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“¿Qué significa amar con el cuerpo?”

Actualizado: 21 mar

Ante el interés suscitado en nuestra última sesión de Confirmación de adultos, por trabajar el sexto mandamiento con fundamentos concretos en la Escritura y en la tradición de la Iglesia os comparto aquí una serie de referencias. Os propongo que cada uno trabaje una de ellas y compartimos en la próxima sesión.


 1. CLAVE DE LECTURA

Base de la que partimos:

  • La sexualidad no es un tema aislado en nuestro crecimiento con personas, sino parte de la vocación al amor de toda nuestra persona.

  • La moral cristiana no empieza por el “no”, sino por el “para qué”: amar como Dios ama (total, fiel, fecundo).

  • El criterio fundamental:la unidad entre amor, entrega y verdad del cuerpo


Referencias:

2. SAGRADA ESCRITURA


A. Sobre las relaciones sexuales fuera del matrimonio

Antiguo Testamento

  • Génesis 2,24→ “serán una sola carne” (unidad total, no parcial)

  • Éxodo 20,14→ “No cometerás adulterio”

  • Deuteronomio 22,13-29→ protege la dignidad de la sexualidad y el matrimonio

  • Proverbios 5 y 7→ advertencias contra la sexualidad desordenada

Idea central: la sexualidad está vinculada a la alianza, no al uso circunstancial o temporal


Nuevo Testamento

  • 1 Corintios 6,18-20→ “Huid de la fornicación… vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo”

  • 1 Tesalonicenses 4,3-5→ “Esta es la voluntad de Dios: vuestra santificación; que os apartéis de la fornicación”

  • Hebreos 13,4→ “El matrimonio sea honrado… Dios juzgará a los fornicarios”

  • Mateo 5,27-28→ Jesús lleva la pureza al corazón (no solo actos, también intención)

Palabra clave bíblica: “porneia” (relaciones sexuales fuera del designio de Dios).


Adulterio y fornicación, en San Pablo.

Pablo ve en el adulterio, ante todo, una injusticia: «Que nadie en este campo ofenda o engañe a su hermano» (1Ts 4,6); además, una falta de la que habrá que dar cuenta ante el tribunal de Dios: «El Señor castiga todas estas cosas, como ya os hemos dicho y repetido» (1Ts 4,6); también una profanación del propio cuerpo (1Cor 6,15-16) y, por último, una falta contra la caridad: «La caridad no hace mal al prójimo» (Rm 13,10).

Sin embargo, al apóstol le preocupa mucho más denunciar la fornicación que el adulterio. En la lista de pecados, el adulterio es citado solo una vez (1Cor 6,9-10), mientras que la fornicación aparece diez veces. La fornicación, que el ambiente griego consideraba con tanta indulgencia, probablemente ejercía una gran atracción entre los recién convertidos, poniendo así en peligro la unión del cristiano con Cristo. Según Pablo, la malicia principal de la fornicación consiste en que el cristiano, cuyo cuerpo pertenece al Señor, se une a una prostituta haciéndose una sola carne con ella. Esta falsa unión, fundada en la pasión, degrada y profana el Templo del Espíritu Santo, que es el cristiano (2Cor 10,19). GRELOT, La pareja humana en la Escritura, París, 1962, p. 78). En la fornicación no se trata a la otra persona como un ser humano, sino que se la utiliza como un instrumento de placer.


La avaricia, raíz de todas las injusticias

Pablo considera la avaricia o pleonexia como la raíz de todas las formas de injusticia: robos, rapiñas y fraudes de toda clase. Ocupa un lugar tan importante en la enseñanza moral paulina que aparece en casi todas las listas de vicios. La avaricia indica esa avidez insaciable que acompaña casi fatalmente la posesión de riquezas. Consiste en querer poseer siempre más, sin tener en cuenta los derechos del otro. Ya Jesucristo había condenado la avaricia como la raíz de todos los males (Mc 7,22; Lc 12,15). Para Pablo, la avaricia es una de las faltas que excluyen del Reino de Dios (1 Cor 6,10).

