¿Qué es el hombre?
- Fray Dino

- 13 dic 2025
- 3 Min. de lectura
“¿Qué es el hombre?” de Joseph Ratzinger (conferencia de Tubinga, 1966–1969; publicada en Humanitas):
Idea central
Ratzinger parte de una constatación: el hombre es una pregunta abierta. No está “cerrado” ni terminado; tiene que decidir qué significa ser hombre, incluso cuando “no decide” (porque también eso lo moldea). Por eso la cuestión antropológica se vuelve existencial.
1) La pregunta hoy: libertad… y nuevas “jaulas”
En el siglo XX se derrumban definiciones “cerradas” del hombre, y aparecen tres tensiones:
Libertad radical (existencialismo): Sartre ve al hombre como “condenado” a la libertad, obligado a inventarse.
Condicionamiento biológico (evolución, conductismo): el hombre aparece atado al proceso vital, con una animalidad siempre presente.
Condicionamiento social/económico (marxismo): el hombre sería producto de estructuras, y el espíritu un reflejo de necesidades sociales.
Resultado: vivimos entre una libertad gigantesca y una sensación de estar determinados por fuerzas biológicas y sociales. Y las respuestas cristianas “de manual” (cuerpo + alma como dos piezas separadas) suenan insuficientes si no se replantean.
2) Primera respuesta bíblica: el hombre es imagen de Dios
Ratzinger va a Génesis 1 y al Salmo 8:
Todo ser humano, sin distinción de raza, mérito o estatus, posee dignidad inviolable.
Esa dignidad no es un premio social: es un derecho no otorgado por el hombre, y por eso nadie puede convertir al hombre en propiedad (ni de otro, ni siquiera “totalmente de sí mismo” como si fuera cosa manipulable).
Importante: la Biblia no divide al hombre en “espíritu vs. cuerpo” como dos mitades; habla del hombre entero.
Y aquí introduce una clave patrística (San Agustín): ser imagen de Dios significa capacidad de Dios (capax Dei). O sea:
la “imagen” no es una pieza interna, sino una relación viva;
el hombre está hecho con una apertura a la trascendencia, una necesidad de ir más allá de sí mismo hacia lo absoluto.
En una frase: el “Rubicón” de lo humano es poder trascender, no solo fabricar, producir o adaptarse.
3) Segunda línea bíblica: el hombre es barro, frágil y herido
La Biblia también es brutalmente realista:
“las trazas del corazón humano son malas desde su niñez” (Gen 8,21)
“polvo eres y al polvo volverás” (Gen 3,19)
Jesús mismo dice: “vosotros, siendo malos…” (Mt 7,11)
Además, los relatos iniciales (pecado original, Caín y Abel, diluvio, Babel) muestran al hombre como capaz de grandeza, pero también inclinado al egoísmo, a la violencia y a la autosuficiencia.
El punto culminante de esta “radiografía” es Jn 19,5: “He aquí el hombre”. Pilato, sin querer, proclama una verdad: el hombre aparece en Cristo coronado de espinas, humillado… y precisamente ahí se revela lo humano en su verdad más honda.
4) La “doble faz” del hombre: Caín y Abel (y los pares de hermanos)
Ratzinger observa un patrón bíblico: pares de hermanos (Caín/Abel, Ismael/Isaac, Esaú/Jacob…) como símbolo de la tensión humana:
luz y sombra,
grandeza y miseria.
Pero con un giro: no están tan separados. “Caín está en Abel y Abel en Caín”: ninguno puede presumir de pureza. Es un realismo que desmonta la autosatisfacción moral.
5) La respuesta definitiva: los dos Adanes y el futuro del hombre
San Pablo lo formula como primer Adán vs. nuevo Adán (Cristo):
El primer Adán representa la tentación de alzarse para ser como Dios por apropiación, por soberanía autoafirmada. Eso termina en autodestrucción y ruptura.
Cristo (Fil 2,5–11) revela otro camino: no se aferra, se vacía, se entrega, se hace “para los otros”.Y ahí está la verdadera elevación del hombre: la grandeza humana pasa por el amor y la entrega, no por el puro “poder-hacer”.
Conclusión: el hombre es un ser todavía por venir; su futuro auténtico se abre como don, no como simple producto de técnica o de dominio. La respuesta cristiana a “¿qué es el hombre?” es finalmente Cristo, y el modo de ser hombre que Él inaugura: salir del egoísmo hacia la verdad y el amor.






































































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