¿Cuándo estar de pie, sentados o de rodillas en la Misa?
En la Misa no rezamos solamente con la cabeza o con las palabras.
Rezamos también con el cuerpo.
La Iglesia pide cierta unidad en las posturas porque esa uniformidad expresa que no somos individuos aislados, sino una asamblea, un solo pueblo que celebra unido. La Instrucción General del Misal Romano insiste precisamente en que los gestos y posturas deben favorecer la participación y expresar la unidad de la comunidad.
Podemos resumir el significado de las tres posturas así:
De pie: disponibilidad, respeto, oración, dignidad de hijos de Dios.
Sentados: escucha, acogida, meditación.
De rodillas: adoración, humildad, reconocimiento de la presencia de Dios.
La propia Iglesia interpreta estas posturas espiritualmente:
estar de pie manifiesta la libertad filial,
estar sentados recuerda la actitud de quien escucha al Señor,
y arrodillarse expresa adoración y humildad ante Dios.
2. DE PIE: el pueblo que se presenta ante Dios
En la tradición cristiana, ponerse de pie significa:
“Aquí estoy, Señor”.
También es una postura profundamente pascual:
Cristo ha resucitado y nosotros participamos de su vida.
¿Cuándo estamos de pie?
Al comenzar la Misa
Desde que comienza el canto de entrada —o cuando el sacerdote se dirige al altar— hasta terminar la oración colecta.
Por tanto:
Entrada → saludo → acto penitencial → Gloria → oración colecta: DE PIE.
La norma general lo establece así.
¿Por qué?
Porque recibimos al Señor y nos constituimos como asamblea celebrante.
La Misa ya ha comenzado.
3. SENTADOS: escuchar a Dios
Terminada la oración colecta comienza la Liturgia de la Palabra.
Entonces nos sentamos.
¿Por qué?
Porque sentarse en la liturgia no significa relajarse o desconectarse.
Significa: “Ahora quiero escuchar”.
Es la postura del discípulo.
Podemos recordar a María de Betania:
se sentó a los pies de Jesús y escuchaba su palabra.
Permanecemos sentados durante:
la primera lectura;
el salmo responsorial;
la segunda lectura, cuando la hay;
la homilía.
La Instrucción General indica expresamente que los fieles están sentados durante las lecturas anteriores al Evangelio, el salmo y la homilía.
4. Antes del Evangelio: todos DE PIE
Cuando comienza el Aleluya —o la aclamación correspondiente en Cuaresma— todos se ponen de pie.
No nos ponemos de pie simplemente porque vaya a leer el sacerdote o el diácono.
Nos ponemos de pie porque:
Cristo mismo va a hablarnos en el Evangelio.
Por eso el Evangelio recibe una veneración especial.
El Misal dice que la aclamación antes del Evangelio sirve para que la asamblea acoja y salude al Señor que va a hablarle.
Por tanto:
Aleluya → Evangelio: DE PIE.
5. Después del Evangelio: SENTADOS
Después del Evangelio comienza la homilía.
Nos sentamos.
El sacerdote explica la Palabra que acabamos de escuchar.
La homilía forma parte de la acción litúrgica.
Nuestra actitud debería ser:
“Señor, ¿qué quieres decirme hoy?”
6. El Credo: DE PIE
Terminada la homilía y, cuando corresponde, después de un breve silencio, todos nos ponemos de pie para profesar nuestra fe.
Decimos:
«Creo en Dios…»
Aquí la postura corporal expresa algo precioso:
nos ponemos de pie para confesar públicamente nuestra fe.
Decimos:
CREO.
Y lo hacemos con todo el cuerpo.
7. Un detalle precioso durante el Credo
Cuando decimos:
«y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y se hizo hombre»
todos hacemos una inclinación profunda.
Y en dos solemnidades concretas:
la Anunciación del Señor;
la Navidad del Señor,
la liturgia prescribe arrodillarse durante esas palabras.
¿Por qué?
Porque veneramos el misterio de la Encarnación:
Dios se hizo hombre.
