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Una lectura de Juan Pablo II, Novo millennio ineunte, desde la perspectiva de la VR

 Fidel Aizpurúa, OFMcap


Introducción

La VR, como toda instancia viva de la Iglesia, recibe atenta y agradecida las orientaciones del Magisterio oficial. De ahí que considere la carta apostólica Novo millennio ineunte (2002, =NMI) como una oportunidad explícita para repensar y revitalizar su situación en el conjunto de la vivencia sinfónica que es la vida eclesial. Vaya pues por delante nuestro agradecimiento sentido por este y por todos los documentos que dimanan de la pluma papal. 

Pero, como todos los documentos, éste también se presta a lecturas desde diversas perspectivas. La lectura desde una sola perspectiva, la pretensión insensata de objetivar el sentido, no hace sino empobrecer el contenido de los textos. La adultez cristiana ha de llevarnos no solo a no temer la diversidad de lecturas de los textos básicos de nuestra fe, sino a desearla en la conciencia de que la pluralidad de lecturas enriquece la experiencia de la fe.

La flexibilidad que caracteriza a quienes se aprecian limará las posibles discrepancias que surjan de una lectura plural. Nosotros, en concreto, queremos hacer en esta tarde una lectura de NMI desde la perspectiva de la VR. Pero, de entrada, tengamos en cuenta que esta perspectiva no es única ni uniforme. La VR, dentro de su pequeño campo eclesial, es tan variada en su manera de pensar como en su manera de actuar. Eso es signo de vitalidad. Sabemos bien que algunas de las cosas de las que aquí diremos no están apoyadas por el cien por cien de la VR. Pero sectores significativos caminan en una dirección que podríamos denominar como más preocupada por la vivencia de una fe en modos seculares e insertos, en maneras más dinámicas, más al paso de nuestro mundo de hoy. Esa ha de ser nuestra orientación básica, como luego lo diremos. 

Por otra parte, el Instituto de VR de Vitoria, tiene como uno de sus elementos integrantes el de hacer un cierto pensamiento de “frontera”[1]. J.L. Sanpedro entiende el ser fronterizo como una manera de ser y vivir propensa al cambio[2]. Desde esa propensión es desde donde pueden abrirse las puertas a la profecía y al futuro, aunque tal vez haya de ser un pensamiento que necesite ser contrastado con los otros elementos de la realidad. Pero este componente de frontera, como más adelante lo explicaremos es lo más valioso que la VR puede aportar hoy al pensamiento eclesial. 

Y por encima de todo, el afán de esta reflexión es el de crear fraternidad entre la VR y las otras instancias de la vida eclesial. Entender en modos dialécticos la relación entre VR y las estructuras de gobierno de la Iglesia es malentender la realidad eclesial y, peor todavía, la fraternidad a la que aspira el ideal evangélico[3]. 


Nuestra perspectiva 

Antes de entrar en el documento propiamente dicho, debemos especificar y ahondar en la perspectiva desde la que queremos leerlo. 


1.a- Desde qué idea de Iglesia

Para trabajar este punto tomamos como referente la idea que expone J.Pikaza en una de sus últimas publicaciones[4]:

-Una iglesia de comunión directa: lo que supone ir más allá de los papeles, más allá de los títulos de propiedad y académicos, más allá del mismo derecho canónico. En una sociedad que hace la burocracia su mayor pilar en la gestión pública, la iglesia ha situarse en otro nivel, porque “la iglesia en cuanto tal (en su vida y en sus celebraciones) es un lugar donde no hay más documentación que la palabra (‘sí’, ‘no’: Mt 5,37), proclamada, escuchada, compartida, por una comunidad que la recibe en el recuerdo del corazón”[5]. Porque “de manera consecuente, en muchos siglos, ella ha vivido sin más papeles que los vinculados a la memoria de Jesús (Biblia), sin necesidad de archivos ni justificantes”[6]. Además, la iglesia habría de vivir si títulos de propiedad sin conceder títulos académicos por lo que “debería insistir en el valor primario del encuentro personal y el testimonio de las comunidades, sabiendo que su libro verdadero son Cristo y los pobres (cf. Ignacio de Antioquía, Filad 8,2)”[7]. E incluso, habría de ir más allá del derecho canónico porque a la iglesia le basta básicamente con el Evangelio. Por lo que “la máquina burocrática de la iglesia debe parar, ofreciendo así un testimonio radical de confianza en la gracia de Cristo, pidiendo a los cristianos que ellos mismos se vinculen, para crear sus propias comunidades, en libertad y amor, desde la Palabra”[8].



