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Evangelio según san Marcos

hace 10 minutos
32 min de lectura

Ideas clave

.1. Introducción y objetivos

.2. Contenido del evangelio

.3. El final del evangelio

.4. Qué dice la Iglesia sobre este evangelio

.5. Carácter literario de la obra

.6. Lengua original

.7. Un evangelio profundamente marcado por la Pasión y Muerte de Jesús

.8. Teología del evangelio según san Marcos

.9. Lugar, destinatarios y tiempo de composición

.10. Referencias bibliográficas


A fondo

Teología del evangelio de San Marcos

Acerca de la cristología de San Marcos

Análisis de Mc 1,1-3: comienzo del evangelio


.1. Introducción y objetivos

El evangelio según san Marcos es el más breve de los tres sinópticos.

Es más, casi la totalidad de su contenido aparece también en los otros dos evangelios. No es extraño que en los primeros siglos de la Iglesia se le prestase poca atención.

Desde la época moderna, sin embargo, al ser considerado como el más antiguo, ha sido objeto de una atención importante de parte de los estudiosos.


Se suele destacar de este escrito su carácter más arcaico, su índole más narrativa que doctrinal. De hecho, a diferencia del evangelio según san Mateo, el escrito marcano sólo contiene el Discurso Escatológico (c.13).


Es verdad que algunos autores identifican en él el Discurso Parabólico, pues en el c.4 hay una colección de parábolas.


En cualquier caso, la finalidad de la narración es una: desvelar quién es Jesús y el valor salvífico de su pasión y muerte.

Esta es la gran preocupación del evangelista.

De hecho, la divinidad de Jesús es explicitada desde el comienzo del ministerio público, pues se le atribuyen características y poderes propios de Dios. Es más, el autor sagrado comienza su escrito de un modo solemne: “Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios” (1,1).


Ya en la primera frase se confiesa la divinidad de Jesús.

Por lo demás, aunque es probable que Marcos no haya querido calificar su obra con este nombre, algunas décadas después el término “evangelio” sería utilizado para designar este tipo de escrito.


En este tema los objetivos que se pretenden conseguir, entre otros, son los siguientes:

Identificar quién fue su autor

y por qué motivo decidió redactar este evangelio.

Describir cuáles son las características principales de este escrito.

Conocer cuándo y en qué lengua se redactó.

Conocer sus principales líneas teológicas según san Marcos.


En la tradición manuscrita, el segundo evangelio nos ha llegado con diferentes finales. Los dos más conocidos son:

1) Según los códices uniciales Sinaítico y Vaticano, además de otras versiones (sirosinaítica, armenia y georgiana) y otros testimonios patrísticos, el evangelio termina en 16,8. 2)

2) Manuscritos del siglo V (Alejandrino, Codex de Beza, Codex Ephraemi), algunas versiones antiguas (Vetus latina, Vulgata, copta, etiópica) y testimonios patrísticos atestiguan un final más largo: 16,9-20.


Antes de dar las razones que indican la versión breve como la más antigua, aclaremos que la Iglesia considera canónicos todos los versículos de la versión larga. Por tanto, se consideran testimonio auténtico de la tradición apostólica. Las razones que avalan la antigüedad del final corto, aparte de los manuscritos citados, es el dato de ser la lectio difficilior (la lectura más difícil) y que explica la aparición de los otros finales.


Ciertamente es extraño que el evangelista termine su obra con esta afirmación, que, en traducción literal del griego, dice así: “Y a nadie nada dijeron, porque tenían miedo” (v.8).


La extrañeza surge no sólo de la afirmación en sí, sino también de lo que leemos en Mateo (28,8) y Lucas (24,9.22-23): las mujeres comunicaron a los discípulos el mensaje del ángel, es decir, el hecho de la resurrección de Jesús.


También resulta extraño que el segundo evangelio no contenga ningún relato de apariciones de Jesús resucitado.

Es más, desde el punto de vista literario, tampoco parece muy adecuado que la historia evangélica marcana termine con la breve frase griega ephoboûnto gar (porque tenían miedo), colocando la conjunción causal al final del todo.


Queriendo resolver estas dificultades, los copistas antiguos añadieron algunos versículos más. La solución que tuvo más éxito es la que tenemos en nuestro evangelio canónico: el final largo.

Ahora bien, si se leen con atención los vv. 9-20, además de constatar que el vocabulario y estilo son muy diferentes del resto del segundo evangelio, se puede observar también que han sido añadidos de modo brusco.

En palabras de Bruce M. Metzger: “Es tan pedestre la relación entre el v. 8 y los vv. 9-20, que resulta difícil creer que el evangelista haya querido que esta sección fuera una continuación de su evangelio” (Metzger, 2005, p.105).


Además, en ellos se hace un resumen de diferentes apariciones de Jesús resucitado recogidas en los otros evangelios canónicos.

Así, los vv. 9-11 resumen la aparición a María Magdalena narrada en Jn 20,11-18;

el v. 11 alude a la incredulidad de los apóstoles atestiguada en Lc 24,11;

los v. 12-13 evocan el relato de la aparición a los dos discípulos camino de Emaús, que nos ha transmitido Lc 24,13-35;

los v. 14-15 dependen del relato de la aparición a los Once discípulos según está atestiguada en Lc 24,36-49;

el v. 15 demuestra tener conocimiento del mandato misionero de Jesús que recogen Mt 28,18-20 y Lc 24,47;

los v.17-18.20 hacen mención a los signos que acompañaron la predicación apostólica, como queda perfectamente atestiguado en los primeros capítulos del libro de los Hechos;

el v. 19 rememora la ascensión narrada en Lc 24,50-53.


Ahora bien, si el final largo resulta ser un resumen de pasajes pascuales de Mateo, Lucas y Juan, tiene que haberse realizado después de la edición de estos tres evangelios, que, como sostienen los estudiosos, son posteriores al de Marcos.

Es decir, quien redactó los vv. 9-20 disponía de una copia de los cuatro evangelios. Por todos estos motivos, los responsables de la edición crítica del griego del Nuevo Testamento consideraron el final breve del evangelio según san Marcos el más antiguo.


4. Qué dice la Iglesia sobre este evangelio

La noticia más antigua que nos ha llegado sobre el evangelio según san Marcos es la de Papías de Hierápolis (hacia el 130), que tenemos recogida en la Historia Eclesiástica de Eusebio de Cesarea.

