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¿Por qué cuando algo sale bien tenemos que darle gracias a Dios y cuando sale mal no debemos culparle?

Grupo formación Adultos. Sacramentos de Iniciación cristiana.


Paz y Bien.

Uno de vuestros compañeros me hizo esta pregunta el mes pasado, y me ha tenido leyendo varias cosas para poder dar la respuesta más exacta a la doctrina católica. Esto es lo que concluyo y lo presento para esta reunión dado que vamos a tratar el 5to mandamiento. ¿Te imaginas un mundo en el que sobrara el quinto mandamiento porque fuera innecesario decirle a nadie: No matarás, no harás daño, etc.


1. La intuición de fondo

Dios no es el causante directo de todo lo que ocurre, pero sí es el fundamento último de todo bien. Ratzinger dice que el problema está en imaginar a Dios como una causa entre otras. Dios es el fundamento del ser, no un actor ocasional dentro del sistema.


El bien: todo lo bueno que existe tiene su origen en Dios, porque Dios es la fuente del ser y del amor. Por eso damos gracias. Porque todo está creado y dirigido para llegar al BIEN.


El mal: no es algo que Dios “fabrique”, sino algo que irrumpe por la libertad humana, por el pecado, por el límite de la creación o por un mundo aún inacabado.

Dios no envía el mal, pero no abandona en el mal. Esta es la clave de nuestra fe.


Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 309–314

309: “Si Dios Padre todopoderoso, Creador del mundo ordenado y bueno, cuida de todas sus criaturas, ¿por qué existe el mal? A esta pregunta tan urgente como inevitable, tan dolorosa como misteriosa, ninguna respuesta rápida podrá satisfacerla. Sólo el conjunto de la fe cristiana constituye la respuesta a esta pregunta: la bondad de la creación, el drama del pecado, el amor paciente de Dios que sale al encuentro del hombre con sus alianzas, la Encarnación redentora de su Hijo, el don del Espíritu, la reunión de la Iglesia, la fuerza de los sacramentos, la llamada a una bienaventurada vida a la que las criaturas libres son invitadas a consentir de antemano, pero a la que también pueden, por un misterio terrible, adelantarse.”


2. Damos gracias cuando

Damos gracias a Dios cuando algo sale bien porque creemos que todo lo bueno tiene su origen en Él. Pero no culpamos a Dios cuando algo sale mal porque Dios no juega a favor o en contra como si fuera un árbitro caprichoso: respeta la libertad, acompaña el dolor y siempre trabaja para sacar bien incluso de lo que no entendemos.

Si culpáramos a Dios de todo lo malo, también tendríamos que culparle de todos nuestros errores…


CIC 313: “Nunca llegaremos a comprender completamente el misterio del mal. Sólo la fe nos da la certeza de que Dios no permitiría el mal si no hiciera salir de él un bien, por caminos que sólo conoceremos plenamente en la vida eterna.”


No hay respuesta simple; hay una historia de salvación.


¿por qué dar gracias cuando algo sale bien? 

Dar gracias a Dios no significa “Esto ha salido bien porque Dios ha manipulado las cosas”. Significa: “Todo lo bueno que existe tiene su origen último en Dios”. Cuando algo sale bien reconocemos que la vida es don, Que nuestras capacidades, oportunidades, encuentros, incluso el esfuerzo… no nos los hemos dado a nosotros mismos


En lenguaje bíblico:“¿Qué tienes que no hayas recibido?” (1 Co 4,7)

Dar gracias nos coloca en la verdad: no somos autosuficientes.


3.- ¿Y por qué no culpar a Dios cuando sale mal?

Aquí entra uno de los núcleos del pensamiento de Ratzinger: Dios respeta radicalmente la libertad y la finitud del mundo; Un mundo libre puede fallar, Una historia real incluye riesgo, Un amor verdadero no controla, un planeta en creación aún sufre terremotos…

Si Dios evitara todo mal: No habría libertad, No habría responsabilidad, No habría historia… solo teatro. Ratzinger dice que Dios no quiere el mal.

Y lo decisivo: Dios no explica el mal: lo carga sobre sí. Eso es la Cruz. Nos acompaña en la cruz de cada uno.


4. La Cruz: el argumento definitivo

Si Dios fuera culpable del mal: no habría asumido el sufrimiento, no habría muerto en la cruz. En Jesús crucificado, Dios no está “causando” el dolor: Está dentro del dolor, Está acompañando, Está redimiendo desde dentro.

Por eso el cristiano no dice “Todo va bien porque Dios lo arregla todo” Sino: “Pase lo que pase, Dios no me abandona”


5. Resumen en una frase muy de Ratzinger

Damos gracias a Dios por el bien porque todo bien procede de Él; no le culpamos del mal porque el mal no procede de su voluntad, sino de la libertad y la fragilidad de un mundo que Él ama y salva desde dentro.


CIC 312:  “Así, de san Agustín escribe santo Tomás: ‘Dios todopoderoso, por ser soberanamente bueno, no permitiría que existiera algún mal en sus obras si no fuera tan omnipotente y bueno como para hacer surgir un bien del mismo mal’ (S. Th. 1,2,3 ad 1).”

Dios no necesita el mal, pero no queda derrotado por él. Dios no crea el mal, no lo desea, no lo explica del todo ahora, pero no permite que tenga la última palabra.


Mirada bíblica imprescindible: Libro de Job: El gran antídoto contra la idea de un Dios contable (“si haces bien, te va bien”). Job no recibe una explicación… recibe una presencia. Y eso basta.

Por eso no damos gracias solo cuando todo va bien, sino incluso cuando Dios sigue ahí cuando va mal.


No hay respuesta simple para explicar el mal; hay una historia de salvación.


Confesiones – San Agustín Libros VII

Agustín viene de una etapa maniquea, donde creía que el bien venía de un dios bueno y el mal venía de un dios malo. Eso le permitía culpar a “otro” del mal… y quedar bastante tranquilo consigo mismo. Pero esa explicación empieza a hacer aguas cuando

Su gran descubrimiento: qué es (y qué no es) el mal. Agustín hace uno de los giros intelectuales y espirituales más importantes de la historia cristiana:

Dios no es un “objeto grande”. Agustín descubre que Dios no es un ser material, ni una cosa más dentro del universo: 

Dios es el Ser mismo, la fuente de todo lo que existe. Por tanto, todo lo que existe, en cuanto existe, es bueno.

Entonces… ¿de dónde sale el mal?: El mal no es una cosa creada por Dios. Es una privación, una herida, una falta de bien.


Por ejemplo: la oscuridad no es algo “creado”: es ausencia de luz; el frío no es algo “fabricado”: es ausencia de calor; el mal no es un “algo”: es ausencia de bien.

Para san Agustín, un terremoto no es algo malo creado por Dios,sino una herida dentro de un mundo limitado.Dios no lo manda, pero tampoco se va:acompaña y es capaz de sacar bien incluso de ahí.”


Conclusión:

Dios no crea el mal porque el mal no tiene ser propio. Dios no explica siempre el mal, pero lo acompaña y da la gracia para atravesarlo y transformarlo.

¿Y entonces quién es responsable? Agustín empieza a mirar hacia dentro …: y encuentra que el mal moral surge cuando la voluntad libre se desvía del bien. Agustín pasa de culpar a Dios de todo… a descubrir que el mal no es “algo” creado por Dios, sino una privación del bien.

 “Dios no es el autor del mal, pero sí es el único que puede sacar bien incluso de lo que nos rompe.”



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