El arte de vivir
- Fray Dino

- hace 10 minutos
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YEl arte de vivir, de Juan Luis Lorda, nació de un curso de moral para universitarios y está concebido deliberadamente como una exposición clara, breve y práctica de la moral cristiana. Lorda quiere mostrar que el cristianismo no propone una moral artificial, sino una forma de vida que conecta con lo profundamente humano.
La idea central del libro
Para Lorda, la moral es el arte de vivir bien. No es ante todo un catálogo de pecados, prohibiciones y obligaciones. Igual que cualquier arte, exige conocimientos y ejercicio: hay que conocer el bien y, además, acostumbrarse a realizarlo.
Por eso relaciona tres cosas:
vivir bien → educar la libertad → adquirir buenas costumbres.
El objetivo último no es simplemente «no hacer cosas malas», sino llegar a ser una persona buena, libre y capaz de amar.
El recorrido del libro es muy bonito porque está organizado en tres grandes palabras:
VERDAD → RESPETO → GRACIA.

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I. VERDAD
Los primeros cinco capítulos buscan responder a una cuestión básica: ¿cómo debe vivir un ser humano de acuerdo con lo que realmente es?
Lorda sostiene que la vida moral consiste fundamentalmente en vivir conforme a la verdad del hombre y de las cosas.
1. Qué es y qué no es la moral
Empieza desmontando una caricatura muy frecuente: pensar que la moral cristiana es una especie de código de circulación lleno de prohibiciones.
No es:
«Esto se puede, esto no se puede; esto es pecado, esto no».
Tampoco basta la famosa expresión:
«Mientras tenga buena intención…»
Porque puedo tener una intención estupenda y, sin embargo, estar haciendo daño.
Para Lorda la moral es mucho más ambiciosa:
es aprender a vivir como corresponde a un ser humano.
De ahí viene precisamente el título: el arte de vivir.
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2. La voz de la naturaleza
Aquí aparece una idea fundamental.
El ser humano descubre que existen bienes que lo perfeccionan y deberes que debe respetar.
No inventamos completamente el bien y el mal.
Descubrimos que determinadas cosas corresponden a la dignidad humana y otras la destruyen.
Por eso la madurez moral supone pasar:
del egoísmo → al reconocimiento del bien → al sentido del deber.
Un niño piensa espontáneamente: «¿Qué quiero?».
Una persona madura aprende a preguntar también:
«¿Qué debo hacer?»
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3. El orden de los amores
Este es, para mí, uno de los capítulos más interesantes del libro.
El problema moral no consiste normalmente en amar cosas malas. Muchas veces consiste en amar cosas buenas de manera desordenada.
Dinero, placer, éxito, familia, trabajo, descanso, amistad… son bienes.
El problema aparece cuando un bien menor ocupa el lugar de uno mayor.
Por eso vivir bien significa aprender a establecer un:
orden de los amores.
Aquí entra la conciencia, que debe juzgar cómo ordenar esos bienes y deberes.
Y aparece también el Decálogo, no simplemente como diez prohibiciones, sino como una expresión básica de ese orden de la vida humana.
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4. La debilidad humana
Ahora Lorda introduce el drama.
Sabemos muchas veces qué debemos hacer…
pero no lo hacemos.
San Pablo lo expresó magistralmente: quiero hacer el bien y termino haciendo aquello que no quiero.
Lorda analiza esa distancia existente entre:
lo que soy
y
lo que debería ser.
La moral cristiana es profundamente realista porque reconoce esta fragilidad.
Aquí aparece también la doctrina cristiana del pecado original: existe en nosotros una especie de desorden interior que afecta a inteligencia, voluntad y deseos.
Por eso no basta conocer el bien.
Hace falta también aprender a dominarse y educarse.
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5. El horizonte de la libertad
Una idea importantísima:
libertad no significa simplemente poder elegir cualquier cosa.
La verdadera libertad consiste en tener capacidad para elegir el bien.
Una persona dominada por una adicción puede hacer «lo que quiere», pero difícilmente diríamos que es verdaderamente libre.
Por eso la moral no destruye la libertad: la educa.
La libertad alcanza su grandeza cuando puede comprometerse en grandes elecciones:
amar, servir, formar una familia, entregar la vida, asumir una vocación, sacrificarse por otro.
Lorda relaciona aquí libertad con dos palabras preciosas:
heroísmo y belleza.
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II. RESPETO
Una vez descubierto qué es el hombre, Lorda pregunta:
¿cómo debemos relacionarnos con la realidad que nos rodea?
La respuesta es: respetándola.
Esta segunda parte aborda nuestras relaciones con las cosas, la naturaleza, las personas, la sexualidad, la sociedad y Dios.
6. Administrador, pero no dueño
El ser humano utiliza el mundo, pero no puede comportarse como propietario absoluto.
Lorda critica una mentalidad puramente consumista:
«Existe → me sirve → lo uso → lo tiro.»
Frente a ella aparece una visión de responsabilidad sobre la creación.
Aquí trata también:
* nuestra relación con las cosas,
* el dinero,
* la riqueza,
* el consumismo,
* y la mentalidad economicista.
Es muy sugerente porque anticipa bastante de lo que posteriormente desarrollará con enorme fuerza la doctrina ecológica cristiana.
No somos dueños absolutos de la creación; somos administradores.
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7. Al prójimo como a ti mismo
