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¿Qué aporta Santa Clara de Asís a la Iglesia?


«Abrázate a Cristo pobre»

Santa Clara es mucho más que «la versión femenina de san Francisco». Clara recibió de Francisco una inspiración decisiva, sí, pero Dios dio a Clara una voz propia, un carisma propio y una misión propia dentro de la familia franciscana y de la Iglesia.


Su gran aportación podría resumirse así:

Clara enseña a la Iglesia que cuando Cristo se convierte en el centro de una vida, no necesitamos apegarnos a nada y podemos experimentar la riqueza de tener todo lo que necesitamos EN ABUNDANCIA, sin tener ambición por nada.

Y eso afecta al dinero, al poder, a las relaciones, a la comunidad, a la oración, a la familia y hasta a la manera de entendernos a nosotros mismos.


1. Clara aporta la radicalidad de poner a Cristo primero

Clara pertenece a una familia noble de Asís. Tiene ante sí un futuro asegurado. Pero escucha predicar a Francisco y descubre algo que cambia completamente su escala de valores.

Se enamora de Cristo.

Y comparte su experiencia con Sta Inés de Praga:

«Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor.»

Esta es la clave de Clara.

Primero está Cristo que se entrega totalmente;

después viene Clara, que responde entregándose totalmente.


Hablar de Clara no es hablar de renuncias,

Es hablar de su ENCUENTRO, «He encontrado algo mejor».

Clara es la mujer que encontró y se quedó con lo mejor de este mundo:


El primer paso para restaurar la Iglesia, la de piedra, la de Roma y la de nuestro corazón: es preguntarnos:

¿Es Cristo un tesoro para nosotros?


2. Clara aporta la pobreza como libertad

Aquí aparece uno de los aspectos más revolucionarios de su vida.

Clara insiste durante años ante la Santa Sede para obtener el llamado Privilegio de la Pobreza: el derecho de su comunidad a vivir sin posesiones y sin rentas estables que contradijeran la forma de vida que había abrazado.


Es extraordinario: normalmente pedimos privilegios para tener algo.

Clara pide el privilegio de no tener.

¿Y por qué?

Porque para Clara la pobreza es una manera de proclamar:

«Dios basta».

La pobreza clariana significa que no quiero apropiarme de las personas, de las cosas, de los cargos, de los méritos ni siquiera de los dones que Dios me ha concedido.

Y esto tiene una actualidad enorme.

Vivimos diciendo:

mi casa, mi dinero, mi tiempo, mi puesto, mi parroquia, mi grupo, mi proyecto, mis éxitos...

Clara nos obliga a sustituir una palabra:

lo que es mío → en realidad es un don.

Lo que tengo no es una propiedad absoluta. Me ha sido confiado para adminsitrarlo.


3. Clara aporta la espiritualidad del espejo

Esta es una de las imágenes más bellas y originales de su espiritualidad.

Escribe a Inés:

«Mira diariamente este espejo… y observa continuamente en él tu rostro.»

¿Quién es el espejo?

Cristo.

Y Clara invita a mirarnos en Él.

Esto es profundamente actual.

Nuestra sociedad está llena de OTROS espejos: redes sociales, opiniones ajenas, éxito profesional, imagen corporal, reconocimiento, comparación permanente.


No descubras quién eres mirándote obsesivamente a ti mismo.

Mírate en Cristo.

Cristo te revela quién eres.

Y cuanto más contemplas a Cristo, más descubres tu verdadera identidad.

«Mira, considera y contempla, deseando imitarle.»

Estos son los verbos que usa Clara

Mira. Considera. Contempla. Imita.

No empieza diciendo: «haz».

Empieza diciendo: «Mira».


Nuestra Iglesia tiene reuniones, planes pastorales, actividades, calendarios, proyectos, campañas, estructuras…


Clara hace una pregunta incómoda:

¿Cuánto tiempo miramos a Cristo?


4. Clara aporta una espiritualidad profundamente eucarística

Los escritos de Clara no contienen una extensa teología explícita sobre la Eucaristía. Sin embargo, su vida está marcada por una enorme reverencia hacia el Sacramento y hacia todo lo relacionado con el altar.

