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La sal y la luz no existen para sí mismas. Homilía de R. Barron.

Actualizado: 5 feb 2023

La paz esté con vosotros.

Estas semanas estamos leyendo el maravilloso Sermón de la Montaña, capítulos cinco, seis y siete del Evangelio de Mateo.

Esos tres capítulos muestran al Hijo de Dios desarrollando para nosotros su programa para la vida. Jesús se dirige ahora a sus discípulos, y los compara con tres cosas: “Vosotros sois la sal de la tierra.

Vosotros sois la luz del mundo.

Sois una ciudad construida en lo alto de un monte”.


Esas tres cosas no existen por sí mismas; existen para algo más. existen para beneficio de algo más. ¿A qué me refiero?

En la época de Jesús, mucho antes que tuviéramos refrigeración y todo lo demás, era la forma en que se preservaba la carne, especialmente si tenías que enviarla o partir de viaje o lo que sea. la sal tenía ese poder. Existía para beneficio de algo más, para preservar algo más.

Ahora, denle la vuelta. La sal también se utilizaba en el mundo antiguo para asegurarse que nada más volviera a crecer en un sitio. Si una ciudad conquistaba a otra o una nación conquistaba a otra, incendiaba la ciudad, derrumbaba sus muros, y esparcía sal en la tierra. ¿Por qué? Para asegurarse que nunca nada volviera a crecer. Era la costumbre ejecutar a la gente, ejecutar a los animales, y luego se aseguraban que nada volviera a crecer. La sal se usaba para ese fin, para beneficio o perjuicio de algo más, para mejorar, para preservar y para destruir.


Vosotros sois la luz del mundo.

Piensen en eso. En realidad no vemos la luz. La luz es aquello por lo que vemos otras cosas. La luz es un medio de iluminación. Hace que otras cosas sean visibles. Trae cosas hermosas a la luz. Las mejora. Una luz que brilla sobre un rincón oscuro puede de repente poner al descubierto cosas desagradables. Hay insectos o alimañas o algo, y de repente la luz los pone al descubierto. O si dicen, ¡oh! no tenía idea de cuán sucio estaba el rincón de la habitación hasta que la luz se posó allí. Así que la luz puede mejorar. Puede también poner al descubierto lo que es imperfecto.

¿Y qué hay con una ciudad construida sobre la montaña?

Una ciudad tiene su propia integridad, pero ¿por qué dijo Jesús una ciudad construida en lo alto de un monte? Bueno, así es como la gente se orientaba en su tiempo. Mucho antes que los mapas y que los sistemas GPS y todo ello, lo que hacían era encontrar un punto de referencia, como un monte o una montaña o una ciudad. “¿Ven la ciudad allí arriba? Sé que tengo que ir al sur de ella o al norte de ella”. Era un medio de navegación. Sin la ciudad construida sobre la montaña, no sabrían dónde estaban yendo.

De acuerdo. ¿Qué les está diciendo a sus discípulos, esto es, a nosotros?

“Vosotros que me seguís, vosotros que incorporais mi enseñanza, estáis destinados para los demás”. El propósito de esto no es principalmente el haceros santos. Es un medio para un fin. Jesús dice, estoy haciéndote santo y feliz para que puedas convertirte en un vehículo por el cual otros se hagan santos y felices.


Quiero enviaros al mundo. Quiero que seas un faro de luz que ilumine el camino de los demás. Quiero que seas la sal que preserva y mejora a otros. Quiero que seas una ciudad construida en lo alto de un monte para que otros naveguen el camino en sus vidas. Me pregunto si pensamos en nuestras vidas espirituales de esa manera.


Vivimos en una cultura “orientada a la autoayuda”.

Así que, ¿de qué trata la religión? Bueno, de hacerme feliz. sí, es cierto. Como vimos la semana pasada, está destinada a hacerme feliz, pero ese no es el objetivo final.

Si eres feliz y santo, bien.

Pero Dios te llama a ser la sal destinada a preservar y mejorar lo que es bueno y verdadero y hermoso en el mundo.

Eres santo y feliz, genial.

Sé ahora la ciudad construida sobre la cima de la montaña por la cual otros guían sus vidas. Sólo entonces, seguidores míos, estáis haciendo realmente lo que quiero que hagais.

A continuación, la devastadora frase que sigue: “Si la sal se vuelve insípida ¿con qué se le devolverá el sabor?” Si la sal pierde su sabor no sirve para nada; no preserva nada, no destruye lo que necesita destruir. Pierde su poder.

Una vela debajo de una olla, ¿para qué sirve? No vuelve hermoso a nada alrededor. No expone nada que necesita ser expuesto. No, no, no.

Estás destinado a brillar. Estás destinado a mejorar. ¿Y qué sucederá? ¿Qué sucederá si perdemos nuestro sabor como Cristianos? El mundo a nuestro alrededor irá por mal camino. Si no hago mi misión, el mundo a mi alrededor se echará a perder. Las cosas que están destinadas a ser mejoradas no mejorarán. Las cosas que están destinadas a ser preservadas no se preservarán. Y las cosas que están destinadas a ser destruidas o desafiadas no serán destruidas ni desafiadas.

Esa es la bisagra sobre la que gira gran parte de la vida espiritual. ¿Puedo tornar esto un poquito más concreto con algunos ejemplos?

Pienso que una de las verdades más dolorosas del siglo pasado, el siglo XX, que fue el más sangriento ...

