tesis. Tiene mucho fondo.

El pan que se presenta no aparece de manera inmediata sobre el altar, es recibido, el pan, el vino, viene de la creación y del trabajo humano, y viene también a través de la asamblea que lo aporta al sacerdote.

Por eso, cuando el sacerdote lo toma en sus manos, y dice: "Bendito seas, Señor Dios del universo, por este pan", el gesto litúrgico manifiesta una lógica de recepción y ofrenda.

Recibimos de Dios aquello mismo que presentamos ante Dios.

El sacerdote presenta los dones elevándolos un poco sobre el altar.

Claro, aquí, ¿cómo diría? Está la creación, el trigo, la vid, está el sudor del hombre que prepara, a partir de eso el pan y el vino, y luego está la Trinidad que de ese trigo y vid elaborados por el hombre, Dios te devuelve el cuerpo y la sangre preciosa de su hijo.

Este año pasado tuve la posibilidad de publicar un artículo en un libro sobre la teología del trabajo en perspectiva litúrgica, que partía de este hecho, de la presentación de los dones. Lamentablemente no hay tiempo para desarrollar aquí la interrelación, la ósmosis entre estas tres teologías.

Así, el "tomó el pan" del Evangelio ilumina el sentido de la presentación

de los dones.

La Iglesia pone en manos de Cristo, que es el celebrante principal— voy a hacer aquí un pequeño añadido- A mí me parece que en la docencia de los sacramentos, a veces, que Cristo sea el ministro principal de los sacramentos se da como por supuesto y que los alumnos ya lo saben,

Pero es muy importante, a mi modo de ver, recalcar que el ministro principal de todos los sacramentos es el Kyrios, Cristo glorificado, a la derecha del Padre.

Él es el liturgo de cualquier sacramento, desde una reconciliación

de un penitente hasta la unción de enfermos, quien entra en la habitación de los enfermos es el Kyrios, iconizado en el ministro.


Cristo, ministro principal de los sacramentos.

La Iglesia pone en manos de Cristo el pan y el vino, y con ellos su propia vida. Cristo recibe estos dones, los presenta al Padre en acción de gracias, y los convierte sacramentalmente en don de sí, de sí mismo, para entregarse a los suyos, sus hermanos, a nosotros como alimento.

Cocorpóreos, cosanguíneos.

Jesús le dice a su Padre, refiriéndose a nosotros: 'Son malos, pero llevan mi sangre'. 'Son malos' lo dice el Evangelio: "Vosotros que sois malos', pero llevan mi sangre.

La Iglesia lleva el pan, ella solamente puede ofrecer aquello que previamente ha recibido de Dios,

Y entonces Cristo lo toma, y al tomarlo ya no pertenece simplemente a nuestras manos, entra en el movimiento de su Pascua, en su acción de gracias al Padre, y en su entrega pro vobis, por vosotros.


Lo voy a reformular desde la teología de Odo Cassel. Odo Cassel diría: "La presentación de los dones sería el rito por el cual los dones y la propia asamblea que los presenta penetran en la acción mistérica de Cristo".

Cassel diría que la presentación de los dones no es, por tanto, una pausa entre la liturgia de la palabra y la anáfora,

Es el inicio visible de ese movimiento por el cual nuestra realidad es tomada por Cristo para introducirla en su Pascua.


Primero: 'Bendijo':

Tampoco hay que identificar 'bendijo' con 'consagró', eso me parece demasiado estrecho. El término 'bendijo' en los Evangelios encuentra su traducción litúrgica en la totalidad de la plegaria eucarística, dentro de la cual están, inseparablemente unidos, la acción de gracias, la bendición, el memorial, la epíclesis, el relato de la institución, la ofrenda de la Iglesia y las plegarias finales de intercesión. Eso es bendijo.


Recordar 2 cosas:


+primera, que nunca el cielo está tan cerca de la tierra como durante la celebración de la plegaria eucarística. Como se ha recordado tantas veces por Juan Pablo II, bebiendo de la tradición patrística de Oriente y Occidente,: la liturgia es el cielo en la tierra, pero más hondamente mientras se celebra la plegaria eucarística.

+Y segunda: que en el seno de la plegaria eucarística se realiza la obra de nuestra redención.


