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1ºCuaresma: Génesis 2, el gran permiso de Dios para el placer, el honor y el poder.

La paz esté con vosotros.


¿Por qué a veces nos enfadamos con Dios? ?Por qué hay entre nosotros divisiones, o cansancios, o rivalidades si todos estamos para servir? ? Por qué no vemos la bendición de Dios?

La liturgia de hoy nos habla del permiso y mandato de Dios para VIVIR FELICES, EN COMUNIÓN, AGRADECIDOS A DIOS POR TANTO DON, ojalá no hiciera falta advertencia alguna sobre el pecado.


La Cuaresma es un tiempo de regresar a las bases.

Es como cuando estás comenzando una temporada de fútbol, todo está por jugar.

Y tenemos la oportunidad de hacer las cosas bien.


Nuestra primera lectura es del Libro del Génesis. capítulo 2 del Génesis:

“Después plantó el Señor un jardín al oriente del Edén y allí puso al hombre que había formado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles, de hermoso aspecto y sabrosos frutos”.

¿Qué quiere Dios para nosotros? Quiere la vida para nosotros.


Resiste la tentación o la sugerencia, cada vez que la escuches, de que, de algún modo, el Dios de la Biblia es estricto y perverso y difícil y autoritario.



Christopher Hitchens, famoso ateo, dijo: “Dios es como Kim Jong-un. Es como el dictador de Corea del Norte que impone un estilo de vida nefasto sobre todos”.

¡Por favor! ¡Por favor!

Eso es contrario a la biblia.

Quiere vida y vida plena.

“La gloria de Dios es un ser humano plenamente vivo”,como dijo Ireneo.


Se nombra a la serpiente.

El más astuto de todos los animales.

La serpiente preguntó a la mujer, “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?’”.

Y la mujer contesta.

Prestad mucha atención aquí a la respuesta:

“No, Podemos comer del fruto de todos los árboles del jardín”.

Pienso que tendemos a saltarnos esa línea, y vamos directo a la prohibición, a la que llegaré, pero no os olvideis de esa frase.

Es el diablo el que sugiere,

“Oh, Dios no quiere que comas de ninguno de estos árboles hermosos y sabrosos”.

No, no, no.

Ese es el padre de la mentira sugiriéndole.

Y la mujer contesta correctamente,

“No, no. Se nos permitió comer de todos estos árboles”.


Los padres de la iglesia dijeron que esto significa el gran permiso.

Dios nos quiere vivos.

Quiere que disfrutemos plenamente, las cosas buenas de este mundo.

Está hablando de placer sensual, pero los padres de la iglesia lo vieron como símbolo de todas las diferentes formas del florecimiento humano.


Esto es ciencia y arte y literatura y política y amistad y conversación.

Todo lo que hace maravillosa a la vida, Dios dice, “Sí, sí”.

Antes que lleguemos a la prohibición, está este gran permiso.


Fue Chesterton el que dijo que la gente se centrar demasiado en los Diez Mandamientos, sin embargo, Dios nos está diciendo tantas cosas que sí podemos hacer.


George Carlin, un crítico y humorista estadounidense, odiaba a la religión.

Supongo que Católico por formación, pero ¡oh Dios! Qué formación Católica tan pobre.

Este hombre afirmó “La religión nos hizo creer en este hombre invisible en el cielo”.

Primero de todo, eso es lo último que Dios es, un hombre invisible en el cielo.

Pero luego Carlin dice, “quien nos dijo que hay diez cosas que no puedes hacer, y si las haces, te enviaré a . . .”.

Bueno, ved, eso es lanzarse sobre estas diez cositas que Dios nos pide que no hagamos.


Lo que se olvida es –este es el punto de Chesterton— las millones de cosas que Dios nos dice que podemos hacer, las miles de millones de cosas que podemos hacer; todas las formas en que se nos permite florecer.

Ved cómo el Génesis coloca el énfasis apropiadamente sobre el permiso, no sobre la prohibición.