8. La oración de los fieles: DE PIE
Después del Credo normalmente viene la oración universal.
Seguimos de pie.
¿Por qué?
Porque la comunidad sacerdotal —todo el pueblo bautizado— intercede por:
la Iglesia;
el mundo;
los gobernantes;
los pobres;
quienes sufren;
nuestra comunidad.
...
La Iglesia entera presenta sus súplicas a Dios.
9. Ofertorio: SENTADOS
Terminada la oración universal, comienza la preparación de los dones.
Entonces: nos sentamos.
El pan y el vino son llevados al altar.
También se hace la colecta y puede haber procesión de ofrendas.
El Misal señala expresamente que todos se sientan durante la preparación de los dones.
Pero aquí hay algo espiritualmente importante:
no se ofrecen solamente pan y vino.
También ofrecemos nuestra vida.
Trabajo.
Problemas.
Alegrías.
Enfermedades.
Familia.
Proyectos.
Todo puede colocarse espiritualmente sobre el altar.
Es un momento para orar, de entrega a Dios de aquello que traigo para que El lo reciba, lo recoja, lo bendiga y me lo devuelva, ...
10. «Orad, hermanos…»: DE PIE
Llega un momento que a veces crea confusión.
El sacerdote dice:
«Orad, hermanos, para que este sacrificio mío y vuestro…»
La norma general indica que los fieles están de pie desde esta invitación hasta el final de la Misa, salvo los momentos en que se prescribe arrodillarse o sentarse.
Por tanto:
«Orad, hermanos…» → DE PIE.
Después viene la oración sobre las ofrendas.
11. Prefacio: DE PIE
El sacerdote dice:
«El Señor esté con vosotros».
«Levantemos el corazón».
Y respondemos:
«Lo tenemos levantado hacia el Señor».
Aquí la postura de pie encaja perfectamente con las palabras:
levantamos el cuerpo porque levantamos el corazón.
Y llegamos al:
«Santo, Santo, Santo…»
12. ¿Cuándo nos arrodillamos?
Aquí llegamos a uno de los momentos más importantes.
La norma universal dice que los fieles deben estar de rodillas durante la consagración, salvo que lo impidan razones como enfermedad, falta de espacio, gran número de asistentes u otra causa razonable.
Pero añade algo significativo:
donde exista la costumbre de permanecer de rodillas desde después del Santo hasta el final de la Plegaria Eucarística, es laudable conservarla.
Esto explica por qué en algunas parroquias los fieles se arrodillan:
después del Santo
y permanecen así durante toda la Plegaria Eucarística.
En otras comunidades se arrodillan específicamente para la consagración.
Ambas prácticas pueden encontrarse según las normas y las legítimas costumbres locales.
13. ¿Por qué arrodillarse durante la consagración?
Aquí la postura tiene un significado especialmente fuerte.
No nos arrodillamos porque el sacerdote esté haciendo algo espectacular.
Nos arrodillamos porque creemos:
Cristo se hace sacramentalmente presente sobre el altar.
La genuflexión y la postura de rodillas expresan precisamente la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Por eso, cuando el sacerdote eleva la hostia consagrada, el corazón puede decir:
«Señor mío y Dios mío».
Y al elevar el cáliz:
«Jesús, confío en Ti».
14. ¿Y si una persona no puede arrodillarse?
No comete ninguna falta.
La Iglesia lo contempla explícitamente.
Puede impedirlo:
la edad;
una enfermedad;
dolores de rodilla o espalda;
una discapacidad;
falta de reclinatorios;
estrechez del espacio;
gran número de personas.
En esos casos, quien no se arrodilla durante la consagración debe realizar una inclinación profunda cuando el sacerdote hace la genuflexión después de cada elevación.
15. Después de la Plegaria Eucarística
Llega la doxología:
«Por Cristo, con Él y en Él…»
Y todos respondemos: «AMÉN».
Ese Amén debería ser uno de los más fuertes de toda la Misa.
Porque significa:
«Sí. Me uno a esta ofrenda de Cristo».
