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MESC. El servicio litúrgico del MESC.

hace 43 minutos
18 min de lectura

J.A. Goñi Beásoain.

Jornadas Nacionales de Liturgia. Madrid. Octubre 2026.


Me toca hablar, como digo, del Ministro Extraordinario de la Comunión, dar un poco la fundamentación y cuáles son sus funciones y su desarrollo litúrgico.


Y el marco que tenemos de fondo es esta frase de Jesús en la que les dice a sus discípulos que sabemos que quieren mandar a la gente sin comer, están ahí en el monte descampado, y les dice: 'dadles vosotros de comer'.


Jesús es quien invita a sus discípulos que den de comer a toda esa gente que está ahí. Tenemos aquí un eco de la Eucaristía, 'dadles vosotros de comer'.


Dos rasgos.

Un primer rasgo es que no es iniciativa nuestra, con lo cual somos enviados de Jesús. La iniciativa, el alimento y la misión proceden del mismo Jesús, porque es iniciativa de Jesús que nos dice 'dadles de comer'.

Es Jesús el que nos da el alimento que tenemos que repartir, su propio cuerpo y su sangre. Él es el que nos manda a esa misión.



Un segundo rasgo es que Él es el que nos manda a esa misión.

Por tanto, hablaremos después de qué significa ser ministro.

Somos unos mandados, con lo cual no es algo que lo tengamos en posesión, sino que estamos en un servicio.

Ese servicio a esa entrega que nos pide.


Un ministerio que lo situamos en el marco de la liturgia.

Una liturgia que nos dirá Sacrosantum concilium que es acción de Cristo y de la Iglesia.

Sabéis que quizás hasta el Concilio Vaticano parecía que era acción del cura que celebraba. El Vaticano II cambió un poco este tema.

Podemos comentar cómo el comienzo de la descripción de la misa antes del Concilio Vaticano decía 'preparado el sacerdote', 'sacerdos paratus'. Con lo cual, preparado el sacerdote, empieza la misa.

Llega al Concilio Vaticano II y da un giro.

Y el ordinario de la misa, el rito de la misa, dice 'congregado el pueblo', 'populo congregato'.

Con lo cual, congregado el pueblo, empieza la misa.

Porque la celebración eucarística no es ya una acción propiedad del sacerdote, sino que es de la Iglesia.

Iglesia que es asociada a Cristo. Cristo asocia a la Iglesia a su acción cultural.

Por tanto, situamos en ese marco litúrgico la acción de Cristo y de la Iglesia.


Por tanto, uno de los motores de todas las reformas que se fueron haciendo en el siglo XX, que tienen como culmen el Concilio Vaticano II, era mejorar, conseguir propiciar la participación.

Participación de los fieles en las celebraciones, porque estaban asistiendo como mudos y extraños espectadores.

En cambio la liturgia es para que vivamos lo que celebramos y por tanto para que participemos en aquello que estamos celebrando.

Participar que no significa intervenir o actuar.

Esta participación además está radicada en el bautismo.



En el bautismo hemos sido injertados, bautizados, sumergidos en Cristo y hemos sido sumergidos en Cristo Sacerdote, Profeta y Rey.

Por tanto, todos los cristianos, todos los bautizados, estamos celebrando por nuestra condición de bautizados.


Cuando uno entra a un campo de fútbol o a una sociedad deportiva, saca el carnet de socio. Pues el carnet de socio que nosotros sacamos para entrar a las celebraciones es el agua benditera que hay a la entrada.

Tomamos agua bendita y como soy bautizado, formo parte de esta celebración.

Con lo cual nosotros participamos en la celebración en condición de que somos bautizados.

Y además, todos los ministerios, todos los servicios, todas esas personas que se ponen en función de la celebración, lo hacen radicadas en su bautismo.

Con lo cual todas esas personas que deben ejercer en la celebración su ministerio.


Porque además el Concilio Vaticano II nos pidió, no lo dice como lo voy a decir yo ahora, pero nos pidió que no existieran hombres orquesta, porque nos ha tocado a todos ir a las celebraciones y encontrarnos con el hombre orquesta o el cura orquesta que es capaz de celebrar, hacer las moniciones, leer las lecturas, tener un organillo bajo el altar, tocar el organillo, y ser a la vez el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro.