En ella leemos: “El presbítero decía también: "Marcos, que fue intérprete de Pedro, puso puntualmente por escrito, aunque no con orden, las cosas que había memorizado en cuanto a dichos y hechos del Señor".

Porque ni había oído al Señor ni le había seguido; pero más tarde – como he dicho– siguió a Pedro, el cual impartía sus enseñanzas según las necesidades, no como quien compone una ordenación de los dichos del Señor. De modo que en nada faltó Marcos al poner por escrito algunas cosas según las había memorizado. Porque en una sola cosa puso cuidado: no omitir nada de lo que había oído ni falsear nada de ello” (III, 39, 15).

Debido a esta información de Papías, este evangelio se denomina también petrino al considerar al apóstol Pedro como su fuente principal. Ciertamente si la atribución de este evangelio a Marcos hubiese sido ficticia, ideada por la comunidad cristiana, se hubiera esperado la elección de un personaje más significativo, por ejemplo un apóstol.

También Ireneo de Lyon (segunda mitad del siglo II), en su obra Adversus Haereses, identifica como autor de este evangelio a Marcos: “Mateo […] puso por escrito el Evangelio cuando Pedro y Pablo evangelizaban y fundaban la Iglesia. Una vez que éstos murieron, Marcos, discípulo e intérprete de Pedro, también nos transmitió por escrito la predicación de Pedro” (III, 1, 1).

Otros escritores eclesiásticos ofrecen la misma información, entre otros: Justino en su Diálogo con Trifón (106,9-10), Tertuliano en su obra Adversus Marcionem (IV,5), Orígenes, citado por Eusebio de Cesarea en su Historia Eclesiástica (VI,25,5), etc.


En algunos libros del Nuevo Testamento se nombra a Marcos como colaborador de los apóstoles. Al igual que Pablo, este personaje tiene dos nombres: uno semita, Juan, y otro latino, Marcos. Seguramente esta característica indica que este judío poseía una formación griega.

En los Hechos de los Apóstoles aparece nombrado varias veces.

La primera vez es con ocasión de la liberación milagrosa de Pedro. Después de salir de la cárcel, se dice que este apóstol “se dirigió a casa de María, la madre de Juan, por sobrenombre Marcos” (12,12).

Al final de dicho capítulo, cuando se narra el regreso de Bernabé y Pablo desde Jerusalén, después de haber terminado el encargo de llevar la colecta para ayudar a la comunidad de Judea, el autor de los Hechos informa de que ambos decidieron que Juan Marcos bajara con ellos a Antioquía (12,25).

De igual modo, en su primer viaje, Bernabé y Pablo realizarán su labor misionera con su colaboración (13,5). Aunque, poco después, en Perge de Panfilia, Marcos los abandonó para regresar a su casa (13,13).

El autor de los Hechos no nos dice cuáles fueron los motivos que le llevaron a tomar esta decisión, pero ciertamente no fueron considerados válidos por Pablo, pues se negó a que les acompañara en su segundo viaje apostólico, como podemos leer en Hechos: “Unos días más tarde, dijo Pablo a Bernabé: "Vayamos de nuevo y visitemos a los hermanos en todas las ciudades en que hemos predicado la palabra de Dios para ver cómo están". Bernabé quería llevar con ellos a Juan, llamado Marcos, pero Pablo opinaba que no debían tomar consigo al que se había separado de ellos en Panfilia y no les había acompañado en la obra. Se produjo una gran tensión, hasta el punto de que se separaron el uno del otro: Bernabé, tomando a Marcos, se embarcó para Chipre; por su parte, Pablo, eligiendo como compañero a Silas, y encomendado por los hermanos a la gracia del Señor, partió y fue recorriendo Siria y Cilicia, confirmando a las Iglesias” (15,36-41).

No obstante, este rechazo de Pablo no fue definitivo, pues en algunas de sus cartas nombra a Marcos como colaborador suyo (Flm 23-24; Col 4,10; 2Tm 4,11).

También Pedro lo menciona en su primera carta: “Os saluda la comunidad que en Babilonia comparte vuestra misma elección, y también Marcos, mi hijo” (5,13). El modo como tiene de referirse a él, indica no sólo que para Pedro fue un colaborador muy entrañable, sino también que resultaba bien conocido por las Iglesias de Asia Menor, a las que va dirigida esta carta; por tanto, en estas comunidades debió de desarrollar alguna actividad o servicio ayudando en la misión apostólica.

Es muy probable que la “firma” de Marcos haya quedado impresa en el segundo evangelio mediante un relato muy breve y peculiar, que los otros evangelistas no mencionan en sus escritos.

En la narración del prendimiento de Jesús en Getsemaní, Marcos añade al final una noticia sobre un joven que huye desnudo. Recordemos el pasaje: “Lo iba siguiendo un muchacho envuelto sólo en una sábana; y le echaron mano, pero él, soltando la sábana, se les escapó desnudo” (Mc 14,51-52). En su comentario al segundo evangelio, Marie-Joseph Lagrange explica estos versículos del modo siguiente: “Este pequeño episodio es propio de Marcos. En el momento en que todos, es decir, los discípulos, habían huido, un joven seguía a Jesús, con intenciones muy probablemente simpáticas […] Iba vestido con una de esas piezas de tela ligera en las que uno suele envolverse para dormir […] La palabra gymnós podría designar a un hombre vestido solamente con una túnica, pero aquí es bastante clara la intención de referirse a un hombre arrancado del sueño y que no lleva más que su vestido de noche. Si hubiese sido un pobre labrador, hubiera llevado solamente su túnica, de noche como de día. El hábito de noche especial, y la palabra sindón, que indica de ordinario un tejido bastante fino, muestran que el joven era de condición distinguida. Esto se aprecia porque se ve bien que no formaba parte de la tropa enviada por los sanhedritas […] La mayoría de los críticos no ponen en duda el carácter histórico del hecho, garantizado por su misma extrañeza, y quizá también por su carencia de un interés general […]


Si el hecho es histórico, ¿quién era este joven? En primer lugar es preciso excluir a los discípulos, según la intención enteramente clara de Marcos […] Es preciso también absolutamente excluir a uno de los habitantes de la casa en que Jesús celebró la cena. ¿Por qué seguir a Jesús con este vestido, y exponerse tanto tiempo al frío de la noche, ordinariamente muy vivo por este tiempo en Jerusalén?

