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¡Ay de mí si no evangelizo!. Dom V del TO 2024

Durante todo este año estamos leyendo del Evangelio de Marcos.

Y Marcos es una obra literaria muy fascinante. 

Presenta escena tras escena de un modo muy condensado, contándonos ciertas verdades bastante profundas sobre la fe.

 

El Papa Benedicto dijo que la Iglesia hace tres cosas esenciales: alaba a Dios, sirve a los pobres y evangeliza.

Estas son las tres cosas básicas, y todo lo demás en la vida de la Iglesia está bajo uno de estos encabezados.

 

capítulo 1 de Marcos:

“De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y se fue a un lugar solitario, donde se puso a orar”.

 

1.- La primera cosa básica que hace la Iglesia es orar.

¿Por qué?

Porque Jesús oraba.

La Iglesia es el Cuerpo Místico de Jesús, la extensión de la energía y la personalidad de Cristo a través de los siglos.

Jesús oraba, entonces la Iglesia ora.

En cierta ocasión, El Papa habló a los obispos de California: En cierto momento, sobre las relaciones básicas que un obispo tiene que tener.

Y dijo,

su relación con sus hermanos obispos,

su relación con sus sacerdotes,

su relación con su gente.

 

Pero luego señaló hacia arriba y dijo, pero primero está la relación con el Señor. Con el Señor. Y mantuvo su dedo en el aire apuntando arriba como si estuviera diciendo que las otras relaciones no valdrán nada a menos que estén fundadas en una relación con el Señor.

A menos que, como Jesús, hablando simbólicamente, nos marchemos a un lugar desierto para orar, todo lo demás en nuestra vida Cristiana se desmoronará o se convertirá en algo que no debería ser.

 

Ahora, ¿cómo es este lugar desierto?

Podría ser una Hora Santa.

Tal vez para vosotros sea el automóvil o el bus –un automóvil puede ser un buen sitio para orar.

Cuando estamos como aislados de las distracciones del mundo, y nos desplazamos a un marco mental más meditativo.

Tal vez es el tiempo que pasen en Misa.

Tal vez sea la oración de la mañana, podéis encontrar cierto tiempo especial.

 

A menos que estemos enraizados en la oración, todas nuestras actividades prácticas no valdrán nada. O se convertirán en algo que no debe ser.

Así que la Iglesia ora, eso es lo primero.

 

Escuchad ahora:

“En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama, con fiebre, y enseguida le avisaron a Jesús . . . En ese momento se le quitó la fiebre y se puso a servirles”.

“Al atardecer, cuando el sol se ponía, le llevaron a todos los enfermos y poseídos del demonio, y todo el pueblo se apiñó junto a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó a muchos demonios”.

 

Aquí está la segunda gran tarea de la Iglesia.
La Iglesia ora.
Segundo, la Iglesia sirve a los pobres.

Los pobres en cualquier expresión de la pobreza: sí, significa los económicamente pobres, pero significa los pobres emocionalmente, significa los pobres espiritualmente, significa los pobres intelectualmente, significa aquellos que son pobres porque no han escuchado la palabra de Dios.

La segunda tarea básica de la Iglesia, escuchad esto, nacida de la oración, es el servicio.

¿Por qué? ¿Por qué?

Cuando estás con el Señor, ¿quién es el Señor?

 

Bueno, se nos dice que Dios es amor, en la Primera Carta de Juan.

Por lo tanto, cuanto más estéis en contacto con Dios, estarán más entregados al amor —o mejor, más amor divino comenzará a fluir al mundo a través de vosotros.

 

el mejor ejemplo de esto es la Madre Teresa de Calcuta, que pasaba horas de su día con el Señor, en oración, en una oración muy focalizada, concentrada.

Y luego qué maravilloso cómo surgía esa gracia de Dios al mundo.

Servimos a los pobres.

Pensad ahora, no somos la Madre Teresa, de acuerdo.

Tal vez no seas un religioso profesional, de acuerdo.

Pero todos los que rezan y sienten el amor divino manifestándose en ellos deberían ahora mirar a su mundo alrededor y decir: ¿Dónde hay gente sufriendo aquí?

¿Dónde hay gente que tiene dolor?

¿Quién está enfermo aquí, quién necesita ser curado?

Ahora, todos se acercan corriendo a Jesús, pero nosotros que somos miembros de su Cuerpo Místico, se supone seamos otros Cristos.

A través de nuestro amor y nuestro servicio, extendemos los brazos al mundo herido.

esa es la segunda gran tarea de la Iglesia.