El verdadero Dios nos quiere vivos.

Es un signo, ya que estamos, que estás tratando con un dios falso cuando tienes una forma de deidad estricta, perversa, legalista, opresiva.

Ese es un signo de que estás tratando con el dios equivocado.


El verdadero Dios nos quiere vivos.

De acuerdo, ahora Eva corrige a la serpiente: “No, podemos comer de todos los árboles excepto uno: el árbol del conocimiento del bien y del mal”.


Aquí, todos saben esto. Todos corren hasta esa frase. Existe ciertamente esta prohibición. ¿Por qué?


Porque Dios no nos quiere vivos y es legalista y autoritario.

No, no es eso.

Se nos prohíbe el convertirnos en el criterio del bien y del mal.

Dios sólo, como el bien supremo, como el bien en sí mismo, es el criterio del bien y del mal.

Lo que está de acuerdo a la naturaleza de Dios, eso es bueno.

Lo que es repulsivo a la naturaleza de Dios, eso es malo.

Dios es el criterio. El problema ocurre cuando nos hacemos el criterio del bien y del mal.

Decimos, no, no, mi voluntad, mi mente.

Yo determino lo que está bien y lo que está mal.

Cuando eso sucede, todo se derrumba.

Cuando eso sucede, el disfrute que se supone debemos obtener de la vida queda comprometido.

Vean, el no de Dios, si se quiere, es un no a un no.

Es un no a algo negativo.

La palabra de Dios es siempre sí, porque un no a un no es un sí.


¿Se comprende eso?

Esa es la forma correcta de leer la prohibición, no que Dios está tratando de limitarnos. Al contrario, nos quiere vivos, y eso significa que vivamos nuestras vidas de acuerdo al criterio que él mismo es.

De acuerdo.

Tened en mente ese fundamento.

Esto es como empuñar el palo de golf.

Esto es como realizar la postura de tres puntos en futbol americano.

Es un fundamento en el orden espiritual.


Con eso en mente entonces, pasemos al Evangelio, que es del cuarto capítulo de Mateo, la historia de las tentaciones de Jesús..

¿Qué tenemos que ver aquí?.

Tenemos que ver tres modos típicos en que nos desequilibramos.

Tres modos que, cuando nos volvemos el criterio del bien y del mal, tendemos a desencaminarnos.

Jesús, como nosotros en todas las cosas excepto en el pecado —eso significa que fue tentado al modo en que lo somos nosotros.

Es tentado en su humanidad por estas tres distorsiones típicas.

Y mirad cómo —por supuesto muy inteligentemente— el diablo reaparece en el Evangelio, recurriendo al ego de Jesús para convertirlo en el criterio del bien y del mal.


Mirad entonces a la primera.

El tentador se le acercó luego de cuarenta días de ayuno.

Le dijo, “Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”.

¿Cuál es la tentación aquí?

Me hago el criterio del bien y del mal, y por lo tanto hago de la satisfacción de mi deseo sensual el centro de mi vida.

Comida y bebida y sexo y placer corporal, eso se convierte en el valor central de mi vida porque soy el criterio del bien y del mal.

¿Quién eres tú para decirme qué hacer?

Entonces diré, “No, mi vida se trata completamente de satisfacer mis deseos sensuales”.

¿Piensan que eso es una abstracción?

¡Por favor! Miren a su alrededor y mírense a sí mismos.

Honestamente, siempre, siempre somos confrontados con esta tentación.

No estamos diciendo aquí que el placer sensual sea algo malo.

Por supuesto que no.

Dios nos dio estos cuerpos.

Dios nos dio estas capacidades, y quiere que nosotros comamos de todos los árboles del jardín. Eso quiere decir, sí, comida y bebida y sexo y placer sensual.

No tiene nada de malo.

Lo que está mal con eso es transformarlos en dios, hacerlos el valor central de mi vida.

No pertenecen a ese lugar.

¿Por qué?