Por tanto, sólo puede tratarse de un habitante de la villa-huerto de Getsemaní o de una casa muy cercana, que despertado por el ruido vino para ver lo que pasaba. Pero Marcos añade que seguía a Jesús; por tanto le conocía, le estaba adherido, le muestra una cierta fidelidad.


Muchos comentaristas han pensado que era el mismo Marcos; según Holtzmann, este breve relato, del que han prescindido Lucas y Mateo, es como el monograma del artista que firma su obra […] Se explica muy bien que Lucas y Mateo no hayan reproducido esta pequeña escena; porque, insignificante en sí misma, no hacía intervenir ninguna personalidad conocida.


De todos modos, la escena proviene de una tradición personal de Marcos” (Lagrange, 91966, p.396-398). Creemos que, en efecto, el personaje que se esconde detrás de este joven es Marcos. Hace algunos años, recurriendo al sustrato semítico de la tradición evangélica, Herranz Marco y García Pérez estudiaron estos versículos con la intención de aportar alguna luz que desvelase la identidad de este personaje misterioso. Apoyándose en una variante griega que podía reflejar una traducción servil de una construcción aramea, se esforzaron por reconstruirla. La traducción de ese texto arameo propuesto por estos estudiosos; dice así: “Y uno, que sería servidor en la obra de ellos, lo seguía envuelto en una sábana sobre el cuerpo desnudo; pero lo agarraron, y él, dejando la sábana, huyó desnudo” (Herranz Marco-García Pérez, 2001, pp. 142-147).


Para aclarar y concretar más quién puede ser este servidor de los discípulos en su obra, es decir, en la predicación del Evangelio, basta recordar los pasajes citados anteriormente; sobre todo Hch 13,5, donde leemos que Bernabé y Pablo “tenían a Juan como servidor (hyperéten)”.

Este término griego puede ser traducción perfecta del término arameo que se esconde tras el texto griego del relato marcano del prendimiento de Jesús.

Seguramente este servicio de Juan Marcos no se limitó a hacer compañía a los predicadores del Evangelio en sus viajes. De hecho, en la tradición se le denomina “intérprete (hermeneutes)” de Pedro. Con toda probabilidad, le ayudaba en la predicación, debido a su falta de dominio del griego, o incluso es posible que le tradujese desde el arameo. Su conocimiento de la predicación petrina le posibilitó escribir un libro que contenía los hechos y dichos de Jesús, la historia de su pasión, muerte y resurrección, es decir, el Evangelio.


No obstante, algunos estudiosos han detectado en este evangelio varios errores geográficos y una confusión respecto a ciertas costumbres judías, algo que sería una fuerte objeción a su autoría marcana (cf. Mc 5,1; 7,31; 10,1; 14,12).

Si estos errores son ciertos, supondrían que el autor de este evangelio no era originario de Jerusalén ni estaba familiarizado con el judaísmo de Palestina.

Por tanto, el autor sagrado que redactó el segundo evangelio debió de ser un cristiano de segunda o tercera generación. En realidad, estos errores son fácilmente explicables teniendo en cuenta el original arameo que se esconde detrás del texto griego.


Un ejemplo: En Mc 14,12, al comenzar el relato de la preparación de la última cena, el evangelista ofrece esta indicación cronológica: “El primer día de los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual”.

El evangelista Marcos parece referirse a un día concreto, pero resulta difícil saber con precisión a qué día se refiere, pues las dos afirmaciones hay que atribuirlas a dos días diferentes. La primera, “el primer día de los ácimos”, debe referirse al 15 de nisán, que es el primer día festivo de la Pascua, mientras que con la segunda, “cuando se sacrificaba el cordero pascual”, se alude al 14 de nisán, el día que se realizaban los preparativos de la Pascua; entre ellos, la matanza ritual del cordero pascual.


Los comentaristas del segundo evangelio no se ponen de acuerdo sobre cómo ha podido generarse la unión de estas dos expresiones para designar un único día.

Para L. Schenke, la confusión se debería a que el autor sagrado no estaba familiarizado con las costumbres de Palestina, pues de otro modo no habría caído en el error de identificar dos días diferentes (Schenke, 1971, p.154-157).

A su parecer, el evangelista consideró el día en que se retiraba de las casas el pan con levadura parte de la fiesta de los ácimos, que era también el día que se sacrificaban los corderos.


Otros exegetas, por ejemplo A. Yarbro Collins, intentan explicar la confusión apelando a que el autor sagrado estaba habituado a un cómputo de las horas del día diferente al utilizado en el judaísmo, y por eso colocó con naturalidad en el mismo día la inmolación de los corderos y la cena pascual (Yarbro Collins, 2007, p.647).


Para S. Dockx, la solución del problema estaría en la posibilidad de que los habitantes de la Galilea no celebrasen la Pascua el mismo día que los residentes de la Judea, debido a que no había una coincidencia entre ellos a la hora de fijar el día que daba inicio al mes de nisán (Dockx, 1976, p.21-29).


A nuestro entender, el motivo de la extraña información contenida en el evangelio de Marcos se debe a una interpretación errónea de la formulación aramea original.

El ordinal “primero” en arameo puede significar también “anterior”; y éste es el significado que hay que concederle en este pasaje.

Por otra parte, el sustantivo plural “ácimos” es un sinónimo perfecto del sustantivo “Pascua”; decir que están cerca los ácimos equivale a decir que está cerca la Pascua.

Por tanto, la traducción correcta de la fórmula aramea que se esconde detrás del griego es la siguiente: “Y en el día anterior a los ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual…” (García Pérez, 2012, p.41-48).


Entendido el griego de esta manera, el evangelista no identifica dos fechas, sino se está refiriendo solamente al día previo de la Pascua, es decir, al 14 de nisán.

