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Funeral por los fieles difuntos. 2Nov

Actualizado: 3 nov 2023

1.- Con tantas ganas de vivir nos cuesta aceptar que la muerte es camino obligado y seguro para la realización del proyecto de Dios en nosotros.

Hay en nosotros un choque de intereses entre los bienes y afanes que nos agarran a este mundo,(materiales, pero también inmateriales, como la fama, ese afán por tener razón, el poder...)

y ese último y primer momento que es el paso a la VIDA inmaterial en DIOS.


Lo fue en CRISTO

Y lo ha de ser también en nosotros


2.-San Francisco decía:

Loado Mi Señor por la hermana muerte que nos devuelve a ti


3.- Y por la humildad que nos da, haciéndonos saber que no somos eternos ni todopoderosos, sino que somos criaturas que están siendo creadas por Dios, y su creación y REALIZACIÓN pasa por este moldeado de nuestro barro en estos años que vivimos en nuestra carne.


Un acontecimiento que, siendo para cualquier cuerpo vivo el peor de los males, es para el ser humano un bien,


Por amarga que sea la muerte, se convierte en la definitiva misericordia de Dios para con nosotros. Nos arranca la máscara, nos revela la falsedad en la que nos movemos entre afanes, nos tiende la mano de Dios para que no nos enroquemos en nuestras mentiras como el mal ladrón, sino que, como el buen ladrón, reconozcamos que no hay mayor libertad que la que da la acogida de Dios en su Reino.


4.- Desde una visión franciscana, la hermana muerte nos da la VISION NECESARIA para vivir relativizando los afanes de esta vida, sabiendo que no son el FIN de Nuestra vida, sino medios para alcanzar la santidad.


5.- La búsqueda de la felicidad, para un cristiano, ha de ir ligada a la búsqueda de una santa muerte. Hoy debemos preguntarnos: ¿qué tengo que hacer para morir bien? y ¿qué existencia debo llevar para obtener de Dios y de la vida una buena muerte y LA VIDA ETERNA?".


6.- Vivimos nuestro día a día bajo una visión materialista del mundo, donde solo existe lo que podemos medir empíricamente ….. Peroooo La muerte es el descanso de tantos afanes por querer ser lo que no somos ante Dios, por aparentar más o tener más de lo que necesitamos, SI FUERAMOS INMORTALES ESTARÍAMOS CONDENADOS al orgullo y vanidad, a la ambición eterna, a estar siempre peleando por ser dioses de nuestra propia vida, y por tanto a la muerte de nuestra alma.


8.- Cuando San Francisco nos invita a alabar a Dios también por la hermana muerte, nos está invitando a vivir sabiendo que la muerte está delante de nosotros.


Y que el sentido de la vida tiene que ver con el sentido de la muerte. Si queremos una alegría justa y verdadera, hemos de mirar de frente a la muerte. Evitar esa mirada o vivir sin ser conscientes de la muerte equivale a perder el tiempo en afanes que van a morir con nosotros.


9.- VIVIR nuestra fe es aprender a morir.


Nuestra felicidad de hoy en día, de cada día, ha ser conciliable con la muerte. Ha de prepararse ya para el tránsito hacia Cristo.


La fe nos mueve a ir abandonando nuestras ambiciones terrenas y nuestros miedos más egoístas, para ir confiando nuestra vida a Dios, poco a poco, pero cuanto antes para estar siempre preparados.


110.-^*** San Francisco nos invita también a ver nuestra propia muerte como un don


Debemos hacer de nuestra muerte la llamada a una progresiva entrega de nuestra vida a Dios, no es la negación de nuestros proyectos personales sino razón para acomodar nuestros proyectos y ambiciones al proyecto de Dios. Se trata de preparar nuestra vida para morir en el amor, para no morir en el odio, no- en medio del afán. Vivir cada día preparándonos para el martirio, para la entrega de nuestra vida a Dios, para que la muerte no nos pille pecando, ni dormidos o relajados sino preparados para el martirio.


12.- Jesús proclama clara y enérgicamente su fe en la vida después de la muerte, en la resurrección.


Jesús habla del Dios de Abrahám, de Isaac y de Jacob, no es un Dios de muertos sino de vivos.


^*^^- Vivir de cara a la muerte, pero una muerte que nos regala LA VIDA ETERNA

Vivir en la inminencia de la muerte no implica que ya no debamos divertirnos, o amarnos, ni plantar árboles ni trabajar. Exige solamente que lo hagamos con la seriedad que da la fe. Que las prioridades se ordenen con vistas a ese final. Entonces viviremos como viven los ángeles. Plantaremos árboles como se siembran oraciones. Atenderemos a las personas como al Mesías que viene compartir nuestra vida.


13- Mi suerte en la vida eterna, mis bendiciones, no dependen solo de mi propia vida, voluntad, ni de mis propias obras, menos mal, sino de un Creador, un Dios que ha venido a redimirme. De ahí la necesidad de rezar por mi y por los difuntos que nos han precedido en la fe.


14- Promesa de transfiguración

El cuerpo de CRISTO, el hombre más perfecto por ser Dios, es en la cruz el cuerpo más deshecho. Y ese cuerpo desfigurado se convierte en cuerpo glorificado por la resurrección. ¿Por qué? Porque los sufrimientos fueron soportados por amor, de manera que, a la luz de la verdad, lo que aquí abajo fue llaga, herida, sufrimiento… se transfigura en gloria


15- Último acto de amor.

En el aceptar nuestros límites, nuestra propia muerte, se jugará nuestra bienaventuranza eterna. O bien morir rindiéndonos al misterio de Dios, o morir encastillado en nuestro propio ego y centralidad.

Las lecturas de hoy nos invitan a vivir una vida nueva, para que nada nos ate a este mundo, de modo que no tengamos que decirle a Dios: “espera, déjame arreglar unos asuntos, no estoy preparado”. sino como el buen ladrón: 'Señor, ábreme las puertas de tu reino'.


16.- De Jericó a Jerusalén frente Jerusalén a JERICO.

Parab. Samaritano: Hombre hacia Jericó, hacia el pecado

ese camino, por sí mismo, te destruye y tira al suelo.

Los que hacen el mismo camino hacia el pecado no te van a rescatar.


Solo aquel que hace el camino contrario, que ha salido del pecado, de Samaría, y va a Jerusalén, al templo del Señor, te puede salvar.

Ese es CRISTO, el que va contra el pecado.

Ha ungido sus heridas con aceite y vino, representa la vida sacramental de la iglesia, el aceite del bautismo y el vino que es la eucaristía.

En los sacramentos encontramos la salud para todo lo que en nosotros hay de pecado. Y a través de la vida de oración y sacramental vamos configurando nuestra vida a CRISTO, y nuestros proyectos y objetivos a la CRUZ DE CRISTO.


Parroquia San Francisco de Asís. A Coruña



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