hace 4 días
Confirmación de adultos. Sesión 11 de Marzo26
- Fray Dino

- 27 feb
- 10 Min. de lectura
Actualizado: 11 mar
Paz y bien.
Objetivo 1: Cada uno habéis recibido una cita bíblica de un lugar donde estuvo Jesús en su camino de Galilea a Jerusalén. Haremos una grabación continua, por orden de cita, en la que cada uno empezará de este modo: En tal lugar Jesús.... de modo que cada uno cuente todo lo que Jesús ha hecho y dicho en ese momento del camino, Así, después, escuchándonos quedará más grabado todo el evangelio en nuestra alma..
Mandamiento 5to: Os dejo este artículo con dos temas que no nos dio tiempo a tratar: ¿Por qué Caín mató a Abel? y Conducir a la velocidad indicada:
Objetivo 3: VIVIR CRISTIANAMENTE.
Este miércoles hablaremos del 6to y 9no mandamientos
+Sexto Mandamiento: "««No cometerás adulterio»
+Noveno Mandamiento: «No consentirás pensamientos ni deseos impuros.»
El existencialismo de Sartre o Heidegger (Cada hombre se define por sus decisiones, no hay esencia ni sentido previo a cada uno) El Positivismo jurídico de Kelsen (El derecho no depende de fundamentos morales o metafísicos); el Relativismo moral de Rorty ( No existen verdades morales universales más allá de nuestros consensos); El Contractualismo de JJ.Rousseau (La convivencia se basa en pactos) El Utilitarismo de John Stuart Mill (Lo bueno es lo útil). El constructivismo, el Posmodernismo, El Naturalismo, el Nihilismo de Nietzsche, etc, son filosofías que niegan todos los relatos religiosos, y que afirman que no hay fundamento objetivo del bien, ni tiene sentido hablar de valores universales.
TODAS ESTAS FILOSOFIAS, aunque tú no seas filosofo, te han dejado en herencia la DUDA sobre la FE y la IGLESIA y los VALORES UNIVERSALES (Paz, amor mutuo, la vida...)
Y la idea de que cada uno de nosotros somos un accidente de la biología, sin razón ni sentido previo al que nosotros nos fabriquemos.
primero existimos y luego, a base de decisiones, intentamos dar sentido a una vida que no lo tiene por sí misma. Esto suena liberador, pero acaba en angustia, cansancio y soledad, porque todo el peso del sentido recae solo sobre nosotros.
La fe cristiana, en cambio, afirma que no somos fruto del azar ni una casualidad biológica, sino proyecto amado de Dios. Hemos sido pensados, queridos y creados con un sentido. Somos cuerpo y alma, y nuestra existencia ya tiene significado porque nace del amor de Dios y camina hacia Él. No tenemos que inventarnos: tenemos que descubrir quiénes somos en Dios.
Esto se ve con mucha claridad en las tentaciones de Jesús en el desierto (!ª semana de cuaresma). El diablo propone lo mismo de siempre:
– satisface tu hambre,
– asegúrate,
– ten poder,
– decide tú qué es lo bueno y lo malo.
Jesús responde con una libertad distinta: la verdadera libertad no consiste en hacer lo que quiero, sino en vivir para lo que fui creado.
*No somos dioses solitarios que tienen que fabricarse un sentido.
Somos hijos, llamados a vivir confiando en un Dios que no es rival, sino fuente de vida plena.*
Volver a Dios no nos quita nada…. nos devuelve a casa
Frente a ello
Os dejo aquí unos artículos para repartir y compartir en la sesión:
1.-Metanoia es, según Ratzinger,...
2.-“Aprender a amar” como tarea fundamental. Ratiznger a los jóvenes
3.-Estamos hechos para cuidarnos.
4.-Doctrina ratzingeriana de la creación y el pecado original,
5.-¿Por qué cuando algo sale bien tenemos que darle gracias a Dios y cuando sale mal no debemos culparle?
6.- DEUS CÁRITAS EST.