-Una iglesia que nace de una ruptura: Copiando la ruptura que ha dado sentido a la vida y ministerio de Jesús: “De manera consecuente, para mantenerse fiel al Evangelio, la iglesia debe tomar su tienda y moverse a la periferia del sistema: romper su vinculación con las estructuras de poder, sus ventajas diplomáticas y sociales, para sentarse en la calle de la vida, como Jesús y sus primeros discípulos, creando familia en gratuidad universal, por encima de la ley del mundo”[9]. Esta ruptura se ha de manifestar en una experiencia viva del amor de Dios y en un desplazamiento hacia el mundo de las pobrezas. 

-Una iglesia que crece por una forma nueva de misión: que no es sino la misma que Jesús y los suyos han realizado con medios elementales pero con una fe honda en los valores evangélicos. De ahí que el fruto de esta misión lleve a provocar la experiencia de Dios como Padre y el amor a los demás en cuanto diferentes[10]. Solamente desde ahí podrá ofrecerse el signo del bautismo como una experiencia cristiana de nuevo nacimiento.


1.b-Desde qué idea de profecía 

Pretender desleír o arrebatar la profecía de la VR es reducirla a la esterilidad. La profecía tiene como componente hondo el de la liminaridad (de limen:  frontera)[11]. Este elemento se sitúa en los anhelos más hondos de lo humano, en lo fronterizo del ser, y va en búsqueda de los valores arquetípicos que conforman el substrato más elemental del ser persona histórica. Ese trabajo de búsqueda, que es una delegación de los anhelos, confesados o no, de la aventura humana como tal, hace que la persona liminar se sitúe para el logro de su trabajo en lo fronterizo, en los márgenes (no necesariamente en la marginalidad). No nos ha de extrañar que la persona liminar no resulte cómoda pues su tarea no pretende dejarnos tranquilos sino llenar de sentido al caminar humano. Es aquí donde la VR encuentra su lugar propio: “Ahora es nuestra oportunidad…para estar dispuestos a ser extraños en nuestra propia tierra, para permanecer donde no encajamos bien, para comprometernos a decir lo que no se desea oír, de modo que la creación no continúe creándose en vano. Ahora es nuestra oportunidad para decir una palabra profética a favor de los que no tienen más voz que la nuestra. Ahora es nuestra oportunidad para arriesgar nuestras vidas para que otros puedan vivir”[12]. Este ser liminar conforma la visión que de los hechos sociales y religiosos tiene la VR. 


1.c-Desde una progresiva desclericalización

Autores como O’MURCHU piensan claramente que “en la iglesia católica la relación entre la vida religiosa y la iglesia oficial no ha sido generalmente beneficiosa para las dos partes”[13]. Han llegado al convencimiento de que “el ambiente eclesiástico, a pesar de toda la retórica en torno a como se ‘aprecia’ y ‘apoya’ nuestra vocación, continúa en realidad socavando lo que es específico en ella. Nuestro lugar especial en la iglesia, la estrecha comunión que se pedía en el sínodo para la Vida Religiosa de 1994 (ver Vita Consecrata 1996, pp.42-57) empobrece más que enriquece el sentido y finalidad de nuestra existencia”[14].

Estas fuertes aseveraciones solamente podrán ser tenidas en cuenta si se aceptan dos evidencias: que la VR (incluso en su lado femenino) se ha echado en brazos de un claro clericalismo y que ese clericalismo integra muy difícilmente el componente liminar de la VR. Esto ha de llevar a la profecía no a quedarse al margen de la realidad eclesial sino a ir más allá o, si se quiere, a ir por caminos diferentes, aunque relacionados y complementarios. Efectivamente, el componente liminar de la VR le lleva a alejarse del campo, necesario, de la gestión eclesial. Lo suyo no es administrar la fe sino suscitarla; lo propio de la VR no es el clericalismo sino los valores liminares que hambrean el corazón y la aventura humanos. No es fácil que la estructura eclesial entienda este planteamiento pero, si lo hiciera, el beneficio sería mutuo[15]. Lo que la VR puede aportar ha de hacerlo desde una creciente desclericalización para bien del todo de la comunidad de fe, ya que esta crece cuando cada persona aporta lo que debe aportar y aquello para lo que ha sido llamada. Porque “lo nuestro es diferente, no superior sino complementario. Lo nuestro se centra en los valores arquetípicos (compartidos por todo el mundo), expresados a través de estructuras liminares y por medio de la contestación profética”[16].

