El Mito de Orestes. Casos prácticos
- Fray Dino

- 16 ene
- 6 Min. de lectura
Hola grupo de confirmación de adultos!.
Ayer (15/01/2026) hablamos del mito de Orestes y de la discusión sobre su interpretación en este debate sobre los 3 primeros mandamientos.
Tomar en vano el nombre de Dios actuando como si no existiese
frente a vivir y actuar en el nombre de Dios
1.- Os comparto esta lectura intentando aclarar el objetivo y lo que nos puede ayudar a la hora de actuar como cristianos.
El sentido del mito de Orestes en Joseph Ratzinger
El mito de Orestes le sirve a Ratzinger como radiografía del drama moral del hombre sin Cristo. Orestes representa al hombre que:
Hace lo que cree justo, obedeciendo una ley superior. Orestes castiga un crimen (el asesinato de su padre) y, en obediencia a Apolo, mata a su propia madre. Actúa convencido de cumplir la justicia; sin embargo, realiza un acto objetivamente injusto, pues matar a la propia madre contradice el orden moral más profundo.
Pero no queda en paz: su conciencia lo acusa. Las Erinias simbolizan esa culpa interior que no se apaga. Aunque ha obedecido una ley y ha actuado con intención recta, sabe que algo en su acción está mal.
Descubre así que la ley y la conciencia, por sí solas, no salvan, solo juzgan. Orestes ha cumplido la norma, pero no puede absolverse interiormente. La conciencia se convierte en un tribunal implacable.
Ratzinger ve en Orestes esto:
El hombre puede hacer el bien, algo que considera un bien, y aun así no saber si está realmente en la verdad, porque no conoce la verdad.
El conflicto se puede regular jurídicamente (el tribunal de Atenea), leyes que te pueden absolver en función de otra razón, pero no se cura, tú sabes que eso lo hiciste mal. La absolución legal no devuelve la paz al corazón, porque el mal cometido permanece como herida interior, aunque se justifique por un bien “mayor”.
Aquí aparece el límite de la conciencia sin redención. Puede discernir, mandar y juzgar, pero no puede reconciliar, perdonar, devolver la serenidad.
¿Qué cambia con Cristo?
Con Jesucristo el pecado no se niega y la justicia no se diluye, pero entra algo radicalmente nuevo: el perdón que recrea, restaura, te devuelve al camino.
La conciencia ya no es solo un tribunal que acusa, sino un lugar de encuentro, donde la verdad se manifiesta como amor. Es tu deseo de VERDAD y BIEN, a pesar de que hayamos hecho cosas mal, podemos volver a HACER EL BIEN
La ley puede decir qué hacer, incluso absolverte de un castigo por algo que hiciste mal, pero no puede recrear el corazón, devolverte la paz, hacer que vuelvas a caminar en verdad.
Cristo, Verdad hecha carne, redime la conciencia, es decir, la sana, la libera y la orienta de nuevo al bien. No elimina la verdad del mal cometido, pero restaura el corazón, devolviéndole el deseo de Dios, de la bondad y del bien verdadero.
Conclusión
Sin Cristo, la conciencia es trágica: el hombre vive dividido entre el bien objetivo y lo que, condicionado por circunstancias, intereses o miedos, le parece bueno.
Con Cristo, la conciencia se convierte en lugar de reconciliación y libertad, porque la verdad ya no está para juzgar y condenar, sino para salvar y restaurar.
RATZINGER ve en este mito el anticipo del mundo moderno:
leyes,
tribunales,
consensos éticos…
pero sin redención interior.
Donde Orestes mata para restablecer el orden, Cristo muere para recrear al hombre.
Para Ratzinger: La conciencia no es soberana, es testigo de una verdad que la precede. Y esa verdad no es una idea, es una Persona, de nombre CRISTO.
El hombre no necesita solo saber qué está bien, sino saber que ha sido amado y perdonado para poder vivir sin rencor y deseando el bien común.
2.- CASOS Prácticos:
1. Decir la verdad… ¿o evitar un daño?
Situación: Un médico sabe que un paciente tiene una enfermedad grave. La familia le pide que no se lo diga “para que no sufra”.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Decir la verdad es justo, respeta su dignidad, ayudarle a ser consciente de su momento y situarse ante la vida y ante la muerte (pedir perdón, agradecer, valorar,dejar sus cosas ordenadas o repartidas según su voluntad...)”.
Conciencia B: “Si lo sabe, se va a hundir; mejor protegerlo”.