Estas dos últimas consideraciones quizá podrían inspirar una monición.

Es tal el lugar donde uno se introduce en la Pre-Eucarística que la Ordenación General del Misal Romano prevé una monición, que no es obligatoria, pero que se puede usar con prudencia para que según la comunidad en la que todos celebramos, pero si yo tengo que celebrar la misa ante una comunidad que tiene una cierta finura espiritual, que tiene una cierta capacidad litúrgica, lo que en latín se llama ex culta comunitas, se podría hacer una monición.

Ahora bien, Una monición son unas palabras breves que no quitan protagonismo a lo que viene después. Y así podría ser, ¿no? Por ejemplo: «Pues concluidos los ritos de presentación, nos introducimos, o mejor dicho, somos introducidos, no nos introducimos, somos introducidos», voz pasiva, voz de la gratuidad, «terminados los ritos de la presentación, somos introducidos en la pregaria eucarística en cuyo seno acontece la obra de nuestra redención".

Podría ser una monición, pero claro, ¿qué le pasa a la monición?

Que son palabras.

Y claro, si la homilía ha sido larga, si las lecturas han sido largas, ¿qué pasa con la celebración eucarística? Que se convierte, o se puede convertir, o a alguien le puede parecer, como dicen en Italia, parole parole parole parole parole, y cada vez, ¡basta ya! ¡Pah! ¡Calle! Haga los gestos.

Y para corregir esto me pregunto yo: ¿la monición no la podría hacer el organista? Interpretando 20 segundos: "El Señor esté con vosotros", "levantémonos el corazón..." Sí, pero un poquito de... Va de sonido, de órgano, que tiene reconocido la capacidad de elevar las almas a Dios. El órgano es el instrumento neumático por excelencia. Neuma viene de aire, viento, viene de neuma, habla del Espíritu Santo. (una vez en una catedral alemana vi que en los tubos, en los tubos de un órgano, habían puesto este lemas.: "Preludium eternitatis").


El rito ambrosiano introduce la fracción del pan inmediatamente después de la plegaria eucarística y antes del Padrenuestro. Cuando dice: Por Cristo, con él y en él, amén, y ahora la fracción del pan.

No como nosotros, que después tenemos el Padrenuestro y luego la fracción del pan. No, no, para ser más exquisitos a la secuencia de verbos, en el rito ambrosiano se parte el pan antes del Padrenuestro.

En el rito romano, esta fracción del pan, antes del "Agnus Dei", podría ser cuando Gregorio Magno fue nuncio del Papa de Roma en Constantinopla, en la capital del Imperio, pues es conocido que San Gregorio Magno introdujo cuestiones bizantinas en el "Ordo Missae", romano, y eso tiene que ver con el agnus dei y tiene que ver quizá con la fracción del pan.


Voy a intentar resumirlo en un párrafo.

Partir la forma durante la consagración insinuaría vivirla como si se tratara de una escenificación del cenáculo.

No, no, no tienes que partir, aunque diga 'partió', porque la misa no es una escenificación de una cena. En una obra teatral los actores pueden llorar, si así lo pide el guión. Pero en realidad no lloran, sino que fingen llorar.

Pero la liturgia cristiana no es una ficción, es una acción memorial.

No estamos representando una cena cuando celebramos la Misa.

Los gestos de la consagración, tomar el pan, tomar el cáliz, levantar los ojos al cielo, pueden ser un cierto eco, pero no son una puesta en escena de lo que hizo Jesús aquella noche sentado a la mesa con los 12.

También con esto aprovecho también para decir que, a ver, en la historia del rito

romano, que ahora no se puede explicar, que no hay tiempo, se explica que junto a los gestos de Jesús, que son tomar el pan y tomar el cáliz, ha añadido la Iglesia otros elementos por razón de las herejías que ha habido durante la historia,

ha añadido una elevación que antes no había del pan,

una elevación del cáliz que antes no había, u

n arrodillarse en la consagración del pan,

un arrodillarse en la consagración del vino,

y también, pues, ponernos, si ustedes se acordarán, de las antiguas velitas que se ponían en la, ¿cómo se llama eso? La palmatoria. Palmatoria.

Pero esos son gestos de la Iglesia.