Con lo cual, si no hay otro remedio, igual le toca hacer cosas al cura, pero si tiene personas que son capaces de desempeñar ciertos ministerios, ciertos servicios, ciertas funciones, cada cual hará todo y solo lo que le corresponde.

Vamos a hablar un poco de esa ministerialidad, todo y solo lo que le corresponde.

Y por otra parte, esta ministerialidad, estas funciones, no es una propiedad mía.


Ya dice San Pablo que todos los ministerios, todos los carismas que van saliendo, no son para imponerme, para decir yo soy, yo tengo, sino son para estar al servicio, para ponernos en función de la edificación de la Iglesia.

Por tanto, no es una propiedad, no es algo que yo me pueda enorgullecer para sacarlo como carnet de presentación de aquí estoy yo, sino que los ministerios y los carismas son para el bien común.



Y al hablar de ministerios me remitiré un poco a etimologías.

A los políticos les gusta estar de ministros, tener cartera, porque esa cartera que tiene trabajo también se traduce en una buena cartera en el bolsillo. Y a veces se olvidan de qué significa ser ministro.


Ministro.

Ministerios viene del término latino magis, del término que es más viene magis, viene el magistro, el magister, el maestro, el magistrado, es el que es más.


Y ministerio viene del que es menos, de minus, ministro, el que es menos, el que es servidor.

Uno solo es vuestro maestro, todos los demás sois ministros servidores.

No os dejéis llamar maestros, magistri, porque sólo uno es vuestro maestro, magister.

Más el Mesías, el primero entre vosotros, será vuestro servidor, minister.

Veis que en latín se ve mejor el juego de palabras de más o de menos, con lo cual ser ministro es ser menos.

Ministro en castellano decimos servidor.

En griego decimos diácono.

Es la misma palabra dicha en tres idiomas distintos, aunque no vamos a llamar 'diácono extraordinario de la comunión', pero para que sepáis que la palabra en latín, en griego o en castellano es servidor.

Conviene tenerlo de fondo y conviene recordarlo.


Y conviene tener en cuenta cómo Jesús en la última Cena fue el menor, con lo cual vinculó la Eucaristía al servicio, lavó los pies a sus discípulos.

El Hijo del Hombre no ha venido a ser servido, sino a servir.

Me ha gustado también poner en latín para que veáis, porque sólo un cambio de una letra le hace pasar de pasiva a activa.

Ministrari en pasiva y ministrar en activa:

no he venido a ser servido, sino a servir.


Y el fundamento de todo ministerio, nos hablarán de este tema, supongo, con la espiritualidad y demás, el fundamento de todo ministerio es ser prolongación de Cristo, servidor de Cristo.


¿Que nos dice la Plegaria Eucarística II?

Que nos has permitido estar delante de ti y servirte.

Lo vemos repetidamente en la misa.

Estamos al servicio.

Y dirá Jesús que el más grande entre vosotros será vuestro servidor.

Por tanto, el fundamento lo tenemos en Cristo, servidor, Cristo que está al servicio.

Y ahí el ministro que está con Cristo, la Iglesia, los pastores y la asamblea.

Al servicio de estos cuatro entes, que va de más a menos.

Somos servidores de Cristo, somos servidores de la Iglesia.

Somos servidores porque los ministros que actúan en la celebración están en relación con el obispo o el cura.

Los pastores y de la comunidad de la asamblea están al servicio de la asamblea.



Vamos a ver qué documentos, qué recorrido histórico ha habido con el tema de la distribución de la comunión, para situarnos un poco en el marco más magisterial.


ANTIGUEDAD:

No hay documentación, no había un dicasterio para el culto divino que sacase documentos, pero ¿qué pasaba en la antigüedad?

Luego veremos el primer documento que será Fidei custos, después Ministeria quaedam, después Inmensae caritatis, después el Código de Derecho Canónico, Eclesiae de mysterio, Redentionis Sacramentum y finalmente Spiritus Domini.