He aquí, pues, la perspectiva desde la que deseamos leer NMI. Desde ahí será preciso entender las aportaciones que queremos hacer. 



La colaboración de la VR en las prioridades de la evangelización

NMI en su capítulo tercero plantea algunas prioridades pastorales que la experiencia misma del Gran Jubileo ha puesto especialmente de relieve ante los ojos del papa. ¿Qué puede aportar la VR desde su vocación liminar?


La santidad de vivir 

Los nºs 30-31 afirman que la santidad es más que nunca una urgencia pastoral. Aunque dice el texto que esa santidad “se plasma a su vez en un compromiso que ha de dirigir toda la vida cristiana”, entiende la misma en el conocido modo de pertenencia a Aquel que es tres veces santo. Esta realidad espiritual es conocida. La VR podría colaborar ampliando este valor al hecho mismo de la vida, precisamente porque entiende que la vocación básica de lo humano es una vocación a vivir y a dar vida y que, por lo mismo, antes que nada se le llama a la persona a “la santidad de vivir”, en expresión de J. Sobrino[17]. Suscitar esta vocación primordial que lleva a esta santidad de la vida misma es tarea de la VR. 


La oración en la ciudad secular 

En los nºs 32-34 NMI se habla de la oración como de una urgencia pastoral porque en ella se encuentra “el secreto de un cristianismo realmente vital”. El documento plantea la renovación de la oración en la recuperación básica de un ambiente religioso vivo. Pero justamente ahí está el problema: cómo orar en una sociedad secular. A la VR le corresponde trabajar por lograr una oración secular realizada por los llamados “místicos de ojos abiertos“ o “místicos horizontales”[18]. Desde ahí sería preciso suscitar, como dice NMI, verdaderas escuelas de oración, entendiendo por tales caminos prácticos y experiencias fuertes de oración en la ciudad secular[19]. 


Los creyentes de fuera del domingo 

Los nºs 35-36 hablan de una urgencia pastoral de la que se han hecho eco nuestros Obispos cercanos: la recuperación cristiana del domingo[20]. Es cierto que ahí se halla uno de los interrogantes más inmediatos de la actividad evangelizadora. Pero no es menos cierto que la sociedad secular de hoy ha abandonado los parámetros religiosos del domingo para instaurar otro tipo de pensamiento en torno al ocio, al descanso, a la otra cara de la realidad del trabajo. Es en esa dinámica donde no pocos creyentes tienen una experiencia de fe no enmarcada en el domingo sino en otros modos y en otros días de la semana. La VR podría aportar el cuidado y el acompañamiento a los grupos y personas creyentes que expresan y viven su fe fuera del domingo. Incluso habría de tratar de construir una espiritualidad creyente no dominical como elemento otro, complementario y plural, a la experiencia tradicional, y aún válida, del domingo. 


Las otras reconciliaciones 

Como era de esperar, el nº 37, habla de la urgencia por vivir en forma convincente y eficaz la práctica del sacramento de la reconciliación. Todos sabemos que es un tema muy apreciado por el papa. Más allá de la percepción que el jubileo ha levantado, según NMI, de las posibilidades que encierra esta práctica de perdón eclesial, la VR, por su carácter liminar, habría de colaborar a hacer ver la realidad de una iglesia que sabe generar perdón en todos los ámbitos de la vida. Es preciso vivir en el convencimiento de que “todo perdón humano es signo y presencia del perdón de Dios en Cristo, por encima de las leyes que impone el sistema. Si ese perdón no existe ni se expande en forma de acogida y reconciliación social, puede acabar destruyéndose la tierra. Más que manera jurídicamente de impartirlo importa el perdón en cuanto tal: que los cristianos sean capaces de acoger y expandir en forma personal y comunitaria la reconciliación de Dios en Cristo”[21]. 