Por lo demás, la continuación del relato confirma que en este versículo se alude al día dedicado a la preparación de la cena pascual, pues menciona dos veces los preparativos absolutamente necesarios para poder celebrar la Pascua (Mc 14,15.16)


5. Carácter literario de la obra

El segundo evangelio es el más breve de los tres sinópticos. Destaca también que su contenido es más narrativo que discursivo. De hecho, se le considera el evangelista narrador. Su estilo es más bien popular; además la redacción griega está llena de semitismos. En los pasajes comunes con los otros dos sinópticos, éstos suelen mejorar su redacción. No obstante, el estilo narrativo de Marcos es muy vivo y descriptivo, lleno de detalles. Una narración de gran vivacidad y realismo, que delatan el relato de un testigo, muy probablemente Pedro. Por lo demás, suele utilizar el presente histórico facilitando así al oyente o lector identificarse con los testigos de los sucesos. No es infrecuente que divida un relato en dos partes al insertar otro en medio de las dos mitades, de este modo produce la percepción del paso del tiempo o la lejanía espacial. Pongamos un ejemplo. En el cap. 6, Marcos narra la misión de los Doce, descrita en pocos versículos (v.7-13). Después de ello, introduce diferentes opiniones de la gente sobre Jesús; en último lugar alude a lo que decía Herodes Antipas sobre él. Aprovechando esta referencia a Herodes, introduce el relato de la muerte de Juan Bautista ocasionada por el odio de Herodías. Al incorporar este suceso, Marcos crea la sensación de separación temporal. Además, el oyente o lector olvida el envío de los Doce. Cuando retoma de nuevo el relato de la misión apostólica, al informar de la vuelta de los Doce, parece como si hubiese pasado mucho tiempo (v. 30). Al utilizar este recurso estilístico, Marcos une más estrechamente los sucesos que narra y favorece el dramatismo. A favor de la dependencia del testimonio petrino está también la descripción de los apóstoles que se hace en este evangelio: se les caracteriza como cobardes, torpes para entender, interesados en su propio éxito, duros de corazón. Es difícil suponer que en la comunidad primitiva se atreviera alguien que no tuviera gran autoridad a Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 19 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) caracterizar de este modo a los Doce. Y también en este evangelio se destaca de un modo significativo la figura de Pedro. Los estudiosos suelen considerar que el segundo evangelio está formado por relatos aislados, tomados de la tradición evangélica y unidos de modo nada sistemático. Sin entrar ahora en la discutida cuestión de la formación de los evangelios, no debemos olvidar que muchas de las características literarias contenidas en este evangelio se deben al influjo semítico de la tradición evangélica. Rasgos más bien propios de las lenguas semíticas son: la coordinación de las oraciones con la simple conjunción copulativa “y (kai)”, procedimiento denominado parataxis (cf. 10,32-34); la ausencia de partículas y conjunciones que sirvan de nexo, conocido como asíndeton (cf. 3,35; 4,28); expresiones redundantes, llamadas pleonasmos, que pueden tener la finalidad de precisar una indicación temporal o de lugar, añadiendo algún detalle pintoresco, o explicitar una idea (cf. 1,32.42; 6,25; 10,30). También puede ser influjo semítico la abundancia de participios (cf. 1,41; 5,25-28) y el plural impersonal, que en arameo sustituye con frecuencia a la voz pasiva (cf. 1,22; 2,18). La sintaxis de Marcos es sencilla, cercana a la lengua hablada. Las frases son más bien breves y unidas con mucha frecuencia, como ya hemos dicho, sólo con “y”, prescindiendo de este modo de partículas y conjunciones de subordinación. Hay presencia de giros populares y semíticos. En cuanto al vocabulario, hay que señalar que es monótono y bastante pobre. La historia narrada se desarrolla en tres escenarios: Galilea (1,14-7,23), viajes o desplazamientos fuera de Galilea (7,24- 10,52) y Jerusalén (11,1-16,8). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 20 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Marcos utiliza siete veces el término “evangelio”. Comparándolo con los otros dos sinópticos debemos deducir que es una peculiaridad suya, pues Mateo lo usa cuatro veces, mientras que en el evangelio de Lucas no aparece. En algunas ocasiones, si tenemos en cuenta los pasajes paralelos, su presencia es debida claramente a la pluma de Marcos (cf. Mc 1,15; 8,35; 10,29). Incluso en algún caso, el uso marcano del término parece reflejar un sentido no tanto de proclamación cuanto de relato o narración (cf. Mc 14,9). Esto es muy claro en el primer versículo de su evangelio. James D.G. Dunn afirma: “En este uso del término euangelion podemos quizá percibir el paso del "Evangelio" en cuanto tradición sobre Jesús, "detalles que narran la vida y la misión de Jesús", al "evangelio" en cuanto "libro que trata de la vida y la misión de Jesús". Aquí euangelion se desliza del contenido de un mensaje al libro que lo vehicula. Visto que la tradición sobre Jesús no es concebida (y no lo fue jamás) como algo añadido al Evangelio, sino como el Evangelio mismo, el escrito que contiene tal tradición no debe ser considerado como un simple contenedor del Evangelio, sino como Evangelio mismo. Marcos, de hecho, estaba introduciendo casi consciente y deliberadamente un nuevo género en la literatura del mundo antiguo. No se trataba de la biografía (bios) de un gran hombre, sino de un evangelio, la narración de la misión de un hombre particular que ha hecho posible la salvación, un libro que significó él mismo la salvación. Fue Marcos –de modo consciente, intencional o no– quien originó el paso del "Evangelio" al "evangelio"” (Dunn, 2012, p.104). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 21 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) 7.6. Lengua original Su griego es claramente semítico. Además de los fenómenos ya señalados, podemos enumerar de modo sintético otros mecanismos sintácticos. El verbo aparece con frecuencia al principio de la frase, algo habitual en las lenguas semíticas (cf. 6,14: “y oyó el rey Herodes…”). Una construcción característica del hebreo y arameo es el casus pendens seguido de pronombre redundante (cf. 6,16: “al que yo mandé decapitar, Juan, ése ha resucitado”). La presencia de pronombres utilizados de forma anticipada para dar énfasis al sujeto de la frase (cf. 6,7: “éste, pues, Herodes…”). El relativo seguido de un pronombre reasuntivo (cf. 7,25: “una mujer, de la cual la hijita de ella tenía un espíritu inmundo”). Traducción errónea de la partícula de en oraciones subordinadas. Esta partícula tiene muchos valores: signo de genitivo, pronombre relativo, conjunción causal, final o consecutiva, partícula de explicitación (equivalente a “es decir”)... Lo mismo sucede con la conjunción copulativa “y (vav)”. Pongamos un ejemplo. Al comienzo del relato del juicio de Jesús ante Pilato, leemos: “Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el Sanedrín en pleno…” (15,1). Algunos estudiosos han visto en esta frase un signo de la falta de conocimiento de las instituciones judías, ya que los tres grupos nombrados formaban el sanhedrín. Por tanto, no tiene sentido decir, después de nombrarlos, que se reunió además el sanhedrín en pleno. En realidad, basta conceder el valor explicativo que posee el vav arameo para resolver estas acusaciones de ignorancia al evangelista: “Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas, es decir, el Sanedrín en pleno…”. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 22 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Ciertamente, el colorido arameo y judío del evangelio según san Marcos viene favorecido por el hecho de recoger la predicación de Jesús, que se dirigió a los judíos de Palestina en lengua aramea, y sus acciones, que se realizaban en un contexto judío; por tanto, su palabra y comportamiento no podían dejar de traslucir el lenguaje, las ideas y las tradiciones judías. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 23 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) 7.7. Un evangelio profundamente marcado por la Pasión y Muerte de Jesús Es muy conocida la expresión de Martin Kähler definiendo el evangelio según san Marcos como un relato de la Pasión con una amplia introducción (Kähler, 1964, p.80). Quizá es exagerada, pero pone en evidencia un factor decisivo en este evangelio: la narración está en función de la historia de la Pasión, que llamativamente ocupa un tercio del completo evangelio. Algunas peculiaridades ponen de manifiesto este factor. La mayor parte del ministerio público de Jesús se desarrolla en Galilea y ocupa la mitad del evangelio. La confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, colocada en la mitad de la narración evangélica, sirve para introducir el cambio de escenario. Este relato introduce por primera vez el anuncio de la Pasión (8,31); anuncio que se repetirá otras dos veces camino de Jerusalén (9,31; 10,33-34). No obstante, la sombra de la Pasión se hace sentir desde los primeros capítulos del evangelio. Así, en el capítulo segundo, después de la justificación, ante la acusación de los fariseos, de por qué sus discípulos no ayunan, añade: “Llegarán días en que les arrebatarán al esposo, y entonces ayunarán en aquel día” (2,20). Poco después, cierra una serie de controversias con los fariseos aludiendo a la decisión que tomaron los fariseos de acabar con él: “En cuanto salieron, los fariseos se confabularon con los herodianos para acabar con él” (3,6). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 24 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) En otros momentos del relato evangélico Marcos explicita la conciencia que Jesús tiene acerca de su Pasión y Muerte. Así, por ejemplo, ante la petición de los hijos del Zebedeo de ser los primeros en su reino, les invita a tener parte en su muerte sufriente (10,38-39). Y en la parábola de los viñadores, dirigida a los responsables máximos del judaísmo, describe la muerte violenta del hijo del dueño de la viña como una clara alusión a su muerte y exclusión del judaísmo: “Y, agarrándolo, lo mataron y lo arrojaron fuera de la viña” (12,8). Por último, en el pórtico de los días de la Pasión, el evangelista narra la unción de la mujer en Betania, que es interpretada por el mismo Jesús como anticipo de la unción sepulcral: “Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura” (14,8). También predice la traición de Judas (14,18). Y en la institución de la Eucaristía explicita el significado del gesto con estas palabras: “Mientras comían, tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio diciendo: "Tomad, esto es mi cuerpo". Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron. Y les dijo: "Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos"” (14,22-24). Ciertamente esta insistencia en la Pasión y Muerte de Jesús no debe extrañarnos, pues la proclamación del Evangelio, como vemos por los discursos apostólicos de Hechos y las cartas paulinas, se centra en la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, en la cual Dios reconcilió consigo a la humanidad. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 25 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) 7.8. Teología del evangelio según san Marcos Cristología Jesús es llamado “Mesías” varias veces; nunca Jesús se lo aplica a sí mismo en sus dichos (Mc 1,1; 8,29; 9,41; 12,35; 14,61; 15,32). La expresión “Hijo de David”, que aparece en tres ocasiones, está también en relación con el carácter mesiánico de Jesús. También se ha identificado la expresión “Hijo del hombre” como título mesiánico. Esta expresión se suele relacionar con la figura apocalíptica de Dn 7,13. En el pasaje profético la expresión sirve para designar al pueblo de los santos del Altísimo. Según algunos estudiosos, a esta figura, que tendrá un mayor desarrollo en la literatura apocalíptica judía, se aludiría en el discurso denominado escatológico o apocalíptico (13,24-27) y en la respuesta de Jesús al sumo sacerdote en el juicio ante el sanhedrín (14,62). Sin embargo, es fácil constatar que la expresión aramea bar ’anasha (= hijo del hombre), sirve para referirse a la persona que habla o de la que se habla evitando utilizar el pronombre personal correspondiente; y suele usarse para designar a esa persona en contextos de muerte-sufrimiento o de glorificación. Si se leen con atención los lugares donde aparece esta expresión en el evangelio según san Marcos, es fácil comprobar que siempre son el sufrimiento o la glorificación los contextos habituales en los que es utilizada (Mc 2,10.28; 8,31.38; 9,9; etc.). No obstante, la expresión “Hijo de Dios” es la más importante. Aparece en los momentos más decisivos de la vida de Jesús: bautismo en el Jordán (1,11), transfiguración (9,7), en boca del centurión junto a la cruz (15,39). Una fórmula diferente es utilizada por el sumo sacerdote en el juicio ante el sanhedrín: “¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?” (14,61). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 26 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Jesús manifestó repetidas veces a lo largo de su ministerio público la pretensión de su divinidad: se atribuyó el cumplimiento de las promesas de los profetas; predicó la llegada del reino de Dios en su persona; a semejanza de Dios, perdonó los pecados de los hombres; se puso como intérprete definitivo de la ley; se dijo Señor del sábado; y reclamó para sí una mayor dignidad que el templo de Jerusalén. Incluso llegó a indicar como el único determinante de la santidad de los hombres no la ley mosaica, sino la adhesión a su persona, su seguimiento; es decir, la salvación del hombre, el cumplimiento de su humanidad, no está en la observancia de unas normas, sino en el amor a su persona por encima de todo y en todo. Ciertamente, esta conciencia mesiánico-divina de Jesús nada tiene que ver con la espera de un Mesías político, una concepción muy extendida entre el pueblo judío de su época. Su concepción coincide más bien con el Siervo de YHWH, pues la salvación que trae a los hombres se realiza mediante la entrega obediente de su vida hasta la muerte, y una muerte de cruz. Secreto mesiánico El secreto mesiánico es un intento de explicar una serie de extrañas órdenes de silencio de Jesús que encontramos en el segundo evangelio, dirigidas a personas beneficiadas por algún milagro suyo (1,44; 5,43; 7,36; 8,26) o a sus discípulos que le confiesan como Mesías (8,30; 9,9). Una orden semejante aparece dirigida a los demonios que le declaran delante de la gente como enviado de Dios (1,25.34; 3,12). En realidad, los mandatos a las personas curadas por él son todos disparatados. Veámoslo. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 27 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) En la curación de un leproso (cf. Mc 1, 40-45), Jesús le impone absoluto silencio, para inmediatamente después recordarle su obligación de ir al sacerdote y ofrecer el sacrificio prescrito por la ley de Moisés; pero al cumplir ambas cosas, el leproso haría pública su curación extraordinaria. Después de resucitar a la hija de Jairo (cf. Mc 5, 21-43), impone silencio a los padres respecto a lo sucedido. Ahora bien, la muerte de la niña era conocida por todos, incluso los preparativos del funeral habían ya comenzado. ¿Cómo podían guardar silencio respecto a lo que Jesús había hecho a su hija? Es más, el mismo día del milagro o en los siguientes, los familiares y vecinos de Jairo verían a la niña viva y les sería fácil concluir que su resurrección se debía al Maestro que habían hecho llamar. En la curación del sordomudo (cf. Mc 7, 31-37), el mandato es desobedecido de inmediato: apenas realizado el milagro, tanto el agraciado como sus acompañantes comienzan a publicarlo. De todos modos, resultaría de todo punto imposible ocultar lo sucedido. Por último, salta a la vista el despropósito contenido en la orden de Jesús al ciego de Betsaida (cf. Mc 8, 22-26), a quien, después de curarlo, envía a casa sin permitirle entrar en el pueblo. ¿Cómo puede volver a su casa sin entrar en el poblado donde ésta se halla? No menos descabellados son los mandatos de silencio dirigidos a los demonios. La primera imposición de silencio tiene lugar en el exorcismo del endemoniado de Cafarnaúm (cf. Mc 1, 21-28). El mandato es totalmente inútil, puesto que Jesús lo pronuncia después de que el espíritu impuro le ha confesado como Mesías ante la asamblea reunida en la sinagoga. Un poco más adelante, el evangelista refiere el comportamiento usual que Jesús tenía con los espíritus impuros prohibiéndoles hablar “para que no le hiciesen manifiesto” (Mc 3, 12). A renglón seguido, sin embargo, el evangelista informa que dicha prohibición era impuesta a los demonios después de que éstos le habían identificado como “hijo de Dios” ante los presentes. ¿Tiene algún sentido impedir que suceda lo que ya ha sucedido? ▸ ▸ Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 28 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Después de la confesión mesiánica de Pedro en Cesarea de Filipo (cf. Mc 8, 27-30), Jesús obliga a sus discípulos a guardar silencio al respecto. De igual modo, bajando de la montaña alta, manda a los tres discípulos testigos de su transfiguración que no digan nada de lo que han visto. En estas dos ocasiones es más creíble el reclamo de silencio: nada hay en los relatos que haga inverosímiles estos mandatos de Jesús, incluso parece posible el acatamiento. Lo extraño en ellas es la oscuridad que posee la formulación griega de la orden de silencio. Con el deseo de ofrecer una explicación a estos sorprendentes mandatos de silencio, Wilhelm Wrede publicó en 1901 un libro titulado El secreto mesiánico en los evangelios. Y a la vez una aportación para entender el evangelio de Marcos. Según este estudioso, en el segundo evangelio tenemos la visión de un narrador tardío sobre la vida de Jesús y en modo alguno la narración trata de transmitir lo que sucedió en la realidad. El redactor de este evangelio refleja la fe de los cristianos de su época, los cuales consideraban a Jesús como Mesías desde su concepción. Esta idea, sostiene Wrede, era el resultado de la reflexión teológica que la comunidad primitiva había realizado sobre los dichos y obras de Jesús; pero en otros escritos del Nuevo Testamento existen también huellas de una concepción más primitiva, según la cual el hombre Jesús habría sido constituido Mesías después de su muerte (cf. p. ej., Hch 2,36; Rom 1,4; Flp 2,6-11). De esta supuesta concepción primitiva Wrede deduce que Jesús jamás tuvo conciencia de ser el Mesías; durante su existencia nunca se atribuyó una dignidad mesiánica. Con la finalidad de remediar, de algún modo, esta discordancia entre los recuerdos de la vida “real” de Jesús y la concepción que tenía la comunidad cristiana posterior, se inventó el secreto mesiánico. De este modo se ofrecía una explicación de por qué Jesús no habló nunca de su mesianidad: en realidad, aunque él era el Mesías, Jesús no permitió a sus discípulos darlo a conocer antes de su resurrección de entre los muertos. Por tanto, al decir de Wrede, los mandatos de silencio son un artificio literario creado por la comunidad primitiva para explicar por qué Jesús no se ▸ Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 29 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) presentó como Mesías. Esta teoría, con ciertas modificaciones, se ha impuesto entre los estudiosos. De hecho, es casi imposible no hallar un capítulo, o al menos un apartado, dedicado al estudio del secreto mesiánico en los comentarios a este evangelio. También hay quienes han explicado estos mandatos o prohibiciones presentes en el evangelio según san Marcos mediante el recurso a la prudencia de Jesús, que quiso distinguir con claridad su misión salvadora de las especulaciones mesiánicas contemporáneas. Por ello, buscó revelar poco a poco el misterio de su persona. Valga como ejemplo la explicación que ofrece M. Iglesias en su traducción del Nuevo Testamento: “Era un prudente recurso pedagógico de Jesús, para evitar que lo identificaran con un Mesías político liberador de la dominación romana” (Iglesias, 2003, p.178). En realidad, como hemos mostrado, teniendo en cuenta el original arameo de la tradición evangélica los mandatos de silencio no eran tales; se trataba de palabras que pronunciaba Jesús después de algún milagro para subrayar la bondad de Dios como origen del mismo, o iban dirigidas contra los demonios para contrarrestar el desamor que querían introducir en los hombres respecto a Jesús, o contenían la explicación de lo que los discípulos acaban de ver en la montaña alta (García, 2007, p.150-169). Todos estos dichos de Jesús resultan perfectamente armónicos en el relato; nada hay en ellos que obligue a sospechar de su autenticidad. Y por supuesto, en estos mandatos no se puede fundamentar en absoluto la inexistencia de la conciencia mesiánica de Jesús. Más bien todo lo contrario. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 30 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Reino de Dios El término semítico “reino (malkut)” tiene varios significados: autoridad ejercida por un rey, duración de su reinado, territorio sobre el que ejerce su gobierno. La concepción judía en la época de Jesús de este reino/reinado de Dios consistía en la acción salvadora de Dios que actuaba en el mundo para castigar a los impíos, acabar con el influjo maligno y crear un reino de bien y paz para los justos. Este aspecto de bien, de don no desaparece en la concepción de Jesús, pero en modo alguno es algo que merece o se entrega sólo a los justos, según se pensaba en el judaísmo. Jesús invita a todos a participar de este reino. Además el reino de Dios que Jesús proclama desvela la paternidad amorosa de Dios con los hombres, es la irrupción de su poder divino a favor de todos los hombres, de modo especial a favor de los más necesitados, de los que son considerados condenados en vida a causa de sus pecados (publicanos, prostitutas, etc.). La acción salvífica de Dios se manifiesta en Jesús a través del perdón de los pecados y su capacidad de transformar el corazón de los hombres. Es más, en Cristo Jesús todos los hombres son reconciliados con el Padre, hechos parte de la gran familia de Dios. Esta victoria sobre el pecado y el mal se manifiesta también en los exorcismos y curaciones, que son realizados por Jesús como signos de la presencia del reino de Dios en medio de los hombres, del inicio de la victoria sobre el poder de Satanás. Como es bien sabido, la mentalidad judía de ese tiempo consideraba las enfermedades que sufrían los hombres como originadas por el poder maligno y las sufrían aquellos que habían pecado. Baste recordar el comentario de los discípulos de Jesús respecto al ciego de nacimiento: “Maestro, ¿quién pecó: éste o sus padres, para que naciera ciego?” (Jn 9,2). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 31 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Destacando la gran diferencia entre la concepción que Jesús tiene del reino de Dios respecto al judaísmo de su época, Mariano Herranz afirma: En efecto, en la predicación de Jesús el reino de Dios es una realidad presente y futura (Mc 1,15; 8,38; 9,43.45; etc.). Ciertamente ha comenzado ya, está presente en la historia, pero tiene que consumarse. Por eso Jesús habla de esa plenitud del reino de Dios a través de imágenes de banquetes y fiestas que prepara Dios para los que ama, que tendrán lugar en su reino celeste. El reino ha venido, pero hay que entrar en él para gozarlo de modo total y definitivo. Comenta Herranz Marco: “La expresión "reino de Dios" está construida sobre una imagen: la de Dios como el rey ideal, en cuyos dominios el hombre puede sentir saciados todos sus anhelos más profundos, remediada su radical menesterosidad. Hemos dicho que la originalidad de Jesús frente al judaísmo de su tiempo cuando habla del reino de Dios reside sobre todo en las abundantes locuciones nuevas que emplea. Una de estas locuciones, precisamente la que más se repite en los evangelios, es: "entrar en el reino de Dios, alcanzar el reino de Dios". Estas frases son paralelas a otras de la literatura judía, en que se habla con frecuencia de "entrar en el mundo venidero", "alcanzar el mundo venidero". Y la expresión "mundo venidero" es en el judaísmo, y en el cristianismo que la adoptó, un modo de designar los bienes salvíficos, la salvación definitiva” (Herranz Marco, 1975, p.14). Quienes hacen posible la llegada del reino son Dios y Jesús. El reino de Dios no es algo que construye el hombre, ni mucho menos lo conquista. Él sólo puede acoger este don ofrecido en Cristo Jesús. Toda la predicación de Jesús durante su ministerio público se centra en el reino de Dios, su actividad está al servicio del reino. Actúa ciertamente como su heraldo, pero también lo inicia. Por eso, retomando una expresión de Orígenes, Jesús es la autobasileia, la personificación del reino. Acogiendo a Jesús, siguiéndole, el hombre participa ya del reino de Dios. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 32 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) 7.9. Lugar, destinatarios y tiempo de composición La fecha habitual que se asigna a la redacción del evangelio de Marcos es en torno al año 70. En este escrito no se detecta ninguna huella de que el autor tenga conocimiento de la destrucción de Jerusalén por parte de las legiones romanas; suceso de enormes consecuencias para el pueblo de Israel. Tampoco el discurso llamado escatológico o apocalíptico refleja dicha destrucción. Por tanto, tuvo que ser escrito antes del 70. No obstante, si tenemos en cuenta las informaciones que tenemos en las cartas paulinas hemos de colocar la redacción de este evangelio en una fecha mucho más temprana de la que encontramos en los manuales. El lugar desde donde se difundió este escrito, según las informaciones de la tradición, es Roma. Ciertamente hay rasgos que indican que la obra iba dirigida a una comunidad no palestinense ni de origen judía. De ahí que se expliquen las costumbres judías o se traduzcan los términos arameos. Además, la presencia de latinismos apoyaría la hipótesis de que se escribió para la comunidad romana. No obstante, tanto el griego semitizante como su dependencia de la predicación petrina subrayan el carácter palestinense del segundo evangelio. No se olvide que la primera predicación del apóstol Pedro se desarrolló en arameo e iba dirigida a los judíos de Palestina y Siria, como nos lo recuerda Pablo en su carta a los Gálatas: “vieron que se me ha encomendado anunciar el Evangelio a los incircuncisos, lo mismo que a Pedro a los circuncisos” (2,7). Por otra parte, debemos suponer que Marcos, hasta que a mediados de los años cuarenta acompañó a Bernabé y Pablo en su primer viaje misionero, habría limitado su colaboración con la predicación apostólica a la tierra de Palestina. Por añadidura, Marcos manifiesta poseer un conocimiento de los sucesos narrados conforme al que tiene un testigo. A veces da por conocidos