Todos estos documentos, voy a hablar ahora un poco de cada ellos, pero os he sacado aquí la relación completa de cada uno de ellos.

Vamos a ver qué podemos decir del primero:


En la antigüedad, en los primeros siglos, los laicos llevaban la comunión a enfermos y también a los encarcelados, con lo cual que los laicos llevaran la comunión era normal, más incluso, ya San Justino del siglo segundo dice que había sido llevada la comunión a los ausentes, con lo cual los laicos llevaban la comunión.


Pero a partir de la época carolingia empieza a ser una función o un ministerio o un oficio que ya se va clericalizando, lo van haciendo los curas, con lo cual el papa San Pío X habló de la comunión frecuente y pidió que hubiera la comunión frecuente, con lo cual en el siglo XX empezó a incrementar la asistencia a la comunión.


Esto hizo que algunos obispos pidieran a la Santa Sede la facultad de poder ser ayudados por laicos en la distribución de la comunión y así en este documento Fideicustos del 30 de abril de 1969, la Santa Sede permitió que los obispos pudieran dar a ciertas personas la facultad de ayudar a distribuir la comunión.

Es el primer documento que empezará hablar de este tema.



Muy poquito después, en 1972, el Papa Pablo VI reformó las órdenes menores y quitó el subdiaconado e instituyó el acolitado y electorado y al acolitado le permitió ser o le conllevaba ser ministro extraordinario de la comunión, con lo cual hizo un ministerio ya específico, el ministro del acólito, que podía ser ministro extraordinario de la comunión, que en aquel momento sólo podía ser instituido de manera oficial, sólo podían ser instituidos los varones.

Veremos cómo en el último de los documentos el Papa Francisco ya modificó esta normativa.


Si avanzamos un poquito en el tiempo con Inmense Caritatis, al año siguiente, en 1973, sale un documento que establece, ya no una institución de ministros extraordinarios de la comunión, sino un ministerio como acólito y lector, pero aparece ya de manera más oficial que los obispos.

Los ordinarios pueden elegir personas idóneas y darles este ministerio por un tiempo determinado.

El cura podrá concederlo para un caso específico, como aparece en el apéndice del Misa, el obispo para un periodo ad tempus, el sacerdote ad casum.


Si seguimos avanzando en el tiempo.

El Código de Derecho canónico publicado en 1983, traerá en forma legal, por así decir, este Ministerio.

El canon 910 enumera como ministros ordinarios de la Sagrada Comunión al obispo, al presbítero y al diácono y reconoce como ministro extraordinario al acólito y también a otro fiel designado según el canon 230, parágrafo 3º.



En 1997 sale un documento que lo hacen distintas congregaciones, señalando la participación de los laicos en diversas funciones de la Iglesia y aparece toda esta funcionalidad litúrgica y dice que hay que evitar confusiones entre el sacerdocio ministerial y los servicios confiados a fieles no ordenados.

El ministerio extraordinario de la comunión es un servicio de suplencia, y recordad que es un servicio de suplencia.


Siguiente documento:

también vuelve a ser un poco así como situando un poquito las cosas por ciertas desviaciones, que es Redentionis Sacramentum.

Publicado por la Congregación para la Doctrina de la fe en el año 2004, sobre los abusos que estaba habiendo sobre la Eucaristía.

Dijo que eran ministros extraordinarios de la Comunión, porque algunos estaban diciendo que eran ministros extraordinarios de la Eucaristía, como si fueran los que iban a celebrar extraordinariamente la Eucaristía y no, son los que ayudan a distribuir la comunión.

Por tanto, fijó su terminología, señaló y recordó quiénes eran, que lo veremos después, las personas que podían ser designadas y en qué orden podían ayudar a dar la comunión y cómo debía ser el ejercicio de este ministerio.



Y finalmente el papa Francisco, el Spiritus Domini, amplió la posibilidad o permitió que el ministerio de lector y acólito, en este caso nos afecta al de acólito, pudiera ser conferido a fieles laicos de ambos sexos.