Para trabajar en el grupo de Confirmación de adultos. https://www.sfrancisco.es/post/deus-caritas-est-de-benedicto-xvi-para-trabajar-en-los-grupos-de-iniciación-cristiana

+Si el acto sexual solo es auténtico cuando expresa amor verdadero, entonces la cuestión es ¿qué significa amar?.
Amar no es “probar” a alguien ni mantener una relación mientras me convenga. Amar es entregarse por completo, jugarse la vida por el otro, donarse de manera definitiva. Como un regalo auténtico: se da para siempre, si piensas en recuperarlo, nunca fue un regalo; y si lo “regalas” a varios a la vez, tampoco lo es. El alma solo puede entregarse verdaderamente a una persona, y cuando se hace sin reservas.
Por eso, un acto sexual solo es verdadero cuando está dentro de una entrega total de vida. Si no hay donación completa, el gesto se convierte en una mentira, porque la intimidad corporal expresa una unión que en realidad no existe todavía. Las personas no son objetos que se prueban y se devuelven.
Incluso el hecho de pensar “ya nos casaremos” no basta: mientras no haya una decisión definitiva, sigue existiendo la posibilidad de echarse atrás. Además, para poder entregarse, primero hay que poseerse, haber alcanzado madurez. De lo contrario, se ofrece algo inmaduro, aún “en construcción”.
La verdadera realización de la persona no está en buscar placer sin compromiso, sino en amar según el designio de Dios: donándose. Un hombre no fracasa por no tener éxito profesional o social, sino por no saber amar.
En definitiva, amar implica regalar el alma de forma concreta y definitiva. Hasta que uno no se juega la vida por alguien, no tiene derecho a la intimidad total con esa persona. De ahí la indisolubilidad del matrimonio cristiano: porque el amor verdadero es para siempre.
Dos criterios decisivos
No es sano iniciar o mantener una relación que, ni siquiera en hipótesis, esté abierta al matrimonio. Si no podrías casarte con esa persona, es mejor no prolongar el vínculo.
La intimidad sexual no corresponde al tiempo del noviazgo porque el amor necesita libertad y dominio de sí. Amar no es dejarse llevar, sino saber conducirse. Primero se aprende a gobernar el propio corazón y el propio cuerpo; después se entrega todo, en alianza definitiva.
Unas notas sobre el PUDOR:
san Juan Pablo II: la vergüenza que aparece en Génesis 3 no es, en su raíz, algo malo o “un complejo religioso”. Es, más bien, el primer sentido de realidad que se despierta en el ser humano después de la caída. ¿Qué significa?
Que, tras la ruptura de confianza con Dios (cuando el hombre se coloca en el lugar de Dios, se afirma a sí mismo por la transgresión y se deja arrastrar por la concupiscencia), aparece una especie de alarma interior: “algo ya no encaja”, “algo ya no es lineal”, “algo en mí se ha torcido”. Esa vergüenza revela que el ser humano ha perdido una armonía original y percibe que su corazón y su cuerpo ya no hablan siempre un lenguaje limpio.
El pudor, una palabra hoy impopular o ridiculizada
El pudor no se reduce a taparse o a una lista de prohibiciones.
En Adán, el pudor nace como percepción de ambigüedad y necesidad de protegerse: él se cubre torpemente con hojas de higuera, porque aún no sabe cómo gestionar lo que se le ha desordenado por dentro.
Gran parte del imaginario sexual contemporáneo (pornografía, sex symbols, cierto modo de vestir o mirar) es un lenguaje de poder: el hombre que “posee” a la mujer, la mujer que “domina” seduciendo, la sexualidad convertida en herramienta de afirmación del ego.
¿Ese es el sentido de la sexualidad?
La respuesta implícita es no: la sexualidad está llamada al amor, pero esa llamada puede malinterpretarse si se confunde amor con impulso, deseo o autoafirmación.
Pureza de manera no moralista: puro es lo no contaminado, lo “de una sola sustancia”, lo no ambiguo.