 

¿Y cuál es la tercera?

La Iglesia ora, la Iglesia sirve a los pobres y finalmente la Iglesia evangeliza.

Escuchad ahora:

 

“Simón y sus compañeros lo fueron a buscar, y al encontrarlo, le dijeron: ‘Todos te andan buscando’.

Él les dijo: ‘Vamos a los pueblos cercanos para predicar también allá el Evangelio, pues para eso he venido’”.

 

Jesús reza, sí.
Jesús sirve y cura, sí.
Y él ha venido primariamente para predicar, para proclamar la palabra de Dios, para evangelizar.

Arrepentíos, el Reino de Dios está cerca; creed en la buena noticia.

Ese es el mensaje que predicó por toda la Galilea.

 

La Iglesia —el Cuerpo Místico de Jesús, continuando su tarea a través de los siglos— por lo tanto, evangeliza, proclama, predica, enseña.

 

La Iglesia nos da como segunda lectura hoy, a Pablo en su primera a los corintios.

Y Pablo está reflexionando sobre su trabajo de evangelización —Pablo es el evangelizador por excelencia en toda la tradición.

Escuchad ahora a Pablo hablándole a la Iglesia de Corinto.

“No tengo por qué presumir de predicar el Evangelio, puesto que ésa es mi obligación.

¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!”.

 

Ahora, ese es el vocabulario de un Cristiano de verdad.

¿Qué es la Evangelización?

supongo que si encuentro el tiempo para eso o eso es para que lo haga otra gente o si se dan las circunstancias adecuadas supongo evangelizaré o tal vez si no sintiera tanta vergüenza.

No, no, no, nada de eso.

“Puesto que ésa es mi obligación. ¡Ay de mí, si no anuncio el Evangelio!”.

Esa es la voz de la Iglesia a lo largo y ancho de los tiempos.

 

Rezamos, sí.
Servimos a los pobres, sí.
Y evangelizamos.

 

Pronunciamos la palabra.

Acercamos gente a Cristo.

Escuchad ahora cómo Pablo especifica su método, escúchenlo:

 

“me he convertido en esclavo de todos, para ganarlos a todos”.

 

Pensad en eso, es alguien que habla en una cultura que conocía la esclavitud,

No era una abstracción para él.

“Me hice un esclavo de todos”.

En otras palabras, está tan dominado por su obligación de evangelizar que no está preocupado por su ego y por su carrera y por avanzar él mismo.

No, no, me convertiré en un esclavo para cualquiera si eso sirve para acercarlo a Cristo, para ganarse a tantos como sea posible.

Es que esa es su prioridad, es ganar almas para Cristo.

Escuchad ahora cómo continúa de forma hermosa:

“Con los débiles me hice débil, para ganar a los débiles.

Me he hecho todo a todos, a fin de ganarlos a todos”.

Porque estoy encendido con un deseo de evangelizar.

 

Podríais pensar aquí en uno de los evangelizadores más grandes de nuestra tradición, San Francisco Xavier, cuando se mudó a India.

Bueno, en India, la gente santa vivía en una gran austeridad y básicamente desnudos y cubriendo su cabello en cenizas y tal.

Entonces Francisco Xavier dijo, de acuerdo, si voy a acercarme a esa gente, tendré que vivir de esa manera.  

Pero luego vemos a uno de sus sucesores, Matteo Ricci, cuando está yendo a China,

y en China la gente santa estaba en la corte real y vestía ropajes elegantes.  

De acuerdo. Eso es lo que haré.

Me convertiré en débil con los débiles, me convertiré en fuerte con los fuertes.

Me convertiré pobre con los pobres, rico con los elegantes.

No me interesa porque lo que quiero hacer es evangelizar.

Ay de mí, si no anuncio el Evangelio.

Mirad, ay de la Iglesia si no reza.  

Entonces nuestra evangelización se vuelve racionalista, nuestro servicio se vuelve trabajo social.

Ay de la Iglesia si no sirve.

Si no sirve a los pobres, entonces nuestra alabanza a Dios se convierte en una abstracción.

Entonces la evangelización es sólo un show.

Y ay de la Iglesia si no evangeliza.

Si pensamos que de algún modo servir a los pobres es suficiente

—no, no, no.

Es indispensable, pero no es suficiente.

 

Son todas estas tres:

la Iglesia ora,

la Iglesia sirve a los pobres,

la Iglesia Evangeliza.





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