Por tanto, de manera oficial podían ser instituidas acólitas las mujeres que no habían sido podido desde en el año 72, cuando se estableció este ministerio y ser un ministro extraordinario de la comunión por el propio ejercicio del acolitado.




Esto en relación documental, si alguien quiere, pues en Google puede localizar los documentos, porque salen con el nombre y salen sin ninguna complicación.


Vamos ahora a detenernos un poco en las tres palabras que definen su IDENTIDAD: Ministro Extraordinario de la Comunión.

¿Qué significado tiene cada una de ellas?


Ministro.

Ya hemos hablado de lo que era ministerio.

Entonces un ministro es un servidor, por encima de todo, el ministro es servidor, servidor de la comunidad.

Y así que como el servidor no actúa en nombre propio, en el 'dadles vosotros de comer', hablábamos de que él es enviado como Cristo envió a sus discípulos, por lo tanto el ministro no actúa en nombre propio.

Y tal es así que en la propia celebración recibe la comunión, no se la da a sí mismo.

Y en es el cura que está celebrando el que le da la patena para que distribuya la comunión, el minsitro no debe cogerla, por sí mismo, del altar.

El que toma la patena, no actúa en nombre propio, es un enviado.

El sacerdote que ha celebrado, por tanto, le doy la patena, recibe una misión, la misión de ayudar a distribuir la comunión.

Y como ya os he dicho, siguiendo el modelo de Cristo, servidor.

Por tanto, teniendo esto de fondo, uno siempre se acuerda que es ministro servidor.



La siguiente palabra que en nuestro mundo habitual es un poco más compleja, es la palabra:

extraordinario.

En el lenguaje eclesiástico no siempre las palabras significan lo mismo que en el lenguaje profano.

Y la palabra extraordinario significa fuera de lo habitual.

Fuera de lo ordinario, no lo que hacemos normalmente: extrahabitual.

Si fuera la palabra extrahabitual sería más comprensible.

Por tanto hay un ministro que lo hace de manera ordinaria, de manera ordinaria, y hay otro que lo hace extraordinariamente, fuera de lo habitual.


Como hemos dicho, el acólito instituido lo es por su propio ministerio, pero aparte del acólito instituido, hay ciertas personas a las que se les puede hacer ministro para una situación concreta.

El cura que se encuentra que tiene mucha gente parada en la comunión y avisa a un catequista y le da una bendición que aparece en el apéndice del propio misal, un encargo ad actum o de manera habitual.

Y hubiera sido más claro si fuera ministro especial que ministro o ordinario.


COMUNIÓN

Bien, ¿Y de la comunión, ministro extraordinario de la comunión?

El ministro extraordinario de la comunión en la misa, con lo cual puede ayudar a repartir, significa que uno llega a la celebración y entra y dice: oye, que yo soy ministro de la comunión, a mí si eso me llamáis.

Puede ayudar a dar la comunión en la misa,

puede ayudar a distribuir la comunión a los enfermos

o incluso al enfermo moribundo, el viático.

Cosa es que el viático tiene una complicación, porque propiamente el viático no es sólo la comunión, conlleva también la penitencia y la unción.


Pero si hay necesidad, que no hay otra manera de llevar una última comunión.

El viático es la última comunión, la comunión para el camino, el almuerzo, cuando uno se va de viaje, el jueves se vaya de vuelta y me voy a llevar este bocata para el tren, para que sea más ameno, pues yo me voy a llevar, lo digo entre comillas, ese bocata es la Eucaristía para el camino hacia el cielo.

El alimento para el camino.

Puede hacer la exposición del Santísimo.

No se dice; Ministro extraordinario de la Eucaristía, que podría parecer que es el suplente del cura.

Entonces, cuando no hay cura, pues puede ser el que celebre de manera extraordinaria, pues para evitar complicaciones Ministro de la Comunión.


¿Cuándo es verdaderamente necesario ejercer este ministerio?

Pues para ver cuándo tenemos que salir a ejercer este ministerio, vamos a leer a ver qué nos dice el Misal al respecto.