En sus doce catálogos de pecados, Pablo coloca siempre juntos estos tres vicios: avaricia, idolatría y fornicación, que para él pertenecen al período precristiano. Estrechamente unidos entre sí, se generan mutuamente. Pablo identifica ante todo la avaricia con la idolatría: «…esa codicia que es idolatría…» (Col 3,5; Ef 5,5). Para él, la avaricia es la nota distintiva, el vicio por excelencia de las civilizaciones paganas. Conduce fácilmente a renegar del verdadero Dios y a servir a la riqueza (Mt 6,24). Por eso dice que la avaricia es idolatría: simboliza el paganismo, que a su vez se resume en la idolatría. Viviendo sin ágape, el pagano se sirve de los demás como instrumentos para su propia utilidad, sin considerar sus derechos, mientras que el cristiano debe ponerse al servicio de los demás. Si, por tanto, un bautizado se entrega a la avaricia, cae en la condición de los paganos, de la cual lo liberó Jesucristo.

El apóstol pone también en relación la avaricia y la fornicación (Ef 4,19). Siendo la avaricia por naturaleza un deseo insaciable, pronto deja de contentarse utilizando al prójimo como instrumento de provecho, y pasa a emplearlo como instrumento de placer. En este sentido, la avaricia conduce a la fornicación y a la orgía. La misma idolatría era muchas veces ocasión de orgías (por ejemplo, con la prostitución sagrada) y con ello se cierra sobre sí mismo el círculo de estos tres vicios. La insistencia de Pablo en denunciarlos demuestra que su poder de atracción seguía actuando sobre los recién convertidos, incluso después de haber recibido el bautismo.

En todos los textos que hemos analizado, lo mismo que en Rm 2,21 y 13,9, Pablo incluye siempre el séptimo mandamiento, prohibiendo el robo de bienes materiales. Sin embargo, hay que notar también que en la lista de pecados de la carta a Timoteo menciona a los «traficantes de hombres» (1Tm 1,10) después de los sodomitas y antes de los mentirosos, es decir, en el mismo lugar que corresponde normalmente al séptimo mandamiento. ¿No se podría ver en ello una alusión al sentido primitivo de este mandamiento, que prohibía no solo el robo de bienes materiales, sino también el secuestro de un hombre libre?


La cultura actual está excesivamente centrada en el sexo,

hasta el punto de que todo —medios, publicidad, relaciones— está impregnado de estímulos sexuales. A diferencia del pasado, donde la sexualidad formaba parte de una visión más completa de la persona, hoy se ha reducido a lo puramente instintivo y hormonal.

Esta situación se debe, en parte, al rechazo de normas y límites durante los últimos siglos. Al eliminar las reglas, la persona queda sin orientación, dominada por impulsos desordenados. Esto no ha traído libertad ni felicidad, sino más bien confusión, vacío, tristeza y una incapacidad profunda de amar verdaderamente.

La “liberación sexual” no ha producido mayor plenitud humana, sino una especie de esclavitud interior, marcada por la insatisfacción, las fijaciones y la pérdida de dignidad.

Frente a esto, se propone el sentido del mandamiento «no cometerás adulterio» como una llamada positiva: entrar en una relación matrimonial fiel y protegerla. El matrimonio aparece como un camino de amor verdadero, donde hay límites, respeto y entrega mutua.

La distorsión de la identidad masculina y femenina (hipersexualizada y superficial), daña las relaciones, la familia y la educación de los hijos.

El matrimonio es un arte elevado: el arte de darse, de amar con sacrificio, de dejar de vivir centrado en uno mismo para convertirse en don para el otro. Esa entrega —más que el placer o el deseo— es lo que da verdadero sentido y riqueza a la vida.


B. Sobre la homosexualidad

Antiguo Testamento

  • Génesis 19 (Sodoma)→ texto complejo (violencia + desorden moral)

  • Levítico 18,22

  • Levítico 20,13→ condena explícita de actos homosexuales

Nuevo Testamento

Textos clave:

  • Romanos 1,24-27→ describe relaciones contra natura en contexto de idolatría

  • 1 Corintios 6,9-11→ incluye prácticas homosexuales en lista de pecados (y añade: “y esto erais algunos…” → conversión)

  • 1 Timoteo 1,9-10

Importante:

  • La Biblia no habla de los actos a rechazar, no de las personas, éstas siempre son dignas de ser acogidas.


3. TRADICIÓN DE LA IGLESIA

Padres de la Iglesia

Sobre la castidad y sexualidad:

  • San Agustín de Hipona→ sexualidad ordenada al amor y la procreación

  • San Juan Crisóstomo→ denuncia la lujuria y el uso egoísta del cuerpo

  • San Jerónimo→ defensa de la pureza

Sobre la homosexualidad (actos)

  • San Juan Crisóstomo→ comentarios muy directos sobre Romanos 1

  • San Agustín de Hipona→ incluye estas prácticas dentro del desorden moral

El lenguaje patrístico es muy duro.

