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Domingo XII del T.O.

Actualizado: 23 jun

Durante este ciclo B de las lecturas litúrgicas, estamos leyendo del Evangelio de Marcos. Es el primero de los Evangelios.

No hablaba griego nativamente. Pero le da a lo que escribe un cierto tono como el de Hemingway, siempre hay algo rápido y enérgico en él.

 

La historia de hoy es una que los primeros Cristianos adoraron, porque aflora de formas diferentes en los cuatro Evangelios:

La historia de la calma de la tempestad.

 

El Obispo Barron da tres interpretaciones separadas, todas las cuales han surgido de la Iglesia primitiva, y todas han arrojado luz sobre la vida espiritual.

 

Conocemos la historia elemental de Jesús en la barca con sus discípulos.

Se desata la tormenta.

Jesús está dormido en la popa de la barca.

Los discípulos entran en pánico.

Lo despiertan.

Una vez que se despierta, él calma a la tormenta y les dice que tienen poca fe. Esta es la estructura básica de la historia.

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Cada vez que hablamos de Jesús y los discípulos en una barca, estamos hablando de la Iglesia, la barca de Pedro.

Y es la Iglesia haciendo su camino a través del espacio y el tiempo.

No es solo algo que sucedió largo tiempo atrás.

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Aunque sucedió en el pasado, la Iglesia lo recuerda vívidamente, y la Iglesia nos lo aplica a nosotros ahora y a nuestras vidas espirituales.

Es la Iglesia haciendo su camino a través del espacio y el tiempo.

 

Lo que se desata inevitablemente son tormentas, y todos sabemos eso, que en el planeta Tierra te enfrentas con tormentas.

Oposición, dificultad, crítica, fracaso, temor, ....

Y entonces la Iglesia: Borrascas y tormentas que estallan y amenazan la barca de Pedro. ¿Los discípulos están asustados?

 

Ya el antiguo Israel temía al agua.

No tenían muy buenos barcos para navegarla.

El mar abierto era un símbolo del caos.

El Mar de Galilea, que es relativamente pequeño, se transforma como en mar abierto. Agua tormentosa.

 

EL CAOS

Regresamos a la página uno del Libro del Génesis, el tohu wabohu, el caos acuoso primigenio.

Siempre representa a lo que se opone a las intenciones de Dios.

Así que aquí estamos, la Iglesia haciendo su camino a través del espacio y el tiempo, enfrentando tormentas.

Los discípulos en pánico. En la parte trasera del bote, Jesús profundamente dormido.

¿Qué está sucediendo aquí?

¿Qué quiere decirnos la narración cuando nos dice que Jesús estaba profundamente dormido en la popa de un bote pequeño, mientras se desarrolla esta tormenta?

 

1.- Primera interpretación.

El Cristo dormido representa el lugar de seguridad y paz, Cristo viviendo en nosotros, como lo expresaría Pablo, que nos da tranquilidad incluso en medio de las peores tormentas.

Ellos entran en pánico, pero Cristo está dormido, serenamente dormido.

Hay un lugar en ti, en mí, en el centro del alma, el lugar en el que estoy siendo creado por Dios, aquí y ahora, ese castillo interior, -en el lenguaje de Teresa de Ávila-, la bodega interior, -en lenguaje de San Juan de la Cruz- este lugar de serenidad y paz en donde estoy conectado con el poder infinito y eterno de Dios.

 

Todos los santos enfrentaron borrascas, pero todos tenían en ellos este sitio de calma y seguridad y paz, que les permitía confiar en quien apaciguará la tormenta, cuando lo vea oportuno.

Así sucede en nuestra vida espiritual.

Gente santa, que aun cuando están en medio de una frustración terrible y oposición y temor, tienen sin embargo esta serenidad interior.

Esa es una forma de interpretar al Cristo que duerme, y él se convierte en el sitio en el que las tormentas se calman.

No quiere decir necesariamente que desaparezcan, sino que puedo superar y hallar paz incluso en medio de una tormenta.

Esa es la interpretación número uno.

 

Segunda interpretación, que también surge a partir de los padres de la Iglesia.

De cierto modo es la opuesta.

Los discípulos en la barca con Jesús, esa es la Iglesia, que hace su camino a través de las aguas tormentosas del espacio y el tiempo.


¿Por qué tienen tanto miedo?

Porque han permitido que Cristo dentro de ellos se duerma.

Así que estamos observando esto desde otro ángulo, otro modo de interpretarlo.