El Misal, en la introducción, en la ordenación general del Misal Romano, en las primeras páginas donde aparece cómo debe hacerse la celebración, dice que si no están presentes otros presbíteros, pueden ayudar al sacerdote a distribuir la comunión.

Si no están disponibles y el número de comulgantes es muy elevado, el sacerdote puede llamar para que le ayuden a los ministros extraordinarios, es decir, a un acólito instituido, o también a otros fieles que para ello ya han sido designados.


Con lo cual, si no hay concelebrantes son necesarios los ministros extraordinarios de la Comunión.

Podría pasar que uno de los concelebrantes tiene 90 años: Bajar las escaleras con la patena, pues es complicado, se sienta, con lo cual puede haber un impedimento del ministro ordinario que requiera un MESC.


¿Qué es un número elevado de comulgantes?

¿Qué significa que se puede prolongar mucho la misa?

En mi catedral tuvimos un cura que decía para esperar al Señor, que esperen lo que haya que esperar.

Bueno, si hiciera falta, porque que te hayan nombrado es que puedes estar disponible, pero eso no significa que obligatoriamente uno tiene que ejercer este ministerio.

Uno está disponible y será la circunstancia concreta la que determine el ministerio, si hay necesidad, pero no hay obligación a ejercer este ministerio.




¿Qué nos dice al respecto del Concilio Vaticano II?

Ya os he dicho antes cómo en las celebraciones, cada cual, ministro o simple fiel, al desempeñar su oficio, hará todo y sólo aquello que le corresponde por la naturaleza de la acción y las normas litúrgicas, con lo cual la ministerialidad aparece ya fundamentada en el documento conciliar sobre liturgias, que ha de hacer todo y solo aquello que le corresponde.

No se trata simplemente de agilizar la fila de la comunión, no es una cuestión práctica, ésta no fundamenta teológicamente este ministerio.


Ritualmente acceden al altar una vez que haya comulgado el sacerdote, no acceden al altar antes de que comulga el sacerdote, sino que acceden al altar una vez que haya comulgado al sacerdote y es el sacerdote el que les da la comunión y les da la patena para llevar la comunión.

(((PERO AÑADO : Ya están los MESC al pie del altar, para no dar tiempo litúrgico al paseo))).

Eso para que no parezca que están los concelebrantes y el ministro extraordinario de la comunión en el mismo lote.


Y también hay un tema que podría crear su polémica,

¿Qué es mejor?:

+Que en aquel momento el otro sacerdote que vive en la casa, o espera en el despacho, diga: "a las 11 y 20 voy a bajar corriendo a la sacristía, me revisto y salgo a ayudar la comunión" porque a y25 van a empezar a repartir la comunión

+o que un fiel que ya estaba en la asamblea venga a ayudar la comunión?


No debería ser alguien que aparece así como un meteorito en la celebración, sino alguien que está participando en la celebración, que no aparezca alguien que viene deprisa corriendo de manera ajena a ese momento.

Que se participe en la propia celebración tiene también un sentido como comunidad que está celebrando.


Pero ya digo, que algunos dicen si hay un ministro ordinario en la casa parroquial, está cerca, o no hay un MESC ¿Por qué no viene ese cura en ese momento para ayudar a distribuir la comunidad?

¿Cómo dar la comunión?:

+MOSTRAR en alto,

+DECIR: 'El Cuerpo de Cristo'

+ AMEN que ha de responder el comulgante

+ ENTREGAR





El ritmo de la distribución

Sabemos, además, que la normativa permite comulgar a elección del fiel, o en la boca o en la mano, y a elección del fiel también, o de pie o de rodillas, con lo cual está permitida en las dos maneras.


Dice la normativa que la purificación de los vasos la puede hacer el acólito o el ministro ordenado, pero no el ministro extraordinario de la comunión en la celebración de la Eucaristía. Este ha salido a ayudar y cuando termina de ayudar la comunión, termina su ministerio.

El acolito instituido, acabada la comunión, ayuda al sacerdote o al diácono a purificar y colocar los vasos sagrados fuera del altar.