Impuro, en cambio, es lo mezclado: cuando en el corazón conviven motivaciones contradictorias (amor y egoísmo, entrega y uso, ternura y búsqueda de control). Por eso la Biblia habla de “circuncisión del corazón”: hay una parte de mí de la que no puedo fiarme ciegamente; necesito discernimiento, disciplina, capacidad de elegir. El autor insiste en que esta lucha no es una indignidad, sino nuestra realidad histórica: el corazón recuerda una grandeza, pero le cuesta vivirla. Pone ejemplos muy humanos: decir “estoy contento” cuando en realidad no lo estoy, hacer el “bueno” por fuera mientras por dentro se negocia, o la confusión afectiva que nace de historias personales y aprendizajes torcidos sobre la sexualidad.
La batalla moral no suele ser entre “bien y mal” (eso sería fácil), sino entre bien verdadero y bien falso, porque el mal se presenta casi siempre como “algo bueno”. Por eso hace falta aprender a cortar: cortar miradas, discursos, imaginarios, conversaciones, hábitos. Elegir significa dejar algo atrás.
Necesitamos cuidar un don espiritual: la capacidad de consejo, de operar elecciones reales.
En el ámbito sexual, esa disciplina se llama pudor: la custodia de la propia preciosidad. Como no se dejan las perlas encima de cualquier mesa ni se lanza al aire un instrumento valioso, así también el cuerpo y la energía sexual —que son buenos y potentes— deben ser protegidos para no banalizarlos ni convertirlos en mercancía o arma.
El pudor es, por tanto, un lenguaje: no solo en la ropa, también en el modo de hablar, de mirar, de tocar, de contar intimidades. Se denuncia el “lenguaje impúdico” que lo cuenta todo sin respeto, que expone lo íntimo, que convierte al otro en material de comentario o de consumo. En relaciones superficiales, advierte, es fácil que luego venga la herida: si no hay entrega real, se abre la puerta a usar al otro y a tratarlo según la lógica del “me conviene / no me conviene”.
Algo clave: el pudor no es solo “yo me protejo”, sino también yo te custodio a ti. Dice Caín “¿Soy yo acaso el guardián de mi hermano?”
La respuesta cristiana es: sí, lo eres.
Si el pudor se convierte en perfeccionismo individual, cae en moralismo antipático; su finalidad es amar mejor, respetar la dignidad del otro y la propia.
El tema del pudor tiene que ver con el símbolo bíblico del vestido. Dios, en vez de humillar a Adán, le hace túnicas de piel: el vestido aparece como un don paterno. La “veste” se asocia a la misión y a la vocación. Cada estado de vida pide un modo concreto de situarse: esposo, consagrado, presbítero, anciano, enfermo… Incluso la enfermedad o la vejez pueden convertirse en misión.
Y la impudicia muchas veces es traición a la misión: vivir fuera de la propia realidad, buscar siempre “otra vida”, otra fantasía, otra escena, en vez de entrar en la historia concreta que Dios nos da.
La energía sexual no desaparece mágicamente ni se vuelve “inofensiva” por ser cristiano, casado o célibe. Hace falta combate y gracia. La castidad no es desprecio del cuerpo, sino educación de la libertad para amar. Y la intención final no es “dar información para sentirse mejor”, sino invitar a seguir a Jesucristo, porque solo su gracia puede redimir el lenguaje del cuerpo y convertirlo de poder y consumo en don y amor fiel.
CARTA ENCÍCLICA
DEUS CARITAS EST
DEL SUMO PONTÍFICE
BENEDICTO XVI
1. Dios es el origen de todo amor
La encíclica comienza con una afirmación central:
Dios es amor.
Esto significa que todo amor verdadero tiene su origen en Dios.El amor humano —también el amor entre esposos y en la familia— no es solo un sentimiento, sino una participación en el amor de Dios.
Por eso:
el amor humano necesita ser purificado y madurado
el amor conyugal está llamado a reflejar el amor fiel de Dios
En otras palabras: la familia cristiana nace de un amor que aprende de Dios cómo amar.
2. La unión entre eros y ágape
Benedicto XVI explica dos palabras griegas para el amor:
Eros → amor de atracción, deseo, enamoramiento.
Ágape → amor de entrega, don de sí, sacrificio.
