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Visita del mtro General. 17/09/2026

hace 6 minutos
3 min de lectura

Homilía en la eucaristía de 12:00h en Pontevedra:


Queridos hermanos y hermanas, el Señor os dé la paz.

Me alegra mucho estar hoy con vosotros, en el Día del Señor, aquí en Pontevedra, para escuchar juntos las fragantes palabras del Señor, como decía san Francisco, y para adorar y gustar la humildad de Dios, que se nos da en la Palabra y en el Padre.

Y es una alegría estar con vosotros: los hermanos, los voluntarios, los terciarios, los franciscanos, todos vosotros y vosotras, como expresión de una familia más amplia.

Hemos escuchado el Evangelio de Lucas. Nos cuenta algo que todos conocemos.

Un padre dice a su hijo: «Hijo, ve hoy a trabajar en la viña». Normal. El hijo responde que no, como sabe hacer los hijos, pero después se arrepiente y va. El padre pide lo mismo al otro hijo, que responde: «Sí, padre, claro, padre», pero no.

Nos reconocemos en los dos. ¿Cuántas veces hemos dicho sí y no hemos cumplido? ¿Por quedar bien? ¿Por no saber decir que no? ¿Por qué prometemos más de lo que podemos? ¿Cuántas veces? Y ¿cuántas veces hemos dicho no, como los niños, no a la primera, por comodidad o por miedo al esfuerzo? Y luego, pensando en lo mejor, hemos vuelto atrás: «Lo he pensado. Cuenta conmigo».

Nuestra primera reacción siempre dice lo que somos de verdad.

Jesús cuenta esta parábola a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo. Ellos no habían creído a Juan el Bautista. Que los publicanos y las prostitutas sí le creyeron y cambiaron de vida. Y, aun así, no se movieron. Hombres religiosos, muy religiosos, pero cerrados.

Jesús se lo dice claramente: «Ni aun después de ver esto os arrepentisteis».

Aquí está el Señor. Al Señor no le asusta nuestro primer no. Nos concoe. Lo que le duele es el no que se endurece, el que ya no quiere pensarlo otra vez. Y las personas religiosas conocen esto.

La primera lectura lo dice con la misma claridad. El pueblo se queja: «No es justo el proceder del Señor». Hemos escuchado. Y Dios responde por boca de Ezequiel, el profeta: «El que recapacita y se convierte ciertamente vivirá y no morirá».

Dios no nos juzga por el punto de partida, sino por el camino que tomamos. ¿Cuántas veces, hermanos y hermanas, nosotros juzgamos y hacemos una cruz? «Tú eres así, ahora y por siempre». Dios no hace así. No archivas nuestros noes como una sentencia. Sigue llamando. Sabe esperar.

Por eso los noes de ayer no deciden nuestro hoy. No deciden nuestro hoy. Cada mañana el Padre vuelve a decirnos: «Hijo, hija, ve hoy a trabajar en la viña. Estoy esperando. Porque te amo». Y esa llamada nos llega casi siempre a través de las personas que tenemos cerca.

¿Cómo es así, hermanos y hermanas? San Pablo nos lo muestra en Jesús, en la segunda lectura: «Tened entre vosotros los sentimientos propios de Cristo Jesús». Él no se aferró a su condición divina, se despojó, se hizo servidor, obedició hasta la muerte de cruz.

Jesús, Jesús, Jesús es el hijo que dice sí al Padre y va a la vida. Su sí llega hasta el final. Y en él también nuestro sí, pobre, incierto, puede llegar a ser verdadero.

San Francisco conoció a los dos hijos, del no y del sí. De joven dijo muchas veces no. Él mismo lo cuenta en su testamento, estas palabras que Francisco ha escrito antes de morirse, ochocientos años atrás: «Cómo estaba en pecados me parecía muy amargo verle. Y el Señor mismo me condujo entre ellos y practiqué con ellos la misericordia. Y al separarme de ellos, aquello que me parecía amargo se me tornó en dulzura de alma y de cuerpo».

Ese es el hijo que se arrepiente y va a la vida. No cambió por el esfuerzo de voluntad, no. Fue el Señor quien lo cumplió. Y hasta el final no dio nada por conseguir.

En sus últimos años, en sus últimos días, decías a los hermanos: «Comencemos, hermanos». No ha dicho: «He cumplido mi misión. Ya estoy arreglado». No: «Comencemos a servir al Señor Dios. Porque hasta ahora poco, poco o nada hemos hecho».

Dentro de pocos días celebraremos los ochocientos años de su trance. Francisco nos deja esta palabra: siempre se puede comenzar. No estamos cerrados en nuestros límites, nunca.

Hermanos y hermanas, el Padre sigue saliendo a nuestro encuentro. Ahora, también, en este Eucaristía. Su paciencia es más grande. Y hoy, otra vez, nos llama su vida.

San Francisco, por todo eso, ruega por nosotros. Que el Señor nos bendiga a todos.

Paz.


Tumba de Fray Juan de NAvarrete.
Tumba de Fray Juan de NAvarrete.

Visita a Coruña. 18:00h

próximamente se compartirá el material.



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