Históricos, porque obedecen a las leyes históricas, pero no nos olvidemos que la tradición gestual de Cristo es tomar el pan y tomar el vino, y entonces esta acción tan normal que estamos haciendo los sacerdotes en la consagración, que casi no nos damos cuenta, bueno, tiene una significación, es la tradición gestual cristológica.

Toma el pan, no se puede tomar el pan de cualquier manera, es una forma grande que está delante, encima de la patena, pero cuidado, es un gesto que viene del Señor, los demás no, los demás vienen de la Iglesia, su esposa, que ha reaccionado a determinadas herejías.


El icono de Cristo en la celebración, sentir que esto es una manera distinta de ver mis manos. Como cuando se pronuncian las palabras de la consagración, el sacerdote que pronuncia las palabras de la consagración no cita a Jesús, es Jesús quien habla a través de él, in persona Christi. Esto es muy fuerte.


Añado unas palabras sobre el significado espiritual.

Ahora voy a hacer una pequeña entrada en la teología espiritual sobre la celebración de la Misa.

Añado unas palabras sobre el significado espiritual "partir el pan".

Cada celebración eucarística actualiza sacramentalmente la santa oblación del Verbo Encarnado.

Es una expresión que le tengo especial cariño, hablar de la misa como la Santa

Oblación, con O mayúscula, la Santa Oblación del Verbo Encarnado, que es lo que pasó en la cruz y en el sepulcro.

El significado espiritual de la fracción del pan discurre precisamente por aquí: es una invitación a ser junto a Jesús pan partido para la vida del mundo.

Y un autor contemporáneo lo explica así: Esta cita pues tiene 20 líneas, nunca hay que citar citas largas, pero esta cita que tiene 20 líneas, me van a perdonar, pero me siento más tranquilo si la leo entera, porque a mí me ayuda siempre que la leo, quizás a ustedes también les puede ayudar. Es imposible explicar con palabras la esencia del acto interior que acompañaba a este gesto de partir el pan por parte de Jesús.

A nosotros nos parece un acto duro, cruel, aunque estamos muy acostumbrados, porque se coge la hostia, se parte y aquí no pasa nada, ¿no? Pero partir el cuerpo del Señor no se hace todos los días a cualquier hora.

A nosotros nos parece un acto duro, cruel, y en cambio es el acto supremo del amor y de la ternura que nunca antes se había realizado o podía realizarse algún día sobre la tierra.

Cuando en la consagración sostengo entre las manos la frágil hostia y repito las palabras: "Partió el pan", me parece intuir algo de los sentimientos que en aquel momento albergaba el corazón de Jesús.

Jesús, cómo su voluntad humana se entregaba al Padre y repetía para sí las bien conocidas palabras de la Escritura: "holocaustos y sacrificios por el pecado no te agradaron, pero me has preparado un cordero".

Lo que Jesús da de comer a sus discípulos es el pan de su obediencia y de su entrega al Padre.

Entonces comprendo que para hacer también yo lo que hizo Jesús en aquella noche, debo ante todo partirme a mí mismo, es decir, deponer todo tipo de resistencia ante Dios, toda rebelión hacia Él o hacia los hermanos, debo someter mi orgullo, doblegarme, y decir sí hasta el final, sí a todo aquello

que Dios me pide.

Debo repetir también yo aquellas palabras del Salmo: He aquí que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad.

Me quieres a mí mismo, y yo digo sí.

Ser Eucaristía con Jesús significa estar totalmente abandonado a la voluntad del Padre. Esta es, me parece a mí, o debe ser, o ya me gustaría a mí que fuera en mi caso, el anulamiento del celebrador.

Les pido que recen por mí, para que cuando yo celebre sea capaz de vivir lo que estoy diciendo. En consecuencia, una vivencia teologal de este gesto de la misa invita al don de sí en el horizonte de la Constitución Gaudium et Spes, cuando dice: el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí mismo a los demás.


Dice Gaudium et Spes: el hombre no puede encontrar su propia plenitud si no es en la entrega sincera de sí a los demás.

Traduzco: el hombre no puede encontrar su propia plenitud sino participa en la misa con las disposiciones de Cristo, con el propio pan.

Y esto va a misa, cosas simples. Y termino,


"Dio", Distribuyó.

