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Despertar la memoria de Dios, nuestra conciencia original.

Actualizado: hace 2 días

(A la luz del pensamiento de Joseph Ratzinger)


1. Una huella de Dios que nadie puede borrar: la anámnesis


Ratzinger nos recuerda que en lo más hondo del corazón humano hay algo así como un recuerdo original de Dios. No es una idea aprendida ni una emoción pasajera: es anámnesis, la huella del Creador y de Su bondad en la criatura.

Aunque uno no sepa rezar, aunque hayamos olvidado a Dios, o no tuviéramos ya sentido del amor gratuito y del bien común, late dentro de nosotros un anhelo de plenitud, una nostalgia del Bien, de la Verdad y de la Belleza.

Algo así como que el corazón humano viene “de fábrica” con vacío que sólo Dios puede llenar, que tantas veces queremos llenarlo con cosas materiales, que se van a morir el mismo día que nosotros muramos. a veces lo usemos para perdernos.


Esta anámnesis explica por qué nunca nos basta del todo el éxito, el dinero o el reconocimiento social. Siempre queda un “¿no hay algo más?”. Pregunta que a San Francisco de Asís, como a tantos otros, -En Effetá lo vemos continuamente- solo Dios puede responder.


2. Cuando la conciencia se desafina


El problema no es que esa memoria de Dios desaparezca, sino que se desfigure. Ratzinger plantea que la conciencia puede de-formarse, por tantas presiones personales o sociales, el afán del mundo, la ambición, el deseo ansioso y desordenado, el “yo primero” constante… van malformando la conciencia.


Entonces ocurre algo dramático:

  • lo que es malo empieza a parecernos normal,

  • lo egoísta se presenta como lógico,

  • y el bien común suena a ingenuidad.


Desde ahí parece imposible:

  • amar sin condiciones,

  • buscar el bien de todos,

  • hacer el bien incluso a quien no lo merece.

    ¿SE PUEDE RECUPERAR NUESTRA CONCIENCIA ORIGINAL, nuestra inocencia y bondad originales, que teníamos antes de conocer la ambición?


Y no porque el corazón sea malo, sino porque está adormecido. La culpa de un aborto no está en la madre, sino en una sociedad que ha adormecido las conciencias, y ha perdido el fundamento con el que debería sostener a todos sus miembros, Por eso necesitamos recuperar el fundamento en LA VERDAD y plantear posibilidades como sociedad.


3. La gran esperanza cristiana: la conciencia puede despertar


Ratzinger cree en el fin para el que ha sido creado el hombre; es profundamente esperanzador.

Una conciencia malformada no está condenada para siempre.

No se reinicia sola, pero puede ser sanada.


¿El camino? : despertar nuestros dones y virtudes.

Las virtudes son como despertadores interiores:

  • nos devuelven sensibilidad para el bien,

  • reeducan el deseo,

  • afinan la conciencia para volver a encontrar esa anámnesis, o deseo original del bien y la verdad.


4. ¿Qué significa “despertar virtudes”?


No es fabricar héroes de golpe, sino reentrenar el corazón.

  • La humildad despierta la verdad sobre uno mismo.

  • La templanza pone orden en los deseos ansiosos.

  • La justicia vuelve a abrirnos al bien común.

  • La fortaleza nos permite hacer el bien aunque cueste.

  • La caridad, por la gracia, nos hace amar más allá de lo razonable (y eso sí que es revolucionario).

Las virtudes devuelven nuestra conciencia al estado original, la anámnesis. De una conciencia que solo justifica y siempre tiene explicación para nuestros límites y pecados, a una conciencia que puede convertir a la persona, devolverle la capacidad de amar gratuitamente, liberarla de todos los condicionantes que nos hacen mediocres.


5. Cristo no viene a imponer, sino a devolvernos nuestra esencia, bondad, santidad, lo que somos ante Dios.


En el fondo, Jesús no viene a añadir una carga, sino a despertar la libertad con la que nacimos. Su palabra, su ejemplo, su cruz y su resurrección actúan como un gran “¡recuerda quién eres!”.

La catequesis, la liturgia, la vida sacramental y el testimonio cristiano no crean una nueva conciencia desde cero: despiertan nuestra conciencia original..


6. A futuro

Ratzinger nos invita a trabajar y cuidarnos para recuperar esa conciencia, bondad inocencia, originales, mirar al ser humano con esperanza: aunque esté confundido, no está vacío; aunque esté herido, no está perdido.

Si despertamos virtudes, la anámnesis vuelve a hablar.

Y cuando la memoria de Dios despierta… el bien deja de parecer imposible y vuelve a ser deseable.

Porque el corazón humano, incluso cuando se despista, sigue sabiendo el camino a casa. Y Dios, paciente, nunca ha dejado de esperarlo.



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