27 abr
¿Qué es el tiempo para San Agustín?
- Fray Dino

- hace 6 días
- 4 Min. de lectura
San Agustín aborda el tema del tiempo sobre todo en el libro XI de sus Confesiones, y es de gran ayuda para iluminar la experiencia humana del amor y del matrimonio.
¿Qué descubre San Agustín sobre el tiempo?
Agustín parte de una experiencia muy sencilla pero profunda: todos hablamos del tiempo, pero cuando intentamos definirlo… se nos escapa. Él se pregunta:
“¿Qué es, pues, el tiempo?”
Y descubre algo sorprendente:
El pasado ya no existe.
El futuro todavía no existe.
El presente, en cuanto intentamos atraparlo, desaparece.
El presente no es una “cosa” medible y estable, sino una experiencia interior de la conciencia humana.
La gran idea agustiniana: el tiempo está dentro del alma
Para San Agustín, el tiempo no se entiende primero mirando relojes o calendarios, sino mirando el corazón humano. El presente es un fenómeno psíquico, espiritual”.
El alma vive el tiempo de tres maneras:
Como Memoria → hace presente el pasado.
Con Atención → vive el presente.
En Espera → anticipa el futuro.
El corazón humano anhela vivir siempre el tiempo a la luz del amor, descubriendo en él una ocasión de relación con los demás.
“El presente es un fenómeno psíquico, espiritual”.
Lo que somos hoy no garantiza nuestro devenir futuro. Cuando unos novios prometen su amor desde su presente, no controlan lo que será de ellos en un año.
Si el amor se funda en el presente de cada uno, en las fuerzas y el amor que hoy nos tenemos, resultará imposible mantener a largo plazo la unidad del propio relato que hoy nos mueve.
La desconfianza surgirá en algún momento por:
+la imposibilidad de predecir el futuro, el curso de la vida, nuestra firmeza ante las dificultades que vengan.
+el miedo a olvidar los compromisos realizados hoy, basándonos en tantas excusas posibles..
La temporalidad específica del amor incluye la asunción profunda de la categoría de promesa como parte integrante de la verdad del amor. Un amor es verdadero porque PROMETE una vida grande, y ofrece un amino y acompañamiento para poderla realizar.
LA PROMESA es la que hace que el tiempo no sea contrario al amor, sino una dimensión positiva, pues muestra sus raíces y los elementos claves para su maduración. mismo minuto de forma totalmente distinta:
El problema contemporáneo: el tiempo fragmentado
En la cultura actual:
vivimos deprisa,
sin paciencia,
consumiendo experiencias,
sin continuidad interior.
Vivimos en el “tiempo corto” del instante fugaz y de la incapacidad moderna para sostener promesas duraderas.
En una visión del amor que solo mide el presente, y mide todo lo futuro desde nuestras solas fuerzas en el presente:
el amor romántico quiere intensidad inmediata,
pero teme el paso del tiempo, que apague lo que hoy sentimos
porque no sabe integrar el futuro.
Únicamente prometiendo podemos liberarnos de la incertidumbre permanente y conquistar el futuro. Para sostener la felicidad del amor presente necesitamos prometer un amor para siempre. U AMOR INCONDICIONAL es un don gratuito, y no está al alcance de la capacidad de la voluntad humana.
La encíclica 'Lumen Fidei' afirma que 'prometer amor para siempre es posible cuando se descubre un plan que sobrepasa los propios proyectos, que nos sostiene y nos permite entregar totalmente nuestro futuro a la persona amada. (LF, n.52)
La propuesta cristiana del tiempo
Aquí entra la gran aportación cristiana inspirada en Agustín:
El tiempo no es un enemigo. El tiempo puede ser el lugar donde madura el amor.
1. El amor necesita tiempo
El amor verdadero no se “consume” en un instante emocional. Necesita:
memoria,
fidelidad,
paciencia,
crecimiento.
2. La promesa da unidad al tiempo
La promesa matrimonial transforma el tiempo fragmentado en una historia compartida. Los esposos ya no viven:
“mi tiempo” y “tu tiempo”,
sino: “nuestro tiempo”.
Eso es muy de San Agustín: el amor crea una continuidad interior.
3. Dios es el fundamento del tiempo humano
Sólo puede prometer AMOR para siempre quien descubre que antes ha sido amado por Dios.
Es decir la fidelidad humana se sostiene en la fidelidad divina.
Dios aparece en el horizonte de la vida de los esposos como aquel que promete. Dios es el fundamento de toda promesa, la roaca sobre la que es posible hacer reposar toda promesa humana.
El tiempo es camino hacia la plenitud
Para San Agustín:
el tiempo no es absurdo,
ni un simple desgaste,
ni una prisión.
Es un camino hacia Dios.
El corazón humano vive inquieto en el tiempo porque fue creado para la eternidad. Ahí resuena su frase más famosa:
“Nos hiciste, Señor, para Ti, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en Ti.”
La promesa esponsal, dirigida a la edificación de una familia como comunidad de la promesa, tiene por fundamento el amor que brota en el encuentro de los novios. En el amor se descubre una excedencia de ser , una sobreabundancia que nos lleva más allá de nosotros mismos.
El tiempo de uno y el tiempo del otro se entrelazan hasta convertirse en tiempo unitario, en el tiempo de los dos, que ya no gira entorno a sí mismos, sino que se abre al horizonte de la eternidad.
ES POSIBLE prometer amor, fiándose no de las propias fuerzas o habilidades, sino en el 'para siempre' que la promesa del amor contiene.
Como acontece una sola carne, acontece un solo tiempo, tiempo común.
Fundados en el amor de Dios, los novios ahora esposos descubrirán que aunque cambien las cosas, los afanes, los sentimientos, hay algo que no cambiará nunca: su pertenencia al otro; su historia es ahora un relato compartido.
La persona es una promesa, por eso puede cumplir lo que promete.
el amor unifica el tiempo,
la promesa vence la fragmentación,
y Dios da sentido al pasado, presente y futuro.
El sacramento del matrimonio es el lugar natural de la promesa. El Matrimonio es el 'sacramento de la promesa', recordando que su virtualidad y posibilidad proviene de la promesa eucarística.






























































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