En ausencia del diácono, el acólito instituido lleva a la credencia los vasos sagrados y allí, del modo acostumbrado, los purifica, los seca y los coloca en su sitio.


Y más allá de la Misa hay más cosas en las que puede ayudar.

Hemos dicho que puede ayudar en la distribución de la comunión a los enfermos.

Desde principio la Iglesia era consciente que el enfermo o los ancianos que no podían participar de la comunidad, eran miembros de la comunidad.

Y una manera de mostrar esta participación en la comunidad era llevándole la comunión, incluso en aquellos tiempos, con el esfuerzo de, cuando acaba la celebración dominical, se le lleva la comunión. Esa vinculación con la propia comunidad, comulgando de la misma misa que han celebrado en ese momento.

Ya sabemos que luego se lleva la comunión el día que se puede, la semana, a la hora que se puede, pero en los orígenes salía como esa prolongación de la comunidad que ha celebrado el domingo.


Por tanto esa comunión llevada en domingo al enfermo, mostrando cómo la comunidad no se olvida de los miembros ausentes, sino que está en cercanía.


También pueden llevar la comunión como última comunión, el viático a los moribundos.

Pero aquí queda un problema, como os he dicho, que el viático llevado por un laico, esta última comunión sería una situación extraordinaria, porque al viático se le suma la penitencia y la unción de enfermos, con lo cual hace falta que sea, no incluso un diácono, sino un presbítero el que va a administrar el viático con estos otros dos sacramentos al moribundo.


Y en tercer lugar, la exposición del Santísimo.

Puede exponer el Santísimo tanto en la custodia como en el copón, lo que no puede dar es la bendición.

Puede exponer y reservar sin bendición.


Y el encargo que ha recibido no lo puede delegar, es decir, no dice bueno, pues voy a llevar la comunión a los enfermos, pues ésta le dejo que la lleve luego no sé quién, mi esposa, mi amigo, el otro, él ha recibido un encargo que lo debe cumplir él mismo.

No es distribuidor de comuniones para que su encargo lo haga otro.

Es que llego tarde a la iglesia y voy a exponer yo, pues que vaya fulanito, le he dicho fulanita y lo haga él.

Tiene que ser el cura el que vuelve a dar ese ministerio a otra persona.


Esto es como cuando nos delegan para hacer una boda.

Yo no puedo delegar la encomienda de hacer la boda.


CELEBRACIONES

El ministro extraordinario de la comunión no es el agente que está al frente dirigiendo unas celebraciones dominicales en espera de presbítero, porque estas celebraciones requieren también que el obispo le designe para estar al frente.

Es una encomienda diferente.

Eso no significa que no pueda nombrar y que normalmente lo haga alguien a quien el obispo le ha nombrado ministro extraordinario de la comunión, pero es una encomienda diferente que depende del obispo, no están equiparadas en otra normativa, pero normalmente es un ministro extraordinario porque normalmente se distribuye la comunión en estas celebraciones, pero no es algo que está equiparado, que simplemente por ser ya ministro extraordinario de la comunión seas también agente de celebraciones dominicales en espera de presbíteros.

¿A quién podemos confiar este ministerio?

Vamos a ver qué personas, cómo son los modos y qué rito litúrgico tiene este ministerio.

Respecto a las personas, la normativa nos habla de 'no habiendo acólito instituido, pero hay un lector, aunque el lector no sea ministro extraordinario de la comunión, por su propio ministerio de lector, el lector ayuda.

En Inmensae Caritatis aparece una lista de quien puede dirigir esa celebración: un seminarista, un religioso o una religiosa, un catequista o un fiel varón o mujer, en este orden.


El fiel designado ministro extraordinario de la comunión y debidamente preparado deberá distinguirse por su vida cristiana, daría para otra conferencia la vida espiritual del ministro por su fe y buenas costumbres.

Por eso normalmente la normativa diocesana pide que el párroco avale a la solicitud que le hace al señor Obispo para que designe a alguien ministro extraordinario, se esforzará por ser digno de este nobilísimo encargo, cultivará la devoción a la sagrada Eucaristía y dará ejemplo a los demás fieles de respeto al Santísimo Sacramento del altar.