La tradición clariana conserva la poderosa imagen de Clara confiando en Cristo ante el peligro que amenazaba San Damián.


cuando Clara se siente impotente, no confía primero en su fuerza; se vuelve hacia Cristo.


Clara nos enseña que ante aquello que nos supera no siempre tenemos que hacer más.

A veces necesitamos, tan solo:

arrodillarnos más.

Y por eso su figura sosteniendo la Eucaristía terminó convirtiéndose en una de las imágenes más poderosas de la espiritualidad cristiana.


5. Clara aporta una nueva comprensión del poder


No dispone de ejércitos, dinero ni influencia política. Y, sin embargo, papas, cardenales y hombres importantes terminan escuchando a aquella mujer encerrada en un pequeño monasterio de San Damián.

¿Por qué?

Porque existe una autoridad que no procede del cargo.

La autoridad de una vida coherente.

Clara demuestra que una persona que vive coherentemente el Evangelio ejerce, siempre sin buscarlo, una influencia inmensa sin buscar poder.


Esto también es profético para la Iglesia.

La Iglesia será creíble no simplemente cuando tenga influencia, sino cuando tenga santidad.


6. Clara aporta fraternidad y ternura


Clara propone una Iglesia donde nadie dice:

«Esto es mío».

Sino:

«Esto es nuestro».

Y todavía más profundamente:

«Esto es de Dios y nosotros lo hemos recibido para compartirlo».

La santidad no es cuestión individual, estamos llamados a ser santos como comunidad, cada uno aporta un don, y cada uno cuida de la santidad de los demás.


7. Clara aporta perseverancia

Una de sus expresiones más extraordinarias dice:

«No pierdas de vista tu punto de partida, conserva lo que tienes, haz lo que haces y no cejes.»

Es una frase formidable para nuestro tiempo.

Porque comenzamos muchas cosas con entusiasmo y después aparece:

el cansancio, la decepción, la rutina, la decepción, los conflictos, la falta de resultados.


¿Cuántas veces has sentido cansancio de rezar, de hacer el bien, de perdonar...? Cuando una vocación entra en cansancio hemos de traer a nuestra vida el Amor de Nuestro Señor:

«¿Dónde está aquel primer amor que me puso en camino?»


8. Clara aporta una Iglesia que «devuelve»

Francisco y Clara comprenden que todo procede de Dios.

Si todo es don, entonces el movimiento fundamental de la existencia cristiana no es:

poseer → acumular → defender,

sino:

recibir → agradecer → devolver.

He recibido la vida: la devuelvo sirviendo.

He recibido capacidades: las devuelvo poniéndolas al servicio de otros.

He recibido bienes: los comparto.

He recibido el Evangelio: lo anuncio.

He recibido a Cristo: sirvo a Cristo

Esta lógica puede renovar una parroquia entera.


9. Entonces, ¿qué aporta Clara hoy a la Iglesia?

Clara nos recuerda que una Iglesia puede

tener menos poder y más autoridad.

Menos propiedades y más libertad.

Menos ruido y más contemplación.

Menos autorreferencialidad y más Cristo.

Menos necesidad de poseer y más capacidad de compartir.

Menos activismo y más adoración.

Y, sobre todo:

menos «yo» y más «Cristo».


El secreto de Clara fue Jesucristo.


«Ama totalmente a quien totalmente se entregó por tu amor.»

Ahí está Clara.

Un amor total como respuesta a un Amor que se entregó primero.

Y quizá esa sea precisamente la palabra que Santa Clara dirige hoy a la Iglesia:

No tengas miedo de ser pobre, de parecer sin fuerzas, de que seamos pocos, ... todo eso es una ayuda para encontrar a Cristo.

Porque cuando Cristo vuelve a ocupar el centro,

la pobreza deja de ser pobreza,

la obediencia es alegría,

la contemplación es un tesoro

y la fraternidad es una grata recompensa


Todo se convierte en respuesta de amor.

Y una Iglesia que vuelve a enamorarse de Cristo vuelve inevitablemente a ser rica, fraterna, contemplativa, libre y misionera.



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