Me refiero a que murió más gente brutalmente en el siglo XX que en todos los siglos anteriores combinados. Los cadáveres apilados por los totalitarismos espantosos y las guerras espantosas del siglo XX ridiculizarían la destructividad de los siglos previos.


Pero esto es lo que encuentro verdaderamente alarmante. ¿Dónde tuvo lugar todo este caos? En el corazón, muy a menudo, de civilizaciones profundamente Cristianas. Miren el siglo XX en Europa, la Europa Cristiana: Francia, Inglaterra, Bélgica, Alemania, Austria, Hungría, Rusia, países Cristianos. Decenas de millones de personas sacrificadas en la Primera Guerra Mundial. En la Segunda Guerra, más muertos aún. Sí, en esos mismos países, agregando a la mezcla ahora Estados Unidos, Canadá, Australia, países en gran medida Cristianos. ¿Dónde sucedió el Holocausto? La atrocidad moral más grande del siglo XX. ¿Dónde sucedió? En el corazón de la Europa Cristiana.

¿Cómo se explica eso? Oh, es Hitler y sus partidarios malvados. Sí, sí, por supuesto. El partido Nazi, que surgió como una terrible consecuencia de la Primera Guerra Mundial y el Tratado de Versalles y el colapso económico de Alemania. Sí, sí, sí, seguro, seguro, seguro. Todo eso es verdad.

Pero quiero hacer la pregunta espiritual: ¿Por qué sucedió todo este caos en el corazón mismo de una supuestamente profunda cultura Cristiana?

Respuesta breve: porque mucha de la sal perdió su sabor, porque muchas luces se colocaron debajo de ollas, porque a un montón de Cristianos —seamos francos en esto— a un montón de Cristianos no les importó, miraron hacia otro lado, o cooperaron con ello.

¿Qué sucederá si la sal pierde su sabor? Nada. Nada la resalará. ¿Qué sucederá si los Cristianos pierden su poder de testificar, de iluminar, de poner al descubierto la oscuridad, de salar la tierra donde necesita que se sale?

¿Por qué no hubo más Cristianos poniendo sal sobre la tierra del Nazismo para que no creciera? ¿Por qué no hubo más Cristianos interponiéndose en el camino de esta violencia espantosa? Ahora, ¿cuál es la otra gran atrocidad del siglo XX? Desplácense unos pocos kilómetros al este —el Comunismo que creció en Rusia, en la Unión Soviética. Stalin, puede decirse el carnicero más grande de la historia humana. Diez millones de cadáveres apilados. ¿Rusia? Hasta donde yo sé, supuestamente un país profundamente Cristiano. La Iglesia Ortodoxa Rusa dio surgimiento a grandes santos y grandes héroes, una liturgia hermosa, gente como Dostoyevski. Una maravillosa cultura Cristiana. Pero, ¿cómo es que no se interpusieron en el camino de esas atrocidades del siglo XX en Rusia? O ahora, a las del siglo XXI en Ucrania?

¿Por qué no salaron la tierra donde debían haberla salado? ¿Por qué no brilló la luz en los rincones oscuros? ¿Por qué los Cristianos por cientos de millones no bloquearon el camino? Enfrentémoslo, un montón de Cristianos en Rusia miraron para el otro lado, no les importó o cooperaron. Eso es algo profundamente desafiante. Para no ser menos en nuestro país, “oh sí, esos terribles alemanes y esos terribles rusos”, mientras grabo estas palabras, hemos cumplido recientemente el 50 aniversario del fallo Roe vs. Wade (Aprobación del aborto en ciertos casos)

. Desde Roe vs. Wade en nuestro país, más de sesenta millones han sido abortados en nuestro país. Quiero decir, sin mencionar la especie de violencia armada que domina a tantas de nuestras ciudades. Pero sesenta millones en este país todavía Cristiano en gran medida. ¿Cómo se explica eso? Bueno, sé que es incómodo decirlo, pero un montón de nosotros Cristianos no nos interpusimos en el camino, no hicimos brillar nuestra luz donde debería haber brillado, no salamos la tierra donde necesitaba serlo. Pero aceptamos, cooperamos, miramos para el otro lado.

Vosotros sois la sal de la tierra, dice Jesús.

Vosotros sois la luz del mundo. No los obispos y los sacerdotes, me imagino. vosotros!!! todos los bautizados, todos mis discípulos, todos mis seguidores. Vosotros sois la luz del mundo. No pongas la luz debajo de una olla.

Vosotros sois la sal de la tierra. No permitas que la sal pierda su sabor.

¿Cómo stu Cristianismo, mi Cristianismo, está impactando ahora mismo el mundo a nuestro alrededor?Oh, no, no.

No quiero estar imponiendo mi fe sobre nadie. Sí, eso podrá ser extraño, protocolo moderno, pero ese no es el Evangelio.

“¿Quién soy yo? ¿Quién soy yo para andar imponiendo mis puntos de vista?”. Bueno, sí, ese es un prejuicio secular. No es el Evangelio.

¿Cómo está su Cristianismo, mi Cristianismo, impactando el mundo alrededor nuestro, mejorándolo e interponiéndose en el camino del mal y de la crueldad?

Esa es una pregunta desafiante, justo en el comienzo del Sermón de la Montaña. ¿Cómo pensamos nuestras vidas espirituales? ¿Para nuestro beneficio o para beneficio del mundo? Pienso que todo cambiará dependiendo en cómo incorporemos estas palabras.

Dios os bendiga.



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