El drama: Ambas razones parecen buenas. Pero una conciencia puede estar movida por el miedo, no por la verdad.
Discernimiento cristiano:
La verdad no es crueldad, pero tampoco puede ser suprimida.
Se debe decir la verdad con caridad, no ocultarla.
👉 Error frecuente: confundir caridad con mentira piadosa.
2. Defender a un hijo… ¿o ser justo?
Situación: Un padre sabe que su hijo ha robado/pegado/insultado / cometido un crimen. Puede encubrirlo o dejar que asuma consecuencias.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Es mi hijo, debo protegerlo, sólo me tiene a mí”.
Conciencia B: “Debe aprender que el mal tiene consecuencias”.
El drama: El amor natural puede cegar la conciencia. ¿Le disculparías si no fuera tu hijo?
Discernimiento cristiano:
El amor verdadero educa, no tapa el pecado.
Proteger del castigo puede ser colaborar con el mal.
Aquí la conciencia “protectora” no es evangélica, aunque suene muy humana.
3. Callar para no perder el trabajo… ¿o ser fiel a la verdad?
Situación: Un empleado descubre prácticas corruptas en su jefe. El jefe le soborna con un ascenso para que calle y colabore.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Si hablo, pierdo el trabajo y pongo en riesgo a mi familia”.
Conciencia B: “Callar me hace cómplice del mal”.
El drama: No es blanco o negro. Hay miedo real, consecuencias reales.
Discernimiento cristiano:
No siempre se exige heroísmo inmediato.
Pero nunca se puede justificar el mal como “necesario”.
La conciencia puede estar secuestrada por el miedo, y entonces necesita ser formada, no obedecida ciegamente.
4. Ayudar económicamente… ¿o decir basta?
Situación: Ayudas constantemente a un hermano que pasa dificultades, pero sabes que no cambia, se acostumbró a tu ayuda, no trabaja y se aprovecha.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Si no ayudo, soy egoísta y además se enfadará conmigo”.
Conciencia B: “Si sigo ayudando, lo daño más y nunca se va a superar”.
Discernimiento cristiano:
La caridad no es dependencia.
Jesús ayuda… pero también dice: “levántate y anda”.
Una conciencia mal formada confunde amor con evitación del conflicto.
5. Perdonar… ¿o poner límites?
Situación: Alguien te ha hecho daño repetidas veces.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Debo perdonar siempre”.
Conciencia B: “Si sigo permitiendo esto, me destruyo”.
Discernimiento cristiano:
El perdón es obligatorio.
La exposición al abuso no lo es.
Aquí la conciencia puede estar contaminada por una falsa idea cristiana: “aguantar todo es santidad”. No lo es.
6. Obedecer una ley… ¿o seguir a Cristo?
Situación: Una ley civil permite o promueve algo contrario a la fe (vida, dignidad humana, educación). Véase Aborto en un supuesto límite de enfermedad.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Es legal, así que estará bien”.
Conciencia B: “Es legal, pero no es justo”.
Discernimiento cristiano:
Legal ≠ moral.
La conciencia cristiana no se somete al consenso, sino a la verdad.
Aquí aparece el Orestes moderno: obedecer la norma… o la verdad.
7. Conducir a 140 para no llegar tarde... o cumplir la ley
Situación: Un despiste ocasiona que te falte tiempo para llegar a la operación de una persona que contaba contigo para entrar al quirófano.
Conflicto de conciencia:
Conciencia A: “Tengo que llegar, no hay límites”.
Conciencia B: “No puedo arriesgar mi vida ni la de otros, voy a llegar tarde, otra solución habrá”.
Discernimiento cristiano:
Algo que sería conveniente no justifica un mal.
La conciencia cristiana ha de asumir los errores o despistes. Pedir perdón, buscar soluciones.
Orestes: obedecer la norma… o arriesgar por cumplir mi compromiso.
CLAVE FINAL
🔥 No todo lo que me dicta mi conciencia viene de Dios. La conciencia necesita: Verdad objetiva (Cristo) Formación (Palabra, Iglesia) Discernimiento (oración) Conversión (porque todos tenemos puntos ciegos)
Dejo esta foto de un Orestes famoso ahora por la TV, con el que coincidimos en Effetá, siendo él servidor de los primeros retiros donde empezamos a aprender en Pamplona.






































































Comentarios