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GRUPO SAN RAFAEL: Escuchar y acompañar a las parejas que deciden no casarse aún / y a las parejas que no pueden acceder al matrimonio católico.

hace 2 minutos
4 min de lectura

San Rafael se nos presenta como el ángel a quien está encomendada la misión de curar. Cuando Jesús envía a sus discípulos en misión, además de la tarea de anunciar el Evangelio, les encomienda siempre también la de curar. El buen samaritano, al recoger y curar a la persona herida que yacía a la vera del camino, se convierte sin palabras en un testigo del amor de Dios. Este hombre herido, necesitado de curación, somos todos nosotros. Anunciar el Evangelio significa ya de por sí curar, porque el hombre necesita sobre todo la verdad y el amor.


El libro de Tobías refiere dos tareas emblemáticas de curación que realiza el Arcángel Rafael.

+Cura la comunión perturbada entre el hombre y la mujer. Cura su amor.

+Expulsa los demonios que desgarran y destruyen su amor. Purifica el clima entre los dos y les da la capacidad de acogerse mutuamente para siempre.


León XIV llama a acompañar la fragilidad sin renunciar a la verdad sobre el matrimonio.


León XIV ha pedido a los pastores acompañar con cercanía, paciencia y misericordia a las familias que atraviesan situaciones de fragilidad, al tiempo que ha recordado su responsabilidad de «proclamar la belleza del plan de Dios para el matrimonio y la familia» y de anunciar «la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia». (7 de octubre de 2026. Décimo aniversario de Amoris laetitia).


En su discurso, León XIV señaló que «en muchos contextos» existe «una distancia cada vez mayor entre las formas en que se viven el sexo y la intimidad, y la visión cristiana del matrimonio». También advirtió de que muchos jóvenes continúan buscando «el amor, la fidelidad y el sentido de pertenencia», aunque encuentran dificultades para aceptar que «un compromiso para toda la vida» sea la condición necesaria para alcanzar aquello que desean.

"Este ministerio nos sitúa también en una escuela de la escucha. La sabiduría del Pueblo de Dios nos llega a través de nuestra fe común, que ilumina a todas las familias, incluidas situaciones marcadas por dificultades, soledad y, en ocasiones, incluso un aparente fracaso. El propio Señor nos enseña con paciencia cuando nos tomamos el tiempo para escuchar, y sin duda tenemos mucho que aprender de las familias".

El Pontífice pidió prestar especial atención a las personas marcadas por «las limitaciones, las heridas y el aparente fracaso».


La fragilidad merece una atención especial, ya que puede influir profundamente en la forma en que las personas se ven a sí mismas, ven su futuro e incluso su relación con Dios y con la Iglesia. La experiencia de la fragilidad nos lleva a preguntarnos si somos capaces de mantenernos unidos cuando la vida ya no se corresponde con lo que habíamos esperado, y si podemos reconocer la obra de la gracia incluso en situaciones marcadas por las limitaciones, las heridas y el aparente fracaso.

Todos conocemos la brecha que existe entre el bien que deseamos y lo que somos capaces de vivir. Necesitamos la gracia, el perdón y nuevos comienzos para cumplir la voluntad de Dios, y aprendemos que la fidelidad es en sí misma una gracia que hay que recibir y un camino que hay que renovar poco a poco, a menudo a través de las pruebas. Reconocer este desafío compartido debería marcar la forma en que nos acompañamos mutuamente en la Iglesia.

¿Qué tipo de Iglesia, entonces, encuentran las personas precisamente cuando se sienten más frágiles?

¿Les ayudan nuestras comunidades a descubrir que siguen teniendo un lugar, una responsabilidad y dones que ofrecer?

¿Puede la verdad que proclamamos manifestarse a través de la paciencia, la cercanía y la misericordia de nuestra presencia pastoral?

¿Cómo podemos anunciarles la plenitud de la enseñanza del Evangelio sobre la familia?.


La parroquia os propone:

Tres encuentros de formación y de encuentro y compartir.

Y vamos hablando en cada encuentro:


1. «¿Qué deseamos recibir de Cristo?»

— Tobías y Sara. Lectura: Tob 8,4-8.

Poner el amor ante Dios.

Los dos llegan al matrimonio con una historia de sufrimiento y miedo, y comienzan rezando juntos. Piden misericordia y poder vivir unidos hasta la vejez.

¿qué necesitamos que Dios sane y fortalezca en nuestra relación? 

Aprender a amar, superar los miedos, cuidarnos y poner nuestra vida ante él.


2. «¿Cómo podemos prepararnos y convertirnos mientras esperamos?»

— Abrahán y Sara Lecturas: Gn 18,1-15; 21,1-7.

Madurar durante la espera.

Viven una espera larga, con confianza, dudas e intentos de resolver las cosas por sus propias fuerzas. Su historia permite ver una fe que necesita madurar.

La espera es tiempo de oración, verdad y conversión compartida. 


3. «¿Qué camino es realmente posible para nosotros?»

— Rut y Booz Lecturas: Rut 3,10-13; 4,1-13.

Dar pasos concretos con verdad.

Booz desea unirse a Rut, pero antes debe aclarar una situación que implica derechos y responsabilidades de otras personas. Actúa públicamente y sigue los pasos necesarios. Es un tiempo de discernimiento.


Fr. Natalio Saludes.

Master en filosofía y religión en Joseph Ratzinger.



Otras propuestas de formación que te ofrece la parroquia o parroquias vecinas:





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