La primacía de la persona 

El nº 38 de NMI coloca la primacía de la gracia como un dinamismo de la acción pastoral. En rigor, esto ha sido lo que ha movido la fe de no pocas generaciones de cristianos/as de todos los tiempos. Sin embargo, un sector de la espiritualidad está mostrando que, debido a que la acción de Dios se trasvasa en las mediaciones históricas, la primacía de la persona puede ser un dinamismo de fe de mayor arraigo histórico. El mismo Evangelio tiene como valor innegociable a la persona; por ella se ha entregado Cristo y el reino de Dios, la sociedad nueva, es la sociedad de la persona rehabilitada, anhelo máximo del mismo Jesús[22]. La VR, que entiende su componente liminar como una especie de “encargo” que le hace la humanidad, cree que el hacer las cosas por la persona como valor primordial es un postulado espiritual, como lo ha sido en el caso de Jesús[23]. 


Una Palabra para hoy

NMI 39 plantea también como una tarea evangelizadora prioritaria la recuperación de la escucha de la Palabra en la forma de la conocida lectio divina, “que permite encontrar en el texto bíblico la palabra que interpela, orienta y modela la existencia”. Este camino ha dado, al parecer, fecundos frutos en la historia de la Iglesia. Pero será preciso, y la VR habría de contribuir a ello, que la Palabra, para que sea instancia iluminadora y orientadora, se lea en los contextos y anhelos que maneja la persona de hoy, en modo alguno como si a la hora de leer se retrotrajera uno al pasado o se creyera que los modos clásicos de leer la Palabra son, sin más, eficaces por el hecho de ser antiguos. ¿Cuáles son esos contextos de hoy de hoy donde la Palabra está llamada a iluminar? Lo decimos con palabras de O’Murchu: “el deseo de salvaguardar y desarrollar la intuición, la imaginación, lo femenino y lo espiritual como elementos fundamentales de toda realidad, tanto animada como inanimada. Estos son los valores que sostienen y motivan a los grupos liminares”[24]. Y en ellos habría que enmarcar la lectura de la Palabra. 


El anuncio de la Palabra en modos implícitos 

En el nº 40 habla NMI del anuncio de la palabra al mundo de hoy en modos explícitos, confesantes. Creemos que es una posibilidad y hasta una obligación del creyente de hoy, siempre que acompañe a ese anuncio explícito una real conexión con el hoy social a quien se anuncia la Palabra. Pero la VR, quizá estaría también llamada a hacer anuncio de la Palabra en modos implícitos que tenga el envoltorio del silencio religioso pero que sean altamente elocuentes desde contenidos cristiformes que no son otros que los valores básicos del Evangelio[25]. Es aquello que atinadamente decía H. Cámara a sus catequistas: “Muchos no leerán el Evangelio, pero leerán vuestra vida”. Este anuncio de los valores del Evangelio en modos no religiosos tiene notable porvenir en la sociedad secular de hoy[26]. 


La colaboración de la VR en la construcción de la comunión

Quizá porque siempre ha sido complicado en la vida de la Iglesia la construcción de la comunión fraterna[27], la última parte de NMI está dedicada a dar orientaciones para trabajar en el logro de esta perspectiva común desde el Evangelio que puede ir creando la comunidad de creyentes. 


Un aprendizaje 

NMI 43-45 dice que es preciso trabajar por “hacer de la Iglesia la casa y la escuela de la comunión”. Para ello da unas pautas precisas en torno a la espiritualidad de la comunión:

-mirada del corazón a la Trinidad y a los hermanos

-sentir al hermano como “uno que me pertenece”

-ver lo positivo del hermano y considerarlo como un don

-“dar espacio al hermano” llevando mutuamente las cargas de los otros.

¿Qué puede aportar la VR en esta dirección de la construcción de la comunión? Mucho, porque la vida en común es elemento indispensable de su opción vital. Desde ahí, la VR habría de trabajar con ahínco la mirada al corazón, a la realidad honda de la persona sin dejarse despistar por apariencias de debilidad, de exclusión, de increencia incluso. Habría de sentir a toda persona como uno que le pertenece o, mejor, como alguien a quien pertenezco, como quien da sentido a mi propia vocación porque el sentido de la opción de VR viene del lado de la humanidad doliente. Desde ahí le sería más fácil ver al hermano como un don por encima de su fragilidad[28], lo que le vacunaría contra todo desaliento respecto a la debilidad de la persona. Así entendería que “llevar las cargas” del hermano débil no es solamente una obra de caridad sino algo que le confirma en el Evangelio[29] y que da sentido a su propia opción que ha hecho voto de compañerismo de lo humano[30]. 