El Papa insiste en que no son enemigos.
En el matrimonio cristiano:
el eros inicia el amor
el ágape lo madura y lo hace duradero
Cuando el amor solo es eros, se vuelve egoísta. Cuando se integra con el ágape, se convierte en amor fiel, capaz de sacrificio y de permanencia.
Esto describe exactamente el camino del amor familiar auténtico.
3. El matrimonio como forma madura del amor
La encíclica afirma que el amor humano encuentra su forma plena en el matrimonio fiel y definitivo entre un hombre y una mujer.
Características de ese amor:
exclusivo (solo para el otro)
definitivo (para siempre)
fiel
abierto a la vida
Ese amor refleja el modo en que Dios ama a su pueblo: un amor que no abandona.
Por eso la familia es presentada implícitamente como:
lugar donde el amor aprende a entregarse
escuela de fidelidad
espacio donde el amor se vuelve servicio cotidiano
4. La familia como escuela de amor
Aunque la encíclica no desarrolla extensamente la familia como otras (por ejemplo Familiaris Consortio), sí deja claro que el amor cristiano se aprende en relaciones concretas.
La familia es el lugar donde se aprende:
amar sin condiciones
perdonar
servir
cuidar al débil
En la vida familiar se ve claramente que el amor cristiano no es teoría:
cuidar a un hijo enfermo
sostener al cónyuge en momentos difíciles
sacrificarse por los demás
Ahí el amor se vuelve ágape vivido.
5. Amor a Dios y amor al prójimo empiezan cerca
Uno de los puntos más importantes de la encíclica:
No se puede amar a Dios sin amar al prójimo.
Y el prójimo más cercano suele ser la propia familia.
Por eso:
el amor en casa es el primer campo de la caridad cristiana
la familia es la primera comunidad de amor
Quien aprende a amar en su familia puede después amar a toda la Iglesia y al mundo.
6. La familia y la caridad cristiana
La segunda parte de la encíclica habla de la caridad organizada de la Iglesia (Cáritas, servicio a los pobres).
Pero el Papa recuerda que todo comienza con corazones formados en el amor.
Y esa formación suele venir de:
la familia
el hogar
el ejemplo de padres que aman
Así la familia se convierte en semillero de caridad para el mundo.
Idea clave de la encíclica aplicada a la familia:
El amor familiar no es solo afecto natural; cuando se abre a Dios se convierte en participación en el amor mismo de Dios.
📖 Una frase que resume todo el espíritu de la encíclica:
El amor crece a través del amor.
EXHORTACIÓN APOSTÓLICA
FAMILIARIS CONSORTIO
DE SU SANTIDAD
JUAN PABLO II
Idea central:
La fe cristiana se resume en una verdad sencilla: Dios es amor, y el cristiano está llamado a vivir ese amor hacia Dios y hacia los demás.
1. Primera parte: qué es el amor
Explica el significado del amor en la Biblia y en la tradición cristiana.
Distingue y une eros (amor humano, deseo) y ágape (amor de entrega).
Enseña que el amor humano no se opone al amor divino, sino que se purifica y se eleva cuando se abre a Dios.
Amar a Dios y amar al prójimo son inseparables.
2. Segunda parte: cómo se vive el amor
El amor al prójimo es una misión esencial de la Iglesia, junto con la predicación y los sacramentos.
La Iglesia debe ejercer la caridad concreta con los pobres y necesitados.
Las obras de caridad cristianas no son solo ayuda social: deben ser expresión del amor de Cristo.
✅ En síntesis:La encíclica enseña que todo nace del amor de Dios y todo cristiano está llamado a hacerlo visible en la vida concreta, especialmente mediante la caridad hacia los demás.






























































Mucha razón en estas palabras y que mal no haber podido en la juventud verla y entrar en cuenta de lo que realmente es ese tema, tomar cada cosa con el respeto que merece. Pero Dios es bueno y justo y nunca es tarde para buscarlo y hacer las cosas bien.
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