Han permitido que el poder espiritual que está en ellos que se vaya a dormir.

No están más atentos, no están alertas espiritualmente.

Si se quiere, este es el peligro en nuestro secularismo contemporáneo.

De acuerdo, estamos haciendo nuestro camino, sí, en un mundo tormentosamente difícil.

¿Y qué hemos hecho?

Nos hemos olvidado de la oración.

Nos hemos olvidado de la Misa.

Nos hemos olvidado de los santos.

Nos hemos olvidado de los sacramentos.

Y luego nos preguntamos,

“de acuerdo, ¿por qué estoy tan asustado?

¿Por qué mi vida es tan caótica?”.

Bueno, mira, es porque has permitido que el Cristo en ti se quede dormido.

Despierta a Cristo en ti.

recobra la vida espiritual en toda su riqueza.

En cuanto despiertes a CRISTO en ti, en tu vida, inmediatamente él calmará la tormenta.

Así sucede también en el orden espiritual.

Cuando nos reconectamos con Cristo, cuando le prestamos atención al Cristo interior, las tormentas se calman.

 

 

Tercera interpretación.

Menos moralista, más mística.

Las aguas tormentosas, el tohu wabohu, el caos inicial en nuestro mundo, es todo lo que nos asusta.

Es todo lo que se opone a Dios.

Es el poder de la muerte.

¿Adónde va Jesús cuando entra en nuestra condición humana?

Va hasta lo más bajo.

Así que en esta interpretación, Jesús en las aguas tormentosas, no nos pontifica desde lo alto, sino que en la encarnación, recorre todo el camino descendente para unirse a nosotros.

Sí, él está junto a nosotros en el tohu wabohu del pecado y la enemistad y la soledad, y sí, la muerte misma.

Piensa aquí, Jesús dormido en la popa de la barca.

Es como si hubiera ido debajo del agua.

Es como si hubiera permitido que el tohu wabohu lo abrume.

Y eso es exactamente lo que sucede en la cruz, es Jesús que toma sobre sí todas las tormentas de la disfunción humana, pero toma sobre sí también ese temor espantoso a la muerte y luego la muerte misma.

Se permite él mismo abrumarse.

Puedes ver en esta interpretación mística, Cristo dormido en la popa de la barca, ese es el Cristo muerto que está dormido en las profundidades de la tierra.

Ese es Cristo luego de su muerte en la cruz.

¿Qué significa este Cristo que se despierta?,

“Despiértate, tú que duermes”, despiértate.

Este es Cristo resucitado ahora de la muerte, que habiendo ido, como si fuera, bajo las olas, permitiendo a las olas que lo pasaran por encima, ahora resucita y dirige las olas, dirige los mares y los calma.

¿Acaso la resurrección no representa la victoria de Dios sobre el tohu wabohu?

Sí, éste existe por toda clase de razones.

Somos responsables de él en cierto punto, el tohu wabohu (el caos) existe. Pero nuestro Dios ha descendido todo el recorrido, permitiendo incluso que lo abrumara.

Pero luego resucitando del tohu wabohu,

Él ahora... regresamos al Génesis.

Recuerda que dice, “el espíritu del Señor sobrevolaba la superficie de las aguas”.

aquí está Jesús resucitado, sobrevolando la superficie del tohu wabohu.

Victoria.

Es Cristo el victorioso.

 

 

Estas tres interpretaciones de esta gran historia son parte de la sabiduría de la Iglesia, que ha extraído estas tres ideas diferentes de esta representación icónica de la vida Cristiana.

 

 

La primera,

Encuentra en ti ese lugar de paz, donde Cristo, está dormido incluso en la tormenta.

 

La segunda, si has dejado que Cristo se duerma, despiértalo.

Reconéctate a la vida espiritual.

 

Luego, por fin, y más importante, encuentra consuelo y alegría y defensa y protección en el Cristo que ha descendido todo el recorrido, pero que luego resucita para convertirse en el comandante de las olas.

 

Él es el Señor sobre el pecado y la muerte.

Y encuentra tu paz en él.


Y una cosa más:
Tú ocupas en tu familia, en tu comunidad, en tu ciudad, el lugar que ocupa aquí Jesús en la barca, con el mismo poder de poner paz en el nombre del Señor.
Que donde haya guerra tú pongas paz,
que donde haya miedo, tú pongas confianza en Dios.
Que donde tú estés, haya siempre una oración.



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