Una obra de integración vocacional 

Con toda razón dice NMI 46 que “la unidad de la Iglesia no es una uniformidad, sino la integración orgánica de las legítimas diversidades”. Por eso, la VR ha de contribuir proféticamente tanto a la integración como al mantenimiento de la diversidad. Es preciso que la VR haga esfuerzos por incorporar a la espiritualidad vocacional la saludable idea que la vocación básica y real de toda persona es la vocación a la vida, a vivir y dar vida; que sobre esa vocación primordial se asienta la llamada a la fe y sobre ella la opción sacerdotal, de VR, de matrimonio, soltería, etc. Ya indicamos al comienzo de esta reflexión que esta pluralidad de vocaciones se vería distorsionada si se quisiera poner como denominador común de todas ellas el clericalismo que ha sido fuerza imperante en la historia reciente de la Iglesia[31]. Desde esta perspectiva habría que entender la realidad de la carencia de vocaciones a la VR y al sacerdocio en Occidente trabajando no tanto por instinto de supervivencia sino por ayudar a descubrir la vocación de cada cual en el conjunto plural de la realidad eclesial.


Ecumenismo vital 

Con toda razón dice NIM 48 que el campo del ecumenismo es un campo abierto de cara al nuevo milenio. Es preciso ampliar las miras en este tema porque los viejos planteamientos siguen en gran parte vigentes como el mismo documento lo reconoce cuando dice que el mandato de Cristo ut unum sint resulta “saludable reproche por nuestra desidia y estrechez de corazón”[32]. La VR habría de apoyar todos los esfuerzos conducentes al logro de la ansiada unidad. Pero, además, habría de generar una especia de “ecumenismo vital” que contempla un radio de acción mucho más amplio que el ecumenismo religioso. Se trataría de hacer verdad la conocida idea de que “toda persona es mi hermana” y perseguir la utopía de que la fraternidad universal, cósmica incluso, no es una quimera[33]. 


Apuesta por la justicia 

Porque la “apuesta por la caridad” es del todo necesaria, como lo subraya NMI 49-50, pero lo es todavía más, algo intrínseco al hecho cristiano[34] el trabajo por la instauración de la justicia. NMI va totalmente en esa línea cuando dice: “Nuestro mundo…ofrece a pocos afortunados grandes posibilidades, dejando a millones y millones de personas no sólo al margen del progreso, sino a vivir en condiciones de vida muy por debajo del mínimo requerido por la dignidad humana. ¿Cómo es posible que, en nuestro tiempo, haya todavía quien se muere de hambre; quien está condenado al analfabetismo; quien carece de la asistencia médica más elemental; quien no tiene techo donde cobijarse?”. Estas son las grandes preguntas. ¿Cómo es posible, preguntamos nosotros, que todavía la iglesia no haya dado respuesta a estos planteamientos viejos de años? La VR habría de contribuir a lograr esa respuesta y a decir que son nuestras estructuras, nuestros sistemas, nuestros pensamientos únicos, nuestros miedos al cambio, nuestras batallas por defender nuestros privilegios, etc., las que generan esas situaciones. 


¿Hasta dónde estamos dispuestos/as? 

NMI 51-52 termina diciendo que la Iglesia habría de responder a los retos actuales que plantea la sociedad con arrojo y generosidad. Esos retos son: el desequilibrio ecológico, los problemas de la paz, el vilipendio de los derechos fundamentales, la defensa del respeto a la vida, las nuevas potencialidades de la ciencia, etc. No es conjugable ser creyente y no verse concernido por estos desafíos. Suena todavía vigorosa la expresión de LG 34 que el mismo NMI 52 aduce: “El mensaje cristiano no aparta a los hombres de la tarea de la construcción del mundo, ni les impulsa a despreocuparse del bien de sus semejantes, sino que les obliga más a llevar a cabo esto como un deber”. La VR, con sus estilos de vida liminares, ha de desbloquear la paralizante pregunta “¿yo qué puedo hacer?” cambiándola por la de “yo ¿qué estoy dispuesto/a a hacer”? que es la verdadera cuestión. Porque en materia de respuestas a los retos de hoy lo que cuenta no es tanto las posibilidades de logro sino la actitud práctica ante los problemas. Ahí el gesto se vuelve lenguaje de futuro y de posibilidad de cambio[35].


