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Caso práctica en el ejercicio de la conciencia: Una pareja convive sin casarse

Una pareja convive sin casarse y afirma:

Nos amamos de verdad. No necesitamos papeles. Nuestra conciencia nos basta. ninguno de los dos hace daño a la otra persona, Tenemos que conocernos antes de un compromiso para toda la vida, etc....

La pregunta no es primero si “cumplen la norma cristiana”, sino qué está ocurriendo con la conciencia.


1. Diagnóstico de Ratzinger:

¿qué tipo de conciencia está actuando?


Ratzinger distingue inmediatamente los dos planos:


a) En el plano de la conscientia (juicio actual)

  • La pareja está convencida.

  • No actúa con mala fe explícita.

  • Por tanto: no se debe/puede forzar a obrar contra su conciencia,

    • no se les puede acusar de hipocresía o de maldad alguna.


b) Pero el problema real está en el plano de la anamnesis

La cuestión decisiva es esta:

¿La conciencia está reconociendo la verdad (Qué es el hombre a los ojos de Dios) o está protegiéndose de una verdad exigente, para justificar una situación interesada, o cómoda, o apetecible?

Ratzinger sospecharía (pastoralmente, no acusatoriamente) que:

  • la conciencia puede estar:

    • reducida a sentimiento (“nos queremos”),

    • separada de la verdad del amor, (compromiso para toda la vida)

    • moldeada por el consenso cultural,

    • evitando el paso del compromiso definitivo.

Esto es embotamiento progresivo de la anamnesis (búsqueda de la verdad, plenitud y del bien que el Creador ha puesto en nosotros mediante una ley natural), no malicia.


2. Clave ratzinger:

el amor no es solo intención

Para Ratzinger, el amor nunca es solo subjetivo.

Amor verdadero implica: verdad,

  • duración,

  • entrega total,

  • apertura a lo definitivo.


Por eso:

Si el amor es verdadero, quiere verdad.
Y la verdad del amor humano es el compromiso público y definitivo.

La convivencia sin compromiso estable no es neutral:

  • no niega el amor, pero lo deja incompleto,

  • lo mantiene en un estado reversible y dependiente de tantas circunstancias y sentimientos.


3. Qué NO propone Ratzinger:

Ratzinger no propone:

  • moralismo ni presión externa,

  • chantaje espiritual, “o te casas o estás perdido”.

Eso sería:

  • imponer desde fuera,

  • ignorar la conciencia,

  • convertir la fe en carga.

Y eso, para él, destruye el Evangelio.


4. Qué SÍ propone Ratzinger

1️⃣ Despertar la anamnesis, (sentido y recuerdo primordial del bien y de la verdad que el Creador sembró en el ser humano) no sustituirla por un mandato.


Ayudar a que la pareja se pregunte:

  • ¿qué es el amor en verdad?

  • ¿qué espera de nosotros?

  • ¿por qué el amor pide totalidad?

👉 Función mayéutica: ayudar a recordar lo que ya saben en el fondo.


2️⃣ Mostrar que la verdad no es enemiga del amor

Ratzinger insiste:

  • la verdad no mata el amor,

  • lo protege,

  • lo libera del miedo, y de tantas condiciones que tengo que cumplir para que la otra persona me siga queriendo.

  • lo saca de la provisionalidad.

El matrimonio no es un “papel”:

  • es la forma verdadera del amor humano,

  • la forma en que el amor dice: “me doy entero y para siempre”.


3️⃣ Introducir la gracia (si no, todo se hunde)

Aquí entra el núcleo cristiano. Ratzinger dice:

Si presentamos esto solo como exigencia, pierde su sentido y su razón.

Por eso:

  • el paso al compromiso no se impone,

  • se ofrece como gracia posible,

  • como respuesta a una llamada,

  • no como simple obligación moral.

Sin gracia:

  • la verdad pesa,

  • el amor asusta.

Con gracia:

  • el amor lo da todo.


5. ¿Dónde estaría la posible culpa, según Ratzinger?


La culpa no estaría necesariamente:

  • en la convivencia actual,

  • ni en el juicio presente de conciencia.

Podría estar (si se da):

  • en haber cerrado el corazón a la pregunta por la verdad del amor,

  • en evitar sistemáticamente el discernimiento,

  • en acallar la inquietud interior que empuja al compromiso.

Es decir:

no en el acto, sino en el abandono interior del yo.

6. Itinerario pastoral ratzinger


Ratzinger propone:

  1. Escuchar sin condenar

  2. Reconocer el bien real que hay (el amor, la búsqueda)

  3. Plantear la pregunta por la verdad del amor, no la norma

  4. Despertar la anamnesis: “¿no aspiráis a algo definitivo?”

  5. Anunciar la gracia: Cristo no pide sin dar fuerza

  6. Dejar tiempo: la verdad madura desde dentro


La conciencia no debe ser forzada, pero tampoco anestesiada. Hay que ayudarla a recordar la verdad del amor y a descubrir que la gracia hace posible lo que la verdad pide.
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