El último verbo,: Dio,

merece una atención particular cuando reflexionamos sobre el ministro extraordinario de la santa comunión.

Y es que la Eucaristía no alcanza su término simplemente cuando el pan ha sido eucaristizado. Sino que está ordenada a ser alimento del pueblo de Dios.

El pan es tomado, bendecido y partido justamente para ser dado.

Diríamos que en esta secuencia de 4 verbos no falta ni sobra nada, son esos 4.

No falta ni sobra.

Y la comunión se integra en la lógica interna de la celebración eucarística.

Dicho con nuestras palabras: aquello que se parte no queda sobre la mesa, se parte para ser distribuido y compartido.

Los ministros ordinarios de la sagrada comunión son el obispo, el presbítero y el diácono.

¡Ahora mismo! El ministro extraordinario no actúa porque la distribución de la comunión sea una tarea meramente práctica, sino que ese ministro se inserta en un gesto eclesial.

Cristo da su cuerpo a la esposa y ella, fiel al mandato del esposo, lo distribuye a sus hijos.

El ministro de la comunión está situado en el último momento de aquella secuencia, tomó, bendijo, partió, dio.

No ocupa el lugar de Cristo,

ni sustituye sacramentalmente al ministro ordenado, no,

esto ayer lo dejó muy claro el profesor Góñi; más bien presta sus manos para que el don recibido por la Iglesia alcance efectivamente a quienes se acercan a la mesa del Señor.

Su ministerio, per partem, pertenece a la dimensión de la entrega.


Y termino exponiendo 4 consideraciones.

Acabo dando 4 ideas sobre el perfil espiritual del ministro de economía.

Primero, la Iglesia invita al ministro extraordinario a que viva la virtud de la humildad en grado eminente, porque cuanto menos se interpone la persona del ministro, más claramente aparece que el verdadero don es Cristo.

Por tanto, le conviene, ser congruo con este ministerio, la humildad.

Cuanto más apareces, más ocultas a Jesús.

Él da su cuerpo partido, pues toda su vida fue una proexistencia, un ser para vosotros, un ser pro vobis. Segunda, otra consecuencia espiritual para quien es ministro extraordinario de la comunión es sentirse sintonizada, sintonizado, con la lógica del don que lleva en sus manos, porque lo que lleva en sus manos es el Don con mayúscula, Cristo. El gesto litúrgico pide un correlato existencial. Quien dice "el cuerpo de Cristo" mientras entrega el

pan eucarístico, está siendo invitado, invitado él mismo a hacer de su propia vida una realidad proexistencial, es decir, un don, una ofrenda al Señor, dicho de los demás. Entonces, la espiritualidad de Luis extraordinario también viene configurada por esto, por una persona eminentemente humilde y entregada, como el don de entrega. Tercero, son cuatro, tercero, no digamos en el caso de llevar la comunión a los enfermos, el "Dio" de Cristo atraviesa sale de las puertas de la parroquia y la Eucaristía llega hasta el hermano ausente, de modo que la enfermedad, la ancianidad o la imposibilidad física no rompan completamente el vínculo visible con la mesa eucarística de la parroquia. El ministro extraordinario no lleva simplemente una hostia consagrada a casa de un enfermo, sino que de algún modo el altar de la parroquia se prolonga hasta la habitación del enfermo. Esto tiene un sentido eucarístico, eclesiológico importante, que puede justificar el coger el

coche y llevar la Eucaristía cuando no hay ganas, porque está nevando. En ese sentido, los

gestos del ministro extraordinario deben ser sencillos, sus palabras las previstas por el rito. Su actitud profundamente orante, precisamente porque tiene entre sus manos al Salvador.


12

Cristo se da y el dárselo se pierde. El pan se distribuye y precisamente así construye, el pan se distribuye y construye la unidad de la Iglesia. Porque la distribución de la comunión no es el simple reparto de muchas hostias individuales, sino que el único cuerpo de Cristo es entregado a los muchos para hacer de los muchos un solo cuerpo. Y el

ministro extraordinario de la comunión se pone humildemente de rodillas, diríamos en sentido espiritual, el ministro de la comunión se pone humildemente de rodillas al sentirse instrumento de este misterio de comunión eclesial. Muchas gracias.





 
 
 

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