Conclusión

Dice NMI 54, citando a san Agustín[36], que la iglesia es un mysterium lunae porque refleja la luz que de viene del sol que es Cristo. El sol ilumina una cara de la luna, pero todos sabemos que en la oscuridad existe una cara oculta que a su tiempo será iluminada. La VR, por su componente liminar y profético, tiene su sitio en esa cara oculta, oscura y fría a veces, para mantener viva la utopía de que un día también recibirá el calor vivificante de la utopía evangélica. Mantenerse en esa oscuridad no resulta fácil, pero ese es nuestro sitio, porque en esa oscuridad hay mucha gente, la mayor parte de nuestro mundo secular y, aunque no hubiere más que una sola persona, tendría razón de ser que la VR se dedicara a ella.

Deseamos que ninguna de las reflexiones aquí vertidas sea vista como una censura a las personas que gestionan nuestra fe. Son instancias hoy por hoy necesarias para el camino histórico de la Iglesia y, por su fraterna ayuda y entrega, hemos de venerarles y agradecérselo. Quede explícitamente expresada esa gratitud.

Pero quisiéramos que se entendiera que la aportación de la VR desde la profecía y la liminaridad ha de resultar beneficiosa no solamente para la misma VR sino para el conjunto de la fe eclesial. Así, como lo desea NMI, el próximo milenio será un camino de fe en la larga marcha hacia la plenitud del Reino en la que todos  y todas estamos empeñados.


 Fidel Aizpurúa, Logroño (Frontera hegian, 2001) 


NOTAS

[1] Así se denominan la serie de “cuadernos de frontera” (Frontera hegian) por los que se conoce a este Instituto en España.

[2] “La identidad del fronterizo es por eso menos pétrea, su propensión al cambio es mayor; entendiendo esta propensión en el doble sentido del vocablo, pues se trata tanto del intercambio con el exterior cuanto de la propia transformación”: J. L. SANPEDRO, Frontera y centro. Una meditación laica,  en Elkargunea, nº 3, p.3.

[3] Así lo dejó bien claro el documento Mutuae relationes, aún valioso en sus planteamientos teológicos y pastorales.

[4] Cf J.PIKAZA, Sistema, libertad e Iglesia. Instituciones del Nuevo testamento, Ed. Trotta. Madrid 2001, pp.427-435.

[5] Ibid., p.428.

[6] Ibid., p.427.

[7] Ibid., p.429.

[8] Ibid., p.429. “La inmensa mayoría de los documentos de la Curia vaticana (empezando por muchas encíclicas) son innecesarios y se  han vuelto contraproducentes, pues da la impresión de que solamente los de la Curia saben pensar y decir lo cristiano, usurpando una tarea que es propia de las comunidades. Por eso hace falta que termine la Curia vaticana, pues ella ha cumplido su función y ya no es necesaria”: p.429.

[9] Ibid., p.431.

[10] “No queremos que se vuelvan como nosotros, que se introduzcan en nuestra iglesia, para así afirmar después que somos más o que tenemos verdades superiores, sino que sean, vivan y contemplen: que puedan amar a los pobres, los últimos del mundo, abriendo comunión de gratuidad sobre el sistema”: Ibid., p.434-435.

[11] Cf. D. O’Murchu, Rehacer la vida religiosa. Una mirada abierta al futuro, Ed. Publicaciones claretianas, Madrid 2001, pp.47 y ss; J.C.R. GARCÍA PAREDES, Los habitantes de la frontera,  en Col. Frontera hegian nº 10, pp.20 y ss.

[12] J.CHITTISTER, El fuego bajo estas cenizas, p.103.

[13] Op.cit., p.131.

[14] id., p.134.

[15] “Inevitablemente esto nos llevará a un grado de diversidad y pluralidad que los dirigentes de la iglesia actual no es muy probable que lo tengan en cuenta y muchos menos que lo acepten…Para muchos religiosos y religiosas dialogar hoy con la iglesia oficial es tan difícil que cualquier negociación parece casi totalmente imposible”: O’MURCHU, p.135.

[16] Ibid., p.137.

