ACoruña D.F.
2026_09_20 Discipulado Franciscano
Lo hemos titulado
El Señor me dio hermanos
y hemos comenzado con una pregunta difícil:
«¿Y si no hago eso que, según tú, debería hacer, aún creerás en mí?»
Muchas veces confiamos en Dios esperando que actúe de una manera concreta: que cure una enfermedad, evite una pérdida, resuelva un problema o haga que las cosas salgan como deseamos. La pregunta era qué ocurre con nuestra fe cuando eso no sucede. No buscábamos una respuesta rápida, sino reconocer con sinceridad qué nos pasa cuando Dios no responde como esperábamos.
Desde ahí nos hemos acercado al Tránsito de san Francisco.
Tránsito significa paso.
Recordamos su muerte, ocurrida el 3 de octubre de 1226, no para idealizar sus últimos días, sino para mirarlos desde la esperanza cristiana.
Francisco llegó al final de su vida enfermo, casi ciego y muy debilitado.
Quiso regresar a la Porciúncula, el lugar pequeño donde había comenzado todo.
Necesitaba que sus hermanos lo llevaran y lo cuidaran.
También ellos sufrían porque sabían que iban a perderlo.
La fe no hizo desaparecer el dolor ni convirtió su enfermedad en algo hermoso.
Tampoco le permitió comprender todo lo que estaba sucediendo.
Su fe consistió en ponerse otra vez en manos de Dios cuando ya no podía controlar casi nada.
Hicimos también un recorrido por distintas representaciones artísticas de la muerte de Francisco, desde Giotto hasta Zurbarán y otros pintores, y terminamos contemplando una recreación actual de sus últimos momentos.
Cada época ha mirado aquella escena de una manera distinta, pero en todas aparecen la fragilidad de Francisco, la presencia de los hermanos y una luz que se abre paso en medio de la oscuridad.
Después escuchamos el Evangelio de Juan 13.
Francisco quiso que se leyera este pasaje poco antes de morir:
Jesús se levanta de la mesa, se ata una toalla y lava los pies a sus discípulos.
Al final de su vida, Francisco no deja a sus hermanos una explicación para todo, sino el Evangelio y una forma concreta de vivirlo: servir, cuidar y aceptar también que otros nos cuiden.
En los grupos compartimos estas dos preguntas:
1. ¿Qué significa para nosotros seguir creyendo cuando Dios no actúa como esperábamos?
2. ¿Qué descubrimos en la manera en que Francisco vivió sus últimos días?
Terminamos rezando la oración que el papa León XIV ha escrito para este VIII Centenario, pidiendo a san Francisco que nos enseñe a derribar muros, construir puentes y llegar a ser artesanos de paz.
La formación terminó, pero la pregunta queda abierta para todos:
Si Dios no hace lo que espero o necesito, ¿seguiré creyendo?
Quizá la frase del vídeo con la que cerramos ayude a entender la esperanza de Francisco:
«Los huesos aún se rompen. Pero al final, la luz vencerá a la oscuridad».










































































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