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Los mandamientos más pequeños

1. El evangelio supone un barrido de leyes (613 tenía el código legal judío); por ello, Jesús y sus discípulos tienen problemas con diversos preceptos (ver Mt 9,14;15,3). Sin embargo, el evangelio no hace tabla rasa de la voluntad de Dios manifestada en la ley y en los profetas. Dice Jesús: "No he venido a abolir, sino a dar cumplimiento" (Mt 5,17). Lo que queda abolido son los preceptos humanos que anulan la palabra de Dios (15,1-9). El evangelio cumple la voluntad de Dios hasta la última letra: "El cielo y la tierra pasarán antes de que pase una letra o un solo acento de la ley" (5,18). Además, no importan sólo los grandes mandamientos del decálogo (Ex 20), sino también los mandamientos más pequeños del evangelio.


2. En efecto, "el que traspase uno de estos mandamientos más pequeños y así lo enseñe a los hombres, será el más pequeño en el reino de los cielos; en cambio, el que los observe y los enseñe, ese será grande en el reino de los cielos" (Mt 5, 19). Aquí ser el más pequeño significa no contar, quedar fuera: "Porque os digo que, si vuestra justicia no supera la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos" (5,20). Lo que enseñan y hacen los escribas y fariseos, no basta. Dios pide otra cosa.


3. Habéis oído que se dijo a los antiguos (mandamiento grande): No matarás. Los antiguos son la generación salida de Egipto, los que recibieron de labios de Moisés los mandamientos de Dios. Ahora bien, Jesús dice de una forma nueva lo que Dios quiere (mandamiento pequeño): "Todo el que trate con ira a su hermano será reo ante el tribunal; el que lo insulte será reo ante el consejo; el que lo llame renegado será reo de la gehenna de fuego" (5,22). El discípulo de Jesús, ante la ira que brota en el corazón, debe huir como del homicidio: "Quien odia a su hermano es homicida" (1 Jn 3,15). Quien tiene la ira en el corazón, la manifiesta en el insulto: loco, renegado, excomulgado. En determinadas circunstancias, estos insultos pueden tener su importancia (ver 1 Co 4,14;1.27;Dt 32,6;21,18,20).


4. En el mundo judío, hermano es el hombre de la misma procedencia, de la misma sangre y de la misma fe. En la Iglesia se superan las diferencias entre judíos y griegos, esclavos y libres (1 Co 12,13), pues todos somos hermanos. La parábola del samaritano manifiesta que el amor fraterno no tiene fronteras (Lc 10,29-37). De una forma especial, hermano es el compañero en la fe. En la comunidad cristiana no cabe la aversión, la ira, el odio. El culto dado a Dios sólo es auténtico, cuando viene de la paz y de la unidad fraterna: "Por tanto, si al presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas entonces de que un hermano tuyo tiene algo contra ti, deja tu ofrenda allí delante del altar y vete primero a reconciliarte con tu hermano; luego vuelves y presentas tu ofrenda" (5,23-24). Cuando los fariseos le preguntan a Jesús cuál es el mayor mandamiento de la ley, les dice: Amarás a Dios con todo tu corazón. El segundo es semejante a éste: Amarás a tu prójimo como a ti mismo (22,14-40). Nada se puede reparar entre Dios y nosotros, si no se repara entre nosotros y el prójimo.


5. Un segundo ejemplo tomado de la vida real: "Ponte enseguida a buenas con tu adversario mientras vas con él por el camino; no sea que tu adversario te entregue al juez y el juez al guardia, y te metan en la cárcel. Yo te aseguro: no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último céntimo" (5,25-26). Al que tiene deudas con otro y no quiere pagar, el acreedor le pone pleito y le lleva al juez. ¿En qué consiste el mandamiento de Jesús? Busca un acuerdo, mientras hay tiempo. Lo dice el proverbio popular: Más vale un mal acuerdo que un buen pleito.


