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Próxima canonización del Beato Juan de Prado.


A finales del siglo XIX, la iglesia conventual de los PP. Franciscanos de Santiago de Compostela, entonces Colegio de Misioneros para Tierra Santa y Marruecos, estaba siendo sometida a una renovación de su patrimonio mueble. Aprovechando las amplias cualidades escultóricas de fray José Rodríguez, que había tomado el hábito seráfico en 1869, se construyeron los retablos del Carmen (1871), antes de Nuestra Señora de la Paz; el de San Pascual (1873); el de San Bernardino (1875) y, sobre todo, el retablo mayor, bendecido el 8 de septiembre de 1878.

Bajo su altar estuvieron durante varias décadas las reliquias del Beato Juan de Prado, que había sido nombrado patrono del Colegio Misional y que hicieron su entrada solemne en este templo a las seis y media de la tarde del 28 de mayo de 1889, por cuyo motivo se celebraron tres días de festejos, tanto civiles como religiosos. Era, en aquel entonces, rector de la casa el P. Francisco María Ferrando. La ciudad no recordaba otra entrada de un cuerpo santo desde que el papa Pío VIII regalase, el 17 de abril de 1830, el cuerpo de San Heliodoro para la capilla del Hospital Real, a instancias del administrador de aquel entonces, don Manuel Chantre y Torre.


El Beato Juan de Prado nació en Mogrovejo (León) hacia 1563; tras realizar sus estudios, entró en la Orden seráfica en 1584, en el convento de Rocamador. Después de ser ordenado sacerdote y de desempeñar diversos cargos que demostraron su valía, especialmente sus dotes apostólicas, fue elegido provincial de la Provincia de San Diego de Andalucía.

Posteriormente, el P. Juan de Prado fue designado por el papa como misionero en Marruecos, donde, con la aprobación del sultán, desarrolló una importante misión evangelizadora y caritativa. Tras el ascenso de un nuevo monarca marroquí en 1631, este ordenó a los misioneros que abandonaran el país, pero tres franciscanos no lo hicieron y continuaron con su actividad acostumbrada. Los tres religiosos fueron arrestados y encarcelados, para ser luego condenados al martirio.

Juan de Prado fue herido con un alfanje en la cabeza ante la rectitud de sus palabras en los interrogatorios; fue atravesado por unas flechas y, finalmente, quemado en una hoguera. Era el 24 de mayo de 1631. Gracias a la protección del duque de Medina Sidonia, los restos fueron recuperados y trasladados a Sevilla en 1637, siendo elevado al título de Beato el 24 de mayo de 1728 por el papa Benedicto XIII.

Después de la exclaustración, los restos habían pasado a la Catedral de Sevilla y, con el tiempo, desde Santiago se negoció su traslado, acaecido en 1889. El 14 de mayo de ese año salió de Compostela para traer las reliquias el P. Páramo y, unos días más tarde, el 21 de mayo, el P. Rector acudió al Ayuntamiento para que ayudase a festejar con solemnidad la inminente venida del cuerpo. El día antes de la llegada, los restos fueron acogidos en la estación de tren de Lugo con gran alegría: salieron a recibir el cuerpo el clero de la ciudad, las cofradías, la Orden Tercera y los seminaristas. Fue trasladado a la iglesia de San Francisco por la propia comunidad, que, al llegar al templo, cantó un solemne Te Deum. Al día siguiente, por la tarde, las reliquias entraron de manera similar en Compostela.

Existe un memorial de lo que contenía la urna de caoba venida de Sevilla, lacrada por fray Ceferino González, arzobispo de Sevilla, de la Orden de Predicadores: una cajita contenía un trozo de hábito del Beato del día de su martirio, las cenizas y un tizón de la hoguera donde fue quemado y unos huesos; otro recipiente contenía unas cuentas de un rosario, más carbones de la hoguera y un pedazo de hábito, junto a un escrito de su compañero fray Matías de San Francisco que, junto a fray Ginés de Ocaña, le había seguido en su misión en Marruecos.

Del mismo modo, acompañaba a las reliquias el precioso estandarte de la Purísima Concepción que llevaba en las procesiones.


A su llegada, los restos fueron colocados bajo el altar mayor. También se hizo una imagen, replicada en estampas y folletines, y hoy retirada del culto. La talla, de buen tamaño, muestra al Beato herido con un alfanje, atravesado por unas flechas y encima de unos tizones ardiendo, en alusión a sus tormentos. Esta efigie fue reproducida por el escultor murciano Venancio Marco. Desde entonces, todos los años se celebraba el 24 de mayo una gran solemnidad litúrgica para conmemorar tanto la venida de los restos como la festividad del mártir.


Imagen del Beato Juan de Prado, retirada del culto, en Compostela


En mayo de 1893, con motivo del jubileo episcopal del papa León XIII, se celebró un triduo conmemorativo en la ciudad de Santiago, en el que participaron, aparte del prelado compostelano, Martín de Herrera, los obispos de Lugo, Oviedo, Mondoñedo y Ourense. Con tal motivo, el 15 de mayo se acercaron a la iglesia franciscana y, dentro de una solemne función, el Sr. Cardenal retiró un hueso mayor, lo introdujo en un relicario y lo remitió al convento de Pastrana. Asimismo, los PP. Franciscanos obsequiaron a los obispos presentes con unas tecas con huesecillos.

Hoy, las reliquias yacen en un nicho de piedra en el primer tramo de la iglesia, al entrar, a mano derecha. Esta urna de vidrio está cerrada con sellos de lacre de don Ángel Suquía.


Imagen del Bto Juan de Prado venerada en la iglesia de Ntra Sra de las Victorias, en Tetuán:


Altar en Compostela:


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