Escuchen a Jesús.

Jesús responde, “Está escrito: No sólo de pan vive el hombre, sino también de toda palabra que sale de la boca de Dios”.Ahí está.

No tienen nada de malo el pan y el vino y el placer sensual, pero no vivimos de eso solo, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios, del criterio del bien y del mal que Dios es.

De acuerdo.


Segunda tentación.

De nuevo, estamos de regreso a los fundamentos aquí, porque todos nosotros pecadores las enfrentamos. “Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en la parte más alta del templo y le dijo: ‘Si eres el Hijo de Dios, échate para abajo, porque está escrito: Mandará a sus ángeles que te cuiden y ellos te tomarán en sus manos, para que no tropiece tu pie en piedra alguna’”.

¿Cuál es la tentación aquí?

La tentación del honor, el orgullo.

La parte más alta del templo significaba la cima del edificio más importante en el mundo Judío.

Y de hecho, soy tan importante que me arrojaré y Dios mismo vendrá y enviará a sus ángeles a respaldarme.

Esta es la tentación, compañeros pecadores que me están escuchando, con relación al inflar el ego, con relación a honrar al yo.

De nuevo, ¿es malo el honor?

No, no es malo en sí mismo, pero no es Dios.

E inflar el ego conduce a este profundo compromiso y muy profunda distorsión del yo.

Jesús le contestó, “También está escrito: ‘No tentarás al Señor, tu Dios’”.

Notad lo que está sucediendo allí, nuevamente. No eres el criterio del bien y del mal.

Dios lo es.

No coloquen el criterio del bien y del mal a prueba en sus términos.

No, no.

Cuando te rindes a Dios, puedes entonces descansar en los honores legítimos que llegan a ti.

Luego puedes sentir una sensación legítima de tu propia importancia, pero solo bajo la tutela de Dios.


La última tentación,

y compañeros pecadores, todos enfrentamos eso.

“Luego lo llevó el diablo a un monte muy alto y desde ahí le hizo ver la grandeza de todos los reinos del mundo y le dijo: ‘Te daré todo esto, si te postras y me adoras’”.

¿Qué es eso?

La tentación del poder.

Me resulta interesante que esté última, porque es la más importante.

Es la más fundamental.

De cierto modo, la tentación hacia el placer sensual es más superficial que el honor, pero finalmente, el poder.

El poder es algo profundamente tentador. ¿Es malo en sí mismo?

No, no.

A Dios se lo llama poderoso, no puede ser malo en sí mismo.

Pero cuando haces del poder terrenal

el centro de tu vida, el valor supremo, ¿qué sucederá? —y lo hemos visto una y otra vez en las vidas de pecadores famosos— es tu poder que ahora se convierte en el medio por el que colocas a todos en su lugar.

Ahora son todos pequeños actores en tu gran drama.

Los manipularás y dominarás si se interponen en tu ejercicio del poder.

Cuando te haces el criterio del bien y del mal y dices, “mi poder es realmente lo que importa”, cuidado.

El caos que se ha sembrado en el mundo a partir de esta jugada.

¿Qué dice Jesús entonces?

“Retírate, Satanás, porque está escrito: Adorarás al Señor, tu Dios, y a él sólo servirás”.

Allí está de nuevo.

Nada de malo con el poder en sí mismo en tanto y en cuanto esté bajo la tutela de Dios.

En tanto y en cuanto estés adorando a Dios y no al poder, entonces come de ese árbol, utiliza tu poder para el bien.

Muchos santos lo tuvieron.

De acuerdo, regresamos a las bases.


Génesis capítulo 2, el gran permiso, y luego esa única prohibición.

No te vuelvas el criterio del bien y del mal.

Y luego observen, tal vez, durante todos estos cuarenta días de Cuaresma:

¿Cuál es mi relación con el placer, con el honor, con el poder?

Ríndanse siempre a Dios, y luego coloquen lo demás en relación a Dios.

RBarron.






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