lugares, situaciones y personajes, como si a sus oyentes o lectores les fueran familiares; es decir, eran gentes que no Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 33 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) necesitaban explicaciones o aclaraciones respecto a la geografía de Palestina, situaciones o personajes de aquella época. Pero, ¿explicaciones de costumbres judías, la traducción de expresiones arameas no nos obligarían a pensar que este evangelio se redactó para oyentes o lectores no judíos? En efecto, si los oyentes o lectores del segundo evangelio fuesen judíos, no necesitarían dichas aclaraciones. Debemos suponer, por tanto, que el evangelio según san Marcos, si bien se escribió en territorio de Palestina y estaba dirigido a personas familiarizadas con la geografía y las costumbres judías, tuvo que ser adaptado posteriormente a lectores de origen pagano; y por este motivo se añadieron estas explicaciones. De hecho, estas explicaciones o adaptaciones tienen el aire de haber sido introducidas posteriormente en relatos pensados y dirigidos al mundo judío. Si la primera redacción de las palabras y hechos de Jesús se hubiese hecho pensando en oyentes y lectores no judíos, con seguridad se habría prescindido de palabras y expresiones típicamente judías. Comentando las aclaraciones contenidas en Mc 7,1- 4, Herranz Marco-Calavia Balduz afirman: “Este relato de S. Marcos –en su forma actual- no pudo ser redactado originariamente pensando ya en lectores paganos, ignorantes de las costumbres judías. El paréntesis, en cierto modo, sería concebible en un evangelio para lectores no judíos; en cambio, la expresión "con manos profanas" (koinaîs), seguida de la explicación en el v.2, pero sin ella en el v.5, sólo es concebible en un libro escrito por un judío y para lectores judíos, que luego fue adaptado a gentiles. El uso del adjetivo koinós, "común", con el significado de "profano", "impuro" (en el sentido ritual judío), es totalmente desconocido en el griego extrabíblico, y muy frecuente en el judaísmo. Un evangelio pensado inicialmente para lectores no judíos, de habla y cultura griega, no habría hablado de manos "profanas" para añadir inmediatamente la explicación: "es decir, no lavadas"; habría dicho simplemente: "Viendo a algunos de sus discípulos comer sin lavarse las manos"” (Herranz Marco-Calavia Balduz, 1976, p.12-13). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 34 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Algunas de las características que tenemos en el evangelio han llevado a identificar la comunidad de Roma como la destinataria de la redacción final de este evangelio. Así lo han afirmado algunos escritores de la Antigüedad. Consideran que la presencia de latinismos (kentourion, modios, denarion, kensos, etc.), la adaptación de ciertas costumbres judías al derecho romano (cf. Mc 10,11-12), el uso del horario romano (cf. 13,35), la equivalencia de las monedas judías a las romanas (cf. 12,42), la explicación de las costumbres judías, e incluso que sea un romano el primer pagano en reconocer la verdadera identidad de Jesús, abogan a favor de esta comunidad como lugar de recepción y difusión de este evangelio traducido al griego, ya que su primera redacción fue en arameo y dirigida a los judíos de Palestina. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 35 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) 7.10. Referencias bibliográficas Dockx, S. (1976). Chronologies néotestamentaires et Vie de l’Église primitive. Recherches exégétiques. Paris: Éditions J. Duculot. Dunn, J.D.G. (2012). Dal Vangelo ai Vangeli. Storia de una continuità ininterrotta. Cinisello Balsano Milano: San Paolo. García, J.M. (2007). Los orígenes históricos del cristianismo. Madrid: Encuentro. García Pérez, J.M. (2012). La Pasión de Jesús en los primeros escritores cristianos. Marcos, Lucas y Pablo. Madrid: Encuentro. Herranz Marco, M. (1975). “La predicación de Jesús: el Reino de Dios”. Cuadernos de Evangelio 11, 5-23. Herranz Marco, M.-Calavia Balduz, J. (1976). “El evangelio según S. Marcos”. Cuadernos de Evangelio 24, 5-28. Herranz Marco, M.-García Pérez, J.M. (2001). Milagros y resurrección de Jesús según san Marcos. Madrid: Encuentro. Iglesias González, s.j., M. (2003). Nuevo Testamento. Traducción, introducción y notas. Madrid: Encuentro. Kähler, M. (1964). The So-Called Historical Jesus and the Historic Biblical Christ. Philadelphia: Fortress. Lagrange, M.-J. (91966). Évangile selon Saint Marc. Paris: Gabalda. Marcus, J., El evangelio según Marcos: 1,1-8,21 (BEB 130; Salamanca: Sígueme, 2010). Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 36 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Metzger, B.M., (2005). Un comentario textual al Nuevo Testamento griego. New York: Sociedades Bíblicas Unidas. Schenke, L. (1971). Studien zur Passionsgeschichte des Markus. Tradition und Redaktion in Markus 14,1-12. Würzburg: Echter. Yarbro Collins, A. (2007). Mark. A Commentary. Minneapolis: Fortress Press. Ideas clave Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. Ideas clave 37 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Teología del evangelio de San Marcos Sánchez Navarro, L., Testimonios del Reino. Evangelios sinópticos y Hechos de los Apóstoles (Madrid: Palabra, 2010) p. 145-156: “Personalidad y Teología del evangelio de San Marcos”. Algunos rasgos fundamentales del segundo evangelio que caracterizan su testimonio acerca de Jesucristo. A fondo Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. A fondo 38 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Acerca de la cristología de San Marcos Villota Herrero, S., “Identidad entre el Nazareno y el resucitado en "las palabras de Jesús". Búsqueda y conocimiento del Jesús real en Marcos”: Estudios Bíblicos 65 (2007) 131-145. Tras presentar diversas imágenes de Jesús ofrecidas por los investigadores, el artículo se centra en el estudio del “Jesús de los evangelios”, porque es el único que posibilita un genuino acercamiento al Jesús real, reclamando para Marcos la identidad del Jesús terreno con el resucitado A fondo Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. A fondo 39 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR) Análisis de Mc 1,1-3: comienzo del evangelio Marcus, J., El evangelio según Marcos 1 (ver Referencias bibliográficas), p. 147-158: “El comienzo de la buena noticia (1,1-3)”. En: http://www.sigueme.es/docs/libros/evangelio-de-marcos-1-8.pdf Estudio de los primeros versículos del evangelio de Marcos: el título (1,1) y la gran cita inicial de la Escritura (1,2-3). A fondo Nuevo Testamento 1: Sinópticos y Hechos de los Apóstoles Tema 7. A fondo 40 © Universidad Internacional de La Rioja (UNIR)

 
 
 

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