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¿Hay Tormenta? Mira a Cristo - TO XIX. R.Barron

Jesús calma la tormenta y camina sobre el agua.

Este es un evento que caló muy hondo en los corazones y mentes de los primeros Cristianos. Es un relato histórico.

Es un relato de algo que sucedió.

No es simplemente una historia inventada con un sentido moral.


Pero una vez que sucedió, la comunidad Cristiana comenzó a reflexionar muy profundamente sobre el evento y extrajo los diferentes niveles de significado asociados con él, Cuando finalmente es escrito –Mateo alrededor del año 80— lo que queda no es un relato de un periódico.


Es un evento real pero se nos presenta ahora de un modo icónico para así poder ver sus implicaciones teológicas y espirituales.

Orígenes y Crisóstomo y Jerónimo y Agustín, los grandes Padres de la Iglesia interpretan estos textos.

¿y qué vemos?

Los discípulos en una barca, hay una clave allí.

Los discípulos en una barca siempre son el símbolo de la Iglesia.

Por esa razón hablamos de la barca de Pedro, el barco, el bote de Pedro.

Los apóstoles, los seguidores inmediatos de Jesús, en la barca simbolizan la Iglesia. Y una vez que advierten eso los Evangelios comienzan a verse en modos originales.

El Cristo resucitado ha enviado a la Iglesia en misión al mundo.

La barca de Pedro está saliendo de viaje a las aguas del espacio y tiempo.

La Iglesia está ahora navegando hacia el mundo.


¿Dónde está Jesús?

No está en el sentido físico en la barca con ellos.

¿Dónde está el Jesús físico ahora?

Está orando en la montaña.

Hay un símbolo aquí, los padres de la Iglesia también lo notaron, del Cristo ascendido y resucitado, ahora en el cielo, intercediendo por la Iglesia con el Padre.


¿Qué está haciendo Jesús todo el día?

Está guiando a su Iglesia.

Está intercediendo por su Iglesia con el Padre.

Dos mil años después, todos estamos en la barca de Pedro.

Estamos en el barco de la Iglesia.

Estamos haciendo nuestro camino a través de las aguas del espacio y tiempo.

Y Jesús, ascendido y resucitado, está intercediendo por nosotros.

“Llegada la noche, estaba él solo allí”.

Él, Jesús.

“Entretanto, la barca iba ya muy lejos de la costa, ”

“y las olas la sacudían, porque el viento era contrario”.

Nuevamente, ¿Sucedió esto realmente?

Sí, están describiendo un evento real, la tormenta en el mar.

Pero ahora lo estamos leyendo con estos lentes teológicos y espirituales colocados.


La barca de Pedro haciendo camino a través del espacio y del tiempo algunas veces en aguas calmas, mares calmos. Pero muy a menudo, la Iglesia atraviesa tormentas.

El viento está en su contra.

Hemos escuchado en las lecturas de las semanas recientes las parábolas de Jesús,

“hay un enemigo trabajando”.

Sí, lo hay.

Tenemos enemigos tanto visibles como invisibles, y se disponen a frustrar el propósito de la Iglesia. Está nuestra propia corrupción, nuestra propia estupidez. Son los enemigos que podemos ver que se oponen a nosotros, etc.,

Todas estas fuerzas levantan las olas y hacen que la navegación del barco sea ciertamente peligrosa, arriesgada.


La Iglesia es sacudida por las olas.

Todos hemos estado atravesando un tiempo muy tormentoso con los escándalos que han sacudido a la Iglesia.

La barca de Pedro, sí, estuvo enfrentando el agua.

La barca de Pedro estuvo enfrentando olas muy fuertes.


“A la madrugada”

—esto es clave para el momento más oscuro de la noche.

Siempre hay mucha oscuridad antes del amanecer, ¿cierto?

El tiempo más oscuro de la noche.

Es de noche y está tormentoso.

Si sienten que la Iglesia está pasando un tiempo dificultoso, es justo en ese momento.


“Los discípulos, al verlo andar sobre el agua se espantaron”.

Recordaron esto muy vivamente, este hecho de que Jesús caminara sobre el mar.

Pero interpretemos esto teológica y espiritualmente.

La Iglesia es zarandeada por las olas.

Tienen miedo, por supuesto que sí. En el momento de mayor oscuridad, viene Jesús caminando sobre el mar. nadando a ellos.

Está caminando sobre el agua.

Regresen a los versículos iniciales de la Biblia, cuando aparece el “tohu wabohu”, el caos tormentoso, acuoso, y el espíritu del Señor sobrevolando la superficie del agua.

Este es el poder creativo de Dios, obteniendo orden a partir del caos. Cuando los israelitas llegaron al Mar Rojo, a través del poder del Señor ese mar es separado y así pueden atravesarlo caminando.