6. Habéis oído que se dijo (mandamiento grande): No cometerás adulterio. Jesús no anula este mandamiento. Más aún, enseña que el adulterio se incuba en el corazón y se manifiesta en la mirada (ojo) y en la acción (mano). Dice Jesús (mandamiento pequeño): "Todo el que mira a una mujer deseándola, ya cometió adulterio con ella en su corazón" (5,28). Por supuesto, Jesús no condena aquí el deseo natural que el hombre tiene de la mujer, sino el deseo de la mujer del prójimo. También se dijo: El que repudie a su mujer, que le dé acta de divorcio (Dt 24,1). Jesús anula este precepto humano y restablece la verdadera voluntad de Dios: "Todo el que repudia a su mujer, fuera del caso de unión ilegal (Lv 18), la empuja al adulterio; y el que se case con la repudiada, comete adulterio" (5,32). En este punto, como en otros, se produjo (y se produce) un choque agudo con las costumbres del mundo circundante.


7. Habéis oído también que se dijo a los antiguos (mandamiento grande): No jurarás en falso, sino que cumplirás al Señor tus juramentos. Pues bien, al discípulo le debe bastar la sinceridad fraterna (mandamiento pequeño): "No juréis en modo alguno...Sea vuestro lenguaje: Sí, sí; no, no; que lo que pasa de aquí procede del maligno" (5,34-37).


8. Habéis oído que se dijo: Ojo por ojo y diente por diente (Ex 21,24). A esta manera de pensar y de actuar, que aparece ya en el código de Hammurabi (1.800 a.C.), Jesús contrapone este mandamiento pequeño: "No resistáis al mal; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra; al que quiera pleitear contigo para quitarte la túnica déjale también el manto; y al que te obligue a andar una milla vete con él dos. A quien te pida da, y al que desee que le prestes algo no le vuelvas la espalda" (5,39-42). El mal pierde fuerza, si respondemos con el amor paciente. Entonces el golpe se pierde en el vacío, porque no encuentra oposición. Por supuesto, no se trata de hacer el juego a antojos ajenos. Es lo que dice San Pablo: "Sin devolver a nadie mal por mal; procurando el bien ante todos los hombres" (Rm 12,17).


9. Habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo. El enemigo puede ser personal, familiar, político, religioso. Los primeros cristianos fueron exhortados a tener paciencia con sus adversarios (Rm 12,17-21; Tt 3,1-3). El evangelio entraña una causa de división (Lc 12,51-53) que los cristianos han de superar mediante gestos concretos, como el servicio, el saludo, la oración: "Amad a vuestros enemigos y rogad por los que os persigan, para que seáis hijos de vuestro padre celestial, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y llover sobre justos e injustos" (5,44-45).


10. En fin, podría decirse:

No sólo no tendrás otros dioses (Dt 5,7), sino que buscarás por encima de todo el reino de Dios y su justicia (Mt 6,33);

no sólo no jurarás en falso (Dt 5,11), tampoco en modo alguno (Mt 5,33-34);

no sólo guardarás el sábado (Dt 5,12-15), sino que serás alimentado con el pan de vida (Jn 6,35-51;ver Mc 2,27);

no sólo honrarás a tu padre y a tu madre (Dt 5,16), sino que aquellos que escuchan la palabra de Dios serán tu familia (Mc 3,31-35);

no sólo no matarás (Dt 5,17), sino que amarás a tu enemigo (Mt 5,43-46);

no sólo no cometerás adulterio (Dt 5,18), sino que tendrás fidelidad de corazón (Mt 5,27-30);

no sólo no robarás (Dt 5,19) ni codiciarás los bienes ajenos (5,21), sino que compartirás tus bienes (Lc 19,8-10);

no sólo no darás falso testimonio contra tu prójimo (Dt 5,20), sino que disculparás y perdonarás (Mt 18,21-22).




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