[17] “Me gusta pensar que en esa decisión primaria de vivir y dar vida aparece como una santidad primordial, que no se pregunta todavía si es virtud u obligación, si es libertad o necesidad, si es gracia o mérito. No es la santidad reconocida en las canonizaciones, pero bien la aprecia un corazón limpio. No es la santidad de las virtudes heroicas, sino la de una vida realmente heroica. No sabemos si estos pobres que claman por vivir son santos intercesores o no, pero mueven el corazón. Pueden ser santos pecadores, si se quiere, pero cumplen insignemente con la vocación primordial de la creación: son obedientes a la llamada de Dios a vivir y a dar vida a otros, aun en medio de la catástrofe”: J. SOBRINO, Reflexiones a propósito del terremoto,  en Concilium, 290, pp.307-308.

[18] La expresión “místicos horizontales” la formuló E. KINERK, y la toma José A. García en su libro En el mundo desde Dios. Vida religiosa y resistencia cultural,  Sal térrea, Santander 1989, p.108.

[19] Esto no resulta fácil ni siquiera para las órdenes contemplativas que tradicionalmente se han constituido en escuelas de oración: “las admirables mujeres de las grandes tradiciones monacales (benedictinas, franciscanas, carmelitas) viven cerradas en clausuras legales, bajo el dominio de clérigos no orantes y su influjo no parece grande en el conjunto de la Iglesia” . J. PIKAZA, op.cit., p.431.

[20] Carta de cuaresma de los Obispos de Euskalherria 1999.

[21] J.PIKAZA, op.cit., p.444. “Mirada en ese fondo, la disputa sobre el ministro autorizado (si todo cristiano puede perdonar, si solo un presbítero o la comunidad) y las discusiones legales sobre el modelo legal de absolución (individual o comunitaria) se vuelven secundarias, en la línea de las obsesiones rituales”.

[22] Cf Mc 3,1-7; Mt 25,11ss.

[23] Tantas veces que en la VR hacer las cosas “por Dios” ha sido el argumento decisivo, quizá sea hora de trasladar el peso al argumento de “por la persona”, sabiendo que ese es el modo como el mismo Jesús ha vehiculado su “por Dios”.

[24] Op.cit., p.57.

[25] Tales como: la libertad, la igualdad, la fraternidad, el servicio, el amor, la generosidad, el acompañamiento, la confianza en la persona, etc. (cf. la catequesis marciana de Mc 9-10).

[26] “Sucede a menudo que es precisamente en la ausencia de religión donde las personas descubren su centro espiritual, ese espacio interno que sin descanso busca un significado y finalidad en uno mismo, en los otros, en el universo”: D. O’MURCHU, op.cit., p.48.

[27] Basta que recordemos textos como los de Jn 13,34-35 o los de Rom 12.

[28] Cf VC 20.

[29] Cf Rom 15,1.

[30] Así entiende O’MURCHU, op.cit., p.59 el voto de obediencia.

[31] Al menos desde Trento que consagra ese clericalismo: Cf O’MURCHU, op.cit., pp.132-133.

[32] El mismo Juan Pablo II ha hecho signos valiosos, como su reciente viaje a Grecia, malta y Siria, aunque el ecumenismo ha de caminar sobre todo por planes que toquen las estructuras históricas de las Iglesias.

[33] Cf E.LECLERC, El sol sale sobre Asís, Sal Térrea, Santander 2000.

[34] “No es intrínsecamente cristiano construir templos, colegios o casas de retiro, ni siquiera asilos para los enfermos y abandonados. Sí es intrínsecamente cristiano impedir que el dinero, avanzando en cierta dirección, haga crecer la injusticia y el número y el peso específico de los injustos”: A. PAOLI, citado en J.I.GONZALEZ FAUS, Justicia,  en AA.VV., Conceptos fundamentales del cristianismo, Trotta, Madrid 1993, p.658.

[35] “Son cosas chiquitas. No acaban con  la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambios, no expropian las cuevas de Alí Baba. Pero quizá desencadenan la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable”: E. GALEANO, citado por I. ZUBERO, Movimientos sociales y alternativas de sociedad,  Ed. HOAC, Madrid 1996, p.139.

[36] “También la luna representa a la Iglesia, porque no tiene luz propia, sino que la recibe del Hijo unigénito de Dios, el cual en muchos pasajes de la escritura alegóricamente es llamado sol”: Enrarr. In Ps., 10,3; CCL 38,42.

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