Aquí entonces el Cristo divino es capaz de caminar incluso sobre las aguas más tormentosas que hay.

¿Rezando por su Iglesia?

Sí, efectivamente lo hace todo el tiempo.

Interviniendo también cuando la Iglesia está más amenazada con su poder divino para controlar incluso las peores crisis.


Jesús les dijo: ‘Tranquilízaos y no temais. Soy yo’”.

esto está en clave bíblica

Es el Evangelio de Mateo, pero se encuentra especialmente en Juan.

El griego allí es “ego eimi”,

que es “Yo soy”. Yo soy.

Soy yo.

Pero lo que dice es un eco de Éxodo 3, 14,

cuando Moisés le pregunta a Dios, “¿Cuál es tu nombre?”

Y en el griego del Antiguo Testamento, dice, “ego eimi ho on”, “Yo soy el que soy”.

Soy aquel que es.

Mi nombre es ‘yo soy’.

El poder aquí está en que Jesús les anuncia su propia divinidad, y es sólo en esa divinidad que encontraremos salvación en los momentos tormentosos de la vida.


Si comenzamos a dirigir nuestra atención hacia personajes humanos — bien sean filósofos, teólogos, estrellas pop, personajes políticos— olvídaos

Eso no nos va a salvar.

El único poder capaz de salvar y sostener a la Iglesia es “Ego Eimi”, Soy el que Soy.

Es la divinidad de Jesús.

¿De dónde surge la valentía?

Me refiero a la verdadera valentía.

No es a partir de personajes del mundo. No.

Si comienzo a confiar en estos personajes del mundo, necesariamente seré decepcionado. ¿De dónde proviene la valentía?

Proviene de pedir prestado al Cristo divino

algo de su divinidad.


Cuando participamos —sí, incluso en los tiempos tormentosos— de su divinidad, encontramos coraje y encontramos paz.


Pedro, como lo hace a menudo, habla por los otros apóstoles.

El sucesor de Pedro es todavía el líder de la Iglesia. Pedro se dirige al Señor: “Señor, si eres tú, mándame ir a ti caminando sobre el agua”.

Jesús dice, “Ven”.

Recuerda, todavía estamos en la tormenta.

Piensa en la Iglesia en su tiempo más oscuro, más tormentoso.

Jesús dice, “Ven”. Ven.

Y luego, “Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús”.


Este es exactamente el momento en que pedimos prestado algo del poder y de la valentía del Cristo divino y entonces somos capaces, sí, incluso de caminar sobre las aguas tormentosas.

¿Cómo atravesamos estos tiempos?

No confiemos en nosotros mismos.

Todo en nuestra cultura dice, “Yo, yo, yo. Mis prerrogativas, mi elección. Soy grandioso. Soy perfecto en todo aspecto”.

Olvídate. Ese es un callejón sin salida espiritualmente.

Ningún líder de este mundo, te permitirá caminar sobre el agua.

Es únicamente el poder de Cristo, el Cristo divino.

Y luego este detalle hermoso. Pedro camina sobre el agua hacia Jesús, mirando al Señor, “pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, comenzó a hundirse y gritó: ‘¡Sálvame, Señor!’".


Es un punto sencillo, pero muy importante espiritualmente.

Cuando están en el medio de una tormenta —estamos ahora mismo atravesando una en la Iglesia, sabe Dios— están en medio de la tormenta, no mires a las olas sino a Cristo.

Siempre está la tentación de mirar primero a lo que nos está amenazando. o mis propias posibilidades humanas.

Sé que es un instinto.

Es un profundo instinto animal en nosotros, mirar a lo que nos está amenazando.

“Mejor tengo cuidado con eso”. No, no.

Mantén sus ojos fijos en Cristo, y entonces podrás continuar caminando.


El hundimiento llega cuando nos tornamos de su divino poder a lo que nos está amenazando.


Cristo que, a lo largo y ancho de los siglos, mientras la barca de Pedro surca las aguas del espacio y tiempo, salva a su Iglesia.

“Los que estaban en la barca se postraron ante Jesús diciendo: ‘Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios’”. Lo captaron.

Es uno de los momentos en que se dan cuenta, “No estamos tratando aquí con otro Jeremías u otro Isaías u otro Abraham o Jacob”.

No, no. No es alguien tan insignificante.

Aquí estamos tratando con el Dios de Israel.

Estamos tratando con el Señor Dios.

Y entonces la respuesta adecuada no es sólo admirarlo o agradecerle sino adorarlo.


Cuando dejamos de hacer eso, hemos perdido el rumbo como Iglesia.

cuando confiamos en su divinidad y en su poder y le rendimos homenaje, Podemos incluso caminar sobre el agua.





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