Entramos en la ética de las relaciones humanas.
El otro nunca puede convertirse simplemente en:
un instrumento, un competidor, un cliente, un problema o un objeto útil.
El otro posee una dignidad.
Por eso la moral descubre los bienes y males del prójimo y nos hace responsables de ellos.
Y cuanto más próximo es alguien, normalmente mayor es nuestra responsabilidad.
El cristianismo llevará esto todavía más lejos:
el amor a Dios y el amor al prójimo están unidos.
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8. Transmitir la vida
Aquí Lorda entra en la moral sexual y familiar.
Su planteamiento intenta evitar dos extremos:
ni considerar la sexualidad algo sucio,
ni reducirla simplemente a placer.
La sexualidad tiene un significado profundamente humano porque está relacionada con:
amor + entrega + fecundidad + familia.
Por eso trata sucesivamente:
la verdad del sexo, el tabú sexual, sexo y familia y el amor familiar.
La pregunta decisiva no es simplemente:
«¿Qué puedo hacer con mi cuerpo?»
sino:
«¿Qué significa mi cuerpo y qué significa entregar mi cuerpo a otra persona?»
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9. Las raíces del hombre
Nadie nace aislado.
Recibimos:
lengua, cultura, familia, educación, tradición, patria, instituciones y comunidad.
Somos seres enraizados.
Lorda aborda aquí el bien común, la autoridad y el principio de subsidiariedad.
Una sociedad sana no es simplemente una suma de individuos que defienden sus intereses.
Necesita personas capaces de preguntarse:
«¿Qué es bueno para todos?»
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10. Con todas las fuerzas del alma
La segunda parte culmina en nuestra relación con Dios.
Lorda parte de la existencia de Dios y después estudia la relación entre Dios y la conciencia.
Si Dios existe, nuestra relación con Él no puede ser un detalle marginal de la vida.
Aparecen entonces:
la veneración, el respeto por lo sagrado, la ofensa a Dios y finalmente el compromiso del amor.
Aquí ocurre algo importante.
Hasta ahora podíamos hablar bastante de moral simplemente desde la razón humana.
Pero Lorda prepara un salto:
el cristianismo ofrece algo que la ética natural por sí sola no puede ofrecer.
Y ahí comienza la tercera parte.
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III. GRACIA
Esta es la parte específicamente cristiana.
La moral cristiana no consiste simplemente en intentar ser buena persona con mucho esfuerzo.
Aparece algo completamente nuevo:
Dios entra en nuestra vida.
La gracia transforma el arte de vivir en el arte de vivir en Cristo.
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11. El misterio cristiano
El centro de la moral ya no es una norma.
Es un acontecimiento:
Jesucristo.
Lorda aborda:
* la Encarnación,
* el pecado y la Cruz,
* el sentido del sufrimiento,
* y el Misterio Pascual.
El cristiano descubre que Dios no contempla desde lejos nuestra debilidad.
En Cristo entra dentro de ella.
La cruz transforma incluso el sufrimiento: aquello que aparentemente destruye la vida puede convertirse, unido a Cristo, en lugar de amor y redención.
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12. El Cuerpo de Cristo
Ser cristiano no significa únicamente admirar a Jesús.
Significa:
unirse a Cristo.
Y esa unión se realiza especialmente dentro de su Cuerpo, que es la Iglesia.
Lorda habla de:
* unión con Cristo,
* comunión con Cristo,
* las funciones dentro del Cuerpo,
* y el sentido del catolicismo.
Esto tiene una consecuencia moral extraordinaria:
el cristiano nunca vive su fe completamente solo.
La vida cristiana es necesariamente eclesial.
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13. El Espíritu de Cristo
El último capítulo lleva todo a su culminación.
Cristo no solamente nos enseña cómo vivir.
Nos comunica su Espíritu para poder vivir como Él.
Aquí aparecen:
la Buena Noticia, el Padre Nuestro, los rasgos de Cristo y el amor de Dios.
Y llegamos al corazón de toda la obra:
la moral cristiana no consiste únicamente en imitar externamente a Jesús.
Consiste en que la vida de Cristo vaya creciendo dentro de nosotros.
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La idea que une todo el libro
Podríamos dibujarlo así:
VERDAD
Descubrir quién soy y cuál es el bien.
↓
RESPETO
Aprender a amar correctamente las cosas, las personas, la vida, la sociedad y Dios.
↓
GRACIA
Descubrir que no tengo que realizar solo ese camino: Cristo me incorpora a su vida y me da su Espíritu.
Y por eso la definición inicial:
La moral es el arte de vivir.
termina convirtiéndose en algo mucho más grande:
La moral cristiana es el arte de vivir en Cristo.
Eso explica también por qué Lorda insiste en que el cristianismo no es una moral de mínimos, sino de máximos; no una moral de negaciones, sino de afirmaciones.
Y una clave pastoral que me parece muy potente
Creo que el libro sirve especialmente para catequesis porque cambia por completo la pregunta moral.
En lugar de enseñar:
«¿Esto es pecado o no?»
podemos enseñar primero:
«¿En qué persona te convierte esto?»
Y todavía más profundamente:
«¿Te ayuda esto a amar como Cristo?»
Ahí la moral deja de parecer un código penal religioso y se convierte verdaderamente en formación de una vida hermosa.
El libro tiene tres partes, 13 capítulos de contenido y una nota bibliográfica final, y las ediciones consultadas rondan las 287-288 páginas.











































































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