No será elegido para tal oficio uno cuya designación pueda causar sorpresa a los fieles.


Pasamos a ver las modalidades.

¿Que modalidades?

Como ya hemos dicho,

+es el acólito instituido, porque en su propio acolitado ya conlleva ser ministro extraordinario de la comunión

+un fiel para un tiempo determinado

+o un fiel para una situación concreta.

Ya he dicho que para el tiempo determinado lo hace el obispo,

para una situación concreta la puede hacer un presbítero.


Recibir la bendición para este ministerio:

Este acto de designación no tiene necesariamente una forma litúrgica, ni de ningún modo, si tiene lugar, puede asemejarse a una sagrada ordenación.

Con lo cual, cuando miramos el ritual de la Sagrada Comunión del culto eucarístico fuera de la Eucaristía, nos dice que se puede hacer un rito dentro de la Misa o fuera de la Misa.

En el ritual aparece este rito en el que después de la homilía, cuando uno ha sido designado para un tiempo determinado, pues se le dirigen unas parecidas palabras, no las voy a leer ahora mismo.

Luego se le pregunta

+¿Quiere recibir el encargo de distribuir a sus hermanos el Cuerpo del Señor para servicio y edificación de de la iglesia?

+Si, quiero.

+¿Estás dispuesto a procurar diligentemente todo cuidado y reverencia en la distribución de la Eucaristía?

+Si, lo estoy.

Entonces, seguidamente se arrodilla y le hace esta bendición.

Dice también que después vienen las peticiones y que las peticiones se tenga una petición por el ministro que acaba de ser bendecido y en la procesión de ofrendas, el que ha sido bendecido puede llevar ahí el pan y el vino y recibir la comunión bajo las dos especies.

También se puede hacer el rito fuera de la Misa, con lo cual habría una pequeña liturgia de la Palabra, y en la liturgia de la Palabra se enmarcaría el rito que hemos visto

En el misal, también en el ritual, aparece cuál es el rito para distribuir la comunión en un momento puntual..


Tener claro que los ministerios no son estructuras inmóviles, es decir, que uno no recibe el encargo eternamente, ha habido una necesidad, ha habido una designación, esta designación conlleva un servicio y se puede revisar.

Normalmente los obispos dicen cada equis años, en mi diócesis cada tres años lo firma, lo mismo para cada tres años, ¿Por qué?

Pues igual alguien que se le hizo se ha cambiado de parroquia o ahora no conviene que haya tanto ministro de la comunión o por circunstancias se revisa, no son estructuras inamovibles.


Algunas tensiones que deben mantenerse en equilibrio porque este ministerio puede hacernos llevar a que la necesidad nos haga que sea una cosa normalizada, como que tenemos ministros y ministros y ministros.

Pueda parecer que hay una lucha entre el papel de los laicos o los laicos que se quieren clericalizar o hacer cosas que les puedan corresponder más o menos.

La reverencia hacia lo que se está distribuyendo que es el cuerpo de Cristo

o que uno pueda creerse que es un funcionario y lo haga sin mayores respetos.

La comunión a los presentes o a los ausentes y la disponibilidad frente a decir 'yo soy ministro extraordinario de la comunión', la apropiación.

Y también un acompañamiento hacia estas personas,

Un acompañamiento que conlleve diferentes niveles, una coordinación práctica, una coordinación cómo se desarrolla, cómo tienes que hacer tu ministerio en este ejercicio y si hay directrices diocesanas se siguen también las directrices que ha dado el propio obispo.



¿Qué manifiesta este servicio?

Una iglesia servidora, una iglesia ministerial, por lo tanto un ministerio entendido como servicio y una necesidad, una necesidad que es atendida sin confundir funciones, sin apropiarse más funciones de las que le corresponden.

Una comunión que alcanza también a los ausentes, a los que no están participando por circunstancias en la celebración y un encargo recibido y no poseído, de tal manera que es un servicio para el que el pan de vida alcance a los hermanos y hermanas que participan en la Eucaristía.

Y hasta aquí mi intervención.

Gracias por vuestra atención.



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