Epifanía o manifestación del Señor a los pueblos. 6 de enero
- Fray Dino

- hace 4 días
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Durante los últimos veinte siglos, poetas, pintores, escultores y místicos han quedado fascinados por este relato. Toda la catedral de Colonia, en Alemania, se basa en los tres Reyes Magos; incluso se afirma que sus reliquias se encuentran allí. ¿Qué es lo que tiene esta historia?, ¿de qué se trata?, ¿por qué resulta tan fascinante?
La fiesta de la Epifanía revela el corazón de la vida espiritual humana.
La historia de los Reyes Magos expresa el anhelo profundo que habita en todo ser humano: un deseo de plenitud, de paz, de Dios mismo.
Deseamos todo tipo de cosas en la vida, las buscamos y a veces las encontramos. Pero por debajo de todos nuestros deseos particulares existe un gran anhelo, un dolor del corazón, un deseo que podemos llamar plenitud o paz.
C. S. Lewis lo llamó “alegría” y lo definió de una manera muy particular. Este anhelo se despierta en nosotros en ciertos momentos de la vida, cuando somos conscientes, de forma indirecta, de lo que queremos, pero al mismo tiempo sabemos que nunca podremos alcanzarlo por completo. A ese anhelo insaciable —al menos en esta vida— él lo llamó alegría. No se trata de algo superficial, como estar contentos porque nos pasó algo bueno, sino de algo más extraño, profundo y misterioso. Es aquello de lo que hablaba san Agustín cuando dijo: “Señor, nos hiciste para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”.
Los Magos representan a todos los buscadores sinceros.
Buscan con un espíritu científico, sí, pero de una manera más profunda buscan la señal de Dios, buscan sentido. ¿Qué intenta comunicar Dios? El secularismo como ideología intenta eliminar el sentido de esta búsqueda, convenciéndonos de que es un resto de una época primitiva del desarrollo humano. Pero resulta que lo que nos hace verdaderamente humanos es este anhelo infinito, este profundo dolor del corazón, esta búsqueda de Dios. No escuches a quienes quieren quitártelo.
Los Magos observan el cielo, perciben una señal —la estrella— y deciden seguirla, aun sin tener todas las respuestas. Esa estrella es solo un indicio, una señal ambigua, como suelen ser los caminos de Dios, pero ellos confían y emprenden el viaje, con todas sus dificultades y riesgos. Así es también la vida espiritual: seguimos una llamada que muchos no entienden, a veces tampoco nosotros mismos, pero que promete responder al anhelo más profundo del corazón.
A veces, cuando somos jóvenes queremos certezas, pero la duda y el asombro nos acompañarán siempre en el camino de la fe. Necesitamos elegir la estrella que queremos nos guie en la vida y seguirla en confianza.
Suena tan extraño como Noé construyendo el arca en medio del desierto. La vida espiritual es a menudo así: la gente no entiende lo que hacemos ni por qué vivimos de determinada manera.
La gran novedad cristiana es que no solo somos nosotros quienes buscamos a Dios, sino que Dios mismo nos ha buscado primero y ha venido a nuestro encuentro en Jesucristo. Y ha puesto a nuestro alcance alguna estrella. ¿Cuál es tu estrella, tu referencia, tu punto o persona o comunidad de confianza, tu sacramento que te reconcilia?
La estrella conduce al Niño: el centro no es la búsqueda humana, sino la presencia de Dios que se hace cercano. Ante el Niño, los Magos se postran y lo adoran, mostrando la actitud fundamental de la fe: la alabanza correcta.

En el centro de la historia de Navidad está el hecho de que Dios, a quien buscábamos, viene a nosotros como un regalo. El Padre envía a su Hijo como su don más grande al mundo. ¿Cuál es la respuesta adecuada cuando alguien te da un regalo? Devolverlo con otro regalo. Así, los magos presentan oro, incienso y mirra. Desde muy temprano, san Ireneo vio el significado simbólico de estos dones. Los regalos que ofrecen —oro, incienso y mirra— expresan el misterio de Cristo.
El oro reconoce su realeza y nos invita a dejar que Cristo sea el verdadero Rey de nuestra vida. El incienso, signo de lo sagrado, proclama su divinidad: Jesús no es solo un maestro o profeta, sino Dios hecho hombre. La mirra anticipa su sacrificio: La mirra es el regalo más inquietante. Se usaba para preparar los cuerpos de los difuntos. Con ella, los magos reconocen que este niño ha venido a ofrecer su propio cuerpo en sacrificio. La reconciliación con Dios pasa por enfrentar el pecado, y eso se realiza en la cruz, donde Cristo entrega su vida. Desde el comienzo, ellos reconocen ese sacrificio.el Niño ha venido a entregar su vida para reconciliarnos con el Padre.
Cada Eucaristía actualiza esta experiencia.
Como los Magos, llegamos con nuestro anhelo y ofrecemos nuestros dones: reconocemos a Cristo como Rey, traemos oro; lo adoramos como Dios, incienso; y participamos del sacrificio de la cruz, mirra. Así, la Epifanía nos recuerda que todos somos buscadores llamados a convertirnos en adoradores, ofreciendo nuestra vida entera como regalo al Dios que primero se nos ha dado.
Somos, todos nosotros, los Reyes Magos: buscadores, adoradores, oferentes. Anhelamos a Cristo y le presentamos nuestros dones. Y que Dios os bendiga.
Resumiendo y comentando la catequesis de RBarron
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