16. El Padre Nuestro: DE PIE
Nos ponemos —o permanecemos— de pie para rezar:
«Padre nuestro…»
Aquí aparece nuevamente la dignidad filial.
No somos esclavos delante de Dios.
Cristo nos permite decir: Padre.
17. El gesto de la paz: DE PIE
Continuamos de pie.
El sacerdote anuncia:
«La paz del Señor esté siempre con vosotros».
Y puede invitar al gesto de la paz.
Pero conviene recordar algo:
la paz no es un descanso de la liturgia para saludar a todos.
Es: la paz de Cristo.
Por eso el gesto debería ser sobrio.
18. «Cordero de Dios»
Durante la fracción del pan cantamos:
«Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo…»
En algunos lugares existe la costumbre de arrodillarse nuevamente antes de la Comunión cuando el sacerdote muestra la hostia y dice:
«Este es el Cordero de Dios…»
El propio Misal señala que donde existe esa costumbre puede conservarse laudablemente.
19. La Comunión
Nos acercamos procesionalmente para recibir al Señor.
Aquí importa no convertir la procesión en una simple cola.
Estamos caminando hacia Cristo.
Recibimos:
«El Cuerpo de Cristo».
Respondemos:
«Amén».
Ese Amén significa:
Sí, creo que eres Tú.
El ministro debe esperar a escuchar ese 'AMÉN' para darle la comunión.
20. Después de comulgar: SENTADOS o en oración
Después de regresar al lugar puede uno sentarse y guardar silencio.
El Misal contempla expresamente que, según las circunstancias, los fieles estén sentados durante el silencio después de la Comunión.
Y aquí hay que recuperar algo que muchas celebraciones pierden:
el silencio.
Acabamos de recibir al Señor.
No hace falta llenar inmediatamente ese momento de palabras.
Es quizá uno de los momentos más íntimos de toda la Misa.
21. Oración después de la Comunión: DE PIE
Cuando el sacerdote dice:
«Oremos»
todos se ponen de pie.
Se reza la oración después de la Comunión.
Después vienen:
avisos, si los hay;
bendición;
despedida.
Normalmente permanecemos de pie hasta el final.
22. Resumen
🟦 DE PIE — «ORAMOS Y ACLAMAMOS»
Entrada / Acto penitencial/ Gloria/ Colecta /Aleluya / Evangelio / Credo / Oración de los fieles / Desde «Orad, hermanos» / Prefacio / Padre Nuestro /Paz / Oración final / Bendición y despedida
🟨 SENTADOS — «ESCUCHAMOS Y MEDITAMOS»
Primera lectura / Salmo / Segunda lectura / Homilía / Preparación de los dones / Silencio después de la Comunión
🟥 DE RODILLAS — «ADORAMOS»
Especialmente:
durante la consagración.
Y donde existe la costumbre:
desde después del Santo hasta terminar la Plegaria Eucarística.
También puede conservarse la costumbre de arrodillarse ante:
«Este es el Cordero de Dios».
23. Algo muy importante: no hacer cada uno lo que quiera
El Misal dice una cosa pastoralmente muy sabia:
Las posturas comunes son signo de: unidad.
Por eso la liturgia no debería convertirse en:
uno sentado,
otro arrodillado,
otro levantándose,
otro adelantándose.
Cuando exista una indicación legítima del sacerdote, diácono o ministro para mantener una postura común, el Misal pide seguirla.
Porque: somos un solo Cuerpo.
24. Para los niños:
DE PIE:
«Aquí estoy».
SENTADO:
«Te escucho».
DE RODILLAS:
«Te adoro».
Entonces las posturas dejan de ser normas externas. Se convierten en oración.
Nos levantamos porque Cristo nos convoca;
nos sentamos porque Cristo nos habla;
y nos arrodillamos porque Cristo está realmente presente.











































































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