Santo Tomás de Aquino

  • Santo Tomás de Aquino→ Suma Teológica, II-II, q. 154→ habla de los “pecados contra natura”

el acto sexual tiene un significado propio, inscrito en el cuerpo humano, no lo decido yo ese significado, no depende solo de lo que yo quiera o sienta.


4. MAGISTERIO DE LA IGLESIA

Catecismo

  • Relaciones prematrimoniales → nn. 2350

  • Homosexualidad → nn. 2357–2359

Muy importante:

  • Distingue entre:

    • actos (no moralmente aceptables)

    • personas (respeto, dignidad, acompañamiento)

Documentos clave

  • Humanae Vitae

  • Familiaris Consortio

  • Veritatis Splendor

  • Persona Humana

  • Carta sobre la atención pastoral a las personas homosexuales


5. ARGUMENTO ANTROPOLÓGICO

Sobre relaciones prematrimoniales:

  • El cuerpo “dice” entrega total

  • Pero sin matrimonio → la entrega no es total (falta estabilidad, apertura a la vida, compromiso público) Se produce una contradicción del lenguaje del cuerpo

Sobre la homosexualidad:

  • La complementariedad sexual no es solo biológica, sino:

    • personal

    • simbólica

    • abierta a la vida

  • El acto sexual tiene una estructura que no depende solo del afecto


6. CLAVE PASTORAL

  • Toda persona es: querida por Dios, llamada a la santidad

  • La Iglesia no reduce a nadie a su sexualidad

  • Todos estamos llamados a la castidad según nuestro estado

Catecismo 2358


A. PRINCIPIO FUNDAMENTAL EN RATZINGER

Para él, todo parte de esto:

La Eucaristía no es solo un gesto de acogida, sino comunión real con Cristo y con su Iglesia. Por tanto:

  • no es algo “privado”

  • implica una coherencia de vida

La comunión eucarística exige estar en comunión también en la vida concreta.


SOBRE LOS DIVORCIADOS VUELTOS A CASAR

Ratzinger abordó directamente esta cuestión varias veces.

+Documento clave (antes de ser Papa)

  • Carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe (1994)

Enseñanza:

  • quienes viven en una nueva unión no sacramental no deben acceder a la comunión para no conformarse sin adecuar su vida a Cristo.

  • porque su situación contradice objetivamente el signo del matrimonio cristiano

Explicación teológica de Ratzinger

Él insiste en algo muy importante:

No es un castigo, Es una cuestión de verdad y coherencia sacramental

Porque:

  • el matrimonio es indisoluble

  • la Eucaristía expresa la unión fiel de Cristo con la Iglesia

Si alguien vive en una unión contraria a esa fidelidad e indisolubilidad: hay una contradicción visible.


IDEA CLAVE (MUY de RATZINGER)

No se trata solo de la conciencia subjetiva, sino de la realidad objetiva de la situación. Es decir:

  • aunque la persona se sienta en paz

  • aunque haya buena intención

> la situación sigue siendo objetivamente incompatible con la comunión eucarística


COMO PAPA BENEDICTO XVI

En Sacramentum Caritatis (2007), nº 29:

reafirma claramente la disciplina de la Iglesia basada en la Escritura (Mc 10,11-12) y en la tradición constante


PERO (IMPORTANTÍSIMO): NO HAY EXCLUSIÓN

Estas personas:

  • no están excomulgadas, ni están exentas de la comunidad, ni de la comunión espiritual.

  • siguen perteneciendo a la Iglesia

Y propone caminos:

  • participación en la misa (sin comulgar)

  • vida de oración

  • educación cristiana de los hijos

  • obras de caridad

  • y dar todos los pasos necesarios para regularizar la situación.

    El sacramento de la confirmación sería la culminación del orden sacramental en todos los aspectos de la vida.


CASO PARTICULAR QUE SÍ MENCIONA

San Juan Pablo II, Familiaris Consortio 84,

“La Iglesia no niega la comunión a las personas, sino que ciertas situaciones de vida contradicen lo que la comunión significa.”

Ante la cuestión de que “Jesús acogía a todos”

La respuesta de Ratzinger es “Sí, pero nunca separó la acogida de la llamada a la conversión”. Vamos primero a trabajar la conversión y después la Comunión será una fiesta de ACOGIDA y COMUNIÓN.

Para Ratzinger la comunión eucarística exige coherencia entre el signo sacramental y la vida real del creyente.




 
 
 

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